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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 20

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Capítulo 20: ¿Por qué luchamos?

Ark-0, con dolor, levantó su mirada perdida al cielo nocturno, entreabriendo los labios en una mueca de suave martirio, al tiempo que sus manos temblorosas treparon lentamente a sus sienes. Las nubes se despejaron justo en esos momentos, y sus pupilas se dilataron al mirar la luz de una luna creciente; un hilillo de saliva se derramó de su boca al comenzar a tararear aquella canción:

— Mhmhm—

A la muchacha le dio una punzada repentina en la frente, obligándola a cerrar los párpados con fuerza, agitando la cabeza. Fue cuando vio imágenes nuevas, nunca antes mostradas por aquella que ahora comenzó con su amarga melodía, un eco imposible de largo alcance.

“Hola.” decía un joven trajeado en un parque “Estoy seguro de que te he visto en algún lado.”

“No lo creo” respondía Mi-young, absorta “Usted me debe estar confundiendo con otra.”

“Ah, entiendo. De verdad no quise molestarla.”

Este volteaba para irse antes de que la joven, en una imagen borrosa, lo detuviese, exclamando:

“¡Espere!”

Con esfuerzo, Ark-1 miró alrededor, en un giratorio mundo real, a las personas que habían estado abandonando el lugar a tropel; todas se habían quedado quietas, vomitando o sufriendo dolores de cabeza como el suyo, muchos de ellos tirados en el suelo. Entendió que esta vez todos verían las vergüenzas y desdichas de su afligida madre biológica; ella les iba a revelar la verdad, al menos desde su perspectiva. No evitó sentir que caía en un abismo.

“Creo que quizá” se acercó, tímidamente “Me está confundiendo con mi hermana mayor. Ella es agente de policía, ¿sabe?” y añadió “Y mi papá es juez. Se meterá en un lío si me está mintiendo.”

“No diga que la va a meterme a la cárcel—por hablarle.” dijo, un tanto más ansioso, y se disculpó “Yo no soy ningún acosador, en verdad.”

La joven Mi-young del pasado no pudo evitar agacharse para dar una risita. El hombre también sonrió, con menos entusiasmo.

“No es así. Tranquilo.” dijo ella.

El hombre se aclaró la garganta.

“Debe ser que usted y su hermana—se parecen mucho. Oiga—”

“¿Sí?”

“Ya que está aclarado el malentendido, me presento.” le tendió la mano “Me llamo Lim Sae-jung, un gusto.”

Y en una imagen incluso más borrosa, ella tomó su mano de vuelta, con cierta timidez:

“Kim Mi-young, igual.”

Los recuerdos volaron a partir de allí, desde una cafetería, hasta una congregación evangélica, un coro, y una presentación en casa de aquel hombre. Las cosas comenzaron a oscurecerse a partir de ese punto en la visión; se pudo apreciar a la hermana de la mujer siendo muy inquisitiva, tajante, poco dispuesta a darle la bienvenida. El padre no fue mucho mejor, interrogándolo sin fin, para después no dejarlo hablar ni explicarse, y finalmente llegar a peleas verbales, hasta que lo echaron. Hubo discusiones muy acaloradas con la propia joven después, y su padre la azotó con una correa hasta hacerla sangrar.

“¡Sacrílega!¡Maldita pecadora, toma esto!”

Ark-1 no lo entendió, y le dolieron los golpes como si los hubiese vivido. Ardieron, sangraron en su propia espalda.

“¿Por qué me pasa esto?¿Dónde estás?”

Vio a Mi-young tomar maletas tras un tiempo e irse. Corrió llorando por los gritos despectivos de aquel viejo, quien enarboló en alto una biblia como si de un exorcismo se tratase. Su hermana, vestida en buzo de cuello alto, miró por detrás de su hombro sin expresión alguna en el rostro, de pie como una estatua. Vivió tiempo más en un albergue, tiempo más en un hogar de señoritas, pero un elemento se volvió común en su inestable vida; aquel hombre.

“Oye, sonríe. Te ves—más hermosa así.”

“Qué idiota.”

“¿Y por qué?”

“Da igual, sólo—quédate un rato más.”

Siempre la veía, la buscaba, salían, y ella creció laboralmente, su rostro iluminándose con la esperanza y cariño que compartieron. Los años pasaron, ella pudo remediar muchas cosas, entre ellas volver a creer en el mundo, unirse a otra congregación y ser contratada en una empresa de moda como costurera, luego ascendiendo a asistente de diseño. El hombre siguió allí, y la esperó.

Y llegó una noche, que al inicio, mirando el cielo, la muchacha confundió con aquella misma hasta que volvió la vista a tierra. Su madre había salido de la residencia donde vivía, y entró a un edificio cercano, subiendo escaleras a un apartamento; allí se cruzó con un calendario que marcaba “12 de febrero de 2000”. Una madrugada que se vio difusa, pero que pudo sentirse con una mezcla de delicioso dolor, pasado y presente, bajo un cuarto creciente de apertura, entrega absoluta.

“Siempre estaré a tu lado.”

“Gracias por quedarte.”

Recostados en los edredones, le mostró una caja. Y al abrirla con solemnidad, un anillo grabado:

“¿Quieres—casarte conmigo?”

“Soy tuya.”

“Y yo tuyo”

La mañana estaba despuntando, y luego de dejarla en su lugar, el hombre se despidió. Ark-1 reconoció más tarde cuando se arregló, fingiendo que había dormido con las otras, incluyendo a aquella amiga. Luego las vio a las dos salir para ser recogidas por un autobús, supo cuál:

— No, no subas por favor—

La muchacha vio de nuevo la visión de ese día, el viaje de la empresa, todo repetido. Y vio las lágrimas de Ark-0 brotar como una cascada en ciernes de sus ojos al final, que sólo fue un comienzo tortuoso. Ark-1 luchó contra la pesadez de su propio cuerpo, comenzando a caminar hacia ella en el presente:

— Espera, por favor mamá, no veas eso. No lo veas.

El aura de la desequilibrada mujer emitió más brillo azul todavía, brillo no pacífico como el suyo hace rato, sino como un fuego opaco, refulgente de apegos, deseos, frustraciones imposibles de reparar.

“Mentiste. Me abandonaste. Todos se fueron.”

Las visiones continuaron en tanto seguía acercándose. La metieron en una celda fría de concreto, inyectándole sustancias a la fuerza sin ninguna clase de regularidad. Muchas veces hicieron ruido fuera de su celda con música a todo volumen para privarla de sueño. Ella se la pasó encogida en el piso, luego la arrastraban a un quirófano, y los primeros meses rogó, gritó, pataleó, sollozó a los de escafandras, pero solamente recibió golpes de tolete eléctrico. Luego ya no hizo ruido alguno, y miró todos los días a la nada mientras todo siguió igual, abierta en cirugías con cada vez menos anestesia.

Luego ninguna. Y un parto sin dolor, sin amor. Hasta que las sintió llorar.

“Las dos—son mi mayor pecado. Por eso he ido al infierno. Se van, la puerta, la llave, sáquenme.”

Sintió su fuerza, incapaz de creerlo. Y sin aviso, se levantó como si nada, el equipo de obstetricia despedazado en segundos. Quiso correr con sus mellizas, cargadas en mochilas incubadoras las vio. Pero las ondas rojas, las luces, fueron más rápidas que ella ese día. Y se convulsionó de dolor en el suelo frío, los pitidos que la hicieron oír en su cabeza.

— Mamá, detente—

En la realidad, a ella se le retorció la expresión, y un último influjo de visiones, metida a un tanque de líquido azul, cirugías e inyecciones con aparatos remotos conectados al techo, mientras fue incapaz de gritar.

“Dejé de hablarle cuando supe que iba a matarme. Ella y la humanidad son caídos.”

— No…

“¡Los castigaré!”

Ya sin nada reteniéndola, su odio se desató en un alarido que mató al instante a decenas de personas a su alrededor, haciendo que sus cabezas estallen. Las luces y vidrios reventaron cuando la muchacha pálida estuvo a punto de llegar, y la onda telequinética la arrojó contra la fachada de un edificio a su lado.

La tierra se removió con extrema violencia arriba y abajo, y muchos cayeron a sus muertes cuando los suelos, las estructuras de concreto y metal se desintegraron o combustionaron espontáneamente en llamas azules, explosiones como bombas. Los supervivientes flotaron, sangraron por todos sus poros, en medio de retorcijones antinaturales que los hicieron gritar y sufrir una tortuosa agonía cuando sus órganos y esqueletos se retorcieron dentro de sus cuerpos. Tanto Ji-won como el demoledor quedaron levitando a centímetros del suelo, sus auras siendo despellejadas, y las partículas de materia en más de un kilómetro a la redonda fueron succionadas como arena hacia los cielos, acumulándose como vientos, como una tormenta.

Los cielos ennegrecieron, truenos y relámpagos se manifestaron por toda la ciudad, golpeando con un ruido más similar al de gritos o el chillido de una rapaz arrojándose a su presa que a nada natural. No sólo hacían extraños ruidos, pero su color mismo era de un azul oscuro, como el que la rodeaba ahora cual si la hubiesen incendiado con gasolina, un pilar de fuego arremolinado; Ark-1 no fue aún capaz de soltarse del todo, contemplando llena de terror aquel espectáculo. Se pudo escuchar el pánico lejano en las calles, los accidentes automovilísticos, edificios colapsando, las explosiones de gas, rotura de cañerías formando pilares de agua también absorbidos a los aires; no tardó sino segundos en que de los nubarrones negruzcos cayese un granizo gris.

Este mutiló extremidades, aplastó cuerpos, degolló y atravesó a cientos de víctimas desafortunadas que no lograron refugiarse del filo. Ark-1 presionó con todas sus fuerzas, logrando asentar un pie a la pared, y siguió empujándose a un ritmo seguro, sintiendo su alma romperse. La nube de polvo nubló su visión, así que debió mantener todo su enfoque restante en no perder a Ark-0 de vista.

Su madre dejó de gritar abruptamente. Tiritó, mirando abajo con su cabello tapándole el rostro, tomando aliento. Con ojos temblorosos brillando en celeste, y el ciclón de materiales desintegrados formando su ojo encima de ella, se elevó del suelo con suavidad, envuelta en el fuego empíreo. De su piel comenzaron a brotar escamas de queratina, acumulándose como corteza espinosa azulosa en sus pómulos, articulaciones, espinazo, dedos y entrepierna.

Con su visión remota, contempló el globo terráqueo en una pasada. Escupió sangre por el esfuerzo, y exclamó, mirando al horizonte:

— Vengan a mí, indignos.

Extendió un brazo con sus nuevas zarpas en un movimiento de onda horizontal, manifestando sobre la calle rota tres personas. El primero de ellos fue un anciano con un tanque de oxígeno al lado, vestido de bata, quien miró asustado a sus alrededores distorsionados, su corazón casi saliéndosele por la impresionante hecatombe. El segundo era más joven, ya maduro y con sus primeras arrugas de expresión en el rostro, quien se levantó para entender lo que acababa de pasarle, antes de llevar su mirada al cielo; un nudo se formó en su garganta. La tercera era una mujer cuarentona en delantal, quien se mantuvo abrazada a sí misma, gimoteando, con la cabeza gacha al ser incapaz de asimilar la verdad.

El hombre fue el primero en quebrar su voz, tras una larga pérdida de aliento, por verla igual de joven que la última mañana que se vieron:

— Mi—Mi-young. —tomó aire— Eres—¿eres tú?¿Cómo es esto—real?

La mujer lo miró con ojos desorbitados, los labios los entreabrió, y comenzó a risotear en tono grave. Su cadencia pasó de entrecortada a una risa que sonó tonta, hasta que tras tomar aliento, su expresión desquiciada reveló la negra realidad en una carcajada chillona dirigida directamente a él, con su boca bien abierta. El hombre negó con la cabeza, tapando sus ojos lacrimosos con un brazo y ladeándose al llorar, su corazón completamente roto:

— Por todos los cielos, ¿cómo pudo—Mi-young, ¿por qué?¿Qué te ha pasado?

Ark-1 comprendió al verlo; aquel era su padre biológico. No tenía ya dudas, pero esto dejaba patente la clara mentira que le habían contado en el laboratorio. A ella no la cultivaron de gametos al azar, y mucho menos estuvo sola. Aquí estaban ellos, y debía evitar una nueva tragedia; la noche en la granja no debía repetirse.

Ark-0 habló, cambiando su cara de euforia a un enojo bestial:

— ¿Estás triste, mi querido, querido Jae-sung? —dijo en un sonoro susurro, casi materno— ¿De verdad piensas que puedes seguir mintiéndome?

El aludido bajó el brazo, y la miró afligido, con los ojos entrecerrados, sus ojos hinchados a párpado entrecerrado:

— No, Mi-young. Yo te amé tanto, ¿cómo podría engañarte?

Con una sonrisa, Ark-0 negó con la cabeza, negando con un dedo:

— Tú no me buscaste. Creíste sus mentiras, querido.

— ¿A qué—a qué te refieres?¿Qué mentiras, de quién?

— Lo viste en la televisión, ¿verdad? —dijo con voz melodiosa— Ellas me obligaron a mirar. Mi cuerpo nunca fue hallado.

— ¿Cómo podría haber sabido? —replicó con voz débil— Muchos desaparecieron en ese accidente.

— Me olvidaste.

— ¡No, nunca!

La mujer rio con desprecio:

— Entonces ¿por qué te vi tan feliz con tu nueva familia—en tu mansión?

— ¿Cómo es que—

— ¡No puedes hablar más, arrodíllate!

Con una contorsión tormentosa, obligó a Jae-sung a postrarse con los brazos en la espalda:

— ¡Maldito monstruo, ya basta de esta rabieta!

Quien gritó fue el anciano, y tosió con una ronquedad muy desesperante de escuchar. Ark-1 había logrado despegarse, y en ese momento se había puesto a emplear lo que había aprendido hace poco en el sitio subterráneo, atrayendo hacia sí la energía vital de quienes habían perecido. Sintió su dolor, desesperación, anhelos y deseos más profundos, por lo que no pudo evitar sentir encogimiento de corazón, con la mandíbula apretada. Tragó saliva, sintiendo como la energía psíquica fluía hacia su propio cuerpo sutil, mientras que la criatura cuasi-humana respondía, sus ojos cargados de fría rabia:

— Padre. Largo tiempo sin vernos.

El viejo escupió al suelo, pero la mujer se burló de él igual:

— ¿Qué ocurrió?¿Dónde quedó la gracia de tu Dios, que te dejó así? —sonrió— Sólo eres un triste y moribundo saco de piel enferma.

— Yo tenía razón —replicó venenosamente, y tosió— Sabía que tu madre era una sucia pecadora igual que tú, ¡dio a luz al mismísimo Satanás!

El viejo de repente quedó tieso, sin poder hablar:

— Hace mucho fuiste juzgado. Mamá—ella murió por tus golpes. Ahora recibe los tuyos.

Dicho apenas eso, su tanque de oxígeno explotó, y fue envuelto por las llamas en medio de gritos. Ark-1 estuvo lista para actuar, y pudo sentir lástima por el pobre viejo siendo consumido en sus minutos finales. Irónicamente, fue esa esencia vital la que le había estado faltando para completar su técnica.

— Ellos—son tu familia—

Fue un susurro, pero Ark-0 se volteó hacia ella.

— Les estás haciendo daño. —un fulgor azul, pacífico, la envolvió— ¡No te lo permitiré!

Se lanzó de un salto, y sin que pudiera detenerlo, la mujer recibió un derechazo recto cual cohete directamente a un lado de la cara.

— ¡Mi-young!

Esta vez gritó la mujer, quien levantó la vista al ver sobre el suelo la luz azul de la muchacha dirigirse hacia Ark-0. Tan fuerte fue el salto que la hija pródiga aterrizó en una de las plantas a medio desintegrar del edificio opuesto; la estructura entera comenzó a colapsar en grupos de dos o tres pisos a la vez. Antes de que la loza colapsara sobre su cabeza, Ark-1 corrió fuera, saltando fuera, y cubriendo a los que aún quedaban con vida. La torre cayó, pero la muchacha usó su viento telequinético para apartarla hacia atrás, un pulso destructor que dejó tras de sí una montaña de fragmentos. Los dos humanos se cubrieron tirándose al suelo y abrazándose; la mujer pegó un chillido de pavor, mientras que ella se interpuso delante.

— Detente. O te detendré yo. —sentenció Ark-1.

— ¿A qué esperas, maldición de mis entrañas? —replicó Ark-0 con carrasposa amargura— ¡Muéstrame si tienes tanto poder como el que presumes!

Varios torbellinos invertidos de polvo se extendieron como espinas hacia abajo, dispuestos a atravesar a la muchacha, quien levantó una barrera para bloquearlos, y evitar que dañasen a aquella desconocida. Esto distrajo a su madre lo suficiente como para soltar a Ji-won y el demoledor, quienes comenzaron a regenerarse, tirados en el piso con inmensos dolores; sangraron, tiritando, pero no tenían más tiempo. Sintieron venir a dos de aquellos cazadores revividos detrás de ellos, extendiendo sus pseudópodos a través de su piel como una infección, una armadura viva.

Los dos no tuvieron opción, más que ponerse de pie en medio de quejidos:

— Ustedes—me deben estar jodiendo —se quejó el gordo.

Este se lanzó con un golpe, interceptado empero por un tentáculo negro que sorpresivamente perforó su cuerpo mediante espinas. Fue azotado de espalda contra el asfalto, y tomando a su enemigo desprevenido, lo haló con fuerza, dándole una vuelta en el aire tan potente que le arrancó un brazo y un hombro. Saltó en el aire hacia él, al llegar este se defendió con una barrera de aquella sustancia pestilente, tirándolo de un golpe hacia la base de un edificio casi deshecho.

Ji-won se ocupó en cambio con el otro, lanzando un pulso que este esquivó con rapidez. Trató de enfocarse para desintegrar las zarpas que se abalanzaron hacia ella, sin embargo fue demasiado lenta; sintió su carne fuese desgarrada, dejándole una herida rodeándole el torso y brazos. Brincó arriba para esquivar el siguiente golpe, y se estabilizó en el giro usando su mente, pegando dos saltos a un lado y al opuesto antes de lanzar un cerco de escombros contra el cazador. Este último observó, empleando sus reflejos sobrehumanos para pasar los fragmentos al saltar sobre ellos, lanzando una espina de materia negra contra el rostro de la chica, la cual apresó la estructura. No fue un agarre, sino concentración combinada con fuerza invisible en el dorso de sus manos, girándolo y obligando a que la criatura se eleve en el aire; esta lanzó su espina como un proyectil.

El disparo creó un cráter nuevo por la explosión telequinética de su impacto, generando un nuevo temblor. lanzó hacia atrás a Ji-won, mientras el demoledor lanzaba dos puñetazos al repulsivamente suave rostro y costado del cazador que había estado enfrentando. Este retrocedió con cada golpe, burlándose de él a pesar de que sus huesos eran pulverizados, y su espinazo partido, doblándolo como un palillo roto. Sin importar qué, este se enderezaba para regenerarse, y harto, el gordo dio un puñetazo doble para mandarlo contra una pared, tan frágil en ese punto como un grumo de pelusa.

Ark-1 continuó resistiendo; los escombros moleculares doblaron de a poco la barrera psíquica en varios puntos, crearon ya múltiples fracturas a toda su ancha extensión. La muchacha pálida jadeó por el esfuerzo continuado, uno como nunca antes dado el choque de dos auras que no solamente sintió similares, sino por su densidad abrumadora. Manchada en la sangre de heridas que ya se regeneraron, apretó los párpados un momento, para no claudicar.

Sintió que la mujer detrás de ella ya no estaba igual de asustada, pero el hombre que había estado siendo torturado ahora yacía inconsciente. El anciano era ya un resto carbonizado, con la máscara mortuoria de su padecimiento final. Aquella levantó su mirada apenas, con los ojos llorosos, y Ark-1 la había observado atentamente con su visión remota; era seguro, se veía igual que en aquel recurrente sueño, ¿pero cómo podía ser?

— Ey tú, niña—

Fue lo que la mujer dijo, y Ark-1, concentrada en retener a Ark-0, le respondió, tensa:

— Pronto. Deben irse los dos.

Ella negó con la cabeza:

— Ya sé por qué me miras así. Lo recuerdo ahora.

La muchacha jadeó, mientras la mujer siguió:

— Morí en ese autobús. Hace 20 años, ¿o no?

De su rostro se desprendieron ascuas azules de ceniza, su sonrisa una de realizada tristeza.

— Mi-young, ella—

— Ya no es quien conocías.

— Era mi mejor amiga. Dime, ¿cómo pudo acabar así?

Ark-1 no pudo responder, ni había tiempo suficiente, por lo que apartó la mirada de vuelta a su madre, quien sonreía de forma maniática.

— ¿Qué pasa “amiga”? —exclamó Ark-0— ¿Ahora sí te lo tomas en serio? Tú también me abandonaste.

La mujer negó con más énfasis esta vez, pero incapaz de sostenerle la vista:

— Si hubiera sabido algo de ti—te habría buscado. Nos apoyamos siempre, ¿recuerdas?

— ¡Falso! —respondió— Si te levanté del polvo, fue para que cumplieras tu sentencia. Vagarás por la tierra, sola, y no morirás hasta que yo lo decida.

Su amiga se miró las manos con asco:

— Es una aberración lo que me has hecho. Por favor, déjame ir.

— Si tanto deseas lo que me negaron en esa prisión—¡entonces quémate para siempre!

El ataque psíquico se intensificó, y llamas azules, ahora con el esbozo de lo que parecían ojos y dientes en las brasas antinaturales, envolvieron a los tres. Ark-1, sangrando por la nariz, levantó un domo entero, pero acabó de rodillas por el empuje invisible, mientras que la mujer, que había recogido a Jae-sung en su regazo, decía con voz resignada:

— Tu rostro. Es como el de tu mamá.

La muchacha solamente escuchó.

— Mi-young significa mucho para mí —tragó saliva, y reunió fuerzas para decir— Pero esta no es ella; nunca podría ser ella. Escucha, no te contengas más por nosotros—

— Pero si dejo que pase, tú—

— Ya lo sé, querida. Al menos veo—que algo de ella aún vive en su hija. Adelante, honra a tu madre, no la dejes—vivir así.

Ark-1 tragó saliva, y cerró los ojos un momento.

“Ja-yoon, hermana. No importa dónde estés. Te mantendré a salvo.”

Los edificios del hipercentro de Busan se cayeron a pedazos a su alrededor cual palacio de naipes, cubriendo todo en espeso polvo. El Lotte Hotel golpeó el suelo como un látigo a varias calles de allí, mientras que varios complejos de apartamentos colapsaban en vertical, disolviéndose en más polvo para la tormenta de arriba. La luna fue como un ojo somnoliento, que observó desde el vacío el plañir de una población civil carente de conocimiento y culpas.

La muchacha asintió, y la mujer se inclinó en solemne agradecimiento.

Se fue levantando, a pesar del insoportable dolor, extendiendo sus brazos, y al quedar de pie los cruzó delante de sí tomando aire. Al espirar, la barrera brilló con intensidad purpúrea y azul, lanzándose como una onda expansiva, una esfera de luz que iluminó Busan entera como un segundo sol retoñando, una flor de luz efímera. Es lo que se creyó ver desde el aire con los drones de reconocimiento militar aun sobrevolando el área antes de perder la señal y caer en picado.

Brevemente la esfera se había elongado en una punta girando de forma serena, una energía que, en el segundo anterior resignó a quienes se encontraron en su radio. Quienes se habían cubierto se vieron a sí mismos tocados por cenizas brillantes al volver a incorporarse, y al mirar arriba aquel brote de luz expandiría sus pétalos, girando en el sentido de las agujas del reloj. Todos los habitantes de la urbe miraron asombrados, aquellos evacuados fuera de Seomyeon no pudieron evitar retroceder un par de pasos vacilantes por miedo.

Y desde una distante autopista, una chica pelicorta en chompa de cuero y botas observó el espectáculo, con las manos a los bolsillos.

Fue cuando la flor se apagó gradualmente, hasta desvanecerse como polvo de estrellas. El influjo energético se enredó con la tormenta, como si luchase con las partículas al entrelazarse. Los relámpagos también se quedaron entre aquellas nubes cargadas, chocando entre sí. Cuando miles de heridos se vieron a sí mismos, quedaron desconcertados al ver que todas sus heridas estaban curadas.

Ark-1 cayó de manos al asfalto, respirando con pesadez, tomando aliento para recuperar sus fuerzas tras semejante demostración. Vio todo a su alrededor, y el pesar de su corazón no hizo más que aumentar, hasta llevarla al centro mismo de la Tierra. Agarró su pecho, acongojada al mirar las ruinas de a quienes no logró salvar, una vez más.

— Tu poder—lo has gastado así, ¿por qué—?

Ark-0 no pudo hablar más, y dejó de sentir su propio cuerpo cuando cayó desde el cielo. Totalmente fuera de sí, gimoteó buscando en su interior la fuerza que la había acompañado desde aquel día en que su atacante había salido de ella. La muchacha se levantó y corrió en su dirección para alcanzarla, dando una zancada larga.

La agarró entre brazos en medio del aire, y descendió con ligereza. Volteó hacia la mujer, quien titilaba con una luz mientras su forma era llevada por la brisa vespertina del oscuro mar. Aquellas aguas se habían estado llenando cada vez de más embarcaciones de la guardia costera y la marina a pesar del recio oleaje. Con su visión remota alcanzó a ver tanquetas armadas con artillería y cañones inhibidores adentrándose desde otros distritos, e incluso de fuera de la ciudad. Su sello, que era el de un tigre rugiendo con ojos saltones, le hizo volver a una palabra que dijo el tal doctor Byeon, que ella repitió en un susurro:

— Horang.

El gordo, ya con su consciencia recuperada, había quedado atrapado bajo un pedazo de loza, entre las colinas de escombros que rodeaban a la muchacha. Pudo percibir más allá, el aura de ella, sólo uno de los tres humanos aún vivo, y la que mejor pudo reconocer, la de Ji-won. Igual que él, no parecía estar herida, encerrada bajo un frágil túnel triangular formado por dos paredes colapsadas. Ninguno tuvo que esperar demasiado, pero fue primero el demoledor quien vio la luz de la noche pinchar sus ojos:

— Espera, quién—

Quien más, sino la misma a quien ahora deberían su vida, lo quisiesen o no. Ahora llevaba calzados tenis en vez de los tacones, pero todavía con su vestido, sucio y manchado por el incidente del salón. El concreto se había elevado en el aire, dándole una clara salida al sujeto:

— Deja de holgazanear y sal de ahí. —le dijo.

Este, al distinguir bien su perfil, sonrió asintiendo antes de trepar fuera. La joven miró hacia el otro escombro de torre que encerró a la otra chica, y también abrió, con mayor esfuerzo, a ojo entrecerrado, una salida para ella. Esta espabiló rápidamente y corrió hacia la resquebrajada carretera, observando su frente antes de reparar en sus compañeros; sonrió aliviada.

— Ah. Ja-yoon, llegaste.

— Ya no necesitaré de su servicio, por ahora —exclamó— Regresen a la base con Nagong, y esperen allí. Si no, será mejor que no los vuelva a encontrar.

— Oye, Ark-2 —interrumpió el demoledor— ¿Viniste tú sola?¿Y los gemelos dónde están?

— Eran débiles. Los cazadores los mataron.

Eso los hizo colocar expresiones más graves en sus rostros, con sospecha prudente.

Ja-yoon los dejó atrás sin que aquellas preocupaciones le importasen, y bajó con pasmosa facilidad entre los escombros, hasta llegar cerca de su hermana, cruzando la vista un momento con un Jae-sung frío, quien apenas abría los ojos en su muerte. La joven vio parte de su propio rostro redondo y rozagante en la faz de aquel hombre:

— Es muy obvio quién eras. —dijo ella, más al viento que a él— Jamás te conocí, no significas nada para mí, y tampoco te debo nada. Habría sido un estorbo, si hubieses llegado a decir algo de esto.

Iba a dar otro paso, y fue cuando Ark-0 reaccionó, al apenas verla:

— ¡Monstruo!

El grito quedó en su mente, no por la palabra, sino por la voz que lo pronunció. La mujer le lanzó un zarpazo a la cara a Ark-1, dejándose caer sobre sus pies antes de desaparecer:

— Lim Jae-sung sólo se irá—al infierno.

Alzó a Jae-sung por el cuello, y sin segundas consideraciones, sólo risas vacías, le rompió el cuello. Al tirarlo de vuelta, añadió:

— No volvamos a vernos.

La muchacha se recuperó, y al ver aquella atrocidad, le gritó:

— ¡¿Por qué?!¡Papá te amaba, jamás quiso que llegara a esto!

Ark-0 se rio:

— La vida humana—es sólo otra ilusión. Esta carne es el peor atuendo —fue diciendo, acercándose a pie, con la cabeza ladeada— Después del juicio celebrado, ¿quién no verá la—broma?

Su aura de llamas azules la envolvió de nuevo, y las mellizas, lado a lado, enfrentarían a la mujer desquiciada, riendo histéricamente con una mano en el rostro, lágrimas de sangre:

— No tiene remedio, hermana. Sabes lo que hay que hacer.

— Lo sé, Ja-yoon. Nunca quise—hacerlo así. Y mira el resultado.

Cual fuegos artificiales, proyectiles y misiles de crucero estallaron en medio del aire, su energía explosiva abrumando los sentidos, su fuego infernal absorbido en el desdichado vórtice.

— Nadie nos interrumpirá, mis niñas. Hasta que devuelvan—¡lo que me han quitado!

Se teletransportó frente a Ja-yoon, dándole un manotazo que la hizo girar en el aire, una parábola que acabó clavándola de espalda contra los hierros retorcidos de una columna rota. El aire en Busan de repente no era puro, sino la estática pura del polvo y sabor a sangre; Ark-1 se movió de un salto supersónico para tomarla por detrás, y sin embargo, no le fue mejor cuando su madre la tomó del cabello en la sien, chocándola al asfalto antes de arrojarla. Cayó impactando el fondo del socavón del sitio subterráneo, mientras que su hermana usó la mente para sacarse a sí misma, con la mandíbula apretada, y luego entre gritos, de aquellas varillas; carne y pedazos de vísceras, arrancados.

Cuando cayó, fue levantada por una fuerza invisible. Terminó siendo empalada varias veces con furia viciosa por las garras de Ark-0, quien con una sonrisa sedienta de sangre, salpicada toda de ella, la desgarró una y otra vez sin que la joven pudiese bloquearla con efectividad:

— ¡No vas a matarme!¡No me matarás, viviré!

Ja-yoon, a pesar de las heridas, sonrió, al oír su propio deseo en otros labios:

— Todos—parecen querer eso.

Entre vericuetos, una motocicleta aceleró sorteando los sombríos túmulos funerarios que habían sido rascacielos, y quien manejaba, con su chaleco de prensa, gritó cuando el vehículo perdió el equilibrio y patinó por el último tramo. Tanto ella como un hombre de lentes, con una cámara de filmación y una digital al cuello, salieron patinando por la superficie polvorienta, rodando brevemente antes de detenerse:

— Ay—

La chica se sobó la espalda y se quitó el casco. Se paró a duras penas, sintiendo dolor en un brazo y costado. Cojeó un poco antes de hacerle un ademán al otro:

— Rápido, levántate. Aquí es.

Este se puso de pie apoyándose atropelladamente en las manos:

— ¿Segura que aún quieres hacer esto, Soo-young? Es una completa locura.

— No volveré a discutirlo. De todas formas no—

Prefirió pensar en los periodistas, todos ellos muertos en el salón, a excepción de ella.

— Ven, rápido, o la vamos a perder —y pensó— “¿A qué viniste aquí, Musa?”

La madre de monstruos gritó, pensando que se estaba burlando de ella, y la arrojó con su telequinesia al socavón. Ark-1 se había levantada, y la agarró, retrocediendo por la potencia del lanzamiento; sus pantalones habían quedado destrozados, igual que su chaqueta. Tras posar a Ja-yoon en el suelo, se quitó esta última prenda, dejando su camisa con desgarros y agujeros flotar libremente junto a su cabello.

Las hermanas apenas tuvieron tiempo de cruzar una mirada antes de que Ark-0 descendiera como un meteorito de odio:

— ¡Hermana, atenta!

Sin mediar palabra, la criatura expandió su aura de fuego hacia abajo como un proyectil de artillería. No fue un empujón, más de lo que sería una fractura del espacio mismo, que se resquebrajó como un túnel ante su zarpa extendida, un impacto telequinético que se estrelló en el pecho de Ark-1 con la fuerza de un tren de carga, lanzándolas al vacío del socavón. Las hermanas cayeron varios metros entre escombros y lodo purulento del alcantarillado roto, aterrizando en el epicentro donde todo había colapsado, un tragaluz de luna sobre sus cabezas.

Ark-0 se quedó flotando, y aterrizó con una delicadeza aterradora en el centro del agujero. Sus ojos blancos brillaron con los destellos del fuego cianótico, reflejando su propia lumbre enfermiza sobre las placas crujientes de su armadura mutante.

— Aquí han nacido, en la oscuridad —siseó.

Ja-yoon enarcó la ceja, poniéndose de pie; era claro que su madre estaba perdiendo contacto con la realidad a cada segundo.

— Aquí volverán al polvo, cuando la fuerza que les di en mi vientre —tocó su abdomen— vuelva a mí.

La mujer lanzó una última onda, un fuego mucho más salvaje que cualquiera de los anteriores, y su frío se sintió quitarles el aliento incluso a la distancia. El mundo se puso a cámara lenta.

Ark-1 también se paró firme, extendiendo una mano hacia Ja-yoon, que la miró de vuelta. Al inicio ella no entendió, pero al verla cerrar sus ojos, comenzó a tener sentido; miró en su interior también, sus auras refulgiendo, las corrientes listas para surgir al exterior. La joven extendió también la suya, hasta que sus dedos se rozaron y, por primera vez, al engancharse entre sí con firmeza fraterna, sus cuerpos sutiles dejaron de luchar por el espacio. El aura azul de Ark-1, y el fuego en el interior de Ja-yoon se entrelazaron, no forzosamente, no como víboras envolviéndose para devorarse una a la otra, sino como una sola cadena de ADN, un helicoide perfectamente armónico.

La resonancia fue inmediata: el dolor de sus cuerpos lastimados se dividió, regenerándolas con rapidez pasmosa, mientras que la fuerza no se absorbió, ni se redistribuyó por conveniencia, sino que se fundió en una.

— Ahora estamos —susurró Ja-yoon, abriendo los ojos— De verdad, pudimos—

— Estar conectadas, completamente —Ark-1 replicó, con una sonrisa— Es tiempo, hermana.

El contraataque fue súbito, cuando las dos se separaron, y el ataque a distancia de su madre se disolvió como las ascuas de un fuego moribundo, perturbado por un viento divino en la hora 12. Ja-yoon se colocó detrás de ella, y en perfecto enfoque, atrajo hacia sí cientos de varillas de metal corrugado, desde un radio amplio, partiéndolas a toda velocidad con la mente, hasta tenerlas bien astilladas antes de dispararlas. Aquellas lanzas se dirigieron a la mujer con velocidades balísticas de francotirador, y Ark-1 las envolvió en energía cinética, acelerándolas hasta que rompieron la barrera del sonido, a pesar de la corta distancia; amplió el agujero, para darles espacio, todo a la vez que saltaban fuera de la zona de impacto.

Ark-0 las desvió al inicio, hasta que atravesaron su cuerpo en gran número, sacándole chispas empíreas cual explosiones en miniatura; con ligeros movimientos de sus garras y cabeza, esquivó los proyectiles más peligrosos, pero eventualmente tuvo que ascender también.

Las hermanas no se detuvieron en su ataque, y formando un anillo saturnino de escombros sobre su campo visual, las hicieron llover como meteoritos en vueltos en luz de estrella. Ark-0 miró a su alrededor, al no poderlas sentir, y en un instante Ja-yoon usó un trozo de metal para rebanarle el pecho, sacándole un grito; aunque llena de ira, pudo oír sus pisadas, a pesar de no verlas. Pisadas en la pared, y lanzó una oleada telequinética propia con aquellos restos que desvió en parte como un torbellino de polvo etéreo para quemar sus alrededores. No fue suficiente, cuando recibió el golpe de un tubo en la espalda por parte de Ark-1, que la hizo doblarse de dolor rencoroso.

Usaron el agua de unas tuberías de alta presión rotas como chorros a presión para desviarla, y los bloqueos de la coreografía de combate iniciaron allí, en medio del aire; la nariz de la mujer sangró, y se asentó rápido en el suelo de espinosas varillas. Fue allí que bloqueó un golpe de codo de Ja-yoon, una patada de Ark-1, y varios otros golpes o ataques con armas blancas improvisadas, reventándolos de vuelta hacia ellas, que como resultado fueron lastimadas por esquirlas o fragmentos. Una vez se hicieron visibles, se pusieron de pie también entre las varillas, determinadas a terminar lo que habían comenzado:

Al adquirir velocidad, las mellizas desaparecieron no sólo de su visión física, sino también de su percepción extrasensorial, como borrones de viento repentino antes de un tornado. Fueron golpeando desde los flancos, y Ark-1 las persiguió guiándose por el sonido, incapaz sin embargo de salir del centro del cráter, su aura de fuego azul comenzando a chispear de forma intermitente.

“Tal como esperaba. No tiene entrenamiento, y está cansándose.” —pensó la joven.

“Y pensar que aun así, ha hecho tanto daño.” —pensó la muchacha.

Ja-yoon se movía saltando en distancias largas, de las paredes al suelo y viceversa, como una sombra, usando la telequinesia para impulsarse en el aire, mientras Ark-1 saltaba en puntos armónicamente opuestos, tirando una lluvia más intensa de los escombros en metralla incandescente, que cegaba a su madre incluso más.

— No, no, este no es—el final de mí. Nunca terminará así. —dijo Ark-0, desesperada.

Fue cuando la joven vio el hueco en su defensa, esa misma desesperación momentánea era una distracción. Así fue como, de entre el caos de una explosión de gas desde una tubería, usando las rocas incandescentes como chispas, se proyectó hacia arriba en un torbellino psíquico, deslizándose por el aire hasta quedar a centímetros de la espalda de Ark-0. Atrajo hacia sí el vial de veneno neurotóxico que llevó guardado en el frente de su faja, y al presionarlo, la punta de la aguja brilló bajo la luna, dirigida hacia la nuca de la mujer, que estaba absorbiendo las flamas.

—¡Muere de una vez! —rugió Ja-yoon.

Pero la mente de Ark-0 era una fortaleza de espinas, incluso si estas estaban corroyendo su cerebro inexorablemente. Antes de que la aguja tocara la piel, un pulso mental violento, cargado de los gritos de veinte años de tortura, estalló desde la base del cráneo de la autoflagelada madre. El brazo de Ja-yoon se entumeció al instante; sus huesos vibraron con tal frecuencia que el vial se le resbaló de los dedos, cayendo al suelo rocoso y estallando en un charco de líquido inútil. Ella misma fue lanzada, y encerrada en un cúmulo de concreto.

— ¡Ja-yoon!

Ark-1 saltó en el aire con una patada frontal hacia el estómago de la mujer, quien se rio antes de desacelerar y agarrar su tobillo para estrellarla contra los hierros, paralizándola allí. Solamente un movimiento telequinético evitó que la parte trasera de su cerebro fuese perforada por uno de los picos del suelo. Bajo el encantamiento de una delirante calma tras ver a su propia carne atrapada en indefensión; extendió la zarpa hacia cada una, y como una aspiradora, bocas irreales llenas de dientes comenzaron a sorber la esencia vital. Al sentirse succionadas en aquel vacío helado, gritaron como lo que de haber sido humanas, habrían sido; jovencitas asustadas.

Caminó sin peso sobre las espinas, hasta acercarse a Ja-yoon, cuya cabeza descubrió de escombros con un ondeo de su zarpa. La punta de una de sus garras se asentó directo a su frente, quedando al azul vivo; la joven jadeó llena de algo peor que miedo. Incertidumbre:

— Por eso dejé de hablar contigo. Sentí tu podredumbre, igual a ellas dos. Yo borraré la corrupción de este mundo; todo será purificado.

Ark-0 comenzó a presionar, sonriendo con lágrimas en los ojos, pero un rugido gutural sacudió las paredes del cráter, llamando su atención soporosa. Sobre las sombras de aquella superficie colapsada, saltó en medio de la noche una figura humana envuelta por la masa de oscuridad biológica, un sol de apéndices cual látigos poliposos. Con un pulso sónico de su mente, saltó en el aire hacia abajo con una potencia sísmica.

Las hermanas pudieron sentirla.

“Tyrant.”

Ark-1 quedó atónita:

“¿Ja-gyeong?”

El espécimen se lanzó sobre Ark-0, desprendiendo de sus extremidades aquellos apéndices pesadillescos, que la abrumaron de repente; entre sí se formaron extensiones transversas del viscoso y denso légamo. La sustancia se había pegado incluso a la armadura de queratina, envolviendo a la mujer en una mortaja negra que, al pensar en destruir, no hizo sino pulsar en azul antes de apagarse; lo intentó dos veces más, con una mueca odiosa, sin éxito.

Al darse cuenta de que aquella materia blasfema absorbía la energía, Ark-0 gritó, forcejeando contra ella. Pero cuánto más se esforzó en desgarrarla, más se lanzaba como dardos para envolverla, como si aquello fuera una inteligencia vil, que intentaba asfixiar su luz. Cuando la joven aterrizó en cuclillas al borde del cráter, sobre un trozo de fachada, puso una sonrisa socarrona, sacando un cigarrillo del bolsillo:

—¡Oigan, niñas!

La muchacha sintió su naturaleza de aura, mientras los pseudópodos la sacaron de la profundidad, igual que a Ja-yoon. Fueron depositadas justo al filo del agujero central, y al levantarse, le miraron allí, dando un pitido a su nicotina como si nada:

— ¿Qué haces aquí? —Ark-1 aclaró su garganta— Quiero decir—creí dejártelo claro, que no me volvieras a ver.

El joven Ja-gyeong miró a la nada antes de responder:

— De nada, bonita. Y la verdad sí me fui, pero ¿sabes? Decidí que Baek y su gente no valían la pena los problemas. Así que te esperé aquí en Corea.

— Al final ¿lo de mi hermana lo decías en verdad? —interrumpió Ja-yoon, suspirando— No me lo puedo creer.

— Te dije que no mentí, cuñada. Y gracias por aparecerte en televisión. Me hizo más fácil encontrarlas.

— Ah, hallaste a Nagong.

— No me digas, también planeaste eso.

Ja-yoon se giró hacia su madre, que chillaba como una loca en camisa de fuerza:

— No. En realidad, no.

Sin embargo, el fuego empíreo de Ark-0 comenzó a abrirse paso, y el légamo comenzó a romperse por el calor; fibras se derritieron, en medio de aullidos que salían de las vibraciones de la red en vez de bocas. En segundos, la masa negra e informe comenzó a humear y a evaporarse, el tejido del compuesto Tyrant fundiéndose como plástico en un horno, aullando mientras se deshacía en cenizas incluso más pestilentes.

Ja-gyeong sintió el pecho quemarle, cambiando a su personalidad femenina mientras Ark-0 la abrumaba con la mirada fija. Se derrumbó en el suelo, emitiendo gruñidos por el incesante ardor, sus venas negras ensanchándose como si fuesen a reventar.

— ¡No!

Ark-1 desesperó, vio todos los recuerdos que tenía con los hermanos de un solo cuerpo, los de Ja-yoon, al tiempo que todo parecía no tener fin bueno. Y se vio ese día en el templo por un momento, en un recuerdo que fue invasivo, junto a una silueta luminosa de etéreos atavíos que jamás estuvo allí, sosteniendo una flor azul. Cerró los ojos para volver, pero en cambio, recordó la frase budista que había leído en aquella inscripción, entre los árboles del invernadero:

“Sólo perdemos aquello a lo que nos aferramos” rememoró, y pensó “Si es así—debo dejar el miedo, sin importar el costo. Yo no puedo controlar todo, sólo hacer lo mejor con lo que tengo.”

Ja-yoon estuvo a punto de enterrarla en los escombros para aplastarla, pero la muchacha pálida le puso una mano al hombro:

—Ja-yoon, no uses la fuerza. Usa la red —ordenó Ark-1— Una vez más, toma mi mano. Confía.

La joven la miró, y tras reticencia tan breve, las hermanas se tomaron de las manos. La sincronía alcanzó su punto máximo, cuando en su visión el mundo se volvió azul gris. No lanzaron piedras, no aplastaron, ni destrozaron; proyectaron su voluntad más pura. Miles de partículas de polvo y esquirlas microscópicas se alinearon en el aire, cargadas con las polaridades de sus auras, tomando forma en su brillo. Se convirtieron en hilillos breves, ni fríos ni cálidos, como alfileres.

Crearon un halo de agujas.

Al flotar en su órbita y salir despedidas, no buscaron la carne sino los meridianos de energía de Ark-0, incrustándose como un tratamiento de acupuntura a 360 grados, de la cabeza a los pies, justo antes de que pudiese soltarse. En un parpadeo, las luces azules que recorrían el cuerpo de la madre fueron sofocadas, y ella misma fue anclada al suelo por proyecciones invisibles; quedó petrificada en medio de un grito, su flujo empíreo bloqueado, su armadura de queratina resquebrajándose al perder su sustento vital, y dijo Ark-1.

— Las dos

Entre ambas la levantaron usando el propio derrumbe del sitio debajo de sus pies; bajaron un par de metros de forma abrupta, pero igual que su progenitora, se mantuvieron bien ancladas. Aun así, Ark-0 sintió sus fuerzas fallando, hasta quedar entre ambas, y pronto quedó tan vulnerada, frágil, que cayó de rodillas; Ja-yoon murmuró.

— Ahora.

Las hermanas se en un ataque final coordinado. Intercambiando lugares en un parpadeo, Ja-yoon apareció frente a ella y Ark-1 detrás, como el espejo de una misma alma. Pudiendo sentir lo mismo, y pensar en sintonía, ninguna de las mellizas sentía satisfacción o sed alguna al realizar este acto terrible, que quedaría como una mancha en sus corazones.

— Por la vida que nos quitaron, mamá —dijo Ark-1— Honraré tu nombre, y no te recordaré así.

— Por la muerte que quisiste darnos —sentenció Ja-yoon— Te libero de la carga que te impusieron.

Ambas conectaron un golpe de palma abierta simultáneo. Ja-yoon acertó en el centro del pecho, y Ark-1 dio entre las escápulas. La energía se desenredó a través del cuerpo de Ark-0, chocando en una tormenta su corazón como dos galaxias colisionando. La tormenta de polvo en lucha pulsó con un destello blanco, que envolvió al cuerpo en el cráter, silenciando su rugido hasta detenerla.

El silencio que siguió al impacto fue más pesado que el estruendo de la batalla, más que la lluvia de partículas sin nada que las sostenga, las aguas al teclear sobre el asfalto. Al haber intentado ponerse en pie, Ark-0 quedó suspendida entre las palmas de sus hijas, con el pecho hundido y la mirada recuperando, por un breve y agónico instante, la claridad de una mente humana. El fuego azul se extinguió incluso en lo invisible, dejando paso a la palidez mortal de una esencia evanescente, y un suspiro de resignación.

—Así que—así se siente —susurró Ark-0.— Abandonar el mundo—al fin.

Una cascada de sangre oscura corrió por su mentón, tiritando al mantenerse en pie en un último acto de voluntad.

— La calidez de mis hijas—es lo único real que he sentido en tantos años.

No duro, cuando sintió el punto de quiebre y se derrumbó. Ark-1 se sentó de rodillas a su lado, y le sostuvo el rostro a su madre, sus dedos temblando sobre las escamas de queratina que comenzaban a deshacerse en polvo.

—Perdóname, mamá. Nunca quise esto. Jamás—pedí esto.

Ja-yoon apartó la mirada hacia los bordes del cráter; se fijó en Ja-gyeong, quien apenas pudo recuperar la compostura. Soo-young estaba también ahí, con la cámara entre las manos, acongojada por lo que estaba viendo, llorando asustada; la joven miró en su dirección. Sus miradas se encontraron pero, tras unos instantes de ver la melancolía, la vista de la joven se posó en otro lugar, como si algo buscase, sin haber reparado en ella.

La estudiante suspiró de alivio.

Ark-0 se estaba debilitando cada vez más, e impuso una mano en la frente de su progenie pálida, un pulgar sobre su frente, frío:

— No te disculpes, hija mía —la voz de la mujer era un hilo roto—. Esta vida—nunca tuvo lugar para nuestra familia —lloró, mirando al cielo— Jae-sung, tu padre—ojalá nunca me hubiera encontrado.

La colocó en su mejilla, y la muchacha la tomó:

— No mamá, no digas eso —sollozó Ark-1— Fueron ellos, fue Yongsadan, ellos nos hicieron esto. Tú no tienes la culpa.

— La oscuridad—estuvo siempre allí, nos devoró. Las hizo devorarse entre ustedes, puedo verlo. Nos hizo—devorarnos —tosió sangre— entre nosotras.

Sus ojos, nublados pronto por el velo de la muerte, se clavaron en Ja-yoon. La joven se mantenía dándole la espalda, con una expresión de piedra, aunque sus ojos brillasen con una humedad contenida.

— Ja-yoon. Te pusieron un nombre hermoso. Yo no pude.

— Tengo una familia, mamá. Ellos—son mis padres. Tú—no tienes derecho a opinar nada.

— Debes saber algo. Las dos. —dijo la madre, tosiendo en un estertor—. Baek Sang-na. Baek—Jeong-na.

La joven la miró de reojo, al despertarse su interés:

— Ya no existen —dijo— Esa justicia—fue por las tres.

— Se reían de mí mientras me abrían. Me contaron—algo que me quebró.

Ark-1 sintió la angustia de su madre al continuar:

— Mi hermana—su tía—nunca fue policía.

La muchacha abrió los ojos de par en par, recordando las imágenes del pasado.

— ¿Qué? Pero las visiones—ella llevaba uniforme—

— Una mentira. —siseó Ark-0 con amargura— Ellas me mostraron, en la pantalla, otro distinto.

Las dos mellizas tuvieron las impresiones fotográficas de su memoria. Una reconoció a la tía, mirando detrás de su padre en ropa de oficial la noche en que la echaron. Otra vio a una mujer en un entorno limpio, su uniforme negro con el parche de dragón dorado. A ojos de una, el rostro de aquella le concordó muy bien, y a ojos de otra se convirtió en una confesión.

— Ella no vio; estuvo detrás. Ella me entregó. Mi propia sangre—me vendió.

Ark-0 apretó la mano de la muchacha pálida con una fuerza final, desesperada.

— Intenté traerla—quería que viera el fin conmigo. Pero no pude. Está en Shanghái, un—almacén.

Ja-yoon supo rápido a lo que se refería:

— El sitio. Está protegido por un campo inhibidores desde fuera. Ni tú habrías podido entrar fácil.

— Allí. —sus ojos se dilataron por el miedo— allí lo vi entrar a él.

— ¿Quién?

— El hombre que me castigaba, el que—me usó de prueba. Yu Zhongren.

El labio inferior de Ark-1 tembló, su puño se cerró.

— Está allí dentro, las está esperando.

El cuerpo de Ark-0 comenzó a enfriarse, volviéndose liviano como el papel quemado. La tormenta en el cielo de Busan amainó al fin, y la noche se despejó. Los restos del compuesto negro, sus cenizas se disolvieron ante la mirada de Tyrant. Siguió viendo a las mellizas, quieta.

— No, mamá.

—Vayan. No se dejen atrapar. —murmuró Mi-young—. Sean la familia—que yo—no pude darles.

Su mano golpeó el suelo, y cerró sus ojos por última vez antes que su cabeza cayera para atrás, inerte. Ark-1, mirando a la nada, la abrazó contra su pecho, rompiendo en un llanto silencioso que sacudía sus hombros. Ja-yoon se alejó un par de pasos, mirando hacia arriba, salvando distancias con el ojo de su mente; las luces de transportes aéreos bimotores, con el emblema de Horang, se estaban aproximando ya hacia el cráter. Tanquetas no pudieron avanzar mucho más, pero decenas de agentes, en uniformes y cascos de color gris con naranja, también comenzaron a caminar en su dirección, rifles inhibidores en mano.

“A toda la población civil, se le ordena evacuar el perímetro a un kilómetro de Seomyeon-ro. ” repetían altavoces lejanos “Amenaza superterrorista nivel Omega detectada. Despliegue de supresión en proceso, por favor no acercarse a la zona.”

— El extractor medular, pronto. —dijo Ja-yoon con voz ronca—. Si los malditos de Horang nos encuentran con ella, no nos dejarán salir.

Ark-1 se separó de su madre, y levantó la vista al cielo, sus ojos encendidos por un odio nuevo, más enfocado y frío que la locura de su madre. Miró a Ja-yoon entonces:

— No la dejaré aquí. Debo enterrarla.

Sin entusiasmo, Ja-yoon respondería:

— Hazlo ya, queda poco. Necesitamos la médula.

Lo buscó con su visión remota, y al fin lo encontró; el aparato extractor metálico voló hacia su mano. La recostó con delicadeza, acariciando su mejilla.

— No sentirás más dolor. Te lo prometo.

Clavó la jeringa en el esternón, y el artilugio se activó, succionando el tejido rojo y viscoso que tanto habían anhelado. Y más entonces; no se sentían demasiado bien, hasta que se sintieron mal por su propia cuenta, auras separadas nuevamente. Una vez terminó, se lo pasó a su hermana, quien lo tomó con premura; miró a Tyrant, aún de pie allí, pero no tuvieron palabras qué decirse.

La muchacha se levantó, cargando el cadáver de su madre en brazos, con un nudo en la garganta.

— No será—un funeral —replicó— La enterraré lejos de aquí, donde nadie pueda volver a tocarla.

La joven miró en silencio a su hermana, y al voltear de nuevo a Tyrant, esta agachó la cabeza, tragando saliva antes de decir:

— Les daré tres minutos. Me las puedo arreglar luego.

Miró a Ark-1:

— Mi hermano dice que adiós. Que tengas una buena vida.

Se dio vuelta, y desapareció de la vista. En cuestión de segundos, Ja-yoon fue incapaz de detectarle por ninguna parte.

— Ja-yoon—por favor. —siguió Ark-1— Déjame hacer esto.

— Hay que dividirnos; yo por allá, y tú por acá. —señaló— Procura cegar sus sentidos cuando salgas.

— Ahora entiendo esa técnica, descuida. Y gracias.

— Luego iremos a Shanghái. Encuéntrame en Mokpo, muelle de Janggam-ri.

— Entiendo. Nos vemos allí.

Ja-yoon observó el dolor crudo de su hermana y, por primera vez en su vida, había cedido ante algo que no era lógica pura. Miró los escombros del laboratorio y asintió, sabiéndose en pesar tanto como ella, o al menos lástima muy profunda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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