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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 La raíz maligna
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21: La raíz maligna 21: La raíz maligna Cuando Ji-won y el demoledor llegaron a la base de operaciones, encontraron todo envuelto en llamas, los cristales reventando por el calor.

La chica trató de percibir la presencia de alguien más, pero no halló allí dentro a nadie, solamente los servidores destruidos, sus propios rastros bien calcinados.

El gordo comenzó a acercarse, mirando maravillado el fuego, extendiendo sus brazos con una sonrisa, cual si quisiera que el fuego le abrazase.

— ¡Esto es tan hermoso!¡Míralas bailar, Ji-won!

Ella iba a hacer una mueca, pero más bien, al verlo, imitó su sonrisa en silencio, mirando quizá la misma calidez al posar la vista física en las llamas y su olfato en el olor del combustible.

“Se llevó las armas.

Nagong, tú, ingeniosa infeliz.” En cambio, entre los durmientes árboles, sobre una alta ladera del monte Jiri, Ark-1 excavó la tierra con sus propias manos, hasta que sangraron.

Embarrada en el marrón húmedo, el carmesí de sus brazos, y tras una ardua labor, aquel hondo agujero estuvo listo, sus fauces abiertas.

Tomó el cuerpo de Ark-0, y descendió al fondo, dejándola allí con suavidad, abrumada por la pena de lo que nunca ha de ser.

— Sólo tú y yo—sabremos dónde encontrarnos.

Con su telequinesia, volvió a derramar el sedimento como cascadas, al pie de un último lugar para su descanso.

Se colocó de rodillas, y recordando la pose de los monjes en el templo, juntó sus manos, pasando un pulgar sobre el otro.

Contó cuentas imaginarias, el tintineo del contenedor de médula contra una argolla de su cinturón fungiendo de campana.

En soledad oraría en silencio con sus pensamientos, y el suelo quedó liso, imperturbado, cuando terminó.

Ja-yoon cambió sus ropas por las del cadáver de una chica en Seomyeon antes de salir del perímetro de muerte.

Cruzó de este a oeste la península entre la confusión de los damnificados, subida a un transporte público con mascarilla y gafas.

Su viaje duró horas en las que no hizo más que dormir, soñando con las ilusiones del pasado, las esperanzas del presente al otro lado del mar, y un futuro que no parecía real.

Cuando llegó a su destino, se apresuró a desaparecer de la estación, evadiendo a los agentes de Horang en la zona.

Transitó las calles, saltó terrazas en la oscuridad, hasta que llegó al punto de encuentro, luego de meterse por los acueductos debajo del complejo principal: — Te estás demorando demasiado, hermana.

Ella sintió la brisa marina acariciar su rostro, y caminó pasando los escáneres genéticos tras desactivarlos, llegando con el peso de su fuego a la arena, en la que descansó sus pies.

Quedó allí insomne, mirando las olas lamer la playa hasta que el cielo se tornó purpúreo para dar paso al despunte del alba.

Allí escuchó a las primeras aves marinas, los rayos de sol bañando su rostro, y también la calidez de unas manos tomándole la siniestra.

Hacia allí miró, y encontró a Ark-1 con párpados enrojecidos, bolsas en los ojos, pero siempre con una sonrisa, antes de mirar juntas el horizonte: — Es hora.

— Es hora.

Fue justamente cuando la silueta lejana de una lancha apareció partiendo las aguas en su dirección.

Este se acercó más y más, tan rápido que arriesgó ser detectado u oído por la gente de las zonas aledañas.

Cuando se detuvo, un joven en abrigo negro salió a recibirlas; era parco, de rostro adusto, y mirada filosa, su arma sujeta: — ¿Ark-2?

— Ah, Ji Kang-shin, supongo —respondió Ja-yoon— Sí, soy yo.

No perdamos tiempo.

Las mellizas se treparon tras avanzar por las aguas hasta la rodilla.

El joven ayudó a Ark-1 tomándole del antebrazo, y esta asintió.

(23 de febrero, Puerto Industrial Fengxian, Shanghái) En el exterior había tensiones a punto de estallar; tropas de seguridad de Yongsadan se mantuvieron en posición, filas cerradas de hombres con escudos balísticos apuntando sus carabinas de asalto, una segunda línea tras aquella con sus fusiles EM también listos para un asalto total.

Se encontraron rodeando aquella nave industrial a la vera del muelle, escaneando el perímetro con drones, todos ellos equipados con flechetas, de mayor calibre que aquellas que el demoledor usase en Busan; apuntándoles desde el perímetro de los defensores, torretas robot con lanzamisiles.

Y los responsables de evitar que nadie entrase al lugar eran como un reflejo, defendiendo con una formación parecida, espaciada en falanges, mismos uniformes, mismos emblemas, el del dragón.

Había allí una salvedad que los diferenciaba mucho más; los defensores tenían de su lado a varios trajeados de negro cargando sus rifles inhibidores, mientras que los acechantes no.

En cambio, tenían solamente a dos chicas, ambas en chalecos antibalas; una de ellas era Ryo-dan, jugueteando con su pistola EM, acariciándola con la misma ternura que a un cachorrito, mientras que la otra era de constitución más recia, apenas más alta, cabello corto y castaño con ojos color miel.

Esta última estaba seria, su corazón ansioso por quién haría el siguiente movimiento bajo las estrellas; Ryo-dan bajó los brazos, su arma bien apegada a su cuerpo, y comenzó a bambolearse con una sonrisa, antes de decir: — Oye, Hae-jun…¿y qué tal te fue destruyendo el sitio de Guangdong?

Te siento más fuerte que en ese entonces.

La castaña la miró, con un brillo de desconfianza que su aura no se tomó molestia de disimular: — Espero que tu contacto haya dicho la verdad.

Hemos esperado años por este día.

— Créeme, las grabaciones de Busan fueron tan reales como la pequeña fiesta que montamos ahí.

— Si Jang y Baek no están muertos, nos diseccionarán a mí y a mis hombres.

Si eso pasa, antes te mato.

Una sonora risita contenida salió de la garganta de Ryo-dan: — Puedes agradecerle el favor a Koo Ja-yoon y a Datum Point cuando salgan.

—e hizo un puchero— Escupo sobre ellas, no me dejaron entrar a jugar con Yu.

Oír esa afirmación la dejó incrédula: — ¿Qué acabas de decir?¿Koo Ja-yoon y Ark-1 ya están dentro, juntas?¿La que—se alió con los Towoo, y la que los—mató?

—y se dijo— Entonces el rumor es cierto.

Son aliadas ahora.

Ryo-dan respondió con un pulgar arriba, con poco entusiasmo: — Es por eso que tenemos que esperar aquí afuera.

Qué aburrido, ¿no?

Y eso que llevan allí dos días.

— ¡¿Cómo?¿Y por qué nos llamaste hasta ahora?!

— No me lo dijo, pero esa fue su orden, y como es más fuerte que yo, no tenía opción.

—luego dijo con cierto dejo de sorna— Aunque supe que no te gustaba estar apostada aquí antes, de todos modos.

— Que mi vida no les interese.

Iré por mi lado cuando termine, y ustedes por el suyo.

Dentro, pasando las entradas selladas, las mellizas habían dejado un reguero de muerte y rastros de sangre por el suelo y las paredes; agentes de Yongsadan, derribados por subametralladoras, luego incinerados.

Apenas habían logrado cargarlas, tras colarse en el camión de descarga, dentro de cajas en las que su cómplice, un joven fugitivo de la segunda generación, las había transportado hasta China.

Tuvieron que pasar los ductos a gatas, deshabilitar con granadas eléctricas la sala de monitoreo, y caer un par de metros antes de llegar y arrasar con el generador del campo inhibidor.

Fueron heridas de gravedad en aquel último tramo, pero para buen cálculo de Ja-yoon, lograron desactivar el peligro justo a tiempo.

Cuando llegaron a la parte posterior del sitio, caminando por el pasillo central, se encontraron seis grandes estanterías metálicas con protección de vidrio blindado, y en su interior, viales con los distintos tipos de fórmulas creadas por la agencia.

En la parte central trasera de la estancia, se hallaron a los científicos, apiñados entre sí en el suelo, alrededor y debajo de las mesas de laboratorio e instrumentos; miraron aterrados, cubriéndose con las manos de forma lastimera.

Fue entre quejidos de piedad que, desde un andamio alto apareció un hombre en bata las observó son inquietante serenidad.

Llevaba debajo un peto de polímero, brazales bajo sus mangas, y armadura de piernas sobre los pantalones, botas chapadas con placas.

Había salido desde la puerta blindada detrás de él, con vetas de peligro inclinadas, amarillas y negras, un ventanal negro opaco a su diestra.

Este reflejaba de forma fantasmal el rostro de sus visitantes:  — Señorita Koo.

Abrió los brazos, y chocó sus manos en un sonoro aplauso, agarrándolas antes de descenderlas y sonreír con astuta malicia.

— Espero que le haya ido bien con esa misión suya.

Supongo que la tiene consigo.

Ja-yoon le hizo un ademán a Ark-1, quien desenganchó el contenedor de su cadera, mostrándoselo.

A la muchacha pálida estar bajo la atenta mirada de aquel sujeto no le sentó bien, y respondió secamente: — La médula ósea de Ark-0.

Doctor Yu Zhongren, ¿no?

Este la señaló con una sonrisa, como si se le hubiese venido un grato recuerdo: — Ah, por supuesto.

Tú debes ser Datum Point, ya me acordé.

Sí— Fue bajando las escaleras desde donde estaba, el lado a derecha del alto pasillo, hasta llegar con ellas, y colocar sus manos en los hombros de ambas chicas, como si de un gran amigo tratase: — Espera.

Eso fue lo que la joven dijo a su melliza cuando esta le puso su propia mano cerrada como una pinza en el antebrazo, lista para partírsela al advertir: — No me toques.

Yu dio una risotada antes de apartarse, con las manos en alto: — Claro, tranquila, todos vamos a estar bien, ¿de acuerdo?

—y extendió su diestra— El contenedor, por favor.

Fue Ja-yoon quien lo tomó de Ark-1 y se lo pasó al científico, manteniéndose con el mismo agarrado sobre su palma un momento; le sonrió de la misma manera cínica: — ¿Seguimos?

Mantuvo su abrazante delicadeza incluso cuando él y su hermana se alejaron de vuelta por las escaleras a la puerta de arriba.

Al abrirse esta, tras escanear el cuerpo del hombre, la muchacha vislumbró remotamente la profundidad de la planta; no solamente era una oficina o un juego de edición genética individual, sino una planta de procesamiento y almacenaje de tejidos.

Compuestos en barriles, órganos y sangre en congeladores, así como las herramientas robóticas de CRISPR y microcirugía alineadas en mesas metálicas, bajo las cuales siempre halló instrumental médico.

La puerta se cerró y dejó de ver; claramente había un inhibidor con generador local para aquella entrada, sin embargo no sintió residuos de las ondas más extendidos allí.

Sólo podía esperar lo mejor, y mantenerse vigilante, tanto con las numerosas presencias fuera como con el personal a sus espaldas.

A su mente volvió un juramento, no aquel que hizo hacia Ja-yoon, sino uno más fresco en sus recuerdos, cuando sin que la viera nadie se acercó a mirar la computadora que habían instalado en Busan.

Allí prendió los monitores, dándose cuenta de que no solamente habían dejado el terminal encendido, sino que también dejaron el chat abierto; se quedó sentada leyendo las conversaciones por un par de horas.

La monotonía habría seguido de no ser por una notificación en pantalla; una solicitud de chat en video, que al abrirlo (viendo a su alrededor que no hubiese nadie) le iluminó el rostro: “Ja-yoon, dime una cosa más de Shanghái, no estoy segura de que—” Mai apareció en pantalla, pero dejó aquel hilo de conversación al ver quién estaba del otro lado.

“Oh, Ark-1.

Eres tú.” La muchacha había mirado al suelo, pensativa, antes de responder: “Hola, Mai.” Hubo cierta incomodidad silenciosa, antes de que siguiera.

“¿Estás—mejor ahora?¿Sin resentimientos?” Mai se encogió de hombros, y sin querer rio a carcajadas.

“Oye, ¿por qué te ríes?

Lo decía en serio.” Aclarándose la garganta, respondió: “Lo sé.

Más bien, gracias por preocuparte.” Ark-1 se sintió bastante aliviada al oírla, y aunque era difícil sentir su aura así, pudo intuir a la adolescente en base a su lenguaje corporal: “¿Querías preguntarle algo a mi hermana?” miró nerviosa para atrás “Ahora mismo—ella no puede hablar contigo, se fue a dormir.” “Está bien, no era importante.” “Puedes contarme, no tengo nada qué hacer, y tampoco puedo dormirme.” “Igual.

Es decir, estaba revisando en esta cuenta.

Encontré algo que quizá le interese.” “Conociéndola, seguro ya lo sabe.

Si no lo leyó, quizá es porque no—le interese.” “De todas formas me pareció curioso.

Me metí a un chat de grupo, hablaban de la transferencia de algo llamado Ark-0 a Busan.

Y mencionaron un nombre—¿Kim Mi-young?¿Te suena?” La muchacha se quedó en silencio.

“Mira, te mando las capturas.

Hay alguien en esa conversación, insiste en que la vigilen, o que la mantengan viva, o algo así.” “Quizá porque es un prototipo inestable.” “No lo sé, amiga.

Cuando digo que insistía, era demasiado enfática—al punto que por varios minutos presiona a los otros para cuidarla bien.” “También habla mucho con una usuaria llamada TheWhiteCaretaker2000” Recordó ver las capturas, y entender más o menos la relación entre ambos personajes, en ese momento, sin rostro.

“Es como si trabajase directamente para esa otra persona.” “Dicen algo sobre ir de la casa de la moneda al banco de sangre.

No entiendo bien a qué se refieren, pero sabiendo mi historia—.” “Seguro no sea bueno, Mai.” “Por favor, prométeme que terminarán con ese maldito Yu.” Ella levantó el meñique al otro lado de la pantalla, con expresión seria: “Te lo prometo.

Las veces que quieras.

Cumpliré mi palabra.” Mai la imitó, y hablaron por un buen rato más aquella madrugada.

La muchacha le dio vueltas a esos chats, sus ojos físicos en el segundo piso del sitio, su memoria en un detalle importante: “¿Y cómo dices que se llama?” recordó preguntar Mai le respondió.

“El chat le dice—” — ¡Sujeto Ark-00001!

Datum Point.

Aquella voz exclamó desde lo alto, y la muchacha conectó los puntos sobre las íes al verla allí, en un traje de combate táctico de Yongsadan.

Aunque protegida por un cuello alto tipo tortuga, pero de polímeros reforzados, la forma ovalada de su cabeza, las facciones de su rostro eran inequívocas.

Fuese que estuviese marcado por un par de cicatrices como estaba o no, no ocultaba la verdad: — Cero-Cinco.

“—le dice Cero-Cinco.” Dentro del laboratorio de Yu, este estuvo esperando tras una máquina con forma de prisma y una compuerta, hasta que salió de esta un vapor gélido como la niebla fantasmal de ultratumba, blanco como el de los ríos por la mañana.

De allí el científico extrajo uno de los viales plateados que había producido, rezumando por su lámina vidriosa un color dorado que parecía fluorescente en el ambiente opacado; Ja-yoon se mantuvo a un metro detrás de él, lista para tomarlo.

— Me hubiese fascinado poder estudiar el cuerpo de tu madre en ese estado que describiste.

El científico le entregó el espécimen, y ella lo observó de cerca, con solemnidad: — Así tendríamos más dosis para nuestro beneficio.

—respondió ella, siguiéndole el juego— Es una lástima que la mayor parte se destruyera en Busan.

— Deberemos conformarnos con cultivar células madre a la antigua.

—dijo él con desgano— ¿La muestra del esternón fue lo mejor que consiguieron?

— Era una muestra abundante, así que podrá producir más lotes.

Estoy segura.

— Si de mí dependiese, la cambiaría por médula pélvica, pero esta fue bastante buena.

— ¿Cuánto tardará en producir las 630?

— Doce días, y dudo que tengas ese tiempo.

No si no resuelven lo que pasa allá afuera.

— Ese será mi problema.

Dijo con tono más bilioso, ojos gélidos: — Oh, sí, ya creo que lo será, Ark-2.

El doctor se tensó de hombros, activando el brazalete sin tocarlo, sólo con los electrodos conectados a la parte trasera de su cabeza.

Estos activaron una “secuencia de inyección”, y Ja-yoon, detenida en anticipación, esquivó su primer golpe a traición con un escalpelo, luego otro, antes de retroceder al espacio más despejado al centro de aquel cuarto.

El científico sonrió como un loco, deseando apuñalarle el ojo, sus propias pupilas brillando en carmesí, venas palpitando en su cuello.

— ¡Voy a cortarte, maruta!

Ja-yoon al esquivar ladeando el torso a diestra, luego apartó su brazo con las palmas de su brazos, luego giró para darle un codazo en la cara, y le hizo una llave que le partió el brazo antes de volver golpear su cuello, destrozando su tráquea.

Yu intentó cegarla con un emisor fotónico oculto en el brazal, pero ella se anticipó haciendo que este cortocircuitara; esto lo aprovechó el hombre para cortar en nervios de una de sus manos y su costado izquierdo en rápidos movimientos de karate.

La joven de repente se sintió abrumada de un dolor punzante que le impidió paralizarlo de forma efectiva por más de unos segundos.

Afuera, las vigas de la baranda habían empalado a todos los científicos del lugar, pero Ark-1 había esquivado con éxito, dando zancadas con una ligereza antinatural entre los estantes.

Saltó a una pared, corrió hacia arriba de ella, y de un salto invertido contraatacó lanzando una viga del techo hacia aquella mujer marcada, que se mantuvo en un abrumador silencio todo el tiempo.

No parecía respirar, ni pensar, solamente se lanzaba con golpes de una agilidad que incluso a ella le estaba siendo difícil seguir; en un instante disparaba su pistola EM, al siguiente desviaba la bala a su nuca.

Todos sus ataques fueron así, siempre intentando dar el golpe de gracia al primer impacto.

Ark-1 estudió cómo no poseía un patrón de ataque predecible, cambiándolo en saltos en diferentes direcciones, usando golpes de dos dedos, apuntados hacia aquellos puntos de los meridianos que llevaba más desprotegidos.

Recibió varios golpes, y su energía sufrió al forzar de nuevo el flujo en cada patada fallida, o golpe que rozó el cabello de su contrincante; pronto ella la atacó con una patada recta desde arriba, destrozando uno de los estantes con un boom supersónico.

Esa fue la señal de que algo andaba mal dentro para los defensores de la instalación, y el momento en que Ryo-dan asintió con una sonrisa.

Hae-jun devolvió el gesto e hizo señas gritando a su gente: — ¡Fuego, fuego!¡No dejen a ninguno con vida!

El oficial de Yongsadan entre los defensores, con su gafete, también pegó un grito de vuelta, al cubrirse de los disparos: — ¡Acaben con los traidores!¡Jamás van a pasar!

Las primeras filas de escudos comenzaron su tortuoso avance, y los primeros cayeron por los cañones automáticos, y los drones en modo suicida reventaron los aires en su mutuo choque.

Las carabinas impactaron en escudos y cascos, uno y otro más fueron cayendo, no necesariamente muertos, pero sí fuera de combate por el momento, en tanto un par de lanzamisiles de los asaltantes lanzaron su munición a la artillería.

Los haces de las pistolas y rifles EM continuaron recorriendo el espacio en cada vez mayor cierre entre las facciones combatientes, hasta que los primeros rebeldes chocaron con los trajeados de primera generación.

El combate entre monstruos también había estallado.

Ryo-dan tomó su fijación malsana hacia uno, cortándole la cara con un destornillador afilado como cuchillo en medio del aire, antes de que este la tomara por un brazo, haciéndola dar piruetas sónicas en el aire entre golpes y patadas que rompían huesos y desgarraban músculo.

Hae-jun optó por otra táctica, haciendo finta de salto frontal hacia su oponente, antes de desplazarse con un salto psíquico hacia abajo, y atraer dos escudos de los defensores hacia sus manos, cubriéndose de los disparos antes de lanzarlos hacia arriba, cortándole ambas piernas.

En parábolas reflejadas, los escudos volaron cual bumeranes, consiguiendo que con un tirón mental repentino el atacante de Hae-jun nunca pudiese darse cuenta de que fue decapitado mientras descendía para su siguiente movimiento.

Nuevamente con los escudos, se cubrió con uno del dron explosivo, y el otro lo hizo rebotar para dárselo a Ryo-dan, quien rio en agradecimiento antes de darle “bofetadas” a su enemigo con él; este trató de penetrarlo por todos los medios, pero sin éxito.

Cuando se dio cuenta de lo que debía hacer, y efectivamente usó su telequinesia para quitárselo, la chica sádica lanzó hacia su boca el destornillador, atravesando la base de su nuca.

El cuerpo cayó sin remedio, y su asesina rio histéricamente a pesar de los disparos que le atravesaron el cuerpo.

La única razón por la que no llegaron tiros a su cabeza fue Hae-jun y los asaltantes, que dividieron el fuego cruzado a otras direcciones.

Eso le dio tiempo de rodar sobre un cadáver con escudo para cubrirse, recuperarse, y disparar la pistola EM del difunto con abandono.

En el laboratorio, muchos mesones habían sido destruidos, pero en el último momento Ja-yoon bloqueó con su telequinesia el área de procesamiento donde, entendió al verlo, debían cultivarse las células que necesitaba.

Yu la había cortado en varios sitios, y esto provocó que no pudiese paralizarlo, ni utilizar su telequinesia con efectividad; muchos trozos de equipamiento permanecían hechos pelotas arrugadas de metal, y sin embargo, el científico no estaba herido debido a aquello.

Más bien, con cada segundo, sus ataques se volvieron más impredecibles, erráticos al punto en que no tenía sentido intentar anticiparse.

La joven, harta, ejecutó una idea en su mente.

Atrajo varios elementos con su tambaleante poder invisible hacia ella misma y su enemigo.

Estos cruzaron a través de su lugar de enfrentamiento sin acertar ni una sola vez, mientras que ellos seguían bloqueando, golpeando y contragolpeando físicamente al otro.

Luego se abrió de pecho a los siguientes golpes de Yu, quien con satisfacción enfermiza dio cortes tras cortes con el bisturí, ya con la mirada desencajada.

Cruzó el torso de la joven con el filo, salpicando sangre como si se tratase de la pintura abstracta pintada por un artista oscuramente inspirado.

Y sin embargo, con su control muscular, Ja-yoon dejó que corte a la profundidad y longitud que quisiese, hasta que, con los brazos quemándole, Yu se tomó un sólo respiro: — ¿Qué pasa—bestia de prueba?¡¿No vas a defenderte?!

Con un grito ahogado, la tomó del cabello, se acercó, y dirigió el escalpelo a la nuca de su víctima para acabarla, alzando su arma lentamente.

— No gastaría mi energía en algo tan tonto.

Cuando quiso bajarla, quedó paralizado, y Ja-yoon se soltó, retrocediendo un par de pasos con una sonrisa.

Usando el cuerpo del científico como una marioneta de carne, comenzó a redirigirle la mano hacia debajo del mentón; Yu comenzó a asustarse, saliendo de su creciente frenesí.

La joven cruzó los brazos, tomándose la muñeca con la otra mano y hablando en tono inocente: — ¿En serio me subestima tanto, doctor?

—preguntó en burla— Pero no se preocupe más, su trabajo será muy apreciado—por aquellos a los que tanto desprecia.

El científico, conforme el filo se posó en su piel, pegada alaridos ahogados y bramidos impotentes.

— Gracias por mostrarme cómo fabricar las dosis, lo aprecio mucho.

Ahora—ya no lo necesito para nada.

Haciendo una última cara contorsionada por el dolor, y la sangre brotando, el instrumento se “resbaló” hacia arriba, atravesando su cerebro de extremo a extremo, antes de clavarse en el techo.

Saltó tras hacer un hueco en la ventana, directamente hacia donde Ark-1 estaba por chocar con Cero-Cinco.

Sin embargo, al último momento, esta se agazapó por un lado para evitar el gancho de la escolta, dándole en su lugar un golpe que no se sintió físicamente.

Al menos, hasta que la mujer terminó de derrapara para darle la cara a la muchacha, y sacar su arma.

La dejó caer, y su cuerpo comenzó a temblar, con su red de meridianos destruida de repente.

Ja-yoon fue quien dio el golpe final al salir de la otra planta, dando zancadas sobre los estantes, aterrizando detrás de ella para cortarle el cuello con el escalpelo, que atajo volando al último segundo.

Esta cayó de rodillas, desangrándose, pero con su tráquea aún intacta.

Las dos mellizas se acercaron, oyendo a la distancia los estertores, órdenes y gritos de los agentes de Yongsadan matándose entre ellos, acercándose a la entrada del sitio; si todo salía bien, no tendrían que aniquilar a los que entrasen por esa puerta frontal.

— Tenemos la cura.

Finalmente.

—afirmó Ja-yoon.

— Lo logramos.

No se miraron, sino a la mujer en sus estertores de muerte, que sonrió antes de decir, en una voz entrecortada: — Hasta—hasta que al fin—llegó este día.

— ¿Lo dudaste, Cero-Cinco?

— N—no.

Ni por—un segundo, querida sobrina.

Ark-1 observó con lástima a aquel ser, reclamándole: — Lo que hiciste fue horrible.

Nunca te perdonaré.

Y menos te llamaré tía.

— Y tampoco—lo esperaba.

— Al fin te dieron tu merecido.

A fin de cuentas, por eso no obedeciste a Baek ese día.

La mujer asintió débilmente: — Lo enten—diste bien.

Astuta, como tu papá.

— No.

Sólo Lim Jae-sung.

— Esos ancianos—son importantes para ti.

—y dijo con tristeza— Mejor será—que jamás vuelvas con ellos.

Si te importan—suéltalos.

Ark-1 suspiró con resignación: — ¿Por qué tuvo que acabar así?

— Mi ambición.

Era joven, y decidí ser desleal.

Corrupta.

Ustedes—me han hecho pagar.

— Tú misma te castigaste por ascensos y rangos.

Sólo por riqueza que siempre tuviste.

— Tienes razón.

Qué bueno—que al fin—seré castigada—por lo—que hice.

Así, Cero-Cinco se dejó de mover, y se oyeron los sonidos de las botas en el pasillo; las mellizas no se asustaron, pues cuando llegaron, al frente de ellos iba Ryo-dan, quien al detenerse dio saltitos, encogido de hombros: — ¡Muy bien, jefa, y otra jefa!¡Los mataron a todos!

—y dijo, en puchero— Pero ¿ahora qué más?

No me dejaron nada.

Le dieron un último vistazo al cuerpo, y Ja-yoon le respondió: — Aseguren el perímetro, incineren los cuerpos.

Le dijo a Ark-1, mirándola a los ojos: — Hermana, ¿quieres— — No.

En realidad, no.

Igual debo.

Ryo-dan enarcó la ceja: — ¿Deber qué?

— Ven aquí, y lleva a esta mujer afuera —señaló a Cero-Cinco con la cabeza— Mi hermana te dirá qué hacer.

— Hmh, ok.

Eso hicieron.

Ryo-dan levitó el cadáver con telequinesia y lo llevó detrás de sí, con Ark-1 colocándose a su lado.

Fue cuando le preguntó: — Oye, no me quiero meter, pero oí lo que— — Es verdad.

— ¿La guardaespaldas personal de Baek Jeong-na era tu tía?

—replicó divertida, pero pronto se retractó— Ow, bueno.

Eso es algo nuevo —y añadió— Me pregunto si yo tendré parientes vivos allá afuera.

Sólo—por curiosidad.

— Quizá debas reconsiderar el buscarlos.

— ¿Hmh?¿Y eso por qué?

Sería divertido.

— No, no lo sería.

Pero si aun así quieres hacerlo— — Mientras no le digas a Ja-yoon— — Es cosa tuya.

Tienes derecho, igual que yo.

— Uhm, ¿gracias?

— No hay de qué.

Estaré si necesitas ayuda—con eso.

Ryo-dan asintió con una sonrisa, la primera que no estaba nublada por la locura o la sed de sangre.

Algo que no esperaba ver, pero que calmó su corazón de momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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