The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Voluntad definida
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22: Voluntad definida 22: Voluntad definida (25 de febrero, Incheon, 01:35 AM) Ark-1 subió por las escaleras, entre paredes y suelo manchados, sin que ninguno en el personal de seguridad fuese capaz, o estuviese dispuesto a, detener su avance.
Varios de los guardias, al verla entrar por el acceso de camiones, dispararon a matar, aunque ya en el interior, la mayoría corrió de pavor dejando sus armas atrás, o se puso de rodillas con las manos arriba.
Ya a más de 10 pisos de altura, sintió una vibración en el bolsillo del calentador que la dejó helada por un momento.
Revisó, y sintió alivio al sentir que era un teléfono móvil; un dispositivo desechable que Ja-yoon le había dado para emergencias, el cual ahora estaba recibiendo la llamada que había estado esperando.
Contestó, y escuchó la voz de aquella joven mujer: — Detectamos el teléfono desechable de Koo Ja-yoon acercarse, pero—veo que se ha vuelto una cobarde.
La muchacha reconoció la voz, y recordó el grito que ella le sacó de aquella misma garganta: — No tienes derecho a hablar así de ella.
— Monstruo —rio por lo bajo— Tu hermana no debió hacer lo que hizo.
Debió morirse en Jeju contigo.
— Todavía quedan cinco minutos, así que espérame, pronto estaré contigo.
— Es gracioso.
Tú sigues siendo mi objetivo de misión, aunque sé que ahora mismo no habrá nadie a quién le importe.
Te temen demasiado, pero yo no.
Ark-1 no respondió.
— Estoy ansiosa de vernos.
Arreglemos esto de una vez por todas.
Al colgar, la muchacha continuó su camino corriendo a gran velocidad hasta completar las gradas que le faltaban.
No fue sin embargo una subida silenciosa; el caos final había estallado incluso en aquellas plantas, con personal burocrático atrincherado en bloques de oficinas siguiendo distintas órdenes.
Los cadáveres del personal de seguridad que se sublevó hace un par de días al mando de oficiales y sujetos Ark, en unos u otros bandos, seguían tirados, emitiendo un horrible hedor.
Oficialmente, en aquel gran edificio, de ventanales negros y divisiones verticales de color dorado, al más puro estilo de los años 80, no funcionaba ninguna entidad.
El sellado hermético del ruido aseguró que nadie se enterase de lo que ocurría.
Finalmente Ark-1 llegó a la puerta de la terraza; afuera, caminó entre una lluvia que sintió ácida en su piel, y olió amarga.
Avanzó hacia el centro, donde se asentaba un helipuerto y el vehículo militar que estaba pensado para aterrizar encima.
Al pie de los escalones aguardaban una mujer en traje de combate, flanqueada por agentes trajeados con gafas, acomodándose los guantes, rastrillando unas pesadas pistolas.
La aparente líder del grupo no llevaba casco, su cabello ondulado pegado al rostro, un cigarrillo en la boca, que escupió a un lado: — ¿Bonito lugar, no crees?
Maldita lluvia.
— Aquí estoy.
Choi Jo-hyun.
La capitana se relamió por dentro la mejilla, mirando con enfoque asesino: — Espero que disfrutaras tu tour en las oficinas administrativas de Yongsadan.
Porque ya acabó.
Un relámpago rugió con furia sobre sus cabezas, y fue aquello como señal para que los hostiles corrieran hacia ella gritando.
— ¡Apunten a la cabeza!
—gritó la capitana.
Las balas volaron hacia ella, pero no eran aquellas simplemente impulsadas por electromagnetismo; una carga tipo cohete miniaturizada, guiada directamente a su cráneo.
Vio a dos de ellos apuntando con sus armas inhibidoras, y los giró contra su voluntad para que se atacasen entre sí; las cargas explotaron inofensivamente rodeando su campo de fuerza.
Se apareció a uno y al siguiente, dándoles golpes mortales, únicos, incluyendo lanzar a uno desde esa misma altura tras romperle la espalda de un rodillazo.
El helicóptero, que estuvo posicionado para disparar sus gatling en cualquier momento, había visto caer su proyector de inhibición desde el comienzo de aquel corto enfrentamiento, y al ver el piloto los cuerpos rodeando a la muchacha, fue espabilado por Jo-hyun: — ¡¿A qué esperas, idiota?!¡Anúlala!
“¡No puedo capitana Cho, lo desactivó sin que me dé cuenta!” Esta volteó a verlo con un rostro de mil demonios, pero con ojos que revelaron su resignación al ver el miedo tras el visor de aquel hombre, y el temblor de su mano en la palanca: “Lo siento de verdad, capitana, pero está sola en esto.
Cambio y fuera.” — ¡¿Qué—?
No!¡Vuelve aquí!
El vehículo dio vuelta en el aire y se alejó a toda marcha.
De ese modo, mientras el ruido de las hélices fue tapado por la lluvia, no hubo más ejércitos ni tropas enemigas enfrentadas.
Sólo dos armas, creadas a su distintiva manera, viéndose frente a frente.
— ¡¿Crees que ya se terminó?!
—gritó Jo-hyun, cargando su lanzagranadas— ¡Pagarás por la muerte de mi padre!
Ark-1 se hizo a un lado del tiro con calma.
La granada se impactó contra la puerta de acceso, reventándola y dejando entrar el aguacero.
— Se acabó, Jo-hyun.
Te perdoné una vez.
No me obligues.
— ¡Cierra la boca!
Otra granada, mismo resultado, y se había acercado más, recargando en tanto avanzó.
— ¡Detente!
El arma de Jo-hyun fue tirada de sus manos por una fuerza invisible, y ella mismo fue doblada de un gancho al abdomen, el cual sonó como una bomba, antes de caer sobre el piso empapado.
Ark-1 se quedó de pie ante ella; la capitana escupió, y se apoyó de manos mientras se levantaba, desenfundando su propia pistola entre temblores, apretando los dientes con una sonrisa, gruñendo: — Ja-yoon, desgraciada, no te dignaste en venir.
Yo te quitaré—todo lo que ames— Comenzó a reír sin aire.
— Koo Sung-hwan, y su querida esposa Mi-young—luego de que te mate, los mataré también— Ark-1 le dio una patada a la pistola, desarmándola con facilidad, sus manos descansando en los bolsillos.
Jo-hyun dio un boquido ahogado, con su mano destrozada: — No harás nada de eso.
No te dejaré.
Ella retrocedió de un salto, retrajo un brazo, y estiró la otra mano para recuperar el fusil, pero este no respondió a su comando telequinético.
— Mi golpe no fue letal —explicó Ark-1, en tono neutro— Pero te tomará tiempo recuperar tus poderes en su capacidad original.
Pronto comenzarás a experimentar dolor agudo en tu pecho, así que—mejor no intentes nada más—y escucha.
La capitana se sintió recorrida por un terrible tormento, haciendo que estrechara los hombros y arrugase la nariz, pegando un quejido; eso sólo provocó que mirase a Ark-1 con más odio.
— No, no voy a escuchar ¡nada!
Se abalanzó con su puñal para rajarle el cuello, y fue detenida cuando estuvo a punto de llegar: — No estoy interesada en que mueras— Jo-hyun tiritó intentando moverse, pero sin ningún efecto; apenas pudo decir: — Heh—qué mal—yo no pienso—dejarlas.
Una palpitación fuerte en su corazón; su traje emitió un pulso rojo, que anuló los efectos de la parálisis, y esto lo aprovechó para clavar el cuchillo en su hombro.
Ark-1 le pegó un golpe en la tráquea, quitándosela de encima: — Y tampoco te tengo ningún odio —negó, con sinceridad— Puedo verlo en tus ojos, no amas más a Yongsadan que yo.
Deberías—poder vivir tu vida, sin su sombra.
Las venas negras del cuello de Jo-hyun palpitaron, y ella vomitó un líquido bilioso apartando la vista.
Se presionó el estómago, antes de responderle.
— Suenas—tan ingenua.
Esta agencia—es nuestra vida, niña.
Es para lo que—¡estamos hechas!
Ark-1 la soltó de su agarre telequinético, y la capitana pasó su cuchillo sobre su cadera con rapidez, cortándola profundamente.
La muchacha, confiada, no había esperado un movimiento así, y sin embargo, bloqueó el siguiente cuchillazo chocando antebrazo con ella.
El siguiente movimiento fueron dos cortes girando el arma en el aire, que la muchacha apenas pudo evitar se clavaran en su cerebro: — No tiene que ser así.
Por favor, Jo-hyun, ayúdanos.
Lo que las Baek hicieron.
Tú eres testigo.
Las venas negras fueron empeorando, y la capitana gruñó como un animal, tratando de acorralarla.
Ark-1 se apartó cuando ella saltó para dar el tajo hacia el medio; se sujetó con garfios en las puntas de sus guantes para no derrapar más: — ¿Y qué?¿Quieres—contarle al mundo quiénes son en verdad?
—sonrió con desprecio, se puso en pie— Sabes, ellas iban a reclutarme cuando cumplí 13.
Pero por mi papá no pudieron; conocía al director, y los secretos de esa maldita.
Se miraron fijamente, dando una vuelta en la órbita de la otra.
— Fue tu padre quien hizo todo por ti, no ellos.
— No los quiero, es cierto; por mí se irían todos al infierno.
Pero es mi vocación, mi deber es que y sin esto—yo no sería nada.
No ahora que él—ya no está.
Ark-1 bajó la mirada, pensando en aquel hombre que Ja-yoon había matado en ese almacén, cuando fue con Mai; se lo mostró en la tableta, en Da Nang.
Lo reconoció al instante.
La capitana continuó hablando.
— Koo Ja-yoon no puede quedar viva, Ark-1.
Ella es demasiado peligrosa; jugará sucio contigo un día, como hizo con todos nosotros.
Mira lo que ha causado; y tú ahora eres su marioneta.
Lanzó granadas de flash, y por un momento Ark-1 quedó sobreestimulada sensorialmente, e intentó detectar a dónde se fue, cuando granadas de humo la rodearon.
La capitana se acercó dando un brinco por detrás, dándole un tajo en la pantorrilla, para luego preparar una puñalada a dos manos en su frente.
La muchacha usó su percepción extrasensorial justo a tiempo, haciéndose a un lado y fracturándole la tibia de una patada que la hizo tropezar.
Esta se rodó por el suelo, y con aquel dolor insoportable, se apoyó en la pierna restante, cuchillo frente al rostro — Te equivocas.
—dijo la joven al viento— Ustedes no la conocieron—como yo lo hice.
Una puñalada fue a su sien, y en la cercanía de varios segundos, al usar su mano para atrapar la hoja, sintió el dolor deletéreo del delgado campo inhibidor emitido por el traje.
Entendió por qué ahora su oponente tenía ventaja de repente, y añadió: — Nunca se molestaron por conocerla.
Jamás la trataron dignamente; a ninguno de nosotros.
La muchacha, a pesar del dolor en sus nervios, empujó a Jo-hyun zarandeándola a un lado, y se alejó unos pasos.
La capitana al detenerse, punzada por la pantorrilla rota, respiró con pesadez; se pasó la mano por la frente cegada de agua.
Respondió, quejicosa: — Eres una completa tonta.
Estar en aislamiento te debió—atrofiar el cerebro.
Ella se deshará de ti cuando sepa cómo.
— Qué lástima me causa —respondió Ark-1 con empatía— la muerte de tu amigo.
Es por eso el dolor que sentí viniendo de ti.
Lo sentí esa noche ¿sabes?
en la granja.
Era buena persona, Tom—igual que yo—Crocodile-1 no era un nombre digno.
— No digas—¡su nombre!
Su voz se quebró, y corrió hacia ella en desesperación, con una navaja.
Hubo un intento de golpe, patada, bloqueo, puñalada, una sobre su hombro, otra bajo su axila, pero ninguna dio en el blanco, pues la muchacha evadió sin pestañear cada golpe.
Siguió con aquel baile solemne, dando una vuelta, otra, describieron un círculo de melancolía bajo las lágrimas del mismo destino sellado.
Se dio cuenta de que había energía, pero el campo en el traje le hacía complicado leerlo, incluso cuando la capitana recogió de vuelta su rifle para disparar, una vez más en vano.
La muchacha detuvo las balas con la mente, y al dar un brinco hacia ella, le tomó la muñeca y le apartó el chaleco de un tirón, con tortuosa dificultad; sintió la temperatura de su sangre, abriendo los ojos como platos.
La capitana dijo, inmensa tristeza en su tono, sus dedos enganchados en la carne de la muchacha, sus guanteletes con una luz roja lineal en cada punta.
El abrazo final: — Ella me lo quitó.
Era lo único que hacía soportable—mis días—con este tyrant en mi sangre.
Yo—no tuve la fuerza.
Un explosivo al que le faltaba un par de minutos para explotar.
Ark-1 la miró con anonadada lástima: — Por favor, no lo hagas.
— Es tarde.
—rio destrozada— Ya me lo demostraste.
No puedo vencerte, por más que lo intente.
Ni siquiera imaginó que algo a lo que asimilaba a un objeto letal, ni siquiera a la más rabiosa y degenerada bestia le diese la respuesta más honesta que podría salir de boca alguna: — Jo-hyun, él no murió por cumplir órdenes, ¿no lo entiendes?
Él te amaba, quiso protegerte.
Y sé que estamos de lados opuestos desde el principio, pero lo reconozco.
Quería que vivas; no lo desperdicies así.
La capitana cerró los párpados con fuerza, bajando el rostro para dar paso a un par de lágrimas goteando.
— De eso se trata la vida, ¿o no?
De ser recíproco, de dar sin esperar nada, recibir sin menospreciar.
Sólo porque te hace feliz.
Sobre todo si tenemos a gente que nos amó.
No murieron en vano, ninguno.
No fue capaz de resistir, y sollozó: — Ya cállate.
Tú no sabes nada.
— Seguramente no.
Pero por eso quiero seguir viviendo.
Para aprender más, y honrar a quienes dieron su vida y sangre para que yo esté aquí.
El contador era indefectible; un minuto y 45 segundos.
— No puedo devolverte lo que mi hermana te quitó.
Te pido perdón por ambas, pues fui cómplice; sin importar que no nos perdones de vuelta.
Ark-1 se comenzó a acercar más, hasta estrecharla en un abrazo, nudillos en carne viva por las ondas, tomándola de la cabeza, y con una expresión solemne, tranquila, tomó aire antes de decir.
Esto quebró a la capitana, siempre dura, siempre imparable, siempre fría, quien no hizo un espectáculo de ello; solamente soltó, y dejó caer su frente, en el hombro de la muchacha.
Su aliento vaporoso salía entrecortado.
— Descuida.
Si nos vemos en una—próxima vida, si eso existe, compensaremos el daño.
La capitana, por primera vez en su vida, supo realmente tomar una decisión propia.
Tras un silencio eterno, tragó saliva, recuperando algo de dignidad: — No, monstruo.
Mejor compensas lo que han hecho en esta misma vida.
Se comenzó a separar lento.
Ark-1 sonrió apenas, conmovida.
— Mi padre no era un santo, pero hizo lo que debía por mí.
Se desenganchó de los guantes: — Asegúrate de que Koo Ja-yoon—de que tu hermana no lastime a quien hace cosas—por un bien.
Ark-1 actuó de inmediato, a menos de 30 segundos de la explosión.
Usó su telequinesia, arrancando el peto de aquel traje y tirándolo lejos hacia el cielo.
Tan lejos voló, contenido en un campo psíquico, que se perdió en la lluvia torrencial.
El estallido fue como una estrella naciendo en el cielo, dejando un breve halo antes de desvanecerse.
Oyó una caída chapoteante delante.
Al mirar frente a sí, la capitana estaba tirada en el piso, convulsionando, y con dos agujeros sangrantes.
Uno estaba en su corazón, otro más en la base de su cuello; intentó emplear su telequinesia para detener la sangre.
Miró a un lado y otro, usó su visión remota para ver que la cervical quinta había reventado en esquirlas, y el otro órgano se había desgarrado de arriba a abajo.
— No, Jo-hyun, ¿qué hiciste?
Se acercó, poniéndose de rodillas para socorrerla.
— ¡Debemos encontrar un kit médico en este edificio, pronto—!
La capitana le puso una mano en la muñeca cuando quiso levantarse, y dijo débilmente: — Es mortal.
Yo misma conecté esos cables en mi peto, lo sé.
— Creí que— — Te lo dije, niña.
Era tarde.
Sabía que era verdad.
Se quedó a su lado, y tomó su mano, con expresión de preocupado pesar en anticipo: — Supongo que—no quiero que me entierren junto a papá.
No.
Seguro pondrán a Jang ahí —y bromeó— No quiero estar cerca de ese imbécil.
— Y qué lugar ¿te gustaría?
Para descansar —sonrió Ark-1 en consuelo.
A Jo-hyun la pregunta la tomó fuera de base, y enarcó la ceja con pesadez, antes de decir: — Hah, qué muchachita—más extraña eres.
Esta esperó la respuesta, y la capitana se dio cuenta.
— Creo—que me gustan bastante las playas de aquí.
No son—las mejores, pero ahí era a donde papá—me llevaba desde que era niña.
Sí, creo que ahí estaría bien— Jo-hyun se vio a sí misma en su mente, como una pequeña de no más de 8 años de edad, siendo acariciada por la brisa marina en su bañador y flotadores.
Un hombre de traje con una cicatriz y una mano enguantada se apareció caminando por la arena, con gafas de sol.
Este le tendió la mano, con una sonrisa; a su lado apareció una mujer muy grácil, de bella sonrisa.
“Pa—papá.
Mamá” Esto lo dijo a su realidad presente en un susurro ahogado.
“Decidí que este verano debíamos ir a un lugar menos ajetreado” dijo el hombre “¿Estás lista para dar un paseo?
Este lugar es muy bonito, te va a gustar mucho.
Ven conmigo.” “Ven hija” dijo la mujer “Hay que entrar al mar, para que aprendas a nadar.” La niña vio las aguas: “Pero tengo miedo” “Los dos estaremos contigo” dijo el señor Choi con confianza “Mamá y yo te vamos a estar viendo.
Siempre lo hemos hecho” La niña sonrió.
“Sí, vamos.” La pareja la tomó cada uno de una mano, y se acercaron a la marea gentil.
Ark-1 miró remotamente la línea costera, recorriendo todo hasta ver un punto que le pareció aislado como para hacerlo: — ¿Yeon—yongdo?
Jo-hyun quedó más atónita en su agonía incluso, devuelta en el último momento a la realidad, y cerrando los ojos, respondió, casi sin aliento: — Sí.
Un buen—whisky allí—sería genial.
Su mano se volvió flácida y cayó al piso con un chapoteo.
Ark-1 la tomó del suelo, dispuesta a cumplir aquella última voluntad, por quien hizo, igual que ella, lo que creía correcto.
Incluso si la llenaba la venganza, como a su propia hermana; cada quién tomaría su camino al final.
Esa noche, lo aprendería para lo que le restase de vida.
Su hermana.
No la había llamado todavía; llevaba más de 6 horas sin responderle, a pesar de que ir al edificio fue idea suya.
Esa no era la típica Ja-yoon, quien habría estado preocupada por aquella “misión” final, muy lejana además de donde estaba la residencia Koo.
Sintió una pesadez empírea en la boca de su estómago, un mal presentimiento.
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