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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 24

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24: Epílogo 24: Epílogo (25 de febrero, 05:02 AM) Ja-yoon tomó el camino sin final a pie, sin un rumbo particular hasta que se vio en medio de colinas y un arroyo, ensuciado por desechos, plagado de ratas.

En las laderas, los paisajes no eran más halagüeños, tomados por espinos y maleza, moteados por los restos de silos, invernaderos, huertas abandonadas.

Vio paredes, techos colapsados entre el sombrío verdor de la madrugada, hasta que a su siniestra se elevó una colina más alta en las dorsales empinadas.

Se dejó llevar por sus pisadas allí; tomó una subida, y trepó entre tropezones, resbalando en la nieve como un borracho hasta que llegó al camino.

El sendero de tierra se veía tan descuidado como el resto de aquella región lastimera, pero lo suficientemente ancho como para no caerse.

Caminó sintiendo el hielo en el aliento, las extremidades agarrotadas, su piel comenzó a llenarse de pequeños moretones oscuros.

​Al llegar al monte que había visto, comenzó a tomar un atajo, justo a tiempo para sentir que su talón sufría una fractura al pisar una roca con fuerza.

Ja-yoon aguantó el dolor, y continuó escalando el último tramo, ciñendo los brazos de cuando en cuando a su abrigo largo, ahora sucio de barro.

Finalmente alcanzó la cima plana, tras trepar por el bosquecillo de ramas que le dejaron cortadas en mejilla y cuello; le dio lo mismo, eso no fue nada.

Miró de más cerca lo que vio de lejos; una casa de mediados del siglo XX en ruinas, con la fachada derruida, y un techo derrumbado en el medio.

En la cima de la colina olvidada permanecería por horas, entrando en la residencia sin puertas y llegando a la sala polvorienta.

En medio de los escombros, se tiró de espaldas al suelo, recibiendo el viento invernal a través de las costillas de un esqueleto de madera, reflejo de su propio interior.

El peso de una guerra personal, la manipulación de los Koo, la muerte de las mentiras que había creado; todo ello se hundió en su pecho como plomo.

Y el cielo se volvió morado en otra previa de una mañana que no sintió, quería ni debía ver jamás.

Arrastró pesadamente los dedos por la madera reseca, antes de pasarse la mano por su cara sucia.

Con un esfuerzo que pareció monumental, se levantó hasta quedar sentada, y con el siguiente se puso en pie.

Llevó los hombros caídos, mirando a la luna burlarse de ella con los copos gélidos sobre su cara.

“Llegó el momento”.

Caminó cojeando afuera, como si estuviese muerta en vida, y al estar de pie sobre las puntas de hierba amarillenta sobre la nieve, derramó una lágrima.

Su rostro era plano, con los labios entreabiertos, los ojos sin ninguna luz, mas con la mente tranquila; lo que tuviese que pasar a continuación, pasaría igual.

Caminó a diestra, acercándose a un paisaje nublado por la tormenta, que comenzó a aumentar hasta volverse intensa por un momento, viento de vuelo.

Sintió a cuatro mirándola, y en su delirio agónico, creyó estarlos viendo: “¿No me dijiste—que vivirías como Koo Ja-yoon?” Era Nobleman, una sombra de un fantasma.

“¿Acaso hiciste todo esto—sólo para acabar igual?

Que poco vale tu palabra.

Qué insegura, y cobarde resultaste.

Y así—me llamaste débil a mí”.

— Porque lo eras.

Y aún das pena.

“Pero miren quién habla de lástima.” Esa fue Baek, quizá Sang-na, quizá Jeong-na.

Daba lo mismo, la voz serpentina susurrando detrás de su oído sonaba igual.

Siseó igual.

“Mi brillante obra maestra no fue más que una niña asustada.

Tuvieron razón, debimos descartarte en el vientre de tu miserable madre.

¿Y nos mataste sólo para venir aquí?¿Qué ganaste con sangre, nada?” Sus risas maldecidas resonaron en sus oídos, hasta el punto de que tuvo que tapárselas entre quejidos.

Pero no habría paz, no cuando alguien más habló.

“Nos abandonaste.

Nos traicionaste.” Era su madre, la única.

— No mamá, yo debía hacerlo.

Nunca quise esto.

“Pudiste vivir con nosotros, tener una vida normal.

Casarte, y tener tu propia familia.

Creí que eras una buena niña.

Me equivoqué; sólo nos utilizaste, ¡me hiciste olvidar a mis hijos, maldita!” La angustia de Ja-yoon la hizo abrazarse, y seguir, cuando escuchó la última voz, dándole un vuelco a su corazón destrozado: “Creí que eras mi amiga.

Sólo fui un juego para ti, una estúpida con la que jugaste.” Ese espectro era el de la amiga que no volvió a ver, e igual que su mamá, solamente habitó en su mente esa madrugada.

“¿Te divertiste, burlándote de mí?

Todo fue falso, sólo me manipulaste, y yo fui tan ciega para creerte.

Nos manipulaste a todos y te fuiste.

Te odio por eso.” — Myung-hee, por favor, entiende, yo— Miró a todas las ilusiones, abrumada, con los ojos bien abiertos, y a media risa, asintiendo.

— Enmendaré esto ¿sí?

Lo enmendaré—lo haré, ahora.

Al borde de un colapso mental, se acercó al borde del precipicio, mirando hacia sus propios botines, antes de contemplar el panorama.

El bosque era como un mar de sombras allá abajo, parecía la única salida lógica para un monstruo que ya no tenía misiones que cumplir.

Incluso si no vivió tanto como Koo Ja-yoon, era inevitable que acabase como ese nombre, como quien fuera su amigo le había prometido; siempre fue honesto.

Cerró los ojos, y firme, llevó sus pies al filo, comenzando a inclinarse hacia el vacío.

El tiempo pareció detenerse, cuando tomó la lúgubre iniciativa de perseguir el silencio definitivo.

Cuando su cuerpo estuvo por caer, una fuerza invisible lo haló hacia atrás, tirándola sobre la blancura húmeda.

Esta, al comenzar a levantarse, sacada de base por completo, miró a su alrededor allí postrada, tosiendo flema marrón de sus pulmones.

Oyó una voz que no esperó allí: — No morirás hoy, hermana.

Tú no quieres eso.

Aquella sentencia Ark-1 llegó antes que su presencia.

Ja-yoon negó con la cabeza, y levantándose, rio débilmente: — Lo que yo quiero.

—suspiró, resignada— Tú sí que—me conoces—¿no?

—y añadió— Sólo, vete.

La muchacha pálida avanzó un paso: — ¿Para esto me mandaste a Incheon?

Después de todo lo que has logrado, ¿ibas a rendirte así?

Somos libres ahora, podemos hacer lo correcto.

Ja-yoon volteó: — ¿Libertad para qué?

Ya no queda nada más, Datum Point.

Fui tonta al creer—que podía haber algo después de esto.

Su desagrado al oír esas dos palabras no la detuvo, pues algo más valioso que sus sensibilidades estaba en juego: — Pero sí lo hay, Ja-yoon.

Salvamos a tu familia, acabamos con los crímenes de Baek y Jang, también de Yu.

El mundo será—mejor por eso; muchos murieron, pero muchos más están a salvo, gracias a ti.

— ¿Crees que lo hice—por los humanos?

Pensé en hacer más, purgarlos, del primero al último.

Es inútil, Yongsadan—estuvo podrida siempre hasta el núcleo.

Ahora se volverán cenizas, derramando su propia sangre; es mi único consuelo.

Ark-1 fue tajante: — Entonces—aún debes hacer algo, y lo sabes, ¿verdad?

Sé que no me buscaste sólo por esa cura.

Si me necesitas, yo estaré aquí para ayudarte, esa fue mi promesa.

— Pues quedas libre de ella.

Vive tu propia vida, y encuéntrale el sentido que quieras.

Yo ya he terminado.

— No es verdad, esto no ha terminado —replicó Ark-1, caminando hasta ponerse a su lado, ignorando el viento helado—.

Has dejado un vacío de poder, hermana; gente que fue capaz de crear algo como nosotras, o nuestra madre.

¿Crees que sólo se quedarán tranquilos?

Era un peso terrible, el de las palabras en un idioma que no quería oír.

El de la más pura verdad.

— Si los dejamos, otros Baek, otros Towoo aparecerán, no bastará con que tus padres puedan ocultarse.

No sin alguien que los proteja, y a la gente que no tiene culpa de lo que nos hicieron.

— ¿Y eso por qué debería importarme?

Tú lo dijiste, salvé a mamá, a mi hogar.

Hice lo que debía.

— Más criminales, más asesinos como Yongdu nacerán de los restos.

Si saltas, los tuyos quedarán desprotegidos; Jo-hyun sabía dónde hallarlos, iba a buscarlos para matarlos.

¿Quién dice que otros no planean eso ahora mismo?

Ja-yoon rio amargamente, cerrando los ojos llenos de humedad: — ¿Y qué quieres de mí?

¿Que sea la reina de ese basurero?

No creas que no lo pensé.

Hazlo tú si eso deseas, sé que puedo confiar en ti.

Pero te aseguro que no vale la pena.

— Me da igual si lo vale o no.

Quiero que asumas tu responsabilidad, que es de ambas.

Yo pienso hacerlo, estoy segura, y no pienso escapar.

—sentenció la muchacha pálida.

Su firmeza fue tan grande que sorprendió a Ja-yoon.

— Hay que hacer justicia en el sistema, desde dentro, y tú tienes la mente, yo no podría hacerlo sólo con fuerza.

No por ambición, sino para que nadie más tenga que pasar por lo que pasamos.

Si quieres que los que amas vivan en paz, da igual si nos llaman monstruos.

Tenemos estos dones por algo más que el deseo de unos criminales.

Usémoslos, mantengamos la oscuridad que conocemos a raya.

Ja-yoon finalmente abrió los ojos, tocada por la resonancia de un aura que se volvió más fuerte.

Recordó cada paso que había dado, cada caída u golpe, cada lágrima y gota de sangre derramada, cada pérdida y logro, hasta que encendió la flama.

La luz azul del espíritu de su hermana se había estado abriendo paso, pero no a la fuerza, sino a la espera, de que su propia lógica la salvara.

Así pasó.

Ja-yoon vio en su melliza una resolución que ella misma había perdido en el camino.

Y se sintió frustrada, enojada, angustiada y finalmente tonta por haberse dejado caer de aquella forma.

Dijo entonces: — ¿Por qué me sigues ayudando?

—pausó antes de seguir— Después de todo lo que te obligué a hacer—no merezco esa fe tuya en mí.

— Tengo fe en lo que vi de ti, Ja-yoon, no es un simple apego.

—respondió Ark-1.

Junto a ella, se quedó mirando hacia el horizonte donde el sol empezaba a teñir las nubes de un rojo violento.

— Lo haré para proteger a esos humanos que tú desprecias, a pesar de ser iguales a los Koo, y tu amiga la de la carta.

Sé que te darás cuenta, y yo te daré ese espacio.

Ja-yoon parpadeó, y replicó, tras dar una risotada: — Eres toda una rastreadora, por lo que veo.

Incluso leíste eso sin que pudiera sentirte.

— Estabas lejos ya, y antes usaste ese truco para seguirme.

La muchacha pálida sacó de su bolsillo el vial con la cura, y se lo tendió.

Ja-yoon la miró y le devolvió la sonrisa, tomando el cilindro.

Lo vio por un segundo, y asintiendo, se lo inyectó en el cuello.

Sus nervios fueron bañados por una luz dorada, y luego sus irises.

Respiró aliviada, cuando el dolor físico terminó.

Ark-1 sacó de su otro bolsillo otro vial, vacío, y cavando un breve agujero detrás de ella, lo enterró allí.

Ja-yoon entendió, y también tiró el suyo al lado, mirando de reojo.

Al volverse a mirar, la muchacha afirmó: — Ahora yo te seguiré, Koo Ja-yoon.

Veré por que las cosas se hagan bien, y que la gente no sea dañada.

Me aseguraré de que no te pierdas en tu propio fuego, pero no voy a forzarte a nada.

Sólo estaré a tu lado, y no te dejaré sola en la oscuridad.

Ark-1 extendió su mano, no para sujetarla, sino como un ofrecimiento de equilibrio.

Ja-yoon observó esa mano, cálida incluso en aquella palidez, y tras un largo suspiro, se alejó un paso del abismo.

Entrelazó la suya propia a la de ella con fraternal entusiasmo, medido por la reflexión; Ark-1 sonrió feliz al sentir que su aura se había aclarado.

— Shanghái será solo el principio —dijo Ja-yoon, recuperando su mirada calculadora—.

Si vamos a reconstruir la organización como queremos, necesitaremos más que las 630 dosis para los nuestros.

Ja-yoon dio la espalda al precipicio y fue al centro de la colina, recuperando su compostura.

Su hermana ganó un optimismo grande al oírla de nuevo ser ella, pero también poniendo serio su semblante.

Habría mucho por hacer.

“Qué bueno.

El final de esa canción tuya—no se volvió verdad.

Antes te odié; hoy me pone orgullosa—que seas mi hermana.” — Claro, eso es sólo el señuelo con que los encontraremos Para controlar su fuerza, necesitaremos obtener el poder de fuego, y la tecnología necesaria.

Pero sobre todo, habrá que negociar de la forma difícil con los que mantienen poder dentro.

Su capital e influencia expandirán los nuestros si sabemos jugar en su terreno.

Pero hermana, debes saber que— — ¿Qué?

— Cuando llegue el momento, tendremos que ensuciarnos las manos.

Llegará un obstáculo que no podamos negociar, y será entonces el cuándo.

Tendremos que imponernos derramando sangre.

— Entonces —respondió Ark-1 con una sonrisa triste pero inquebrantable—, que arda lo que tenga que arder.

Estoy lista.

Ja-yoon miró a la luna borrándose en el suave color de la naciente mañana: — Cuando el último que nos desafíe se arrodille o caiga, la Yongsadan será nuestra.

Y nada podrán hacer los otros cardinales para evitarlo.

FIN.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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