The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 5
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Capítulo 5: Escapada de turismo
Lo primero que había hecho la chica fue llegar hasta un sitio de entrada iluminada. Gente se podía ver entrar y salir, aunque eran pocos, en su mayoría demasiado aletargados como para hacer caso a su presencia. Cuando estuvieron por doblar la esquina de otra callejuela oscura, esta la detuvo poniendo las manos:
— Oye, oye, no puedes aparecer así. Pensarán que mataste a alguien.
— Pero lo hice. No porque quisiera, sólo me defendía—
La chica frunció los labios abriendo los ojos como platos, mirando con ansiedad a los lados, sus cejas en casi exagerada mueca de incómoda preocupación. Levantó ambos índices, puso uno sobre los labios de Ark-1:
— Shhh. Maldición, cállate, te pueden oír.
Esta volvió a tomar distancia, haciendo ademán:
— Tú espérame aquí.
— ¿Vas a comprar comida?
— Ropa.
Ark-1 se miró, todavía con aquel abrigo, y aquel calentador, evidencia del dolor que no se había ido.
— No quiero dejar esto.
— Oye, ya te dije, mejor te pones otra cosa. Además, ¿cuánto llevas puesto eso? Ya apestas.
La muchacha pálida olisqueó, llevándose el tejido de su capucha a la nariz, y espiró con disgusto, marcado en cómo frunció los ojos:
— No me había dado cuenta—que oliese tan mal.
Su expresión tenía tintes de pesar, pero cuando regresó a ver a la chica, esta se había alejado, y entró al otro lugar.
Tuvo que esperar un rato, y se sentó contra la pared húmeda, jugueteando y mirándose los dedos de sus pies, al lado de los tarros de basura. De repente sintió algo acercarse, pero no tuvo de qué alarmarse, pues sintió que era una esencia vital pequeña, proveniente de un techo cercano. Al bajar sobre la tapa, allí lo encontró, un gato blanco con naranja, sobre todo en el “antifaz” de su rostro; el animal pronto descendió para posarse entre sus muslos.
Este se recostó tranquilamente allí. La energía que Ark-1 sintió era una de comodidad, paz, como si alguna vez ella y aquel felino se hubiesen visto. No era algo que recordase, fuese ya en el frío del laboratorio, o la calidez del hogar de Kyung-hee. Poco le importó, y tras pensarlo, posó una sola mano sobre la peluda espalda, para darle una caricia. Un ronroneo agradecido y un estiramiento, eso fue todo.
Ambos sonrieron:
— Oye. ¿Tú también estás solo aquí?
Pero no habría respuesta, antes de que la presencia de la chica volviese a acercarse, con dos bolsas grandes de papel llenas. El gato salió rápido de allí, perdiéndose en las sombras con su cola levantada:
— ¿Qué haces tocando a esa cosa? Vamos, levántate, mira lo que te traje.
Ark-1 se paró, y su acompañante la pasó de largo, y continuaron como veinte metros por el mismo camino del que llegaron. Doblaron a diestra, donde quedaba un patio abandonado muy pequeño con una letrina pública, y allí señaló que entrase. La muchacha miró el retrete tras abrir, y luego a ella, que le dio las bolsas:
— Te espero. Pero apúrate, ¿sí? —se sobó el abdomen— Me está matando la tripa.
Ya dentro, revisó todo lo que le habían traído. Primero una camiseta rosa pálido, una sudadera cerrada de color verde, un calzón blanco, un top del mismo color, y en la otra bolsa un blue jean tipo tubo, dos calcetines grises, y dos sandalias de playa negras. No tenía opinión en la estética o buena combinación o no del conjunto, sólo bastó con el olor limpio para convencerla de dar el siguiente paso.
Salió prontamente con su nuevo atuendo, todavía mirándose, dando pasos vacilantes, dudando si sería algo que los transeúntes ignorarían como ordinario. La chica sonrió con satisfacción:
— Tienes suerte de que acepten tarjetas ajenas. —y dándose vuelta, le señaló con la cabeza seguirla— ¿Seguimos? Me agradeces luego.
Fueron caminando en la acera por varias cuadras más, ahora sí a la luz de una avenida más amplia. Ark-1 llevó todo el tiempo la ropa que se había quitado, dentro de las fundas, sin decir palabra. La chica lo dejó pasar, pero de todos modos preguntó, tras cruzar un paso cebra y pasar a más gente:
— ¿Segura de que quieres quedarte con eso?
Ella miró con tristeza las prendas:
— Supongo—que duermes en alguna parte. Quizá—pueda lavarlas ahí.
— Hmph. —negó con la cabeza— Esa es una mala idea.
Pero siguió viendo de reojo la cara de Ark-1, con el corazón pesado, y era tan potente como para que a ella misma le incomodase físicamente. Tragó saliva, antes de seguir.
— Pero—de todas formas ya iba a dejar ese piso, en un par—de días. Ugh, haz lo que quieras.
Ark-1 sonrió, con mirada agradecida, y la chica dejó de verla, encogida de hombros con incómodo alivio, que no se quiso admitir.
Pronto llegarían al lugar. “Nakayama Hayate” era el nombre del pequeño restaurante, y el anuncio vertical al lado de la puerta decía “Prueba nuestro famoso Hayate Ramen, receta familiar desde 1894”.
Entraron haciendo sonar la campanita, y llegó un joven con una sonrisa exagerada, inclinándose con rígida cordialidad:
— Bienvenidos a Nakayama Hayate. Déjenme llevarlas a una mesa. ¿Qué les parece esta?
Ark-1 se fijó con ojos abiertos y labios húmedos en todas las imágenes de comida deliciosa, encantada también por los aromas diversos y frescos que emergían constantemente desde la cocina. Pasta, carnes, vinagre, soja, vegetales, mariscos, todo era una experiencia que cautivó su imaginación de forma frenética, al tiempo que su nueva guía a este lugar maravilloso sólo caminó a una mesa por su cuenta, sin reparar en el muchacho. Este se dio cuenta, y tomó del mostrador de la entrada unas cartas, depositándolas encima:
— Siéntanse cómodas. Miren nuestra variedad de platos, estaré listo para tomarles su orden.
Pronto pedirían la primera orden, y sin que nadie allí pudiese sospecharlo de antemano, no la última. Pasaron los minutos, rápidamente; la entrada, las bebidas, el plato fuerte, llegarían para ellas dos. Fue cuando a la chica la tomó desprevenida ver cómo su invitada engulló todo, con aura alegre, entusiasta, como si la situación en la que estaban no existiese en lo absoluto. Pronto, tras lo que acabaría comiendo, Ark-1 levantaría la mano, haciendo a su anfitriona parpadear, labios que pasaron de fruncidos a entreabiertos.
Para cuando se dio cuenta, las camareras, y el muchacho las miraban con curioso asombro desde la barra de servicio, sobre todo a aquella muchacha de piel pálida que les estaba haciendo ganarse una buena noche.
Llegaron a ser 4 tazones de sopa miso tamaño grande hasta ahora, y el quinto estuvo en ese punto a punto de ser completamente consumido, Ark-1 usando una cuchara para meterse los últimos fideos y líquido en la boca; a su alrededor, las otras mesas habían quedado casi todas vacías. Con vasos, pocillos y platos apilados a lo largo y ancho de la cuadrada mesa, la chica de cabello corto observó todo desde el sitial opuesto, reclinada en el espaldar, brazos cruzados, tras haber pedido solamente un plato de pollo picante al panco, y otro de calamares rellenos; al fin, pegó un bostezo. El reloj colgado alto en la columnata sobre ellas marcó en ese punto las diez con ocho de la noche, y en ese mismo sentido, un par de camareras se pusieron a limpiar el suelo y el mobiliario respectivamente, evitando mirar cuando la muchacha pálida dejó el plato, alegre y satisfecha.
Tomó una botella grande de agua por sí sola, alzando cabeza para no dejar ni una gota, antes de que la chica suspirase con frío cansancio, y le dijera:
— ¿Estuvo bien?¿Quieres otra cosa?
La aludida terminó de beber, aplastando la botella y tirándola, antes de responderle:
— No, ya estoy llena. Muchas gracias.
La otra tornó los ojos con una sonrisa, y su acompañante lo notó, un cambio en flujo de aquellas corrientes invisibles, como si su color hubiese cambiado en un sólo clic. Se acomodó, antes de decir con una mueca:
— Ah, qué bien, pensé que habías quedado con hambre.
Una de las camareras oyó el ruido del plástico contra el suelo de cerámica, y se acercó con molestia, ceño fruncido:
— ¡Señorita, por favor no haga eso!
— ¿Huh? —soltó, confundida— Oh, sí, perdóneme, lo siento.
La mujer no respondió, simplemente recogió el objeto y lo tiró a la basura antes de continuar:
— No puede ser, ¿en serio?
— ¿A qué—te refieres?
— Uno no sólo tira la basura en el suelo.
— Pero Dae-gil siempre recogía las cosas por mí.
— No sé quién es ese, pero debió ser un idiota, seguro.
Esto a Ark-1 oírlo le disgustó, y contestó elevando el tono de voz, una respuesta que bajo un par de ojos helados, pareció la sentencia del ejecutor:
— No hables así de él.
Por reflejo, la chica hizo el cuello para atrás, no tanto asustada como perpleja, aunque por un par de segundos no decidió decir nada, y más bien se sobó por detrás del cuello, mirándose los pies mientras que aclaró su garganta. Ark-1 simplemente hizo para atrás el asiento antes de levantarse, y emprender la salida del restaurante, sin mirar a nadie; el personal se quedó frío por un momento, pero casi de inmediato sus cerebros los hicieron ir hacia ella con apremio:
— Señorita —exclamó el muchacho— ¿A dónde va? ¿No quiere tal vez otra cosa? Oiga, señorita Junna —señaló a la pelicorta— su amiga comió mucho y todavía no nos han pagado.
— Ya, ya, no exageres, obvio te voy a pagar.
Esta suspiró aún sentada, y sacó dinero en efectivo de su bolsillo, dejándolo de mala gana sobre la mesa:
— Aquí tienes, ¿contento?
— ¿Oh? Señorita Junna, ¿cómo es que—?
— No preguntes de donde vino.
Este se puso algo ansioso, mirando a sus compañeras, y a los lados, negando:
— No, claro que no —sonrió nervioso, y le hizo seña con la mano— Muchas gracias, puede irse—irse tranquila, ¿sí?
Mientras salían, los tres del personal se fueron despidiendo:
— Vuelvan pronto, las estaremos esperando.
Salieron a la calle peatonal, pasando bajo una farola. Ark-1 ondeó la mano enfáticamente para despedirse, sonriente. La chica lo vio, y le dio un tirón para que volteara:
— ¡Adiós!
Fue la última cosa que dijeron, y las dos se fueron por una calle inclinada, caminando solas por un rato. Fue allí donde la muchacha dijo a aquella, o tal vez ¿aquel?, que fue dando pasos confiados en pretensión, con rubor leve en las mejillas:
— Junna.
— ¿Qué dices?
— Tu nombre es Junna. Un gusto.
— Ah —risoteó, mirando un instante al cielo— No, no, yo no me llamo así, es lo que les dije a esos tipos.
No le sentó bien oírlo, pero no le sorprendió, pues ya desde su aura podía sentir ciertos bloqueos, puntos que eran difusos en toda su huella energética:
— Ocultas más cosas.
— Seguramente, sí. Pero eso no debe importarte.
— ¿Cómo te llamas realmente? Puedes decirme.
— Ja-gyeong. Chae Ja-gyeong.
Esta le extendió la mano, de forma un tanto rígida, y Ark-1 se la tomó, sintiéndola fría:
— Gracias. Por comprarme ropa nueva.
— Mejor le agradeces a mi hermana cuando vuelva al frente. Aunque no tiene tan buen ojo como yo. —y apartó la vista— Quiero decir, no en cuanto a ti, sino—al estilo. —y masculló para sí— Eso, al estilo.
— ¿Tu hermana? Pero si lo hiciste tú. No—entiendo.
— Es complicado. Supongo que no conoces el—trastorno disociativo de la personalidad. Mi hermana Ja-gyeong es feliz, y yo, que tengo el mismo nombre, soy su hermano mayor. La protejo para que eso sea así, y ella viva bien, es el trato entre ambos. Si ella tiene miedo de hacer algo, yo tomó las decisiones más feas en su lugar.
Ark-1 asintió, con una cara de curiosidad, asimilando lo que acabaron de decirle:
— Ah. Creo que ya comprendo. Tu energía—cambia cada vez que cambian de lugar. Lo noté.
— Es raro que hoy hayamos cambiado tan rápido. Debe ser tu presencia, es algo raro. Fuerte.
Ella lo miró, y este, intentando retractarse, dijo:
— Pero está bien, me agrada bastante. —y puso un tono más sombrío— En un mundo como este, es mejor tener fuerza para defenderse.
— ¿De qué sirve ser así sí—? —y replanteó— Vi lo que hiciste, ahora sé por qué. Creo que eres un buen hermano.
Sintió un nudo en la garganta.
— Ojalá yo hubiera sido como tú. Ojalá—los hubiese protegido mejor.
Ja-gyeong quiso preguntar a lo que se refería, pero prefirió guardar silencio, y así se quedaron aislados un tiempo más en sus pensamientos mientras que sus pies anduvieron el camino que solamente uno de dos, o dos de tres, sabían a dónde llevaba. Finalmente, se detuvo al llegar a un edificio de departamentos, viejo, con un primer piso entero encendido, y numerosas computadoras donde jovencitos dedicaban sus horas a la pantalla, tecleando con cascos puestos al tiempo que ambos entraron. Un viejo flacucho se reclinaba sobre el mostrador, leyendo una revista vieja; al oírlos pasar frente a él, los miró:
— Buenas noches Junna. Llegaste temprano. —y vio a Ark-1— Dime, ¿quién es la nueva chica?
Ja-gyeong se puso blanco como papel por un instante, mirando incómodo antes de preguntar:
— ¿Llegó algún paquete nuevo?
— Nada.
— Bien, entonces me voy. Disfruta tu fiesta de zombis.
— Hah, al menos ellos pagan a tiempo.
Comenzaban a subir las escaleras tras una puerta antes de que le respondiese:
— ¡Pero yo aún pago más!
Llegaron al piso 2, luego al piso 3, y al 4, donde tomaron el pasillo hasta la segunda puerta a la derecha. El chico abrió la puerta con cierta dificultad tras darle unos tirones al abollado pomo; fue el primero en pasar, y la llamó a ella con la mano, pues se había quedado más atrás. Ark-1 no estuvo segura de si entrar o no; jamás había conocido, ni deseó enfrentar las consecuencias de, interactuar en un espacio tan cerrado con una persona de aura tan peculiar.
Ja-gyeong se asomó a medias, insistiendo:
— Entra ya, que no muerdo.
Ark-1 avanzó con cautela, mirando el lugar desde el umbral de la puerta. Era una estancia relativamente chica, con una cocina-mesón, un medio baño con ducha cerca, y un sofá cama con una mesita sobre la que había un monitor de PC fungiendo de tele. En el barandal de una brevísima azotea, colgada la ropa.
Recordó lo que Dae-gil le solía decir que debía decir al entrar a una casa ajena, y lo repitió:
— Con permiso.
Dejó las sandalias sobre la moqueta, y Ja-gyeong, mirando con cuidado el exterior, cerró poniendo seguro, llave y cadenas. El espacio del pasillito se le hizo estrecho, pero el color amarillento de las paredes, o el piso recubierto de madera de balsa, fueron reconfortantes. Llegó al cuarto principal, y se sentó con piernas cruzadas sobre el tatami, seguida por su anfitrión, que encendió la pantalla; un reporte noticioso justo allí:
“…las autoridades sanitarias en Seúl todavía no presentan un plan de acción integral, a tres días del inicio de un misterioso brote de lo que especialistas han denominado como psicosis mística colectiva.”
Ja-gyeong sacó un cigarrillo, y tendió la mano con otro:
— ¿Fumas?
Ark-1 negó con la cabeza, y el chico se lo guardó de inmediato:
— Más para mí.
“Hasta ahora se sabe que el sitio cero fue un call-center en la zona norte de la capital surcoreana, y según la investigación oficial, el pánico se habría diseminado a través del sistema de metro en cuestión de pocas horas.”
— Dijiste que te ibas a ir. —inquirió Ark-1— ¿Por qué?
“El Centro de Control de Enfermedades ha mantenido en pie la declaratoria de máxima alerta, y de momento, se cuentan por miles los afectados, con un saldo actualizado de 233 víctimas mortales.”
— Hmh. Hay muchas cosas que no sabes, por lo que veo. ¿Ella jamás te contó?
“Los síntomas reportados incluyen desorientación severa, alucinaciones auditivas, ansiedad extrema, depresión aguda y, en los casos más graves, conductas suicidas.”
— ¿Contarme qué?
“Síntomas físicos como enrojecimiento cutáneo, dermatitis y queloides negros en forma de escama siguen sin ser confirmados.”
— Lo que quiere. Todo lo hace por su propio interés, ¿sabes? Y hablando de Roma —señaló— mira eso, tu nariz.
“El gobierno de Japón ha sometido a todos los ciudadanos de nacionalidad surcoreana a cuarentena y control médico para evitar la diseminación de posibles patógenos.”
La muchacha pálida se sintió, un calor bajando por una de sus fosas nasales. Un hilillo de sangre salió de forma abrupta, chorreando por su mano. Pronto sintió mareo, y decidió reclinar la cabeza sobre el asiento del sofá; su visión se tornó en tonos oscuros y morados. Y lo que inició como tinnitus, se volvió estática, y luego un susurro maternal:
“Hija mía, ven a mí. Mi niña, debes salvarme. Sálvame.”
Ja-gyeong sacó de su bolsillo un vial celeste, y al verlo, Ark-1 sintió miedo:
— ¿Por—qué—?
— Quédate quieta.
Se estremeció un poco al sentir la aguja en su cuello. Pero pronto, sintiendo una corriente de frío alivio en su sistema nervios y cerebro, tomó aire, antes de enderezarse, tomándose el pecho; poco a poco su visión volvió a la normalidad, y la voz se había ido. Ansiosa, miró a un lado y otro, antes de buscar, silenciosamente, respuesta en Ja-gyeong:
— Me parece muy raro que necesites el suero a tan poco de desaparecer del Cuartel General.
— ¿Cuartel General? ¿Así se llama donde yo vivía?
— Ok, esto es malo. No pareces tener idea de nada. Descuida, tengo tiempo aún.
Con urgencia e incertidumbre incapaz de ser contenida, Ark-1 respondió:
— Dime todo. Sé que Ja-yoon no me ha dicho algo importante, y no sé qué es. Hazlo tú.
El chico sacó su pistola del abrigo, desarmándola y tomando un trapo de la mesita para limpiar pieza por pieza, con una eficiencia tremenda.
— Es sobre el suero que te inyecté —contaría sin más dilación— Lo tenemos que usar cada mes si no queremos irnos al diablo. En mi caso, cuando estoy al frente esto es más así, y resisto más cuando mi hermana tiene el control.
Tomó un botecito con aceite, y comenzó a pulir las partes, y Ark-1, ya sabiendo aquello, no le vio sentido a que le repitieran aquello.
— Pero ella—tenía uno cuando nos encontramos. ¿Quiere conseguir más?
— Si sólo fuese eso, no te necesitaría, no. Ella lo que quiere—es una cura a nuestra dependencia. Una sola aplicación, y resolver el problema.
Las luces de repente titilaron, y tanto la pantalla como el cuarto quedaron apagados. De igual modo, las farolas se apagaron; fue viendo este signo, que Ja-gyeong se puso totalmente alerta, rearmando la pistola con la mente. Se concentró, intentando sentir a su alrededor al enemigo cuya venida pareció inminente.
Nunca esperaron que este estuviera dentro, apareciendo de pie a su lado:
— Pero mira donde nos venimos a encontrar, hermana.
Ja-gyeong le apuntó en la cabeza y disparó, pero el proyectil se estrelló contra la pared. Antes de poder siquiera pensar en su siguiente movimiento, Ja-yoon le dobló el codo hacia atrás con una llave, y venas negras comenzaron a surgir en el cuerpo de su enemigo, haciéndolo gruñir de dolor. Ark-1 no había actuado, pero se halló parada, mirando casi a quemarropa la riña que comenzó, y se angustió, al ver que la joven iba a darle un golpe en la quijada:
— Ja-yoon, espera, no lo lastimes—
— Cierra la boca. —le respondió Ja-yoon, sin voltear a verla— Eres más estúpida de lo que me imaginaba.
Esta dibujaba en su rostro una sonrisa maliciosa, manteniendo su agarre. Ja-gyeong sintió para su horror que era incapaz de mover sus piernas; fue como si se las hubiesen fundido al piso:
— Mierda, ¿cómo es que tú—
— ¿Me creen tonta también? Te he estado siguiendo todo este tiempo, Tyrant. Siempre supe que por aquí te encontraría.
Ark-1 se le quedó viendo a Ja-gyeong, sin entender el contexto de aquel repentino sobrenombre.
— Des—graciada. Suéltame, y pelea—
Ja-yoon no evitó pegar una risa casi ahogada, sus facciones casi contorsionadas como la de un diablo felino jugando con su indefensa presa:
— Como quieras.
Retrocedió un par de pasos largos, cruzando los brazos hacia atrás. En un instante, Ja-gyeong sintió que era soltada de su prisión invisible, y sus venas pulsantes se esparcieron por todo su cuerpo. Cayó de cuclillas, manos agarrando el piso, en medio de terribles temblores y rugidos guturales:
— Te voy a matar, Ark-2, y luego a la maldita de Baek Jeong-na.
— Pobre peón patético. Serás tú quien muera hoy.
Una repugnante transformación se sucedió rápidamente, y pseudópodos negros la rodearon, pegándose a su alrededor, pulsando como una corona negra alrededor de su cara. Extendió el brazo, mientras la habitación se llenaba a niveles inmundos de un olor almizclado, tanto que Ark-1 se llevó la mano al diafragma, aguantando un impulso repentino de vomitar. El chico extendió un brazo hacia Ja-yoon, y de los poros de su piel emergieron extensiones afiladas que una a una penetraron la pared cual agujas, atravesando el baño y llegando al exterior.
Sujetándose con sus nuevos apéndices, Ja-gyeong envolvió su otro brazo con garras negras antes de abalanzarse hacia su enemiga, que habiendo esquivado todo, hizo la cabeza de lado, un giro, y se agachó antes de dar un golpe como si nada en medio de su pecho. Fue arrojado a gran velocidad por la ventana, llevándose un par de prendas colgadas y partiendo el barandal en su caída estrepitosa al callejón lateral, totalmente a oscuras; Ja-yoon de inmediato fue hacia el agujero de vidrios rotos y metal partido que había dejado, lista para lanzarse. Ark-1 salió de su estupor, y sin mover un sólo músculo, provocó que su hermana tuviese que luchar por cada paso:
— Detente, por favor.
— ¿Qué crees que estás haciendo, ah? Déjame.
— ¿Por qué los buscas a ellos? ¿Quién es Baek Jeong-na y qué tiene que ver con todo esto?
— Baek y su hermana—ellas nos hicieron. A esta criatura trastornada—la enviaron a asesinarnos.
— ¡Al menos trataron de ayudarme, sin pedirme nada! Tú sólo trajiste dolor, muerte, eres igual a nuestros creadores.
Ja-yoon apartó la mirada con incomodidad, apretando la mandíbula antes de responder:
— Ya te dije—no ordené que mataran a tu tonta familia falsa—¿es tan difícil de entender?
— No era falsa. Es lo único real que he tenido, y nunca permitiré que me lo quiten de nuevo.
Ja-gyeong se había levantado, y por un momento, la chica regresó, pensando en salir corriendo con maldiciones entre dientes. Sin embargo, su contraparte la detuvo cuando estuvo a punto de pegar carrera, moviendo la cabeza, párpados apretados:
— Oh, no, no pienso dejarla allí. —se dijo, como haciendo esfuerzo— ¡Sí, nos vamos a quedar!
Ja-yoon entonces tuvo una idea, y pronunció las siguientes palabras:
— Al final sí eras débil.
Ark-1 perdió enfoque, recordando su pesar, permitiendo a su hermana avanzar más prontamente al filo del balcón:
— No lo soy.
Ja-yoon continuó:
— Sí, sí lo eres. Todo ese poder está desperdiciado en tus manos —y se burló— Tan sólo mira como ese par de inútiles confiaron en ti y se murieron como perros; te venció un criminal de pacotilla.
— Para con esto.
— No puedes ni cuidarte a ti misma, te dejas guiar como una infante por cualquiera. —y fingió contener una risa— Es seguro que habrían muerto, tarde o temprano, y todo por tu culpa.
— ¡Dije que basta!
Esta se tomó de la cabeza, acuclillándose. Un viento sobrenatural la rodeó, devastando los muebles y utensilios circundantes, pero dándole a Ja-yoon suficiente ventana de oportunidad como para saltar finalmente fuera de alcance.
Sucedió justo a tiempo, pues recién Ja-gyeong, como agarrándose a sí mismo, había logrado cierta estabilidad, aunque todavía estuviese algo aturdido. La joven lo tomó por la cabeza, y lo estampó contra la pared opuesta como a una mosca.
Este cayó, quitándose la modorra tras dejar un rastro descendiente de sangre negruzca sobre el bloque.
— Ni siquiera esa cosa va a salvarlos de mí. —sentenció Ja-yoon.
Las venas negras hincharon su cuello, antes de contraatacar con un pseudópodo que azotó a Ja-yoon contra el pavimento. Esta rodó fuera del siguiente ataque de aplastamiento, levantándose lista para su contragolpe, un puñetazo frontal a la velocidad de una bala.
Ark-1 se quedó paralizada, de rodillas, sus ojos ardientes. Se talló uno con una palma, el otro lo mantuvo bien cerrado, mientras su otro puño cerrado tembló sobre su muslo. Su labio inferior tembló también, e intentó resistirlo sorbiendo aire entre dientes.
Ja-gyeong usó su extensión para no sólo bloquear el golpe, sino como palanca, desestabilizando el footing de Ja-yoon antes de lanzar un azote ascendente cual coletazo, que chasquea en el frío aire. La joven esquivá el latigazo por muy poco, sufriendo moretones por la mera onda de choque circundante, al punto de escupir sangre por un desgarre indirecto en su esófago; el muro y la señal cercanos se arrancan y desmoronan en pedazos. Pero de inmediato, Ja-gyeong corta distancia, envolviendo el cuerpo de Ja-yoon con el apéndice, cual si se tratase de una anaconda enorme; esta sonríe, con una confianza aparentemente injustificada, mientras sus carnes son exprimidas:
— Son tal—para cual. Mi hermana—y tú.
Con fuerza inusitada, Ja-yoon pegó un salto, corriendo hacia arriba por el poste de luz apagado de al lado. Ja-gyeong fue tirado al suelo hacia delante, al tiempo que mediante el pensamiento, Ja-yoon se mantuvo perpendicular al poste, haciendo que se doblase en un ángulo imposible, desgranando su concreto en las zonas de fractura. Boca abajo, dobló piernas, y se abalanzó, tras sacar un brazo entre los espirales del pseudópodo, sus venas latiendo con fuerza, su frente sudando para reunir el poder necesario de aquel golpe descendente.
Ja-gyeong, valiéndose de sus reflejos, tomó el puño con su otra mano, la de garras, recibiendo fracturas por la onda de choque resultante a través de su esqueleto. Pegando un grito de dolor, acumuló suficiente energía empírea como para dar una patada de cadera, tan potente que su propio apéndice alienígena se arrancó de su cuerpo al ser Ja-yoon lanzada contra el muro del edificio. Se destruyó así el cibercafé y el impacto mató de inmediato a uno de los clientes junto al casero, más atrás, aplastados por el bólido.
El temblor resultante bastó. Ark-1 espabiló, sintiendo que no estaba por pasar nada bueno, por lo que comenzó a enfocarse con su visión remota de dónde se originó el golpe.
Con su mente, Ja-yoon destrozó la masa negra envolviéndola, antes de ponerse en pie, limpiándose su abrigo beige con ambas manos; su expresión se mantuvo altiva, confiada, a pesar de su respiración pesada. Ja-gyeong convirtió sus dos antebrazos en pseudópodos negros, sangrando por los ojos y la boca, pegando berridos de agonía, y tomó las dos mitades del poste caído, arrojándola contra la joven para martillarla, cual doble ariete convergiendo contra una varilla podrida. Ja-yoon, sin embargo, vio todo en cámara lenta, y dio un salto para correr lateralmente sobre uno de los fragmentos, brincando al otro y de vuelta, antes de impulsarse con ambas piernas en un vuelo giratorio.
La joven preparó la base de su palma, cerrando los dedos como garra de tigre, antes de pegar un golpe en la mandíbula de Ja-gyeong con toda la potencia, zarandeando sus cervicales, y arrojándolo a su vez contra la pared de una casa, que se estremeció toda, sus columnas de madera resentidas. Ja-yoon corrió hacia él, lista para asestar el golpe de gracia, un martillazo impulsado en un par de zancadas que liberaron vientos a su paso.
El edificio del que habían salido no estuvo en mejor estado tras recibir los macizos proyectiles a esa velocidad, y sobre una columna estructural en el centro. Esta se había partido con una fractura completa, diagonal, marcando una sentencia de muerte para todos y cada uno de los residentes. La nube de polvo no se había asentado siquiera, pero Ark-1 ya estaba actuando.
Extendiendo ambos brazos, había estado concentrándose al máximo, visualizando un campo de corrientes psíquicas alrededor del inmueble entero. Sus piernas tambalearon, sus oídos, ojos, nariz, sangraron profusamente, al tiempo que apretó sus dientes con tal fuerza que varios iban a romperse bajo la presión; fruncía los labios, su barbilla tuvo tics. Podía sentir cómo todo comenzó a agrietarse, despostillarse, los hierros a doblarse por la creciente alteración en la distribución del peso.
La muchacha pálida gritó, potenciada por su poder:
— ¡Se los pido, deben irse todos de aquí!¡Este edificio se va a caer!¡Corran rápido!
Dentro de la casa, Ja-yoon había dejado el cráter, lanzando a los residentes a un lado; se hallaron malheridos, sin moverse, pero ella no les hizo ni caso, mientras intentó asestar el ataque, y Ja-gyeong esquivó o bloqueó con sus pseudópodos.
El chico se hartó, y pegando aquella sustancia negra a las paredes opuestas, extendió sus raíces rápidamente por toda la residencia antes de colapsarlo todo, de los lados al centro, cual sándwich mortal. Ja-yoon usó su mente para evitar de forma específica el golpe, saltando a inmensa altura, con la pareja de ancianos herida agarrada uno a cada brazo; tras maniobrar en el aire, descendió de puntillas sobre el patio frontal, dejándolos suavemente en el pasto. Con un gesto casi burlón, la joven se puso de pie, volteando de a poco para encarar a Ja-gyeong, que cavó su camino hacia arriba del montón de escombros que quedaron.
— ¿Te cansaste? Igual pienso sacar ese organismo de tu cuerpo. Me será más útil a mí.
El chico, enderezándose con crujidos de huesos, sonrió con desprecio, antes de buscar un cigarrillo en su abrigo, y encenderlo:
— Sigue soñando, señorita Bruja. Eso jamás va a pasar.
— ¿Por qué te tomaste tantas molestias con mi hermana? —y caminó, soltando los brazos— Hablando en serio, pudiste haber acabado con ella sin que se diese ni cuenta.
— Lo admito. Baek me ordenó matarla, sí. —bajó del montoncito— Pero luego pensé que sería un desperdicio. Mejor pedirle su ayuda, y destruir a la científica loca juntos.
— No sólo a ella, ¿o sí?
Comenzaron a describir una vuelta lentamente, manteniendo la distancia:
— Los proxis de la maldita DIA americana también quieren el patógeno tyrant para ellos. Vine a encargarme, y Baek me dijo dónde hallarlos.
— Así que de eso se trata. Eso de que mi melliza te parece bonita—es basura entonces, tal como pensé.
— No me malentiendas. Tengo mis pensamientos en orden, y lo que le dije a ella no es mentira. —tiró el cigarrillo, disgustado— Que debas ser mi cuñada es un completo asco.
Ja-yoon soltó una carcajada, y se detuvo:
— Aigo. Y me decían a mí que era el experimento fallido.
Los civiles del edificio habían evacuado prácticamente todos, apenas llevando nada consigo. Ark-1 fue quien, poco a poco, se encargó de sacar mediante su poderosa telequinesia los objetos de más valor de cada departamento, con tal de que no quedaran totalmente desahuciados. Las personas, hombres mujeres, niños, ancianos, observaron con maravilla aquel vuelo masivo de objetos, cual mensaje de esperanza que verdaderamente fue.
Ja-yoon y Ja-gyeong también vieron esto, cómo toda esa cantidad de objetos iban por los aires serenamente:
— Es especial —mencionó este último.
— Sí, lo es, de verdad que sí.
Un reflector se encendió entonces sobre ellos, antes de que por un altoparlante dijese un tipo de voz curtida.
— ¡Alto ahí, están rodeadas!
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