The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 6
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6: Vuelos de Salida 6: Vuelos de Salida Ark-1 estuvo por no resistir más, pero hizo su máximo esfuerzo en evitar un colapso rápido de la estructura.
Las paredes a su alrededor, completamente rotas, se estaban viniendo abajo, y fue cuando, sin sentir señal de vida allí, dejó caer lentamente el primer piso; el cibercafé desapareció para siempre, junto a los dos cadáveres dentro.
La muchacha se removió hasta las entrañas por el fuerte tumbo, pero aun así continuó resistiendo, mientras la nube de polvo se diseminó por la cuadra, y todavía muy a lo lejos, más sirenas se escucharon aproximarse.
Jadeó con pesadez, y tiritó por el cansancio, cada vez más debilitada.
En el patio de la casa derrumbada, Ja-yoon y Ja-gyeong observaron el vehículo de cuatro motores descender, con su reflector siempre apuntado hacia ambos; cuando estuvo cerca de aterrizar, Tyrant pudo ver el logo, un cuadrado con círculo en el centro, del que salían muchos rayos cual gotas derramadas, y los símbolos en kanji: “Head One Pharma” Este se asentó, y de él salieron varios agentes con armas inhibidoras apuntadas, y en medio de ellos un sujeto en traje con una tableta haciendo algún trajín; pronto las miró, acomodándose los lentes antes de saludarlas, sin ningún tipo de expresión: — Koo Ja-yoon, o mejor dicho, Sujeto Ark-2.
ADP Pharmalabs.
Yongsadan.
Ja-yoon respondió, con el mentón levantado: — Head One Pharma.
Un frente de la DIA.
—miró a Ja-gyeong, y volvió con el hombre— O más bien, un frente de Hydra en Japón.
— Sus acusaciones contra la empresa carecen de fundamento, señorita Koo —respondió el burócrata con calma— y nuestro bufete de abogados estará listo para presentar una demanda penal en caso de no desistir de tales afirmaciones calumniosas.
Ja-yoon se inclinó hacia delante, con una sonrisa amable.
— Ah, mira cómo tiemblo.
—y sacó algo de su abrigo, tirándolo sobre el césped— ¿Qué tal esto?
¿Son evidencias concluyentes para ti?
Varias fotografías de contenedores, muestras tisulares en conservante amniótico, y para más inri, la joven sacó un tubo de ensayo con el mismo logo del vehículo, y una etiqueta impresa que decía “Crocodile-1 26-03/2017”.
Aunque el de traje no cambió su rostro, tragó saliva, y Ja-gyeong miro a su enemiga, fríamente sorprendida por lo que estaba mirando.
El sujeto entonces extendió su mano: — Robaste nuestra propiedad, y tus huellas están marcadas en todo el vial.
Crocodile es una investigación genética peligrosa, no puedes tenerlo en tu poder.
— Oh, así que reconoces que es suyo, y además un riesgo público, vaya.
—medió mostró su móvil grabando— Qué bien, facilitaría las cosas.
— Tsk.
Un temblor sacudió la zona, cuando el edificio finalmente se derrumbó en vertical, lanzando una nube de polvo mucho más grande, y definitiva.
Todos se cubrieron de la oleada de turbiedad inminente, pero en los segundos que el personal de seguridad se colocó las gafas infrarrojas, Ja-gyeong hizo su movimiento.
Deslizando sus pseudópodos desde debajo del suelo, había alcanzado a todos y a cada uno de ellos, lanzando sus agujas negras hacia arriba en un brote mortal, que los empaló en órganos vitales.
Ninguno de ellos tuvo oportunidad; sus cerebros, corazones e hígados fueron perforados en sus zonas más vulnerables, provocando una muerte instantánea.
Los motores también fueron alcanzados, y estallaron espectacularmente, iluminando la noche cual velas mortecinas de un próximo adviento.
El chico retrajo las extensiones de vuelta a su cuerpo, formando a continuación un escudo de materia nauseabunda, serpenteante, que emitió un hedor incluso más pestilente al ser purgada por la explosión, caliente cual horno.
Ja-yoon quedó protegida por aquel muro orgánico, que se retorció antes de derretirse gradualmente como el plástico quemado, y desprenderse del brazo de Ja-gyeong, quien se lo quitó de encima agitando una mano humeante: — Ugh, eso arde.
El burócrata, herido y alcanzado por el fuego y las esquirlas de metal, convulsionó un par de veces en el piso, antes de morir con los ojos abiertos por el indecible dolor, sangrando.
Ja-gyeong no se inmutó siquiera, lanzando un suspiro de fastidio, antes de decirle a Ja-yoon, sin que todavía la nube de humo desagradable y la polvareda que resecó sus lenguas se hubiese disipado del todo: — Lo de las espinas lo tenía preparado.
Lo iba a usar contigo.
— Ya sabía.
Pude sentirlas bajo el suelo.
— Como sea.
Fue bueno derrumbar ese edificio, ¿no crees?
Ja-yoon le respondió, sin que le hiciese gracia y en tono arrogante: — Yo hice que lo hicieras.
Y caíste muy fácil.
Incrédula, Ja-gyeong levantó el labio en una mueca incrédula, enarcando la ceja: — Supongo que también planeaste que Ark-1 salve a esa gente.
¿Verdad?
Ja-yoon se agitó para sacarse el polvo, y comenzó a alejarse, haciendo hacia atrás un poco la cabeza: — No.
Eso lo hizo por su cuenta.
— Nuestra pelea no ha terminado.
—sacó zarpas negras de sus dedos— No deberías darme la espalda.
— Entretente con los servicios de emergencia si quieres, yo ya no tengo tiempo.
Ambos oyeron pasos corriendo presurosos hacia donde estaban.
Se detuvieron en seco, tensándose en alerta para atacar, hasta que las corrientes de aquella energía vital se les hicieron más claras.
Sabían a quién pertenecía esa aura, como una ventisca abrumante, y a la vez pacífica.
— ¡Ja-gyeong!¡Ja-yoon!
Finalmente, Ark-1 apareció junto a ellos; ninguna pudo verla llegar de forma obvia, sólo un corrientazo de aire entre los dos.
De un segundo a otro, sintieron ahorcarlas su mero enojo, una emoción que le hizo hormiguear el rostro con fuerza de sólo percibirlo en sus mentes.
— ¡¿Cómo pudieron hacer eso?!¡Mataron a gente inocente con su pelea!
— Huh, ahí va de nuevo.
—suspiró Ja-yoon.
Sin aviso, sintió un puñetazo que le reventó la caja torácica al entero.
Se dobló de dolor, babeando sangre, y cayó de rodillas.
Ja-gyeong tembló involuntariamente del miedo, la sustancia negra se retrajo, y tanto sus dedos como nariz se tornaron témpanos gélidos, su aliento emitiendo vapor.
Ark-1 tomó a Ja-yoon del cabello atado en cola de caballo, desbarajustándolo entre sus dedos, fijos en ella ojos llenos de indignada furia: — Dijiste que fue mi culpa que murieran.
Jamás dejaré que pase otra vez, y nadie se interpondrá en mi camino para lograrlo.
Ni siquiera tu.
— Ghgh—ghgh— Ark-1 apartó la vista con tristeza a la estructura demolida, y no dijo sus siguientes palabras en un tono que no fuera de pesar, con el corazón en la mano: — Pero no lo haré yo sola.
Lo que sea que realmente quieras está bien.
Si me ayudas, yo voy a ayudarte.
La tiró a un lado, y esta, rascando el suelo con desespero, tosió con fuerza, intentando respirar mientras comenzó su proceso regenerativo, huesos reajustándose, haciendo cracks sonoros.
— Ja-gyeong.
Este retrocedió, como si fuese un niño a punto de ser regañado y golpeado por una sandalia: — ¿Es verdad lo que dijo ella?
¿Sólo me atrajiste aquí para matarme?
La piel del chico se puso pálida, pero no perdió la compostura: — Es cierto.
Era—cierto.
Pero no pude, y no es lo que en verdad quiero.
Fui sincero contigo en lo demás.
Aunque con expresión decepcionada, Ark-1 tomó fuerzas para decirle: — Si realmente es así, entonces ayúdanos.
Podemos derrotar a esta gente, si trabajamos juntos.
— Ni siquiera sabes quiénes son ellos —sonrió él con tristeza, y se puso más sentencioso— Deja de—decir tantas estupideces, y ya madura.
No es así como funciona el mundo, créeme que lo sé.
Ark-1 bajó la mirada, asintiendo cortamente.
— Sí.
Sí, está bien.
Lo miró con clara frustración, y Ja-gyeong sintió la buena energía de su corazón nublarse, poniendo una barrera entre ambos: — Pero no vuelvas a acercarte a nosotras.
Si lo haces, te mataré yo misma.
Se dio vuelta, viendo que Ja-yoon ya se había recuperado.
Mientras ella se sobaba el pecho, como si de una molestia menor se tratase, Ark-1 pasó a su lado, preguntándole sin mirarla: — No te haré perder más tiempo.
Dime a dónde iremos.
La joven se puso justo detrás, dibujando una sonrisa: — Qué bueno que entraste en razón, hermana.
Tú sígueme.
Ja-yoon saltó hacia la terraza de la casa más cercana, y Ark-1 miró a Ja-gyeong una última vez.
— Cuídense, ustedes dos.
Y no te atrevas a abandonarla.
De inmediato, la muchacha pálida los dejó, a aquellos dos en uno, sin mirar de vuelta más, antes de saltar hacia el mismo lugar que su hermana, pasando a su vez por encima de varios curiosos.
Al quedar frente a frente, las dos se miraron con rostro apagado, en sombrío reconocimiento, en sincronía ahora más dolorosa, antes de tomar el siguiente techo, y alejarse de allí antes de que pudiesen señalarlas bien desde el suelo.
Los camiones de bomberos fueron los primeros en llegar a la escena, junto con drones cuatrimotores grabando para las diferentes estaciones de noticias que sus etiquetas delataran.
Llegaron un par de patrullas policiales cuando ya no estaban, pero también ellos.
Un convoy de 3 tanquetas blindadas de color azul naval con 16 neumáticos, cuatro pares a cada lado, llegaron atropelladamente a los alrededores del edificio; enseguida se bajaron por las compuertas traseras varios agentes en uniformes tácticos del mismo color.
Mochilas a la espalda, armas inhibidoras activadas en espera, visores, saltones y amarillos, fueron activados, escaneando los alrededores en busca de los culpables de aquel desastre: — Trazas de calor detectada.
— Tú, y tú, por aquí.
Síganme Tres de ellos se separaron del resto para investigar los restos del vehículo de One Head, mientras los otros continuaron las tareas de búsqueda, o establecieron perímetro con barreras, activando la luz roja de sus detectores genéticos integrados.
Del otro lado, la gente comenzó a ser atendida también por las ambulancias, que llegaron poco después; la policía regular tomó los testimonios de las personas del sitio, así como a los testigos de los alrededores, bajo el mando del inspector.
Uno de los agentes, revisando la cabina calcinada del vehículo estrellado, se detuvo negando con la cabeza: — Hmph.
Otro asunto corporativo.
Qué mala suerte.
Otro se le acercó, mostrando una bolsa sellada en su guante.
— Jefe, mire esto.
Parece que quedaron intactos.
Eran cabellos humanos, largos, delicados: — ¿Contaron los cuerpos?
Miraron hacia afuera, y el tercero ya había terminado de alinearlos, un total de nueve, horriblemente quemados, a medio guardar en las bolsas herméticas.
Los otros dos se acercaron a él, y este tomó una tableta del enganche en su cinturón; se los mostró, y tras mover los dedos unos segundos, llegaron a una lista de nombres, recogidos de una base de datos.
Abrió uno de ellos, mostrando un perfil de identidad.
— Homura Kota.
Jefe Administrativo de la Subsección de Investigación Avanzada, muchos títulos y familia acomodada.
Este sujeto no vino aquí sólo de paseo.
— Me doy cuenta.
— El escaneo de facciones inteligente no arrojó ningún otro resultado de interés, todos ellos eran empleados de One Head Pharma.
Son quienes aparentan, o más bien eran.
— ¿Hay alguna mujer entre estos?
Si es así, no la veo.
— No, jefe.
La que le haya dejado esos pelos debe saber qué querían.
— Sí.
Un cuarto se acercó ahora a los demás: — Capitán, reuní la información que me pidió.
— ¿Identificaron a los testigos?
— Sí, y ya borramos los metrajes y fotos de sus dispositivos con la señal.
Un dron nuevo, distinto a los demás y de color azul oscuro, se volvió visible desde la oscuridad y sobrevoló sus cabezas, aterrizando a su lado suavemente.
— Bien hecho.
El responsable, que no llevaba una mochila, se lo puso a la espalda con un sujetador magnético circular.
— Gracias, señor.
¿Y encontraron algo más?
— Es preferible no meterse en los tratos turbios, o la ciencia loca de estos estirados —dijo el de la tableta— Cerraré las bolsas para subirlas.
El jefe asintió, y se dirigió él primero a la tanqueta delantera.
Cortó distancias con rápidas zancadas, llevando la bolsa de cabello consigo; subió presto por la rampa, y allí se encontraban un par de oficiales frente a consolas con monitores de imagen y datos.
Pero también alguien más, o dos personas más, sentados hasta delante del asiento lateral a su derecha, contiguos a la división con la cabina de manejo blindada.
Una mujer en uniforme lo miró con expresión de hastiada curiosidad: — Díganos, capitán Sato, ¿encontró algo?
— Parece que sus sospechas sobre el experimento fugado se están volviendo más reales.
Lo confirmaremos analizando estos —mostró la bolsa— Pero mientras tanto, póngase cómoda.
¿No quiere que mi oficial asistente le traiga un café, o algo?
— Déjese de juegos, y apúrese.
Mi gobierno no me paga por quedarme sentada.
— Ah, ustedes los de la inteligencia surcoreana son muy bordes.
— Sólo me interesa atrapar a esos monstruos, capitán.
Lo voy a hacer —lo señaló, con mala cara— Y los voy a matar con esto —desenfundó su cuchillo.
— Claro —levantó las manos, con una sonrisa— Lo que usted diga, capitana Choi.
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