Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The Witch 3: The Reckoning
  4. Capítulo 8 - 8 Desembarco del amanecer
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Desembarco del amanecer 8: Desembarco del amanecer Habían entrado a aguas someras desde el noreste, y llevaban ya unas horas internadas en aquella mar, cada vez más rebosante de cardúmenes.

Con otro pulso, Ark-1 activó el sonar del sumergible, cuyo fuselaje rechinó más intensamente que en otros tramos del viaje: — Deberíamos estar en—la bahía—de Lang Co.

Ya es cerca.

—murmuró.

Ja-yoon estaba dormida, tiritando a pesar de que sus heridas prácticamente se habían regenerado; se removía incómoda, ladeando la cabeza.

Su hermana la vio de reojo, sintiendo un atisbo de pena, que decidió enterrar de inmediato cuando recordó las cosas en que la había estado metiendo.

La salvó, ciertamente, pero por su propio interés, y de no ser por ella, no tendría que haber navegando por aquel océano en que nunca había estado.

Más aún, en la claustrofobia y oscuridad que no solo le era harto conocida, sino que, ahora era capaz de admitir, siempre había odiado.

Eso las había retrasado, y se entendía bien los medidores, el combustible era ya escaso.

Ja-yoon balbuceó angustiada, entre sueños, llamando su atención: — No—no, no— Ark-1 negó con la cabeza, para enfocarse en lo que tenía que hacer.

Pulsó otro comando, y del techo del vehículo, se desprendió un pequeño robot en forma de boya aplanada.

Este prendió sus motores, e hizo una ronda de nado en espiral, alejándose.

Sus ojos artificiales miraron donde Ark-1 no podía usar su poder de forma efectiva; lo intentó, pero su visión remota era borrosa en el agua.

A través del monitor, el de si izquierda, observó el mar, así durante diez minutos, en que el robot llegó a una distancia de 10 kilómetros; entre tiempo y tiempo, el ingenio ascendió a la superficie.

Se sobresaltó por un momento, al ver una fragata con la bandera roja y estrella amarilla en el lado, pero pronto se dio cuenta de que, más bien, se estaba distanciando, hacia el norte.

Respiró aliviada en silencio, antes de llamar a su “periscopio” de vuelta.

Segura de que no había nadie cerca, activó de nuevo el sonar.

Un pulso, y de inmediato comenzó a moverse, descendiendo casi al ras del fondo, intentando que su silueta se mezclara, pensó, con los arrecifes que resaltaban a cada lado.

Tras navegar casi un kilómetro, el robot se desprendió, y ella aceleró para cortar el recorrido restante.

Fue lo más pronto que pudo, sabiendo que la suerte que había tenido hasta el momento no garantizaría nada si no llegaban a tierra.

El último tramo fue como de 30 kilómetros, tortuosos, y de nuevo desprendió el dron, evadiendo botes patrulleros, que barrían el fondo con sus propios sonares de profundidad.

Tuvo que hacer desvíos, quedarse quieta, pegarse peligrosamente cerca de los afilados corales, con su colorida tapicería de vida y tiburones rodeándola, su atención puesta en el cuerpo extraño que se posó cerca de ellos.

Siguió avanzando, mirando una y otra vez el medidor de combustible, cuya aguja marcaba una perdición muy cercana, cada vez más, en tanto se fue deslizando hacia el litoral.

Una última vez, el dron patrulló el perímetro del submarino.

La cámaras lo mostraron claro, las formaciones rocosas cubiertas por la selva, y los acantilados blanquecinos saludándola en su llegada.

También allí, delante del conjunto, los árboles de mangle formando una línea sobre el agua a la distancia.

— Malditos—Crocodiles.

Fue Ja-yoon quien pegó aquel quejido.

Ark-1 la vio luchando, contra fantasmas invisibles en sus pesadillas.

Pataleó, y ondeó un brazo, cayéndose de lado.

Gimoteó: — Japón fue mi error.

Perdóname.

La muchacha pálida no pudo evitar sentirse triste por aquel espectáculo involuntario.

Volvió la vista a la consola, para concluir el trayecto; con el mayor cuidado, se aproximó a las costas verticales, siguiendo las coordenadas exactas, y entendiendo que lo visto en imágenes no había sido mentira.

Encontró de inmediato el paso entre los manglares, acelerando a todo lo que pudo, al ver las aguas de la madrugada aún vacías.

Al fin lo habían conseguido.

Se internaron entre los árboles, y fue allí, mediante la cámara trasera del dron, que la muchacha pálida contempló un espectáculo incluso más hermoso que los fuegos artificiales.

Despuntó el alba, y el sol salió en toda su majestad, un fuego que iluminó el cielo de morado y naranja pálido, filtrada además entre la bruma despedida por la vegetación exuberante, formando rayos luminosos que pudo sentir.

Instintivamente, su cuerpo tomó aire muy profundamente por ella, que se dejó caer de rodillas en el suelo del vehículo; mantuvo los ojos en la pantalla, con un solo pensamiento: — Ojalá hubieran visto esto.

Es hermoso.

Se dio cuenta de algo malo, al ver la superficie del sumergible brillar contra el sol naciente.

— Oh no— Se levantó, cayendo en cuenta con un gradual sobresalto de que no se hallaban aún a salvo; rápidamente se dispuso a seguir avanzando por aquel bosque, hasta su punto de encalle.

Recorrió ahora el lugar de acuerdo con el esquema en papel de la última foto, entendiendo que un sólo error de dirección las dejaría inconvenientemente varadas, delatando su posición.

Las turbinas comenzaron a fallar, rugiendo incómodas, parando en intervalos; quedaban segundos, pero con el robot, ya fue capaz de verlo; la entrada de una caverna por uno de los acantilados, cubierta de hiedras.

Entraron.

A uno de los lados, árboles saliendo del agua color jade, y una prominencia rocosa entre ellos con un muelle desvencijado, muy corto.

En cuestión de nada, el vehículo se quedó sin combustible, y los monitores de la consola titilaron; había batería aún, pero no por mucho.

Suerte que ya no la necesitarían más: — Es sólo un amanecer.

Ellos vieron muchos.

Al voltear, Ark-1 vio a Ja-yoon despierta, aunque todavía sentada.

Esta se limpió bajo la nariz, levantándose mareada, viéndose la ropa arruinada: — Aish.

Qué vergüenza, no puedo ir por ahí así.

Las dos se miraron, y la joven notó que su melliza tenía la ropa algo sucia de tierra, pero intacta: — Suertuda.

Esta puso rostro serio, y le dio la espalda: — Llegamos, Ja-yoon.

Abrió la escotilla, y fue la primera en salir, dando un salto para llegar al muelle.

Ja-yoon la siguió, aunque cayó tropezando, y se apoyó en un tronco con la mano.

Jadeó, como si hubiese hecho un gran esfuerzo: — Tú sigue, ve a esa luz de allí.

Un tragaluz natural, grieta en la cueva de aguas jugando con reflejos, se alzaba cerca del suelo rocoso al fondo.

Ark-1 continuó hacia allí, y agarrándose de los lados, se aupó para salir al suelo de hojarasca en el otro lado; le recordó el bosque frío, y la arboleda de la granja, pero era distinto.

El aire era saturado, tibio, los pájaros cantando nunca los había escuchado, pero sobre todo cómo el sol convertía la cubierta de árboles en una especie de reino fantástico, una isla no hollada sacada de un cuento de hadas.

Ja-yoon supo, al observar la cueva con más detalle, que esto no era así; vio las cajas de madera apiladas, los restos de tela, botellas y latas.

Quiso adelantarse, y fue cuando escuchó un golpeteo, permeando bajo el mar.

Se puso en pie nuevamente, caminando hacia donde su hermana fue, y he allí, que un chapoteo potente resonó en todas partes.

Del agua saltó una mano, una cabeza, luego el torso entero; la figura era humana, pero la piel que lo recubría era de tono verdoso, además de gruesa, con descamaciones irregulares, cerosas.

El atacante trepó con rapidez inusitada la pared de roca y ramas, tacleando a la joven al suelos, sus manos envueltas sobre su cuello; sentenció en voz gutural, sus ojos inyectados de color negro:  — Dile a tu hermanita que revise debajo la próxima vez —rio fatigado— Da igual, no las dejaré ir.

Sin embargo, el sujeto se dio cuenta de que la joven era una nuez difícil de romper con sus poderosas manos, callosas y de uñas negras.

Ark-1, desde donde estaba, dejo de observar con ojos maravillados a la naturaleza, su sonrisa borrándose al sentir que Ja-yoon estaba en peligro.

— Ah —se burló Ja-yoon— Por eso los llamaban Crocodiles.

Qué aburrimiento.

— Trataron—de llevarme—no los dejé.

Mis amigos murieron, por el maldito Jang.

Todo fue una trampa.

Ja-yoon tosió: — Te—lo dije.

— ¡Basta!

Ark-1 se mostró por la grieta, tras regresar corriendo.

— Suéltala.

EL tipo tembló de forma involuntaria al verla, con una sonrisa de dientes afilados: — Sí, aquí me tienes.

— ¡¿Cómo es que sigues vivo?!

— No son las únicas que se regeneran.

Debiste arrancarme el cerebro.

Jadeando, Ja-yoon le dio un manotazo con la palma, apartándoselo de encima con fuerza.

Rodó boca a abajo y tomó aire, en tanto el tipo se puso de pie, girando los hombros a brazo abierto, y acomodándose el cuello con sonoros cracks.

Cuando estuvo por lanzarse a Ja-yoon, la muchacha pálida lo paralizó a distancia: — Ghgh…

— Espera un momento —dijo ella— No tenemos por qué seguir con esto.

— ¿Y qué sugieres, eh?

Dime antes de que te haga pedazos— — Sería inútil, no me ganarás.

Pero puedes ayudarnos, y a cambio—te daremos parte de nuestro tesoro.

Ja-yoon entendió de inmediato a lo que su hermana jugaba, al tiempo que el hombre mutado escuchó de repente con más interés, y la curiosidad avariciosa Ark-1 pudo sentírsela en el aura: — Por eso vinimos aquí en realidad.

Guardamos oro—y plata, en una caja fuerte en la selva.

¿Quieres irte a—Australia, no?

— Continúa.

Ja-yoon se arrodilló, quitándose fango y tierra del cuerpo, antes de secundar a Ark-1 en la treta, no porque no quisiera matarlo, sino porque no estaba en condiciones.

Prefirió no sobreesforzarse, y divertirse en el papel: — No tenemos que ver con lo que hace Jang.

Volví para buscarlos a ustedes—porque los necesitaba.

Al oír aquello, él gruñó, en un siseo gorgoteante, lleno de frustración.

Ja-yoon caminó hacia él: — Es cierto.

Esa mujer que nos atacó nos ha estado siguiendo por esa misma razón.

Quiere lo que le robamos a su jefe para ella misma.

Esto lo puso a pensar, y la joven susurró a su oreja.

— ¿No te pareció raro que quisiera traicionarla de repente?

— ¿Y por qué me necesitarían?

— Porque no nos interesa eliminarlos —exclamó Ark-1— Sólo queremos desaparecer, y que nos dejen en paz.

— Mi idea fue que acabaras con Choi Jo-hyun—por tu cuenta.

—añadió Ja-yoon.

— Y luego vendríamos todos para acá.

Si no fueras tan crédulo, podrías haber venido dentro con nosotras.

Finalmente, el tipo escupió agua salada al suelo: — Ugh, enanas miserables.

Bien, acepto tu trato.

Ahora libérame.

Ark-1 usó su telepatía, y lo obligó a caminar delante de su hermana, a paso forzado: — ¿Qué haces?

— No confío en ti.

Vendrás conmigo.

Lo tironeó con fuerza usando la mente; sintió que la parálisis se puso a caminar, ya suelto.

Salieron del lugar, tras empujarlo fuera, presurosas en internarse por la espesura.

La mañana había comenzado luminosa, y así se mantuvo mientras caminaron con prisa, entre los árboles; el terreno rápidamente se tornó accidentado, resbaloso, los insectos zumbaron cerca de sus oídos.

Pasaron minutos, uno tras otro; Ark-1 no tenía ni la más remota idea de a dónde se dirigían, sabiendo que tampoco tendría la oportunidad de preguntarle, si querían mantener la farsa.

Tuvo bajo su atenta mirada al hombre, quién a cada rato se aplastó mosquitos contra la espalda; no porque sus probóscides penetrasen su dura piel, sino porque se reunieron en mayor número a su alrededor, y el ruido constante lo fue enfadando cada vez más.

Ja-yoon por su lado se mantuvo incómodamente atrás, con cada movimiento en vertical provocándole mareo, cada giro en la falda de la dorsal montañosa acuciando las vueltas que su diafragma daba, conminándola a vomitar; sin embargo, cada arcada contenida estuvo seca.

Pasó una hora, y otra, con el paso a su vez de los kilómetros, el sol de a poco haciendo su mella en tres cuerpos no aclimatados, a pesar de que no eran ordinarios, llegando el punto en que incluso la hierba en sus pantorrillas escocía.

El dosel triple de árboles enormes, con anchos troncos, medianos y frondosos, o pequeños cada vez más apiñados en caminos que el hombre nunca estuvo destinado a seguir, fueron una constante semisombra ahuecada, un tapiz celeste que para Ja-yoon se fue tornando extenuante.

Ark-1, en cambio, mantuvo una sonrisa bajo su mirada de poco disimulado asombro, emocionada como una niña por ver mucho más de todo lo que tenía por descubrir, olvidando por intervalos cada vez mayores de la tarea que tenía entre manos, así como de las decisiones que tomaría.

— Dime de una vez—¿dónde lo enterraste?

—dijo el hombre— He notado que vamos en dirección sur, y se suponía que mis hombres y yo fuéramos al oeste.

Hacia donde vas tú —pausó— es peligroso, en especial para los de tu clase.

Ja-yoon había cerrado por un momento los ojos.

Ark-1 entendió, y al volver a abrirlos, exclamó desde detrás: — Es por eso que lo puse allí, en medio de todo.

Nadie sospecharía del sitio.

Este la miró de reojo: — ¿Y piensas ir así?

Sólo mirándome la gente haría preguntas.

No quiero oírlas, y menos por culpa tuya.

— Huh.

Tú mejor sigue caminando, que ya tengo el lugar perfecto para arreglarlo.

El silencio volvió, y tras más tiempo de marcha cada vez menos presta, de lo que habían ascendido, comenzaron a descender la falda de uno de los muchos montes de la dorsal.

No fue difícil para Ark-1 descender la pendiente más empinada; se sujetó con una mano, se deslizó, seguida por el sujeto, que hizo lo mismo; Ja-yoon, en cambio, uso su telequinesia para dar un salto al vacío, y caer con seguridad sobre la copa de un árbol, luego otro, hasta volver al suelo arcilloso.

El tipo limpió sus pantalones húmedos, y tiró su camiseta a un lado, cuando vio que se había rasgado en un arbusto: — Maldición— Ark-1 no pudo evitar ponerse roja, y apartó la mirada, llamando más bien el pensamiento de haberle arrancado parte de la columna para calmarse.

Continuó descendiendo, y Ja-yoon pudo sentir aquel momento incómodo, parándose para verla alejarse, y verlo a él, con ojos gélidos: — Deja de desnudarte, y vámonos.

Quiero estar allá para el medio día.

Nadie allí se puso a contar más el tiempo pasar, pero tras un buen rato, las mellizas podían percibir los ruidos de la presencia humana en todo su esplendor; semáforos, tricimotos, gente caminando en los mercados, las grandes embarcaciones, y con más intensidad, el aserradero más cercano.

Lo pudieron divisar tras la siguiente línea de arbustos; la muchacha pálida se había detenido, sacando cuenta de la cantidad de personas que había allí, talando, arrastrando los maderos, o cargándolos sobre grandes camiones amarillos, pero también “yendo al baño”, vigilando el perímetro, o comiendo en una alejada caseta.

Cerca, muy cerca, un sonido que asimilaba la estática de un televisor permeaba también toda la zona; hacia el este, a su izquierda, Ja-yoon divisó con sus ojos físicos una caída de agua potente, que precedía a una riada rápida de color marrón, donde vio a un par de hombres tirar desechos del trabajo.

Con la cabeza, les señaló la dirección a tomar.

Manteniéndose en silencio, dieron largas zancadas a través de la fronda que los cubría, hasta que estuvieron a tiro de piedra de la fuente acuífera: — ¿Qué harás, pedirles un bote?

Deshagámonos de ellos rápido.

—preguntó él.

— Shhh.

Ark-1 se concentró, y Ja-yoon también lo hizo al mismo tiempo.

De ese modo, lanzaron piedras que había cerca de ellas, en dirección a los inconscientes trabajadores.

Sin embargo, ambas salvas rocosas se encontraron en el aire a gran velocidad, generando ruido que todos pudieron escuchar, junto con una nube de escombros.

Las hermanas se miraron, no con desconcierto, pero con una gran tensión: — Oye, ¿qué pasa contigo?

—reclamó Ja-yoon.

— No dejaré que lastimes a esa gente.

AL oír su respuesta, cerró su puño, llena de ira, pero sonrió con amabilidad, ojos desorbitados: — Entonces toca el plan B.

Se fue corriendo, y Ark-1 se apresuró a seguirla, no sin antes halar al hombre del brazo.

Este apenas sí pudo reanudar la marcha para no ser arrastrado como un trapo sucio: — Ja-yoon, espera— — Quítate.

El tipo se soltó violentamente, y ambos se separaron, llegando a la cima pelada de la caída; Ja-yoon, con molestia en los huesos, se despojó de la camisa, además del pantalón.

Los del aserradero se pusieron a buscar de dónde había salido tan extraño fenómeno, metiéndose quienes más cerca estaba al monte que los rodeaba.

Pronto uno, flaco y de ropas flojas, señaló al trío: — ¡Miren, allá!

— ¿Quiénes son?

— Un monstruo.

— ¡Ey!

Llegaron varios más, por su derecha y por detrás, dispuestos a todo.

Se encaminaron en su dirección, y uno con chaleco, que llegó corriendo, disparó una carabina sin todavía haber recobrado el aliento.

Ark-1 esquivó a un lado, y con un gesto de mano, tiró un árbol cerca de ellos para bloquear más ataques: — ¿Qué pasa?

¿Tú si puedes quitarte todo?

— Cállate, y salta.

Ja-yoon se lanzó al río en un clavado, y Ark-1, sacándose los calcetines, no tardó en arrojarse detrás de ella, pies abajo y cruzando los brazos con ansia.

Su corazón latió frenéticamente en el aire, y tan pronto como el vértigo llegó, fue adormecido en medio de la turbiedad.

El hombre, que se quedó mirando, se encogió ante un segundo disparo, antes de maldecir entre dientes: — Mierda.

Se lanzó deprisa, nadando tan pronto como se hundió en las aguas.

Al ver aquello, la gente corrió, y más se unieron a la conmoción, esta vez siguiendo el curso.

Dos más con carabinas dispararon a las aguas, apenas viendo un par de sombras deslizarse entre los fragmentos astillados.

Ark-1 se hizo a un lado para no ser alcanzada; se concentró, y mientras se dejó llevar por la corriente, lanzó con el pensamiento los restos que la rodeaban.

Estos se formaron como una pelota, separándose en medio del aire, y encerrando a varios de los trabajadores, inmovilizándolos sin causarles heridas notables.

Su hermana, en cambio, temblaba por el frío que sentía, cada vez más cerca, las náuseas crecientes, nadando con cada vez menos fuerza.

Su mente la enfocó en otra cosa; reunió restos del lecho, los más grandes que encontró, y usó un par de cuerdas gruesas enterradas en el lodo.

De a poco, se fue formando lo que quería, con varias vueltas, atravesando dos varillas de hierro en transversal, hasta que estuvo listo.

Pasaron en total varios minutos, y aunque algunos siguieron de pie en la orilla, todavía perplejos por lo que acabó de pasar, ayudando a sus compañeros atrapados por una fuerza invisible, vieron una forma emerger rompiendo la espuma.

Una balsa improvisada, hecha con pedazos de troncos rotos, comenzó a montar la riada brava.

Ya los que la observaron alejándose del predio del astillero no lo pudieron creer; nunca habían tenido algo así de asombroso, de extraño, tan cerca de ellos, y eso se notó en sus rostros confundidos.

Ja-yoon, jadeando, tiritando, se enfocó en la sincronía, en el aura de su hermana; la sintió cerca.

Al mismo tiempo, Ark-1 sintió un hormigueo en la nuca y los hombros, que le indicó, sin dirección, ni palabras esta vez, hacia dónde debía nadar.

Los palos rasparon su cuerpo, los pedazos de basura se pegaron a su piel, o la cortaron en partes; no quedaba ya mucho tiempo para resistir, y emergió su cabeza, viendo río abajo los maderos, y la figura femenina de rodillas sobre ellos.

Esta la percibió, y levantó su brazo.

La muchacha pálida, sucia de lodo, nadó prontamente a la balsa, y se subió arrastrándose con ambos brazos, y el abrigo empapado.

Rodó un par de veces, mirando al cielo claro con un rostro cansado, que pronto se convirtió en una sonrisa de oreja a oreja, una calidez producida por el alivio propio y ajeno.

Tomó poco más, hasta que el Crocodile golpease con su mano bajo la balsa, nadando vertiginosamente antes de emerger, y subir con el brazo doblado a un lado, restos plásticos sobre su cuerpo, con la respiración pesada: — ¡¿No era mejor idea cruzar el río y seguirlo?!

Como si no fuese un enemigo, sino alguien conocido de toda la vida, Ark-1 se sentó para verlo aun sonriendo.

Ja-yoon le puso una cara antipática, de labios entreabiertos, antes de responderle mientras se subió, despojándose de la suciedad: — Era mi idea.

Primero me desharía de los testigos.

Luego levantaría restos para cruzar.

Miró a su melliza: — Pero como viste, mi hermana no estuvo de acuerdo.

Pasaron prontamente, sin que hubiese un alma más que ellos en medio de los grandes árboles a ambos márgenes, conforme el cauce fue volviéndose más verdoso, más estrecho.

El sol se elevó cada vez más, mientras llegaron a la desembocadura, que a pesar de su relativa calma, fue muy sonora por las cada vez más presentes piedras que salían del agua.

En un punto, la balsa fue golpeando de lado y lado los salientes, dando un brinco brusco antes de deslizarse en pendiente a más rocas.

Callejón sin salida.

Los tres saltarían, y de inmediato su transporte se estrelló, reventando en pedazos.

Se percibieron entre sí, mirándose a la distancia, antes de cruzar el río principal, tan bajo que les fue muy fácil cruzar las partes emergidas del lecho hasta el otro lado.

Caminaron por la orilla, subiendo el promontorio cubierto de pasto rápidamente, agachados, pues sintieron presencias humanas muy cerca.

El tipo observó con cuidado; ningún guardia, nadie sospechoso, solamente familias, turistas en vestimentas de acampar y sandalias, que bajaran de sus autos, reuniéndose y saludándose con efusividad.

Ja-yoon y él se miraron, asintiendo con sonrisas.

Ark-1 los vio a ambos, con expresión preocupada.

La joven hizo flotar una recipiente aislante por el aire, sobresaltando a la gente.

Esto lo aprovechó el sujeto para saltar sobre el parqueadero y rugir con todas sus fuerzas frente a todos.

Entraron en pánico, y salieron corriendo, dejando atrás sus pertenencias y también sus billeteras.

— ¡Mutante!¡Huyan!

— ¡Ayuda, me va a comer!

Se rio escuchando los chillidos de niños tomando su prudencial distancia junto a sus padres, y lo primero que hizo fue abrir una cajuela, desprendiéndola por exceso de fuerza.

Ja-yoon estuvo detrás de él en un santiamén, y buscó algo qué ponerse tras abrir las maletas sin tocarlas; Ark-1 se acercó poco a poco, con una cara infantilmente consternada, señalando a los que habían corrido.

Su hermana solamente dijo, tendiéndole una camisa hawaiana sin verla: — Esto te quedará bien.

— ¿No crees que llamamos demasiado la atención?

— Que nos busquen, pero esto no es Corea.

— ¿Y eso qué significa?

— Ya lo verás.

—y dijo al otro— Oye, este auto ya no sirve.

Quizá ese.

El hombre se dirigió al auto de al lado, un tipo jeep verde de tres filas, manual por lo que pudo ver por la ventana: — Perfecto.

Rompió el cristal de un codazo, y arrancó la alarma bajo el volante, tirándola lejos.

Se subió tras bajar el seguro con una garra, seguido rápido por las hermanas, Ja-yoon delante, Ark-1 detrás, ya con sus nuevos atuendos de verano decembrino.

El sol estuvo por alcanzar su cénit, y así es que se fueron de aquel lugar tomando la autopista.

Cruzaron un primer puente, mientras la muchacha pálida observó con intriga una gran extensión de terreno pelado, con piezas rectangulares de cemento, todas en pilas repartidas de manera uniforme.

Luego giraron a izquierda, y los terrenos dieron lugar a vías amplísimas, por donde pasaban trenes bala cual borrones de velocidad, en intervalos de tiempo iguales; no les quitó la vista de encima hasta pasar por debajo y dejarlas atrás.

Cruzaron otro puente, a continuación de este unas instalaciones con silos blancos: — Es una refinería de combustible —dijo el tipo— ¿Por qué estás boquiabierta?

¿Nunca has visto una?

Ella no le hizo caso, así que él siguió manejando por la nueva avenida, ya más concurrida.

En su mayor parte, el tránsito estuvo conformado por motocicletas, y tricimotos, cambiando carriles sin ninguna clase de control.

Entendió lo que Ja-yoon quiso decir, y justo fue ella quien dijo: — Bienvenida a Da Nang, Vietnam, hermana.

Cruzarían un puente mucho más largo que los otros más adelante, y en la luz del sol, se podía ver toda la urbe de edificios grisáceos, bullicio, y sobre todas las cosas, los fugaces olores de la comida.

Y cuan si fuese señal del destino, fue esta vez el estómago de Ja-yoon el que rugió con furia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo