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This Is Not On Paranormal - Capítulo 11

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11: THIS IS NOT ON PARANORMAL 11: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 11: Estallidos de Sangre y el Frío del Rey  I.

El Sello Roto Kiri permanecía perplejo, con la mirada clavada en su hermano menor.

La revelación de que Kin veía espíritus desde su nacimiento sacudió los cimientos de lo que creía saber sobre su familia.

—Hoissuru, examínalo.

Necesito saber qué hay dentro de él —ordenó Kiri con urgencia.

El yōkai de sombras emergió de la espalda de Kiri, sus ojos amarillos recorriendo el cuerpo de Kin.

—Interesante…

—siseó Hoissuru—.

Tiene una presencia poderosa, pero está bloqueada por un sello antiguo y complejo.

Sin esperar permiso, Hoissuru extendió sus sombras y, con un movimiento brusco, desgarró el sello invisible.

Al instante, una energía caótica brotó de Kin.

El espíritu interior, enfurecido por años de cautiverio, intentó devorar la conciencia del chico.

Kin cayó de rodillas, sujetándose la cabeza mientras sus venas se marcaban de un color ceniza.

Kiri se transformó en un parpadeo, invocando su guadaña y apuntando el filo hacia su propio hermano.

Hiroshi y Hana retrocedieron, aterrados por la frialdad en los ojos de Kiri.

—¡Escúchame bien, Kin!

—rugió Kiri con una voz gélida—.

¡No te dejes consumir por el espíritu!

Si pierdes el control y te conviertes en un monstruo, yo mismo te mataré aquí mismo.

¡Domínalo!

Kin, con el rostro desencajado por el dolor inmenso, soltó un grito desgarrador que sacudió el almacén.

En un estallido de voluntad, la energía se estabilizó.

Un espíritu de aspecto robusto y mirada flamígera apareció flotando a su lado.

La máscara de Kin se formó: una pieza de porcelana con una expresión de furia absoluta.

Agotado por el esfuerzo, Kin se desplomó inconsciente.

II.

Ikari y el Entrenamiento de los Omoisetsu Tras llevar a Kin a casa para que descansara, Kiri esperó a que despertara para dejar las cosas claras: a partir de ahora, el entrenamiento sería su única prioridad.

A la mañana siguiente, el grupo se reunió en el almacén.

Kin, ahora como un nuevo híbrido, intentaba desesperadamente encontrar su lugar.

Primero intentó recrear armas como Hiroshi, pero solo obtuvo chispas inútiles.

Luego trató de invocar tentáculos como Hana, y después sombras como Kiri, pero nada funcionaba.

La frustración crecía en su pecho hasta que, en un arrebato de ira, alzó su mano hacia una pila de escombros.

—¡Basta!

—gritó Kin.

De su palma surgió un estallido de energía espiritual masivo que pulverizó el concreto.

El espíritu a su lado soltó una carcajada ronca y finalmente se presentó: —Soy Ikari, el Demonio de las Bombas.

Prepárate, mocoso, porque vamos a hacer volar este mundo.

Con Ikari unido oficialmente al equipo, la misión de encontrar la Fruta Dorada del Demonio parecía más posible, pero el enemigo no iba a darles tregua.

III.

El Cuarto Esclavo: Samui Esa misma noche, Kiri salió al balcón de su habitación, intentando contactar a la Vigilante mediante su energía espiritual.

Necesitaba aliados, pero en su lugar, el aire se volvió tan frío que su aliento se cristalizó.

—¿Buscabas a alguien?

—Una voz tenebrosa resonó desde la oscuridad del jardín.

Un espíritu de piel azulada y ojos rojos como la nieve emergió de la escarcha.

Se presentó como Samui, el Demonio del Hielo, el cuarto esclavo enviado por el Rey Demonio.

—Vengo por la Fuente de Poder.

Entréguense y su muerte será indolora.

Kiri, temiendo por sus padres dentro de la casa, se lanzó contra Samui, arrastrándolo lejos de la propiedad hacia una zona industrial desierta.

Se transformó por completo, activando sus sombras y la Pantalla de Niebla de Sumoggu para confundir al enemigo.

La guadaña de Kiri brillaba en la oscuridad mientras lanzaba cortes rápidos, logrando seguirle el paso al demonio.

Sin embargo, Samui golpeó el suelo con su palma, desatando una onda de congelación absoluta que atrapó las piernas de Kiri en hielo sólido.

—Fin del juego, segador —dijo Samui, alzando una lanza de hielo para atravesar el pecho de Kiri.

Justo antes del impacto, una explosión ensordecedora rompió el hielo.

Kin apareció entre el humo, con su máscara enojada brillando y sus manos cargadas de energía inestable.

—¡Aléjate de mi hermano!

—bramó Kin.

Los hermanos Omoisetsu, uno dominando la niebla y las sombras, y el otro los estallidos destructivos, se colocaron espalda con espalda, listos para lanzar un ataque combinado contra el esclavo del hielo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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