This Is Not On Paranormal - Capítulo 12
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12: THIS IS NOT ON PARANORMAL 12: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 12: La Tierra Espiritual y la Promesa de Kiri I.
El Hielo y la Sangre Kiri y Kin se movieron como uno solo, coordinando sus ataques para acorralar a Samui.
Kiri activó su Posesión de Armas, haciendo que su guadaña se moviera con voluntad propia, rozando el cuello del demonio del hielo.
Sin embargo, en un parpadeo, Samui congeló el aire alrededor del arma, atrapando a Kiri en un bloque de escarcha sólida.
—¡Hermano!
—gritó Kin, concentrando toda su energía en sus palmas.
Lanzó una serie de Estallidos Destructivos que impactaron directamente contra el hielo, rompiéndolo y liberando a Kiri justo antes de que Samui pudiera contraatacar.
El demonio, furioso al verse presionado por dos humanos, comenzó a liberar una energía gélida y oscura, preparándose para entrar en su forma siniestra.
II.
El Descenso de Kuchiku-kan De repente, la energía espiritual en el lugar cambió de manera drástica.
El aire se volvió pesado, casi imposible de respirar.
Un portal de sombras se abrió y de él emergió una figura que nadie esperaba.
No era un monstruo deforme, sino un joven que aparentaba unos 16 años, de cabello blanco inmaculado y vestido con un traje formal impecable.
—¿Por qué tardas tanto, Samui?
—preguntó el joven con una voz calmada que escondía una maldad infinita.
Era Kuchiku-kan, el Rey Demonio.
—No se preocupe, señor…
en un momento lograré derrotarlos —respondió Samui, arrodillándose aterrado.
Kuchiku-kan suspiró, aburrido.
—Ya tuve suficiente de esperarte.
El Rey Demonio se movió a una velocidad que los ojos humanos no podían seguir.
Kiri y Kin fueron acorralados al instante; cada movimiento de Kuchiku-kan era preciso y devastador.
Justo cuando estaban a punto de caer de rodillas por el agotamiento, la Vigilante apareció de entre las sombras junto a Hana e Hiroshi.
III.
La Caída del Grupo —¡Ataquen todos a la vez!
—ordenó la Vigilante.
A pesar de los esfuerzos combinados de los cinco, apenas lograban seguirle el ritmo a un Kuchiku-kan que ni siquiera parecía esforzarse.
Finalmente, el Rey Demonio decidió terminar el juego.
Con un gesto de su mano, desató una ráfaga de cortes invisibles que atravesaron el cuerpo de Kiri, dejándolo cubierto de heridas profundas y sin poder moverse.
—Ahora, voy a llevármelo —sentenció Kuchiku-kan acercándose al cuerpo ensangrentado de Kiri.
Hana, impulsada por la desesperación, se lanzó frente a él para protegerlo.
El Rey Demonio se detuvo, mirándola con curiosidad.
—Cambié de opinión —dijo con una sonrisa gélida—.
Me llevaré a la chica.
Servirá para mis propósitos.
Kiri intentó gritar, intentó arrastrarse, pero sus músculos no respondían.
Observó con horror cómo Kuchiku-kan sujetaba a Hana, quien forcejeaba inútilmente.
Hiroshi se desmayó por el impacto espiritual, Kin yacía herido y la Vigilante quedó atrapada en un bloque de hielo eterno creado por un simple gesto del Rey.
IV.
Una Promesa entre Lágrimas —Volveré por ustedes cuando sea el momento —dijo Kuchiku-kan con indiferencia.
Un portal hacia la Tierra Espiritual se abrió detrás de él.
Hana gritó el nombre de Kiri una última vez antes de ser arrastrada a través de la brecha.
El portal se cerró, dejando el lugar en un silencio sepulcral.
Kiri, con el corazón destrozado, empezó a llorar.
La impotencia de no haber podido salvar a la persona que más lo había apoyado lo consumía.
Sin embargo, el poder curativo de Sumoggu comenzó a actuar lentamente en su interior.
En cuanto recuperó un mínimo de movilidad, Kiri se arrastró hacia sus compañeros.
La Vigilante ya se había ido, logrando liberarse por su cuenta, pero Hiroshi y Kin seguían graves.
Kiri utilizó los restos de su energía para curar las heridas de ambos.
Llevó a Hiroshi a su casa y ayudó a Kin a llegar a su cuarto, ocultando el rastro de la batalla.
V.
Despertar en la Oscuridad Mientras tanto, en la dimensión de los demonios, Hana abrió los ojos.
Se encontró en una habitación lúgubre, encadenada a una pared de piedra fría que drenaba su energía.
—Ya despertaste —dijo una voz desde las sombras.
Kuchiku-kan estaba allí, observándola desde un trono de hueso—.
Estamos en la Tierra Espiritual.
Aquí, nadie vendrá a ayudarte.
Hana apretó los dientes, manteniendo la imagen de Kiri en su mente.
A kilómetros de distancia, en el mundo humano, Kiri miraba hacia la luna con una determinación nueva y feroz.
—Te salvaré, Hana —susurró Kiri, mientras su aura de sombra y niebla estallaba a su alrededor—.
No dejaré que ese monstruo te ponga una mano encima.
Iré a la Tierra Espiritual y la destruiré si es necesario.
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