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This Is Not On Paranormal - Capítulo 2

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2: THIS IS NOT ON PARANORMAL 2: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 2: El Silbido y el Lamento Kiri abrió los ojos.

Estaba de vuelta en su pequeño cuarto.

Su costado dolía, no por la herida—que ahora era solo una cicatriz oscura y tirante—sino por la nueva energía que corría por sus venas.

Hoissuru flotaba sobre su escritorio, su forma de sombra enigmática y elegante, inspeccionando un manga con total desinterés.

“Felicidades, chico.

No moriste,” siseó Hoissuru con un tono burlón y carismático.

“Ahora a lo que importa.

Debes aprender a usar tu poder para conseguir la Fruta Dorada del Demonio, que es mi pasaje a donde quiero ir.

Yo te guiaré.

Tu cuerpo es el motor, yo soy el mapa.” Kiri escuchó las explicaciones de Hoissuru sobre la Tierra Espiritual y la necesidad de usar la máscara para canalizar las sombras.

El Yōkai era un maestro pragmático y exigente.

La lección se interrumpió abruptamente.

Hoissuru giró su cabeza de sombra hacia la ventana.

“Lo siento, la teoría se acabó.

El mapa detecta una señal fuerte,” dijo Hoissuru.

“Un espíritu notable.

Vamos.” Kiri siguió a la sombra hasta un almacén abandonado a las afueras de la ciudad.

El aire vibraba con una presencia intensa.

Hoissuru indicó a Kiri que se preparara.

“Para canalizar el poder, debes realizar el ritual del pacto de forma consciente.

Es un ancla emocional.

Debes silbar y ponerte la mano sobre la cara,” instruyó Hoissuru.

Kiri tomó aire.

El silbido salió tembloroso al principio, pero ganó intensidad.

Al presionar la mano contra su rostro, sintió que la piel se enfriaba y se endurecía.

La sombra de Hoissuru se enrolló alrededor de su cabeza.

El cabello de Kiri se volvió gris con vetas rojas, y en su cara se formó una máscara con cara sonriente.

La fuerza lo inundó.

“Esa aura…

es penetrante,” siseó Hoissuru, su voz ahora amplificada por la máscara.

“Solo los espíritus que están intensamente apegados a un familiar o aquellos de altísimo rango emiten esa energía.

No es un esclavo cualquiera.

¡Ataque!” Kiri cargó.

El ser que enfrentaban era una masa llorosa de energía, con un aura de dolor tan intenso que dolía respirar.

Kiri intentó invocar las sombras, pero su inexperiencia lo hacía torpe.

Sus ataques eran lentos e ineficaces; el ser lo esquivaba con movimientos basados en el lamento.

“¡Idiota!

¡No luches como un humano!

¡Tu poder es una herramienta!” gritó Hoissuru.

“¡Muerde un dedo y agarra cualquier cosa!” Desesperado, Kiri mordió su pulgar hasta sentir un pinchazo y tomó un oxidado tubo de metal que yacía cerca.

La energía oscura fluyó desde el dedo mordido, cubriendo el tubo.

En un instante, el tubo se transformó en una larga y reluciente guadaña negra, perfectamente afilada y lista para el combate.

Este era el poder de Posesión de Armas.

Con la guadaña en mano, la batalla cambió.

Kiri encontró un ritmo brutal y logró cortar la densa energía llorosa.

El golpe final no desintegró al espíritu.

En su lugar, la forma de lamento se disipó, colapsando sobre el suelo y revelando un cuerpo humano: Hana, la chica de pelo rubio y ojos rosados que había salvado en el callejón.

Kiri se des-transformó, volviendo a su forma normal, la máscara disolviéndose en el aire.

Hana despertó, confusa y visiblemente asustada.

Ella notó la figura de Kiri y la guadaña desvanecida.

Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos rosados.

Con voz temblorosa, se presentó y reveló la verdad que Kiri no podía imaginar.

Ella era Hana, y el espíritu que Kiri había cortado era su madre.

Hana era una chica que, en circunstancias normales, era tímida pero excepcionalmente buena para hacer amigos, una persona con un futuro prometedor.

Pero su vida se había roto.

Su madre, a los pocos días de su nacimiento, había sido diagnosticada con cáncer de pulmón muy avanzado.

Los médicos le dieron un pronóstico de apenas tres meses de vida.

La madre, incapaz de dejar a su hija, no pudo descansar en paz lo que la convirtió en el espíritu que Kiri acababa de derrotar—un espíritu de lamento conocido como Nakimushi.

La madre de Hana había perdido el control debido al dolor de su forma espiritual, atacando inconscientemente.

Hana explicó que la derrota de su madre le había devuelto el control de sí misma, aunque solo temporalmente.

Las lágrimas se hicieron torrenciales al contar la historia.

Kiri, viendo la inmensidad de la tragedia de Hana, y recordando su propia soledad, sintió una punzada de empatía.

Kiri se acercó a Hana y, por primera vez desde su pacto, no pensó en la Fruta Dorada.

Él simplemente la consoló, permitiéndole llorar sobre su hombro.

Hoissuru, por una vez, guardó silencio, observando el surgimiento de una alianza inesperada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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