This Is Not On Paranormal - Capítulo 25
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Capítulo 25: THIS IS NOT ON PARANORMAL
Volumen 1, Capítulo 25: El Velo de los Omoisetsu
I. El Despertar entre Cenizas
El silencio que siguió al derrumbe del castillo era sepulcral, solo roto por el sonido de los escombros asentándose. Hana, al ver a Kiri emerger de las sombras, sintió que el aire volvía a sus pulmones. Sin importarle su propio agotamiento, corrió hacia él y lo rodeó con un abrazo desesperado, hundiendo su rostro en su pecho.
—¡Qué bueno que estás bien! —sollozó ella, aferrándose como si temiera que él fuera a desvanecerse de nuevo.
Kiri intentó responder, pero su cuerpo finalmente se rindió. El uso excesivo de energía espiritual para sostener el castillo y activar la Fukitsuna Kage lo había dejado vacío. Sus ojos se cerraron y cayó en un sueño profundo mientras sus amigos esperaban, impotentes, pues ninguno tenía la fuerza necesaria para abrir un portal de regreso.
II. Hermanos de Sombra y Luz
Cuando Kiri abrió los ojos, no estaba en un callejón ni en un campo de batalla. Estaba bajo el cielo grisáceo de la Tierra Espiritual, con Hikari (la Vigilante) observándolo en silencio.
—¿Por qué me llamaste hermana? —preguntó ella con una voz temblorosa—. Mis hermanos piensan que morí hace años. —Eso pensábamos todos… pero ahora sé que estás viva —respondió Kiri con dificultad, sentándose—. No hay duda. Eres tú.
Hikari retrocedió un paso, sus ojos llenándose de lágrimas mientras la realidad la golpeaba. —A menos que tú… ¿tú eres Kiri? Mi pequeño hermano…
La máscara de frialdad de la Vigilante se rompió por completo. Hikari se lanzó a sus brazos llorando amargamente, recuperando en un segundo los años de soledad y lucha silenciosa. Kiri también lloró; el peso de haber recuperado a alguien que creía perdido era mayor que cualquier herida de batalla.
III. El Regreso a Casa
Kiri forzó su energía una última vez para abrir el portal hacia el mundo humano. Al cruzar, Hikari intentó soltarse y escapar de nuevo hacia las sombras, temiendo enfrentar el pasado, pero Kiri no se lo permitió. La tomó con firmeza del brazo y la arrastró consigo. Tras despedirse de una Hana conmovida y de un Hiroshi exhausto, Kiri llevó a su hermana hasta la puerta de su casa.
Al entrar, Kiri llamó a sus padres. Kenji e Himari Omoisetsu estaban en la sala, con la mirada perdida en el televisor, cargando con la tristeza de años. Al ver a Kiri entrar con aquella chica de mirada afilada y rostro familiar, el mundo se detuvo para ellos. Sus padres rompieron en llanto instantáneamente al reconocer a su hija.
Sin embargo, Hikari se mantuvo rígida, con una frialdad que cortaba el ambiente. —Ni se molesten en llorar —dijo ella con amargura—. Ustedes siempre supieron que estaba viva. Sabían perfectamente que éramos híbridos de nacimiento.
Un silencio pesado cayó sobre la sala hasta que su madre, Himari, secó sus lágrimas y suspiró. —Vaya… te diste cuenta —dijo con una voz que ya no era la de una madre ordinaria, sino la de una guerrera del clan.
IV. El Secreto del Clan Omoisetsu
De las sombras de sus padres surgieron dos presencias imponentes: Tenshi (el ángel que una vez salvó a Himari) y Kurai, una manifestación oscura que latía con una energía similar a la de Hoissuru.
Kenji y Himari explicaron la verdad oculta: ellos pertenecen al Clan Omoisetsu, el clan de los Híbridos más poderoso. Cuando Kiri era muy pequeño, sus poderes despertaron de forma prematura. Su espíritu de nacimiento, Sumoggu, era una entidad de pura maldad que intentó devorar la consciencia de Kiri para tomar el control total de su cuerpo.
Para salvarlo y evitar que sus otros hijos corrieran la misma suerte, Kenji e Himari colocaron sellos espirituales en todos ellos, borrando sus recuerdos del mundo espiritual y bloqueando sus habilidades. Por eso Kiri no supo de la existencia de espíritus hasta que Hoissuru, buscando un anfitrión, lo encontró en el callejón. El encuentro con Hoissuru rompió el sello de Sumoggu, pero gracias al pacto y al entrenamiento de Kiri, este logró controlar a la bestia.
—Todo lo que pasó… el incidente de Neirugan, el callejón… todo estaba destinado a que reclamaras tu herencia —dijo Kenji con solemnidad.
V. La Venganza se Cocina en el Hierro
Mientras tanto, en lo más profundo de un búnker oculto en la Tierra Espiritual, la luz de los monitores parpadeaba. Kuchiku-kan yacía dentro de una cápsula de recuperación avanzada. Su cuerpo, aunque mutilado y quemado por el ataque de Kiri, estaba siendo reconstruido por máquinas del Clan Tero.
Sus ojos se abrieron dentro del fluido vital, brillando con un odio purpúreo. —Creen que esto ha terminado… —pensó, mientras el sonido de su respiración artificial llenaba el búnker—. Pero ahora conozco tu linaje, Kiri Omoisetsu. Cuando salga de aquí, no solo te mataré a ti… borraré a todo tu clan de la existencia.
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