This Is Not On Paranormal - Capítulo 27
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Capítulo 27: THIS IS NOT ON PARANORMAL
Volumen 1, Capítulo 27: Dulces, Sombras y un Hilo Carmesí
I. El Valor del Heredero
Tras el impacto de la pregunta, el silencio en el callejón se volvió eterno. Kiri, el chico que podía enfrentar demonios sin pestañear, estaba completamente desarmado. Tartamudeó, balbuceó sonidos sin sentido y cambió de color tres veces hasta que, apretando los puños, logró soltar un “sí” casi inaudible.
El resto de la semana fue una tortura de anticipación. Ambos pasaron las clases flotando en una nube, y al sonar el timbre, salían disparados a sus casas para planificar por mensaje. Finalmente, el destino estaba sellado: Sábado, 2:00 PM, en el parque central.
II. La Jungla de Kin y el Peaje de Himari
El viernes por la noche, Kiri estaba en su habitación ensayando frente al espejo cuando la puerta se abrió. Su madre, Himari Omoisetsu, entró con una sonrisa que Kiri conocía bien: la sonrisa de quien ha detectado un secreto.
—¿Te estás preparando tanto para una simple salida, o es que tienes una cita, Kiri? —preguntó ella, apoyada en el marco de la puerta. Kiri intentó negarlo, pero su rostro lo delató. —Si quieres ir, tendrás que pagar el peaje —sentenció Himari—. Tienes que lavar todos los platos y, lo más difícil, recoger el cuarto de Kin.
Kiri palideció. El cuarto de su hermano menor no era una habitación, era una selva de ropa sucia, envoltorios de comida y caos espiritual. Sin más opción, pasó horas luchando contra la “jungla” de Kin solo para ganarse el derecho de ver a Hana.
III. Preparativos y Emboscadas Familiares
El sábado por la mañana, la tensión se sentía en ambos hogares. Hiroshi miraba a Hana con sospecha, notando que su hermana actuaba de forma extrañamente meticulosa con su ropa, mientras ella finalmente lograba comprar el escurridizo peluche de gato. Kiri, por su parte, consiguió un ramo de rosas y dulces, el equilibrio perfecto entre lo que a Hana le gustaba.
A la hora acordada, Hana decidió ir a buscar a Kiri. En la casa Omoisetsu, Kiri escuchó el timbre y le gritó a Kin que abriera, pero Kin había sido “secuestrado” por su madre. Himari, planeando divertirse un poco, abrió la puerta con una amabilidad exagerada.
—Buenas tardes, ¿se encuentra Kiri? —preguntó Hana, algo intimidada. —Se está preparando. Pasa, querida, puedes esperarlo adentro —respondió Himari con una voz que prometía problemas.
Cuando Kiri bajó las escaleras y vio a Hana sentada junto a su madre, un terror más profundo que el que sintió ante Kuchiku-kan recorrió su espalda. —¿Qué haces tú aquí? Le pedí a Kin que abriera… —balbuceó Kiri. —Kin estaba “ocupado”, así que me pidió el favor —mintió Himari con una sonrisa radiante.
Tras un interrogatorio incómodo donde Himari descubrió que se conocían desde hace dos años, Kiri logró arrastrar a Hana hacia la salida, no sin antes recibir un fuerte jalón de orejas de su madre y una advertencia susurrada: “Ni se te ocurra hacer una estupidez”.
IV. Helados y Regalos Sincronizados
La cita en el parque comenzó con una timidez encantadora. Sentados en una banca, Hana miraba de reojo un puesto de helados. Kiri, aprendiendo a leer sus gestos, se levantó sin decir palabra y regresó con dos barquillos. Hana se sonrojó al recibirlo, disfrutando del momento más tranquilo que habían tenido en meses.
De regreso a casa, los regalos hicieron su aparición. Hana silbó suavemente y Hikari, que vigilaba desde la azotea de un edificio cercano como una cómplice silenciosa, dejó caer el peluche de gato usando una sombra. Casi al mismo tiempo, Kiri materializó desde su propia oscuridad el ramo de rosas y los dulces. El intercambio fue perfecto, dejando a ambos con el corazón latiendo a mil por hora.
V. La Intervención de los Espíritus y el Hilo del Destino
Cerca de sus casas, la atmósfera se volvió densa. Hoissuru y Nakimushi, aburridos de la lentitud de sus portadores, decidieron tomar cartas en el asunto. Tomando el control parcial de sus cuerpos, obligaron a Kiri y Hana a entrelazar sus manos con fuerza.
Sus rostros se pusieron rojos como tomates. No eran ellos quienes se movían, pero sus corazones respondían. Nakimushi inclinó la cabeza de Hana hacia adelante, mientras Hoissuru empujaba a Kiri. Estaban a milímetros, sus respiraciones se cruzaban y el primer beso era inminente… cuando el aire se volvió gélido.
Un espíritu de apariencia delgada y dedos largos como agujas emergió de la nada, bloqueando el camino. De sus manos colgaban hilos plateados que vibraban con una energía asesina.
—Hola… ¿cómo se encuentran? —dijo el ser con una reverencia burlona—. Me llamo Sureddo, el Demonio de los Hilos. Vengo en nombre del Rey Kuchiku-kan.
Kiri reaccionó en una fracción de segundo, transformándose y poniéndose frente a Hana. Sabía que ella aún no recuperaba sus poderes, y esta vez, la cita se había convertido oficialmente en una zona de guerra.
Volumen 1, Capítulo 28: El Llanto de la Máscara Rota
I. El Arma de la Desesperación
En una fracción de segundo, el parque dejó de ser un lugar de encuentro para convertirse en una zona de sacrificio. Kiri, viendo que los hilos de Sureddo buscaban el cuello de Hana, expandió sus sombras creando un capullo impenetrable alrededor de ella.
—¡No dejaré que la toques! —rugió Kiri.
Sus ojos buscaron frenéticamente una ventaja en el terreno. Vio una rama caída cerca del demonio, con una forma inusual. Al tocarla, su energía espiritual la moldeó violentamente. La madera crujió y se fundió en metal rojo y negro, transformándose en una pistola láser de alta tecnología espiritual.
—Es tu fin —sentenció Kiri con una sonrisa de confianza maníaca.
Kiri abrió fuego. El Red Shadow Laser iluminó el parque con disparos carmesí, pero Sureddo no era un oponente ordinario. Se movía como una araña, usando sus hilos plateados no solo para desplazarse, sino como cuchillas que cortaban el aire. Uno de los hilos pasó como un rayo, rebanando la mitad del brazo de Kiri.
II. El Límite de la Sombra
La sangre salpicó el asfalto, pero las habilidades de Sumoggu actuaron de inmediato, sellando la herida y regenerando el tejido en segundos. —Habitación de las Sombras —susurró Kiri, sumergiendo el área en una oscuridad total para anular la visión del demonio.
Sin embargo, Sureddo tejió una red invisible en la oscuridad. Sus hilos eran tan delgados que Kiri no los vio venir. Un ataque en forma de “X” le desgarró el abdomen, y antes de que pudiera contraatacar, un hilo maestro le arrebató el brazo por completo. Kiri intentó curarse, pero escuchó la voz de Sumoggu en su mente: “Mi energía está al límite, Kiri… ya no puedo reconstruirte más”.
Solo quedaba el aura de Hoissuru. Kiri, jadeando y empapado en su propia sangre, disparó ráfagas láser en todas direcciones, pero su cuerpo finalmente colapsó. La Habitación de las Sombras se desvaneció, dejando ver a un Kiri destrozado, sin un brazo y con la ropa hecha jirones.
III. El Despertar de la Ira Purpúrea
Desde el interior del capullo, Hana vio a través de las grietas cómo el chico que la había protegido toda su vida caía al suelo como una marioneta rota. El odio que sentía por los demonios, ese trauma alimentado por Kuchiku-kan, estalló en su pecho.
Hana forzó su transformación con un grito que desgarró el aire. La máscara de espíritu intentó formarse una y otra vez, pero la falta de energía espiritual la hizo estallar, dejando solo una máscara rota que cubría la mitad de su rostro, dándole un aspecto aterrador y maníaco.
En su mano, la Katana de Filo Púrpura volvió a la existencia, vibrando con una sed de sangre insaciable. Sureddo retrocedió, sintiendo una esencia espiritual que lo hacía temblar. Sabía que si huía al búnker del Rey con las manos vacías, sería destruido, pero lo que tenía frente a él era mucho peor.
IV. Cuts of Purple Tears
Hana se movió con una velocidad que el ojo humano no podía seguir. Antes de que Sureddo pudiera levantar sus hilos, la katana ya había cercenado la mano del demonio. Hana no mostraba piedad; su sonrisa era la de alguien que ya no tiene nada que perder.
Una energía púrpura intensa comenzó a brotar de la hoja, como si la espada estuviera llorando luz. —Cuts of Purple Tears (Cortes de Lágrimas Púrpuras) —sentenció Hana.
Lanzó una serie de tajos de energía purpúrea que cruzaron el espacio, prometiendo no solo cortar el cuerpo de Sureddo, sino desintegrar su esencia espiritual por completo. El demonio de los hilos quedó atrapado en su propia red de terror mientras los cortes se cerraban sobre él.
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