This Is Not On Paranormal - Capítulo 31
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Capítulo 31: THIS IS NOT ON PARANORMAL
Volumen 1, Capítulo 31: El Parásito de la DesesperaciónI. La Verdad Detrás del Espejo
Kiri estaba sentado en el borde de su cama, con la cabeza entre las manos. La imagen de la calavera de hueso seguía grabada en su mente. ¿Era Sumoggu solo un espíritu de nacimiento? De repente, el aire se volvió pesado y una masa de sombras viscosas emergió de su espalda, tomando una forma vagamente humana pero carente de rostro.
—¿De verdad quieres saber qué soy? —la voz de Sumoggu resonó directamente en su cerebro, distorsionada y burlona.
Kiri asintió con firmeza. Antes de que pudiera parpadear, el entorno de su habitación se disolvió.
II. Ren: El Origen del Hambre
Kiri despertó en una playa infinita, bajo un cielo de un color naranja irreal. A su lado, sentado en la arena, había un chico que aparentaba su misma edad. Tenía una expresión melancólica y vestía ropas sencillas.
—Mi nombre era Ren —dijo el chico sin mirarlo—. Solía ser un humano, un alma que no pudo descansar en paz y vagó por el vacío hasta que te encontró.
Ren se puso de pie y señaló a Kiri con una sonrisa amarga. —Te explicaré por qué eres tan inestable, Kiri. Cuando naciste, eras un humano común. No tenías linaje, ni aura, ni poder. Yo te poseí en el momento en que respiraste por primera vez. Yo creé al “híbrido” que crees ser.
Kiri sintió un vacío en el estómago. Toda su identidad era una construcción basada en un parásito. —Pero ya no puedo dejarme domar —continuó Ren, mientras su rostro empezaba a agrietarse, revelando la oscuridad de Sumoggu—. Ahora yo te voy a controlar a ti.
III. El Primer Ataque
Kiri despertó de golpe en su habitación, sudando frío. Las últimas palabras de Sumoggu seguían retumbando en sus oídos como una sentencia de muerte:
“Voy a matar a todos tus seres queridos y me divertiré haciéndolo”.
Bajó a la cocina, con el pulso acelerado, buscando un vaso de agua para intentar procesar que su vida era una mentira. En ese momento, Kin entró saltando, con su energía habitual, directo a fastidiar a su hermano mayor con alguna broma pesada.
No hubo tiempo para advertencias. Antes de que Kiri pudiera reaccionar, su brazo se movió solo, imbuido de una energía negra violenta. Sumoggu tomó el control por un segundo y lanzó un ataque directo hacia el cuello de Kin. Kiri logró desviar el golpe en el último milisegundo, destrozando la encimera de la cocina en lugar de a su hermano.
Kin retrocedió, pálido y confundido. Kiri lo comprendió en ese instante: era una bomba de tiempo.
IV. El Exilio del Heredero
Sin decir una palabra, Kiri corrió a su cuarto. Con las manos temblorosas, metió ropa, zapatos y lo básico en una mochila. El pánico lo consumía; cada segundo que pasaba cerca de su familia era un riesgo de masacre.
Saltó por la ventana justo cuando Kin entraba a la habitación intentando detenerlo. —¡Kiri, espera! —gritó su hermano desde el marco de la ventana, pero Kiri ya corría por la calle, con las lágrimas nublándole la vista.
Pensó en Hana, en sus padres, en la vida que creía tener. Siguió corriendo hasta que las luces de la ciudad desaparecieron y los árboles del bosque lo rodearon. Sumoggu intentó tomar el control de sus piernas varias veces, haciéndolo tropezar.
Al llegar a lo más profundo del bosque, Kiri se detuvo. Sus ojos brillaron con un rojo inestable. —¡Habitación de las Sombras! —rugió.
La oscuridad se expandió, creando un domo absoluto. Dentro de su propia técnica, Kiri manifestó cadenas de sombra sólida que se enroscaron en sus brazos, piernas y torso, anclándolo a los árboles más antiguos. Estaba atrapado en su propia prisión, encadenado para evitar que el monstruo en su interior saliera a buscar la sangre de aquellos que amaba.
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