This Is Not On Paranormal - Capítulo 5
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5: THIS IS NOT ON PARANORMAL 5: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 5: El Despertar de la Sombra Rota I.
Caída y Consumo La sangre brotaba del brazo rebanado de Kiri, inundando la calle.
Hana, con la máscara de Lamento apenas formándose en su rostro, lanzó un grito de angustia que se materializó en un pulso de energía, desviando el siguiente arpón de Hantā , el Demonio de la Cacería.
Con sus tentáculos púrpuras, logró sujetar el cuerpo de Kiri para arrastrarlo.
—¡Muévete, Kiri!
¡Hoissuru, despierta a tu anfitrión!
—gritaba Hana, su voz filtrada por la máscara de Nakimushi.
Hoissuru, dentro de Kiri, permanecía silencioso, su presencia de sombra densa pero inerte.
Hantā y Neirugan , el Demonio de los Clavos, se movían con la brutal coordinación de quienes tienen una presa acorralada.
Las balas y arpones de Hantā llovían, obligando a Hana a usar sus tentáculos para defensa más que para movimiento.
La pierna de Hana, ya tensa por la huida, recibió un roce de un clavo de Neirugan.
El dolor la hizo tambalear.
El cansancio se apoderó de ella.
El poder de Nakimushi, alimentado por su angustia, exigía demasiado de su cuerpo.
Con un suspiro entrecortado, los tentáculos púrpuras se desvanecieron.
Kiri cayó pesadamente al suelo.
Hana se arrojó sobre él, usando su propio cuerpo para protegerlo de la próxima descarga de Hantā, sintiendo el impacto de los proyectiles contra su espalda.
El dolor en su pierna era ardiente.
Todo se acabó.
Los demonios se acercaban con sonrisas anticipadas, listos para reclamar la Fuente de Poder.
II.
La Risa del Vació Cuando la derrota era inminente, el cuerpo de Kiri empezó a convulsionarse contra el asfalto.
Sus ojos, fijos en el cielo nocturno, rodaron hacia atrás, volviéndose completamente blancos.
Una niebla mas densa y, mucho más oscura y fría que la sombra de Hoissuru, se liberó de sus entrañas.
Los demonios se detuvieron, desconcertados.
Entonces, Kiri se levantó.
No con el esfuerzo de un herido, sino con la sacudida de un título al que le han dado cuerda.
La mitad de su brazo derecho, rebanada por Neirugan, se alzó.
El tejido oscuro y sangrante se retorció, y en un instante, el brazo se regeneró por completo, sin cicatriz, solo una negrura absoluta.
Una carcajada seca, aguda y absolutamente psicópata, se escapó de sus labios.
La risa no era de Kiri, ni de Hoissuru; era una voz antigua y hambrienta.
Su máscara se reformó, pero estaba rota, con grietas que parecían venas rojas sangrantes que liberaban una energía roja corrosiva.
La Guadaña Posesión de Armas reapareció en su mano.
Kiri se lanzó.
No hubo estrategia ni entrenamiento, solo una furia primitiva.
La guadaña se movió en un patrón de muerte tan rápido que los demonios apenas pudieron registrarlo.
El Demonio de la Cacería, Hantā, que antes era una amenaza, fue cortado en dos, luego en cuatro, y en incontables pedazos antes de que su forma astral pudiera disiparse.
Todo ocurrió en menos de un minuto.
Neirugan, aterrado por el poder arrepentido y monstruoso, comprendió que estaban lidiando con algo mucho peor que la Fuente de Poder.
Se desvaneció en una ráfaga de clavos sombríos, huyendo.
Kiri, con la máscara rotando desvaneciéndose lentamente y la risa silenciosa, colapsó en el lugar.
III.
Un Despertar Vacío Kiri se despertó con el suave roce del pelo de Hana sobre su rostro.
Estaba recostado en su regazo, su cabeza apoyada sobre las piernas de la chica.
El aire olía a sangre, pero el silencio era absoluto.
—Kiri…
—susurró Hana, sus ojos rosados brillando con lágrimas contenidas.
Kiri se incorporó de golpe.
Llevó su mano a su costado y luego a su brazo.
El brazo derecho estaba completamente intacto, sin señal del corte brutal de Neirugan.
—Mi brazo…
¿Qué pasó?
—preguntó Kiri, con una profunda confusión.
Hana bajó la mirada, visiblemente preocupada.
—Tú…
te desmayaste por la sangre.
Y luego te levantaste.
Fue horrible, Kiri.
Estabas…
diferente.
La máscara se rompió y mataste a Hantā.
Neirugan huyó.
Estaba muy preocupada.
Kiri intentó concentrarse, pero el recuerdo de la pérdida de su brazo era el último que tenía claro.
—No recuerdo nada después de que…
perdió el brazo.
Absolutamente nada.
Intentó contactar a su compañero yōkai.
Hoissuru, ¿qué fue eso?
No hubo respuesta.
Hoissuru estaba inusualmente callado.
El yōkai de sombras estaba dormido, o inconsciente, incapaz de ofrecer respuestas o guía.
Hana, aliviada de que Kiri parecía bien, estar básicamente intacta también, probablemente gracias a la curación inconsciente de Nakimushi al fusionarse con el poder de Kiri.
Pero el peligro no había pasado.
Sabían que Neirugan estaba vivo y que el Rey Demonio no se daría por vencido.
En la distancia, sobre el tejado de un edificio abandonado, una figura observaba al dúo, sus ojos brillando con una luz dorada y antigua.
Había visto la transformación, la regeneración y el poder bruto.
La caza continuaba.
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