This Is Not On Paranormal - Capítulo 8
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8: THIS IS NOT ON PARANORMAL 8: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 8: Hikari y la Niebla de la Posesión I.
El Lamento de la Sombra Kiri estaba atrapado en el limbo de sus sueños.
Una bruma plateada rodeaba la escena, pero podía verla.
Una chica, con una sonrisa triste y ojos que compartían su melancolía, se alejaba de él.
—Kiri, te extraño, hermano —susurraba la chica, su voz era un eco distante.
Kiri intentó correr hacia ella, pero sus pies estaban pegados al suelo.
Gritó con desesperación: —¡Hermana, vuelve!
La figura de la chica se alejaba, como si una fuerza invisible la sujetara y la arrastrara hacia la oscuridad.
La tristeza se tornó en angustia en su rostro.
—¿Tú no me extrañas?
—preguntó la chica, y su voz sonó a lamento.
Kiri se despertó en su cama, con lágrimas hirviendo en sus ojos.
El dolor de la pérdida, avivado por el sueño, era insoportable.
Se levantó y se preparó para ir a la escuela, cubriendo la pesadez en su alma con silencio.
Hoissuru flotaba a su lado.
—Una chica en tus sueños.
Muy ruidosa, por cierto —comentó Hoissuru con su habitual tono desinteresado.
Kiri lo ignoró por completo, sin responder.
II.
La Intervención del Corazón De camino a la escuela, Kiri se encontró con Hana y Hiroshi, que seguía con su vigilancia protectora.
Hana saludó a Kiri con una sonrisa preocupada, pero él no respondió.
Hana le preguntó a Hoissuru por qué Kiri estaba tan callado.
Hoissuru, cansado de la melancolía del chico, decidió tomar cartas en el asunto.
—Es hora de forzar el movimiento, muchacho.
Kiri sintió un impulso brusco.
Su mano se levantó y tomó la de Hana, entrelazando sus dedos.
Kiri, tan absorto en su propio dolor, ni siquiera se percató de lo que había hecho.
Hana, sin molestarse, sonrió ante el gesto espontáneo.
Al llegar a la puerta del colegio, se detuvo, soltó su mano y le dio un beso suave en la mejilla.
Kiri se sobresaltó, reaccionando con sorpresa.
—¿P-por qué hiciste eso?
—Es que estabas muy distraído y callado —respondió Hana, con una sonrisa dulce.
Hiroshi, ya con ganas de romperle la cara a Kiri por la descarada interacción, se puso inmediatamente en medio de los dos.
El gesto de Hana rompió el bloqueo emocional de Kiri.
Miró a Hana, luego a Hiroshi, y la historia, guardada durante años, se derramó.
—Tenía una hermana.
Se llamaba Hikari —dijo Kiri, su voz tensa—.
Éramos muy unidos.
Explicó que la esperaba en casa después de clases, pero ese día Hikari nunca llegó.
A la mañana siguiente, el policía llamó: Hikari había muerto.
Kiri explicó que casi todas las noches sueña con su hermana y cada vez que recuerda esos momentos, llora hasta el agotamiento.
Las lágrimas finalmente cayeron.
Hana, al escuchar la historia y ver el dolor puro de Kiri, lo abrazó fuertemente.
Hoissuru y Hiroshi guardaron un silencio inusual, respetando el momento de vulnerabilidad.
III.
El Precio de la Ira Al llegar a clase, Kiri y Hana se separaron de Hiroshi.
Durante el receso, Kiri se quedó en el salón.
Tres chicos corpulentos entraron y lo acorralaron en un callejón lateral de la escuela.
Le dieron las dos opciones: dinero o golpes.
Kiri se rehusó a darles nada.
Uno de los chicos le dio un puñetazo en el estómago, un golpe que lo hizo doblarse.
El dolor fue un detonante.
El pulso de la sombra oscura se activó, y sus ojos parpadearon al borde del negro y rojo.
Kiri respiró profundamente.
—Escúchenme bien —dijo Kiri, su voz ahora baja y fría, con un eco siniestro—.
La próxima vez que me vuelvan a molestar, ustedes estarán en el cementerio.
El terror en su voz fue tan real que los chicos se quedaron paralizados.
Kiri se fue, dejando a los abusones en shock.
IV.
La Niebla y el Oponente Oculto Al volver a casa, su familia lo recibió con una cena sorpresa: era su cumpleaños.
Kiri celebró con una felicidad forzada, aliviado por la momentánea normalidad.
Esa noche, al dormirse, el sueño de Kiri cambió.
No soñó con su hermana, sino con una densa niebla, de un color púrpura verdoso, que parecía tóxica.
De la niebla surgió un yōkai, cuya forma era esquiva y su rostro, indefinido.
El yōkai no reveló su nombre, pero habló con una voz resonante: —Yo soy quien te detiene.
Soy la prisión de ese poder.
Cada vez que intentas transformarte, yo tomo el control.
El yōkai sonrió en la niebla.
—Si transformas tu cuerpo, yo tomaré el control de tu mente.
Yo soy quien mantiene esa sombra que el Rey Demonio está buscando a raya, a cambio de que no me olvides.
El día que lo hagas, yo seré la maldad en tu alma.
Kiri despertó, bañado en sudor.
Acababa de descubrir que el yōkai que lo controla y lo cura no es Hoissuru, sino esta nueva entidad que utiliza el trauma de la pérdida de Hikari como una cadena.
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