This Is Not On Paranormal - Capítulo 9
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9: THIS IS NOT ON PARANORMAL 9: THIS IS NOT ON PARANORMAL Volumen 1, Capítulo 9: La Prueba de Sumoggu y el Fin del Acosador I.
Emboscada de Acero Kiri se despertó con el pecho oprimido, sintiendo que el aire de su habitación era tan denso como la bruma de sus pesadillas.
Al arreglarse frente al espejo, no podía dejar de pensar en lo que le había dicho el espíritu sobre el control de su cuerpo; la idea de convertirse en un espectro sin voluntad le aterraba más que la propia muerte.
De camino, se encontró con Hana e Hiroshi, quienes caminaban a su lado intentando forzar una normalidad que ya no existía.
Justo cuando estaban a punto de cruzar la entrada de la escuela, el sonido del entorno desapareció, siendo reemplazado por un zumbido metálico.
Una habitación espiritual, fría y llena de estática, se cerró sobre ellos.
En el centro, emergiendo de las sombras con una armadura de clavos oxidados, estaba Neirugan.
—Vengo por ustedes, “Fuente de Poder” —dijo Neirugan con una voz que sonaba como metal arrastrándose sobre piedra.
Hana e Hiroshi reaccionaron al instante, transformándose y colocándose como un escudo humano frente a Kiri.
Sabían que su mente pendía de un hilo y no querían que se arriesgara.
Hana lanzó sus tentáculos con furia, pero Neirugan los desviaba con clavos gigantes que brotaban del suelo.
En un descuido, un clavo masivo golpeó a Hana en el costado, lanzándola contra el muro espiritual donde quedó malherida y sin aliento.
Hiroshi, agotado por mantener su dimensión de juego, empezó a flaquear mientras sus armas pixeladas se desvanecían.
Kiri, viendo a sus amigos derrotados, gritó de impotencia e intentó forzar el Silbido, pero su máscara se fragmentó antes de completarse y su conciencia se apagó, dejándolo caer al asfalto.
II.
Duelo en el Abismo: El Pacto con Sumoggu Kiri abrió los ojos en un vacío infinito cubierto por una niebla tóxica que quemaba sus pulmones espirituales.
Frente a él, el espectro de sus sueños se manifestó con una claridad aterradora.
El ser lo miró con una sonrisa depredadora y se presentó con una voz que parecía venir de todas direcciones: —Soy el Demonio de la Niebla, me llamo Sumoggu.
¿Hacemos un trato, pequeño humano?
—¿Qué quieres de mí?
—respondió Kiri, invocando su guadaña con manos temblorosas.
—Jugaremos un juego sencillo.
Si logras vencerme en combate, te otorgaré mi poder de forma consciente.
Pero si pierdes, me entregarás las llaves de tu mente y tendré el control total de tu cuerpo para siempre.
Kiri aceptó el reto por necesidad y la batalla comenzó.
Sumoggu se disolvió en el aire, utilizando una pantalla de niebla absoluta para camuflarse.
Kiri agitó su guadaña desesperadamente, tratando de barrer la bruma para localizar a su enemigo, pero Sumoggu fue más astuto; apareció como un rayo detrás de Kiri y le propinó un golpe de energía que lo dejó inmovilizado, sintiendo cómo el frío de la muerte se extendía por sus extremidades.
—Ya gané —sentenció Sumoggu, regocijándose en su victoria inminente.
Sin embargo, en la oscuridad de su mente, Kiri no se entregó.
Visualizó el rostro de Hana sonriendo, la determinación de Hiroshi y, sobre todo, la promesa rota a su hermana Hikari.
Esos recuerdos ardieron como fuego en su pecho, dándole la fuerza necesaria para romper las cadenas de Sumoggu.
Se puso de pie con un grito que hizo vibrar el abismo, su aura estalló en un rojo carmesí y balanceó su arma en un arco devastador: “¡RED SHADOW SCYTHE!”.
El golpe cortó la niebla y la esencia de Sumoggu, obligándolo a someterse y permitiendo que Kiri recuperara la conciencia.
III.
El Poder del Segador y el Fin de Neirugan Al despertar en el mundo real, la escena era desgarradora.
Hana estaba tirada en el suelo, inconsciente y pálida, mientras Hiroshi estaba de rodillas, a punto de ser ejecutado por un clavo que Neirugan sostenía en lo alto.
Kiri, sintiendo una calma glacial en lugar de la rabia caótica de antes, respiró profundamente y sincronizó su alma con Sumoggu y Hoissuru.
La transformación fue perfecta: su máscara se completó sin romperse y sus ojos brillaron en negro y rojo con una intensidad nueva.
—Pantalla de Niebla —susurró Kiri.
Una bruma espesa y sobrenatural brotó de sus pies, envolviendo el callejón en segundos.
Neirugan, ahora ciego ante su presa, empezó a disparar clavos en todas direcciones, pero Kiri se movía como un fantasma, deslizándose entre las partículas de vapor sin hacer ruido.
Ejecutó corte tras corte, debilitando las articulaciones espirituales del demonio hasta que Neirugan cayó de rodillas, sollozando de frustración.
Kiri apareció justo detrás de él, rodeando su cuello con la hoja fría de la guadaña.
—Descansa en paz —dijo Kiri con una frialdad que helaba la sangre.
Con un movimiento fluido y letal, la guadaña atravesó el cuello del demonio.
Kiri observó con ojos impasibles cómo el cuerpo de Neirugan se desintegraba en cenizas espirituales, desapareciendo para siempre.
El muro de la habitación se rompió, devolviéndolos a la calle normal, donde el silencio solo era interrumpido por la respiración agitada de Kiri.
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