Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Tierra del Alma 3 (Douluo Dalu): La Leyenda del Rey Dragón - Capítulo 204

  1. Inicio
  2. Tierra del Alma 3 (Douluo Dalu): La Leyenda del Rey Dragón
  3. Capítulo 204 - Capítulo 204: Grado
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 204: Grado

Aunque la coppertita azul no era el metal más duro, la razón principal por la que era tan molesta de forjar eran sus constantes transformaciones. Como resultado, Tang Wulin aprovechó la habilidad especial de su pesado martillo de plata: el efecto Martillo Apilado. De esta forma, solo necesitó un centenar de golpes para completar su refinamiento centenario.

Guardó su martillo y alzó la mano.

El miembro del personal encargado de supervisar la competición corrió hacia él, tropezando torpemente.

—¿Ya has terminado? —El miembro del personal recogió la placa con el número de Tang Wulin. La incredulidad se reflejó en su rostro cuando vio el reducido tamaño de la coppertita azul.

—¿Puedo irme ya? —preguntó Tang Wulin.

—Puedes irte, ya que has terminado. Pero ¿estás seguro de haber completado el refinamiento centenario? Si no lo has conseguido, quedarás eliminado —le recordó amablemente el miembro del personal.

—Estoy seguro de que lo he conseguido —respondió Tang Wulin sin titubear un instante. Teniendo en cuenta su rango de herrero actual, los Cien Refinamientos no eran nada para él.

El anciano de pelo blanco fue el primero en hablar desde el estrado. —Traed aquí el producto de ese muchacho. Si no está diciendo tonterías, entonces es un genio realmente aterrador. —Al principio, había pensado que Tang Wulin era maleducado e impetuoso. Sin embargo, como Herrero Santo, se percató de la musicalidad en cada golpe de su martillo, el ritmo firme con el que resonaba.

Era el ritmo innato de un herrero. Cuando un herrero entraba en sintonía con su propio tempo, la eficiencia de su forjado se duplicaba. La coppertita azul no era fácil de refinar. Y, aun así, Tang Wulin lo había logrado. Siendo así, ¿no sería el resultado espectacular?

Poco después, la coppertita azul refinada fue llevada al estrado.

Las personas sentadas en el estrado eran todas figuras influyentes en el mundo de la herrería. En ese momento, sus miradas convergieron en el trozo de metal como los ríos que desembocan en el mar.

—Esto…

La coppertita azul era un metal hermoso. Para juzgar su calidad, se debía examinar la uniformidad con la que se distribuían sus patrones y lo cerca que quedaban los anillos del centro.

Era una inspección de lo más exhaustiva. Mientras el anillo estuviera centrado, el refinamiento centenario era un éxito; la reducción de tamaño solo servía como prueba adicional.

El anciano de pelo blanco bajó la cabeza y examinó con cuidado la coppertita azul. La sostuvo en la palma de la mano y la acarició con sus delicados dedos, sintiendo la veta del metal. Sus ojos se iluminaron.

—¡Es una pieza de refinamiento centenario de alta calidad! Rápido, id a averiguar a qué asociación pertenece ese muchacho.

Para entonces, Tang Wulin ya se había marchado, corriendo a toda prisa hacia el Estadio Marcielo.

El pabellón no estaba lejos de su siguiente destino. Incluso había planeado la ruta la noche anterior, todo para asegurarse de no llegar tarde.

Todavía quedaba tiempo antes de que comenzara la competición individual. Después de todo, su forjado había transcurrido sin contratiempos y había sido el primero en terminar. Además, según su placa, participaría en la tercera tanda de la primera ronda.

Debido al gran número de competidores, se habían organizado varias tandas, cada una con cincuenta participantes. Estar en la tercera tanda significaba que tendría al menos una hora para relajarse. Al igual que otros recintos del evento, el Estadio Marcielo albergaba competiciones separadas pero simultáneas. Solo así el Torneo de la Alianza Marcielo podría completarse en un tiempo razonable y dar cabida a su ingente cantidad de competidores.

Una vez que llegó al estadio, Tang Wulin se dirigió a la zona de registro para empezar a prepararse para la competición, pero una silueta le cortó el paso.

¡Hmpf! —Se oyó un bufido frío y Tang Wulin levantó la cabeza para ver quién le cortaba el paso.

Era una airada Ye Xinglan, que le lanzaba una mirada asesina.

Xu Lizhi estaba a su lado. Para un ojo inexperto, su aura exudaba inocencia, pero bajo las capas de buena voluntad y las mejillas rollizas se adivinaba un toque de amargura.

—¡Por fin te encuentro! ¿Tienes algo que decir en tu defensa? —Ye Xinglan estaba de pie, con las manos en jarras. Sus largas cejas estaban enarcadas y sus ojos ardían de furia.

—¿Decir qué? Apenas te conozco —comentó Tang Wulin con indiferencia—. Deja de estorbar. Necesito ir a prepararme.

—¿Vas a competir? —Ye Xinglan intentó empujar a Tang Wulin por el hombro, pero fue incapaz de moverlo. Se sorprendió al descubrir que el cuerpo de él era tan pesado como una mole de acero. No se inmutó ni un centímetro ante su empujón.

Cuando Ye Xinglan recordó los sucesos de la noche anterior, su mirada se agudizó y la ira se los tiñó de rojo. Nunca en su vida se había sentido tan agraviada.

Esa noche, el dueño del restaurante los había detenido para exigirles el pago. Ni ella ni Xu Lizhi llevaban dinero encima. Al final, no le quedó más remedio que llamar para pedir ayuda, rechinando los dientes de frustración.

Para colmo de su indignación, el dueño estaba convencido de que habían planeado irse sin pagar desde el principio. En cualquier caso, los dos jóvenes se vieron obligados a fregar platos hasta que alguien viniera a pagar su comida. La única otra opción era seguir hasta saldar su deuda.

La pobre Ye Xinglan, de piel delicada, no pudo más que lloriquear mientras frotaba y enjabonaba los platos hasta que rechinaban de limpios. Sin atreverse a romper las reglas de la Academia Shrek, se tragó su rabia. Aunque le costaba admitirlo, era justo que pagara su comida. Ellos se habían equivocado, así que ¿cómo podía montar un escándalo?

Así fue como dos estudiantes de la Academia Shrek terminaron fregando platos en una marisquería de Ciudad Marcielo.

El mero recuerdo le causaba angustia a Ye Xinglan. Culpaba al chico que tenía delante de toda aquella angustiosa experiencia.

A primera hora de la mañana, había arrastrado a Xu Lizhi para buscar a Tang Wulin. Aunque al principio no tenían ni idea de por dónde empezar a buscar, pronto se dieron cuenta de un hecho importante: Tang Wulin era un competidor. Por lo tanto, estaría sin duda en uno de los recintos del evento. Y, efectivamente, usando este método, encontraron a Tang Wulin.

—¿Y por qué no iba a competir? ¿Qué pretendes cortándome el paso? —Tang Wulin frunció el ceño.

—¿No dijiste ayer que pagarías la cuenta? —dijo Ye Xinglan con resentimiento—. ¿Y bien? ¿Pagaste la cuenta?

—Pagué mi parte —dijo Tang Wulin con calma—. ¿Por qué tendría que pagar la vuestra? De todas formas, fue Xu Lizhi quien prometió invitarme. Yo solo pagué lo mío y me fui. ¿Qué hay de malo en eso? ¿No comisteis también? Ya que intentabais aprovecharos de mí, ¿por qué ahora lo presentas de otra manera? ¿Tienes algún problema con que pagara mi parte de la cuenta? Ni siquiera quieres ser mi amiga, así que, ¿por qué iba a pagar por ti?

Las palabras de Tang Wulin la dejaron aturdida. «¡Tiene razón! ¿Por qué iba a pagar por mí y por el gordito? Realmente no tengo con qué defenderme».

—Tú… ¿no dijiste que era un honor comer con nosotros? —replicó Ye Xinglan, buscando una excusa.

—¿Tengo que pagar solo porque sea un honor? —dijo Tang Wulin—. Nunca dije que os invitaría. No habría tenido ningún problema si fuéramos amigos, ¡pero tú dejaste claro que no querías ser mi amiga! ¡Yo no me he aprovechado de vosotros de ninguna manera!

—P-pero, ¡tú fuiste el que más comió! —Ye Xinglan estaba casi al borde de las lágrimas. Su resentimiento e indignación brotaron de su corazón como un torrente, y sus mejillas se pusieron rojas como un tomate.

—¿Quién te impidió comer más? —Tang Wulin dio un paso al frente, la apartó a un lado y siguió adelante a grandes zancadas. No podía retrasarse más si quería participar en la competición individual.

—¡Tú! ¡Para ahí mismo! —gritó Ye Xinglan.

Tang Wulin la ignoró y siguió caminando.

—¡Miserable! —gritó Ye Xinglan, furiosa.

—Hermana Xinglan —Xu Lizhi tiró de su manga—. Las palabras de Wulin tienen sentido.

—¿Te pones de su parte? —Ye Xinglan se giró hacia él, con los labios torcidos en una mueca de desprecio.

—¡Yo…, yo estoy de tu parte, por supuesto! —respondió el gordito con timidez.

—Tang Wulin, ya me las pagarás —Ye Xinglan entrecerró los ojos e hizo una feroz proclamación. Entró al estadio marchando tras él.

—Hermana Xinglan, ¿qué haces?

—¡Voy a inscribirme para competir! Con que era razonable, ¿eh? ¡Pues le voy a meter la razón a golpes en el escenario!

Sin ser consciente del poderoso oponente que se había creado, Tang Wulin se registró justo a tiempo. Ahora solo tenía que esperar; su combate empezaría en media hora aproximadamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas