Tierra del Alma 3 (Douluo Dalu): La Leyenda del Rey Dragón - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Na’er
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6: Na’er 6: Na’er Tang Wulin estaba claramente descontento al salir por las puertas de la Academia de la Montaña Roja.
El largo día, sumado a estos importantes acontecimientos, atenuó claramente sus expectativas.
Había crecido en un hogar normal, lleno de armonía.
La relación de sus padres era excelente y lo querían entrañablemente.
Incluso cuando cometía un error, lo corregían con sinceridad.
Sin embargo, hoy era la primera vez que se encontraba con estos así llamados «desafíos».
Como su alma marcial era la Hierba Azul Plateada, fue rechazado por los demás estudiantes.
Para colmo de males, el maestro tampoco lo trató muy bien.
Durante la tarde, el maestro claramente le dedicó el menor tiempo posible a enseñarle a meditar.
«¿De verdad mi alma marcial es tan mala?».
La expresión deprimida de Tang Wulin se fue tornando en una de obstinación.
«Aunque mi alma marcial no sea buena, me convertiré en un Maestro de Almas importante.
Papá me dijo una vez que el éxito es un noventa y nueve por ciento de esfuerzo y un uno por ciento de talento.
Ya que mi alma marcial no es buena, ¡pues tendré que esforzarme todavía más!».
Con su naturaleza optimista, ya había superado la depresión del día y, sin darse cuenta, había tomado una firme resolución.
«Por cierto, ¿por qué tengo tanta hambre?».
Tang Wulin estaba perplejo mientras se frotaba el vientre.
La Academia incluía una comida para el almuerzo, y esa comida era ilimitada.
En el aspecto culinario, la clase de Maestro de Almas también tenía mucha mejor comida que las clases ordinarias.
Tang Wulin había comido tanto que le habían puesto el apodo de «Cubo de Arroz».
Había comido lo suficiente para llenar a media docena de otros estudiantes y superaba con creces la capacidad de un adulto.
Su apetito no era pequeño de por sí, ¡pero desde luego no hasta este punto!
Apenas era media tarde y ya estaba hambriento de nuevo.
Iba a ir a ver si había algo bueno para comer en casa.
Sus ojos se iluminaron ante la sola idea de comer.
Mientras caminaba por el camino, una pequeña figura atrajo su atención.
El sol de la tarde no era demasiado intenso, pero el tiempo de aquel día era inusualmente bueno.
Así, la luz del sol simplemente producía una calidez confortable.
La luz solar había incidido sobre un destello plateado, captando la atención de Tang Wulin.
Una niñita estaba en cuclillas junto al borde del camino.
Era un poco más baja que él y tenía el pelo corto y plateado.
La luz del sol se reflejó en él, creando un destello de plata que atrajo la atención de Tang Wulin.
Fue como si existiera una especie de profunda atracción entre ellos.
La niña levantó la cabeza y le devolvió la mirada.
Llevaba ropas raídas y la cara manchada de suciedad, pareciendo claramente una pequeña mendiga.
Sin embargo, además de su pelo plateado, también tenía dos ojos que la hacían destacar.
Tenía los ojos grandes, con dos pupilas cristalinas de color amatista.
A pesar de la distancia que los separaba, Tang Wulin pudo ver su propio reflejo en aquellos ojos, enmarcados por unas pestañas naturalmente largas.
Los ojos de Tang Wulin eran muy bonitos, por lo que, al encontrarse con otra persona de ojos grandes, automáticamente sintió simpatía por ella.
Se había detenido inconscientemente.
Los dos pares de ojos se encontraron, y la niña le sostuvo la mirada directamente con sus bonitos ojos, algo desconcertada.
—Pequeña, ¿dónde están tus padres?
—.
Justo en ese momento, varios delincuentes juveniles la rodearon, atraídos por su pelo plateado.
La niña evitó sus miradas y volvió a bajar la cabeza.
Los delincuentes intercambiaron miradas antes de que uno de ellos exclamara: —¡El pelo plateado es muy raro!
¿Podrías ser de uno de los otros dos continentes?
Supongo que a los traficantes del mercado negro les encantarán su pelo plateado y sus ojos púrpuras.
La codicia tiñó sus ojos mientras asentían entre sí.
El joven que había hablado antes se puso en cuclillas.
—¿Oye, pequeña, dónde está tu familia?
Sin decir palabra, negó con la cabeza, que mantenía gacha.
—¿Tienes hambre?
—dijo el joven con una amplia sonrisa—.
El Hermano mayor te llevará a comer algo rico, ¿qué te parece?
La niña volvió a negar con la cabeza, pero esta vez, con mucha más fuerza.
El joven lanzó una mirada cómplice a sus compañeros antes de estirar la mano para tirar del brazo de la niña, levantándola en contra de su voluntad.
Sus compañeros los rodearon, impidiendo que los demás los vieran.
Aunque la niña soltó un grito de pánico, el joven ya se la había echado al hombro.
—¿Qué estáis haciendo?
—.
Justo en ese momento, una voz infantil llena de furia resonó, dando un susto al joven y a sus compañeros.
No pudieron evitar mostrar rostros resentidos cuando se giraron para mirar.
Quien había acudido en ayuda de la víctima de una injusticia era, inesperadamente, un niño bonito y diminuto que ni siquiera les llegaba a la cintura.
El joven de la parte de atrás reveló un rastro de crueldad.
Levantó una de sus piernas y apartó a Tang Wulin de una patada.
—Mocoso, te atreves a entrometerte con nosotros.
Tang Wulin salió rodando y aterrizó a algo más de dos metros, completamente cubierto de polvo.
—¡Sois unos villanos!
—.
Había rodado por el suelo, pero se levantó de inmediato.
Cargó contra los jóvenes para cortarles el paso.
El joven que cargaba a la niñita puso una cara feroz.
El alboroto que habían montado ya había atraído la atención de algunos transeúntes.
Después de todo, todo esto ocurría en una calle principal.
Una luz fría brilló en su muñeca y una daga apareció en la mano del joven.
Hizo un gesto hacia Tang Wulin.
—¡Vete a la mierda si no quieres morir!
Tang Wulin le lanzó una mirada obstinada y replicó con furia: —Los villanos no acaban bien.
Soy un Maestro de Almas; no os tengo miedo.
¡Soltadla!
Mientras hablaba, Tang Wulin levantó la mano derecha y un anillo de luz azul claro titiló.
La Hierba Azul Plateada apareció en su palma, ondeando.
Una débil energía ondulaba desde ella hacia el exterior.
¿Qué podía hacer el poder del alma de rango 3?
Solo lo hacía un poco más fuerte que sus coetáneos.
No tenía un anillo de alma para potenciar su alma marcial.
Su alma marcial estaba lejos de ser apta para el combate.
Esta era también la razón por la que la cultivación era esencial para ascender del rango más bajo de Erudito del Alma al de Maestro de Almas.
El joven se quedó desconcertado por un momento mientras sus compañeros le tiraban del brazo.
Si solo se tratara de un niño normal, no tendrían que hacer nada en especial.
Solo tendrían que cubrirse entre ellos y no habría problemas.
Pero un niño que poseía poder del alma era diferente; el gobierno mantenía registros especiales de estos niños.
Incluso la Pagoda Espiritual tenía registros sobre ellos.
Si algo le sucediera a uno de estos niños especiales, el gobierno federal definitivamente invertiría una gran cantidad de recursos para investigar la causa.
Además, muchos transeúntes ya habían sido testigos de sus acciones.
—¡Qué mala suerte!
—El líder de los jóvenes no se resignaba, pero bajó a la niñita con un gruñido de enfado y se fue rápidamente con sus compañeros.
La niñita tropezó y cayó sentada.
Al ver esto, Tang Wulin corrió hacia ella y se agachó a su lado.
—No tengas miedo.
Soy un hombre.
¡Yo te protegeré!
La niñita levantó la cabeza y lo miró.
De cerca, sus grandes ojos púrpuras eran aún más bonitos.
Dentro de sus pupilas, parecía haber aparecido una capa de neblina.
—No llores, no llores.
Ya ahuyenté a los villanos.
Me llamo Tang Wulin.
¿Cuál es tu nombre?
La niñita lo miró aturdida por un momento antes de abrir finalmente la boca.
—Me llamo Na’er.
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