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Timekeepers - Capítulo 37

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37: Ecos 37: Ecos El 14 de febrero pasó, le regalé a Emily un hermoso reloj de oro, ella me obsequió un peluche de águila con el uniforme de mi equipo favorito.

Es increíble como las cosas han cambiado un poco.

El primer parcial llegó y aprobé de milagro; las faltas me devoraron y estuve a nada de reprobar por ello.

Al final conseguí aprobar con siete u ocho en todas las materias.

Eso es lo de menos, sé que me voy a recuperar.

Diana se mostró indiferente, pero era imposible ocultar su rostro de felicidad al ver que nuevamente había tomado el primer lugar.

He seguido mi entrenamiento de manera incesante, todo lo que he conseguido avanzar es increíble.

Finalmente he logrado retroceder el tiempo sin necesidad de juntar mis manos, esto me facilita muchas las cosas.

Por otro lado, sigo sin poder usar la electricidad como ese sujeto.

Me pregunto si realmente podré conseguirlo.

Diariamente entreno con Emily y los chicos, ellos han entrenado en secreto de igual forma, nunca me los he topado, pero sus habilidades de combate son muy buenas.

Emily es la mejor, no lo digo porque sea mi novia, pero ella realmente sabe pelear.

En un combate ella logró derribarme más de cinco veces, si fuera un combate real seguramente me habría noqueado.

Me encuentro sentado en las gradas del campo de fútbol con los chicos.

“¿Qué tan rápido puedes correr, Rodrigo?”, pregunto, mientras bebo agua de mi botella.

“Las lecturas máximas de los chalecos especiales del instituto indicaron que alcancé dos veces la velocidad del sonido”, responde él, con una mirada orgullosa.

“Es increíble, significa que estás cerca de las grandes ligas” Emily se une a la conversación.

“Sí, el velocista que consiguió marcar el récord irrompible fue de Mach 4” Rodrigo toma su botella y bebe un poco de agua mientras nos contesta con orgullo.

“Felicidades, espero que pronto alcances la velocidad de ese sujeto”, dice Diana.

Rodrigo la mira por unos segundos y puedo observar sus mejillas enrojecidas, “ah, sí.

Gracias, ese sujeto chino no soportará la envidia cuando vea que superé su velocidad”.

“¿Entonces quieres ser el chico más veloz del mundo?”, pregunto.

“Así es, el más veloz, rápido, el mejor de todos.

Mi nombre de héroe será El Rayo Cósmico”.

Eduardo comienza a reírse y mira a Rodrigo con una expresión arrogante, “¿Qué dices?

Jamás conseguirás una chica si eres el más rápido de todos”.

Todos nos comenzamos a reír y Rodrigo se molesta dejando ver su seño arrugado.

“Eres un maldito, cuídate de mí, Eduardo.

No sabes lo que te puedo hacer, ni siquiera te darías cuenta” Rodrigo responde de forma agresiva.

“En realidad sí podría, el rezago de viento que sueles dejar sería más agresivo conforme más veloz seas, es imposible eso que llamas sigilo”, digo, bajando a Rodrigo de su nube.

“¡Sí!

Pero no podrá reaccionar a tiempo, solo sentirá el viento golpeándolo cuando yo ya me encuentre a una ciudad entera de él”.

Mientras continuamos platicando un momento más, las pulseras de Emily, Sandra, Karla y Rodrigo comienzan a sonar.

Nuestras risas se detienen y los rostros de cada uno de nosotros se llenan de una seriedad total.

“¿Qué pasa?”, pregunto.

Ellos nos miran con una expresión temerosa.

Emily toma mis manos y sonríe como diciéndome que todo va a salir bien.

No necesitó una sola palabra para decírmelo.

“Tenemos que ir al CIDFM”, dice Rodrigo, suspirando y tronando su boca con disgusto.

“Por favor, en cuanto sepan qué tipo de misión es háganmelo saber” les digo, intentando mantenerme serio sin preocuparme.

Los cuatro se retiran del lugar y puedo ver como se alejan a la distancia.

Mientras tanto, Eduardo, Diana y yo nos quedamos sentados en las gradas.

“¿Creen que sea algo difícil?”, pregunta Eduardo.

Diana me mira con una expresión llena de miedo, “Rodri tenía mucho miedo.

No dijo nada, pero realmente estaba temblando por dentro”.

Mierda, Diana.

¿Realmente no respetas la mente de los demás?

Que seas una telépata no te da derecho a leernos como correos electrónicos.

Diana se acerca a mí y recarga su cabeza en mi hombro.

“¿Tienes miedo Di?” la cuestiono.

Ella ni siquiera tiene sus ojos abiertos.

“Mucho… por dentro sabes que Rodrigo me ama… sabes todo” me dice.

Únicamente trago saliva y me muestro algo nervioso.

“Eh…” “No te preocupes, no tengas miedo.

Él no lo quiere aceptar, es tan molesto, tan arrogante, tan egocéntrico, confiado, es un maldito.

Pero, en el fondo es una hermosa persona.

¿Sabes lo malo de ser una telépata?”.

Ella me mira a los ojos y puedo ver su vulnerabilidad.

“No hay una sola persona que se pueda escapar de estos poderes… o no la he encontrado.

Puedo leer a todos, sé que Rodrigo seguirá el camino de los héroes para ganar dinero y sacar a su familia de la pobreza.

Se preocupa por todos, y sé que su único par de pensamientos cuando ocurrió aquella misión era que tú salieras ileso y que él pudiera volver a verme”.

Diana sonríe mientras mira hacia el cielo naranja por el atardecer con pequeñas nubes moviéndose hacia el sur.

“Él es un tipo increíble, no sé cuándo… ni cómo… pero me enamoré de él.

Me preocupan las chicas, pero él es el tipo que amo, aquella ocasión yo casi me muero cuando me dijeron que fue herido.

Ahora, Eric… sabes mis sentimientos por él.

Por favor, te pido que seas discreto, él está esperando un buen momento para declarar lo que siente por mí”.

“Entiendo, Diana.

No te preocupes, yo no diré nada”, respondo, acariciando su cabeza.

En ese momento, Eduardo nos mira desde su lugar, dos escalones debajo de nosotros, él sonríe avergonzado.

“eh, ¿y no soy yo alguien que puede decirle a Rodrigo lo que sientes por él?”.

Diana se sonroja y se sienta de forma correcta.

“Sí, había olvidado que estabas aquí.

Ahora, si tú dices algo haré que tengas pesadillas todas las noches al punto de orinarte encima”.

Eduardo elimina la sonrisa de su rostro y ahora se muestra preocupado.

“No te preocupes Diana, no diré nada”, responde con tartamudeos.

Casi una hora después, los chicos regresan cuando la luz del sol se ha esfumado, los grillos cantan y las lámparas del instituto se encienden.

Diana y yo nos acercamos a ellos quienes se mantienen algo serios.

“¿Qué pasó?

¿Todo bien?”, pregunto.

“No… es una misión de investigación.

Los militares recibieron órdenes directamente de presidencia para retirar su campamento de investigaciones en una localidad al norte del país…” Rodrigo me responde mientras frota sus manos en su rostro.

“Hallaron cuerpos, un sinfín de cuerpos y pertenencias en una propiedad privada.

Cuando los militares se retiraron se negaron a dejar esto inconcluso y nos solicitaron.

Enviamos a un escuadrón especializado en investigaciones y nunca se supo más de ellos…”, dice Emily con un rostro apagado.

¿Qué?

¿Narcos?

¿Insurrectos?

No hay forma de que un escuadrón de mutantes haya desaparecido así como así.

“¿Y los envían a ustedes?”, cuestiono con una voz irritada.

“Eric, relájate.

Nos envían a nosotros porque el resto de mutantes activos están realizando misiones mil veces más importantes allí afuera.

Esta misión es un juego en comparación a lo que ocurre realmente”, dice Karla, con una voz algo molesta.

“¡Pero es imposible!

¡Son solo aprendices!

¡Si ustedes van terminarán como ellos!”, exclamo abriendo mis brazos.

Emily niega con su cabeza y sonríe gentilmente.

“Eric, en ese escuadrón solo iban cambia formas y telépatas.

Solo enviaron un elemental.

Esta vez envían una sanadora, una Timekeeper, una cambia formas y un velocista.

No hubo registros de qué mutantes o enemigos aparecieron.

Pero sí se sabe que fueron veloces”.

Ella intenta calmarme acercándose a mí y dándome un abrazo.

“No te preocupes mi amor, todo estará bien”.

¡Mierda!

¡Esto no se va a quedar así!

Sin que Emily o alguno de ellos me pueda detener, me marcho velozmente del lugar.

No me importa si me suspenden, no permitiré que los envíen a ellos a una misión tan peligrosa.

Corro hasta el CIDFM, el viento roza mi piel y siento como mi ritmo cardíaco se acelera.

¡No dejaré que nadie sufra!

¡No es una misión fácil!

He sobrevivido a mis misiones de milagro, no dudo en las habilidades de ellos.

Pero prefiero evitar que sufran lo que yo.

¡El miedo y desesperación que puedes sentir en esos momentos no lo deseo a nadie!

¡Es por eso que debo evitarlo!

Entro sin previo aviso a las instalaciones.

Marco y el director me miran con sorpresa, como si acabaran de ver la misma muerte en persona.

“¿Eric?

¿Qué haces aquí?”, preguntan los dos, mirándome con una sorpresa profunda.

Mientras camino lentamente hacia ellos tomo aire, una carga de aire tan intensa que logro sentir como mi pecho arde.

“¿Por qué han enviado a Emily y los demás a esa misión?

¡Yo podría haberla completado!”.

El director me arroja una mirada seria y penetrante, “Eric, eso no nos corresponde a nosotros.

Hay lineamientos que debemos seguir, además, ya sabes como funciona esto.

No tiene mucho tiempo que realizaste una misión de alto riesgo, ellos no.

Por eso deben cumplirla”.

“¡ENTONCES DÉJENME IR TAMBIÉN!”, exclamo, apretando mis puños con fuerza.

El director me muestra una posición firme, levantándose de su asiento.

Él me mira como un padre molesto a su hijo, lo sé.

Recuerdo esa mirada.

Mis padres me la han arrojado algunas veces, sobre todo cuando pasé por los 12 años.

“Eric, no se trata de eso.

Simplemente no puedo hacerlo” él simplemente responde, intentando hacerme cambiar de opinión.

Con una voz seria, imponente y un poco ronca.

“¡¿Por qué?!”.

Noel me mira fijamente y deja salir un suspiro, lanzando abajo sus hombros y mostrando una expresión afligida.

“Nosotros obedecemos al algoritmo.

Si no cumplimos con las órdenes tal y como se estipulan, entonces sufrimos sanciones.

No olvides que servimos para el mismo gobierno, y sobre todo, a una organización internacional”.

Mi garganta se cierra y me impide seguir hablando, simplemente no puedo aceptarlo.

“Eric, si desobedeces mis órdenes me veré en la necesidad de sancionarte.

Te daré una sanción lo suficientemente sólida como para evitar la mirada de los altos mandos.

Así que más te vale seguir las órdenes” el director me lanza una mirada imponente.

Sin más, me doy la vuelta y abandono la sala cerrando la puerta de golpe.

La ira me consume, la impotencia me inunda, simplemente no puedo pensar con claridad.

Lo mejor es tomar un baño de agua fría y pensarlo bien, si no lo hago seguramente haré una locura.

Tras eso, llegó el día de la misión de Emily.

Todos serían escoltados en un transporte privado hasta el aeropuerto.

Me despido de Sandra y Karla con un fuerte abrazo.

Sandra no me suelta tan fácilmente, sin embargo, consigo que lo haga tras forcejear un poco.

Me acerco a Rodrigo y lo abrazo, dándole un par de palmadas en la espalda.

“Rodrigo, confío en ti.

Cuida de ellas, cuídate tú.

No permitas que nada le pase a nadie, sobre todo a Emily.

Te lo ruego”.

Rodrigo sonríe y choca mi puño derecho con el suyo.

“Güey, no dejaré que nada les pase.

Mientras ellas estén conmigo tendrán que matarme si quieren tocarlas.

Volverán ilesas”.

“Prometo que nada les va a pasar, regresaremos en una pieza”.

Ambos sonreímos y nos abrazamos nuevamente.

Tras eso nos alejamos y Emily me abraza con fuerza.

No puedo evitar enrollar mis brazos a su alrededor con toda mi fuerza, es como si realmente quisiera impedir que se fuera.

“Por favor, cuídate mucho, Emi”.

Ella me sonríe y asiente en repetidas ocasiones a gran velocidad mientras un par de lágrimas caen de sus ojos.

Con un beso profundo mientras nos tomamos de las mejillas, sellamos nuestra despedida.

“Volveré a ti, lo prometo”.

Todos se suben a la camioneta.

Una camioneta Lobo, negra, con cristales polarizados.

Tras un par de segundos, el vehículo arranca y se marchan del instituto.

Mi miedo es inmenso, siento como si algo fuera arrancado de mi pecho.

Mi corazón late con fuerza, realmente no puedo pensar con claridad.

Oh, Dios.

Por favor, cuida de ellos.

Punto de Vista de Emily.

En todo el camino rumbo al aeropuerto me mantuve callada.

No pude decir una sola palabra.

En cierta forma tengo mucho miedo.

Las chicas están igual de nerviosas que yo.

Juegan con sus manos, no pueden parar de mover sus piernas e incluso Karla se persignó durante casi todo el trayecto.

Por otro lado, Rodrigo simplemente luce tan confiado en sí mismo que me parece increíble.

Eric… me da miedo no regresar a él.

Mis padres… Realmente espero que todo salga bien.

Durante el vuelo conseguí dormir, cuando reaccioné ya estábamos por aterrizar.

En cuanto bajamos del avión y abandonamos el aeropuerto pude notar un calor aun más inmenso que el de la ciudad donde está el instituto.

“Vamos, chicas.

Acabemos con esto rápido”, dice Rodrigo, avanzando delante de nosotras.

Él nos está guiando, con ayuda de un teléfono especial que el instituto le ha dado nos está guiando rumbo al punto de la misión.

El primer objetivo es conseguir un transporte.

Según las indicaciones, debemos avanzar hasta el estacionamiento donde encontraremos una camioneta blindada.

Lo único curioso es que no creo que alguien de aquí sepa manejar, solo yo.

En cuanto encontramos la camioneta, Rodrigo toma la llave que el director nos dio y la abre.

Él se sube en el asiento del conductor y coloca la maleta en los asientos de atrás.

“¿Sabes conducir?”, le pregunto.

“No muy bien, pero lo suficiente como para mover esta cosa al punto de exploración”, responde, con una sonrisa egocéntrica.

Todas subimos y abrochamos nuestros cinturones de seguridad.

Al arrancar, Rodrigo muestra un poco de torpeza; el vehículo se tironea y no avanza o se apaga.

Pero tras unos minutos lo consiguió y ahora nos podemos mover.

El punto está a más de una hora de camino, por lo que pasamos a comprar un par de bocadillos para ingerir algo en el trayecto.

Sandra y Karla preparan las armas en los asientos traseros, verificando que los cargadores funcionen correctamente y que no haya algún problema con el seguro de estas.

El calor es infernal, puedes ver el vapor saliendo del suelo en la distancia de la carretera.

No hay vegetación, es como si los árboles que hay en toda la zona fueran solo adornos.

El camino se hace eterno y conforme avanzamos mi miedo se incrementa, siento una presión en mi cuello, como si algo me estuviera asfixiando.

Realmente estoy teniendo un ataque de ansiedad.

Rodrigo luce tan serio, parece otra persona.

Siempre es un chico animado, pero en estos momentos es como si fuera un soldado de verdad.

Puede que la experiencia en la misión con Eric lo haya dejado traumado como a él, solo que en menor intensidad.

El camino se vuelve uno lleno de terracería, las casas y la civilización parece desaparecer.

Solamente seguimos una ruta guiada por un mapa digital.

¿Podremos llegar?

Aún falta un poco.

El camino tiene muchos baches, sin embargo, con ayuda de los amortiguadores y suspensión de la camioneta podemos atravesar el trayecto sin tanta complicación.

Tras un rato más, finalmente la guía termina y encontramos un terreno a la distancia; se ve enorme, solo lo identificamos por los muros tan altos que impiden ver lo que hay dentro.

“¿Es aquí?”, pregunto.

Rodrigo se quita el cinturón de seguridad, se gira hacia el asiento trasero y toma su rifle, cortando cartucho y liberando el seguro.

“Sí, es aquí.

Recuerden, tienen chalecos antibalas, pero solamente les protegerán de ataques en el pecho y abdomen.

Sus cabezas y demás extremidades están en peligro, tengan cuidado”.

Únicamente puedo asentir y tomar mi arma de igual forma.

Rodrigo apaga la camioneta, toma las llaves y todos salimos de esta.

En sigilo avanzamos hacia el objetivo, apuntamos a todos lados y no obtenemos visualización alguna de algún enemigo.

“Parece seguro, déjenme revisar el perímetro”.

Rodrigo deja colgando su rifle con el cintillo y desaparece sin previo aviso.

Lo único que nos deja es un estruendo y una gran nube de arena.

“Es horrible que él tenga que revisar todo por su cuenta”, dice Sandra con un rostro abatido.

En la distancia podemos observar como una especie de cosa invisible se mueve de un lado a otro levantando una gran cantidad de polvo a su paso.

Tras eso, Rodrigo regresa y nuevamente levanta una nube de arena sobre nosotras.

“Todo despejado, al parecer.

Aún así, debemos avanzar, no pude entrar a ese lugar” nos dice.

Avanzamos hacia ese lugar y Rodrigo se agacha sin decir una palabra, “suban, si una de ustedes sube podrá trepar al otro lado”.

“Yo iré”, dice Karla con una voz temblorosa y un cuerpo a punto de caerse de miedo.

“De acuerdo.

En caso de que veas algo, abre fuego si intentan hacerte daño”, dice Rodrigo.

Con un poco de esfuerzo, Rodrigo logra levantar a Karla y esta trepa el muro y se lanza al otro lado.

Luego, Sandra, decidida a ayudar, también se anota a pasar el muro.

Con la confirmación de Karla de que todo está bien, Sandra trepa y la sigue.

De igual forma me uno al proceso.

En cuanto caigo dentro del lugar, veo lo que parece ser un gran establo al fondo, un camión tipo torton abandonado y un árbol seco cerca del establo.

Rodrigo nos alcanza, cayendo de golpe al suelo.

“¿Estás bien?”, pregunto con miedo.

Él se levanta rápidamente, limpiando el polvo y mirando a su alrededor, “sí… solo que hice un mal cálculo… pero todo está bien”.

Rodrigo se queda algo congelado viendo todo a nuestro alrededor.

De repente, algo llama su atención.

“¿Qué es eso?

¿Una casa?”.

Mis ojos se detienen en lo que parece ser una chimenea.

“Parece… ¿revisamos?”.

Todos asienten y avanzamos lentamente, con nuestras armas listas para disparar.

En el camino, tropiezo con algo y caigo de rodillos.

Intento levantarme rápidamente y me topo con lo que parece ser un zapato feminino tipo sandalia de color azul, enterrado en el suelo.

“¿Chicos?

Esto… ¿no es un zapato?”.

Rodrigo usa su super velocidad para escarbar y sacar el zapato, luego, se coloca guantes y lo guarda dentro de una bolsa especial para almacenar la evidencia.

“Esto es algo importante, me tardaré algo… pero creo poder hacerlo”.

Mi mirada es de desconcierto y miro a las chicas quienes reaccionan igual, así, solo vemos a Rodrigo nuevamente desaparecer y recorrer todo el lugar, escarbando en diferentes lugares.

Tras casi cinco minutos, Rodrigo regresa con nosotras, con un cuerpo bañado en sudor y fango.

“No es mucho… pero hay evidencia”, dice, con un rostro estupefacto y su aliento agitado.

Nos acercamos a todos los agujeros y encontramos cuerpos humanos adultos por doquier.

Esqueletos y algunos que todavía no se habían descompuesto por completo.

Siento como un miedo inmenso recorre todo mi cuerpo, una ira me consume y aprieto mis puños.

Por otro lado, Sandra tapa su boca y comienza a llorar en silencio con lo que hemos visto.

Karla la abraza, y evita mirar el escenario tan siniestro frente a nosotros.

“Son al menos veinte cuerpos… revisé la casa… también recogí un poco de cenizas… todo indica que esa ceniza es de humanos.

A ver que pueden hacer en los laboratorios…”, Rodrigo guarda todo en la mochila mientras frunce el ceño.

“Emily, por favor… toma el teléfono, necesitamos fotos de evidencia”, dice él, tomando un gran suspiro.

Sujeto el teléfono y comienzo a fotografiar todo con cuidado.

Cada fotografía para mí es como una puñalada al corazón.

Seguramente fueron personas que deseaban conseguir una mejor vida y cayeron en mentiras.

¡Malditos narcos!

Cuando tomo las evidencias necesarias, me reúno con los chicos.

Sandra parece haberse recuperado ya del impacto.

“Debemos irnos… tengo una mala sensación”.

“Emily tiene razón, ya cumplimos la misión”.

Ha pasado más de una hora, el calor comienza a golpearnos y es mejor regresar pronto a la ciudad, no es un buen lugar para estar por la noche.

Todos salimos del lugar nuevamente y entonces nos topamos con un grupo de hombres armados con uniformes tácticos y pasamontañas.

“Así que era verdad.

Mandaron a más sujetos raros… esta vez pasará lo mismo, pero lanzaremos un mensaje para que dejen de mandar metiches”, dice uno de ellos.

Un sujeto cuya voz es juvenil pero imponente.

En su brazo izquierdo tiene una navaja sujetada con una banda y en su mano derecha lleva un rifle AK-47 que levanta sobre su hombro.

“Son narcos”, dice Rodrigo.

“Sí, pero esta vez trajimos gente como ustedes.

La último vez casi sobreviven y nos matan, pero bastó una pequeña llamada para detenerlos.

Y pensar que realmente hay personas con superpoderes.

En fin, quien sea que los organice es un pendejo, no manda gente poderosa”.

Detrás de todos salen un par de hombres y una chica.

Rodrigo los mira a los tres y sonríe, “así que me toca que pelear con dos.

Me parece justo”.

El líder de ellos lo mira con desconcierto y se molesta, “¿por qué con dos?”.

“Porque son los únicos velocistas, y el otro solo es un mutante de cualquier tipo.

Me he preparado tanto para esto”.

“Vamos a borrar esa sonrisita pendeja que te cargas”, dice la chica.

“Y yo voy a asegurarme de dejarte ilesa del rostro, no puedo ver si estás linda o no, pero es una ofensa lastimar el rostro de una chica”.

Rodrigo y el sujeto de enfrente desaparecen con un estruendo, levantando una cortina llena de polvo y reapareciendo unos metros atrás, forcejeando, intentando derribarse mutuamente.

Los narcos se distraen por un momento y justo en ese momento, aprovecho para tomar mi rifle y tirarme al suelo.

Sin embargo, por un instante tan rápido siento como si el tiempo fluyera lento.

Sé que si los mato no volveré a ser la misma.

Sé que si le quito la vida a una persona seguramente cambiaré… Y no quiero eso.

Pero se trata de matar o vivir, así que, abro fuego contra ellos y la chica no duda en moverse y perderse de mi mirada.

Las detonaciones aturden mi mente, puedo ver como con cada bala que impacta en su cuerpo una gran cantidad de sangre brota de ellos.

Los narcotraficantes caen al suelo bañados en sangre y solamente puedo ver un muro de tierra de casi dos metros de altura y de gran grosor.

“Así que eres un elemental”.

Mis manos tiemblan por la intensidad de los disparos, mi cuerpo entero está a punto de paralizarse.

He acabado con la vida de personas, sé que son criminales, pero realmente no quería hacerlo.

Oh, Dios.

Por favor, perdóname…  Rodrigo y el sujeto desaparecen nuevamente y reaparecen en distintas ocasiones, casi como si se teletransportaran de un lado a otro.

Cada vez que se hacen visibles puedo ver que es Rodrigo quien golpea al sujeto con fuerza.

Sin más, Rodrigo arroja a ese velocista y lo golpea con todas sus fuerzas en el rostro.

Puedo escuchar el crujido de su cuello hasta el lugar donde estoy.

Aunque Rodrigo logró derrotarlo, tiene sangre chorreando de su nariz y boca.

“¡Sandra, cúralo!”, exclamo.

El elemental levanta un pilar de tierra que golpea a Sandra y la derriba, arrojándola varios metros atrás.

Ella queda aturdida y tose al quedarse sin aire por el impacto.

“¡Eres un maldito perro!”, exclama Rodrigo con fuerza, grita como una bestia mientras la saliva y sangre de su boca caen al suelo.

Y es así como corre hacia él y lo arroja a toda velocidad contra el muro.

El sujeto cae al suelo lentamente mientras su cráneo libera sangre por la nuca y embarra la pared con ello.

Rodrigo, nuestro amigo, cae de rodillas y puedo ver el evidente cansancio en su cuerpo.

No solo es la pelea, él también hizo demasiado desde que llegamos aquí, usó sus poderes como bestia para obtener las evidencias.

Realmente es un tipo increíble.

Sandra lentamente se levanta del suelo y se acerca a él, estirando sus brazos en su dirección y liberando un destello verde que cierra sus heridas.

“¿Estás bien?”.

Aunque Sandra apenas puede respirar y sigue con la mente atrofiada, intenta ayudar a Rodrigo.

Rodrigo sonríe mientras limpia el sudor de su rostro, “mejor que nunca… ¿dónde está esa maldita zorra?”.

“¡Aquí!”, exclama la chica, corriendo hacia Rodrigo y tomándolo en brazos.

¡Carajo!

¡No te lo llevarás!

“¡¿En dónde están?!”, exclama Karla al no ver nada más que el polvo.

En ese momento, junto mis manos y activo mi poder consiguiendo detener el tiempo.

Todo comienza a oscurecerse gradualmente así como la temperatura disminuye.

“¡Es ahora!”, exclamo, corriendo hacia ellos quienes ya están a casi doscientos metros de distancia y puedo ver que Rodrigo está asfixiando a la chica mientras que ella le ha enterrado una navaja en el abdomen.

¡No!

¡Rodrigo!

Corro tanto como puedo y me consigo quedar a aproximadamente treinta metros de ellos pero no logro sostener más el poder, así que disparo hacia las piernas de la chica, dejando las balas en el aire suspendidas.

Con eso, dejo de usar mi poder y el tiempo fluye nuevamente.

La chica cae al suelo y da vueltas un par de metros mientras sus piernas sangran y Rodrigo lo hace de igual forma, sin embargo, tiene esa navaja en su abdomen que hace que grite de dolor.

“¡Sandra, muévete!”, exclamo.

Ella corre hacia mí al igual que Karla.

La chica toma su pistola y me apunta con una sonrisa en su rostro.

“Eres inteligente, una timekeeper.

No creí que pudieras hacerlo… pero esto se acaba aquí”.

Me siento impotente, si muevo mis manos ella seguramente disparará y la bala me alcanzará antes de que active mi poder.

¡Qué hago!

Mi cuerpo no se mueve.

Eric… ¿te podré ver de nuevo?

Eric… quiero verte de nuevo… ¡Eric!

Es entonces que escucho como alguien libera el seguro de una pistola en mi cabeza.

Miro lentamente hacia atrás y puedo ver al sujeto que Rodrigo azotó contra el muro, de pie detrás de mí, colocando su arma en mi cabeza.

“Tranquila, esta perra es mía”, dice el sujeto, dibujando una sonrisa de orgullo en su rostro.

“Kevin, déjala, ella es mía”, dice la chica, con una voz molesta.

“No te decía a ti”, responde él.

El estruendo de una pistola nos toma por sorpresa a todos y la chica cae al suelo con una bala incrustada en su frente.

Me quedo aterrada por lo que ha sucedido y miro nuevamente al sujeto.

Este comienza a cambiar de tono de piel y de altura, completamente de cuerpo, es como si se derritiera.

Y entonces me doy cuenta de que es Karla convertida en ese sujeto.

“No te lo voy a negar, Emi… me dio mucho miedo, no pensé si funcionaría”, dice Karla, con un cuerpo temblando brutalmente.

Mis lágrimas caen y abrazo a Karla, ya que realmente estaba llena de miedo.

Ambas lloramos y caemos al suelo mientras nos abrazamos.

Por otro lado, Sandra termina de curar a Rodrigo y retira la navaja de su abdomen.

“Gracias, Sandy… eres de mucha ayuda” Rodrigo le agradece a Sandra con una gentil sonrisa en su rostro.

“De nada, aunque casi no hice nada…” Rodrigo niega con su cabeza y le sonríe nuevamente.

“Sin ti seguramente habría muerto, muchas gracias”.

Los chicos se nos acercan a nosotras y se unen a nosotras, nos abrazamos todos y liberamos la tensión almacenada.

Creo que ahora entiendo a Eric un poco.

Esa sensación de miedo no es agradable, Rodrigo parece calmado, creo que realmente está acostumbrado a esto.

Tras un rato, nuevamente nos levantamos y regresamos al vehículo.

Mi cuerpo sigue temblando, parece que la adrenalina en mi interior es inmensa.

Por otro lado, Rodrigo llama al director para informar de la situación.

Con eso, nos marchamos del sitio.

No lo entiendo, pero ver los cuerpos inmóviles de todos ellos comienza a pasarme factura.

Tengo unas inmensas náuseas y no puedo tranquilizarme.

Sé que esto me atormentará por un tiempo.

Con esto, me he convertido en una persona horrible… REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

¡Llegó el día de entrega y aquí tienen un nuevo capítulo!

La verdad es que casi no tuve tiempo en la semana y me costó mucho tiempo terminarlo.

Pero aquí lo tienen, espero que sea de su agrado y lo disfruten.

¡Denme su ánimo porque la universidad me está acabando!

¡Nos vemos con el próximo capítulo llamado ‘Hermanos’!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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