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Timekeepers - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 Infiltración
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40: Infiltración.

40: Infiltración.

Han pasado un par de días desde lo ocurrido con esos rebeldes.

Aún sigo pensando en cómo fui capaz de matar a ese sujeto sin sentir remordimiento alguno.

¿Realmente estaré cediendo ante mis impulsos?

Tengo miedo de ya no ser yo.

Solo puedo imaginar como mi futuro cambia drásticamente mientras soy alguien frío y lejano a sus seres queridos; es mi peor miedo.

El clima hoy luce como mi alma; lluvia ligera, un cielo nublado y una suave brisa de viento.

A pesar de ser de día, las farolas y luces de alumbrado público están encendidas por la oscuridad del día.

Los estudiantes y pacientes del instituto corren de un lado a otro intentando no mojarse con la lluvia.

Veo como hay enfermeros apoyando a estudiantes que llevan prendas blancas de hospital.

La verdad es que había estado ignorando que hay estudiantes que llegan con padecimientos físicos más intensos que los míos cuando yo llegué.

Aunque todo luce tranquilo la verdad es que no me siento en paz, puedo sentir como mi ‘yo’ muere con cada día que pasa.

Solo mi familia, Emily y mis amigos pueden evitar que eso pase.

Cuando me gradúe de este lugar tomaré un descanso, me alejaré tanto como pueda de este mundo… solo así recordaré quién soy realmente.

Un sonido agudo me despierta de mis pensamientos y observo mi pulsera; ha surgido una nueva misión.

De esta forma, corro al CIDFM y entro enseguida.

Cuando logro incorporarme al lugar, veo a Eduardo y Karla dentro.

¿Eh?

Así que esta vez iré con ellos.

El director me ve llegar y gira su asiento para mirarme de frente, “buenos días, Eric.

Bienvenido”.

Marco escribe algunas cosas en su computadora y el director toma tres carpetas de papel color beige, entregándonos una a cada uno.

“Esta misión es de suma importancia.

Lo que verán dentro de ella es información clasificada que nadie más que los seleccionados para esta misión deben saber” con una voz serena pero imponente, el director se dirige a nosotros.

Abro mi folder y justo en ese momento veo la fotografía de una chica de piel pálida, cabello plateado, ojos verdes y labios delgados de color rosa.

Irina Ivanova… ¿rusa?

Es increíble.

Conforme leo el expediente, mi expresión se torna en una llena de miedo.

Esta chica tiene control radioactivo, puede desintegrar todo en un radio de 2 kilómetros, y no solo eso, puede generar explosiones atómicas cinco veces más poderosas que las bombas arrojadas en Hiroshima y Nagasaki.

Es un monstruo.

Continúo leyendo el informe, entonces, mis ojos se detienen en un punto.

Raptada hace más de ocho años del instituto de Moscú.

Hace cinco años fue rescatada del Centro de Investigaciones Anti-Mutantes, y pocos meses después escapó del instituto de nuestro país.

Desde entonces no se ha sabido nada de ella, solo en pistas por su alta densidad radiactiva y videos de cámaras de seguridad.

Mis ojos se abren de par en par, entonces, miro a Eduardo y Karla quienes lucen incluso más asustados que yo.

El director cierra sus ojos, sabiendo que esta misión implica mucho riesgo.

“¿De qué se trata, señor?”, pregunto.

Él simplemente suspira y se coloca rígidamente en su asiento, “una infiltración.

Recibimos un llamado por varios equipos en la capital del país, la han visto visitando muchos antros y bares de la ciudad.

Nuestros mejores equipos actualmente están luchando contra la rebelión, puede que no lo sepan, pero en la capital y la frontera norte del país hay una guerra sangrienta de mutantes”.

“Es por ello, que ustedes irán.

No son el único escuadrón investigando, pero no tenemos más personal activo allí afuera que se encuentre libre para la misión”.

Mi mirada se cierne nuevamente en el documento y me pierdo en la imagen de la chica.

“Ella es peligrosa, pero no la juzguen.

En realidad, ha sufrido mucho, desde pequeña ha sido objeto de experimentación en laboratorios.

Es inofensiva, solo una niña asustada en el terrible mundo de allí afuera”.

“Si, una niña con el poder de eliminar un país entero en minutos”, dice Eduardo cerrando su carpeta con molestia.

“No es ninguna niña, director.

Tiene 20 años, no han sabido nada de ella desde hace tiempo, ¿qué les hace pensar que sigue de nuestro lado?

Además, escapó del instituto por cuenta propia” Karla entra en la conversación.

“Ella lleva huyendo desde hace años de la ONU, es única en su especie, es considerada una amenaza.

Pero el objetivo de la misión es infiltrarse en algunos bares, conseguir tanta información como sea posible acerca de ella y los rebeldes.

Pues, según nuestros contactos la han visto dialogando con insurrectos”, dice el director.

No suena tan complejo.

Por ello solo envían a tres, Karla que es una cambia formas puede tomar la apariencia de quien sea.

Eduardo servirá para cerrar rutas de escape en caso de que sea necesario, y yo tengo dos poderes que puedo usar en cualquier situación.

No creo que algo pueda salir mal.

Continuamos recibiendo las indicaciones del director y cuando finalizamos, salimos del CIDFM para reunirnos afuera.

La lluvia ha cesado, pero podemos percibir el aire fresco con un cielo nublado.

“Esto no será nada difícil, en pocas palabras nos están dando permiso de ir a beber en la capital”, dice Eduardo entre risas.

“Sí, tienes razón”, responde Karla con un rostro eufórico.

Tsch.

Por muy fácil que parezca, estaremos entrando en territorio rebelde.

Más vale ir preparados.

Las indicaciones fueron claras; tomar el vuelo, llegar y dirigirnos a la zona de entretenimiento de la capital.

Visitar diversos bares y obtener toda la información posible.

Como siempre, me despido de Emily y mis amigos para luego tomar el avión con Karla y Eduardo.

En nuestro equipaje traemos armamento, por supuesto, traemos todos los permisos necesarios como para volar con este tipo de cosas.

Al llegar a la capital nos recibe un atardecer nublado, un clima fresco comparado con la ciudad donde está el instituto.

“Es buen clima, ¿no creen?”, dice Eduardo mientras toma una bocanada de aire.

Sin embargo, poco segundo después comienza a toser.

“Ten cuidado, la capital se caracteriza por su alta densidad de contaminación en el aire” le digo mientras le doy una mascarilla.

“Sí, ya me di cuenta”.

Tomamos un taxi que nos lleva hasta un hotel en la zona donde llevaremos a cabo la misión.

“Es increíble que hagamos esto solos”, dice Karla.

“Que no se le suba a la cabeza, esta misión debe salir bien”, digo, mientras coloco las maletas en la cama de la habitación.

Abro una de ellas y saco una pistola colocándola en mi espalda baja, tomo una chaqueta de cuero y me la pongo.

Un poco de perfume y mi reloj inteligente en mi mano izquierda junto a la pulsera.

“Tomen”, dice Eduardo, dándonos un intercomunicador a cada uno de nosotros.

“Gracias”, respondemos.

Los tres nos colocamos los intercoms debajo de la ropa y dejamos el auricular en nuestro oído y el micrófono en nuestros cuellos de las camisas.

“Es hora, debemos irnos”.

Con ello, salimos del hotel y nos dirigimos al primer club caminando, pues se encuentra a unos veinte metros.

“Recuerden, la misión es hallar información de los rebeldes y sobre Ivanova, pues se les ha visto en algunas noches compartiendo momentos.

No demuestren ser forasteros ni mutantes en servicio activo.

Evitemos los problemas”, digo.

Sin más, entramos al primer club.

El guardia nos ordena pagar la entrada y accedemos.

En cuanto pasamos, la música logra aturdir mi cabeza.

El aroma a cigarro inunda mi nariz.

Hay cientos de personas bailando en todos lados, otros únicamente bebiendo y platicando.

En el fondo del club puedo ver una enorme pantalla proyectando videos y la cabina del DJ frente a esta.

Las luces estrobo y reflectores me ciegan por momentos, pero logro seguir avanzando.

“Eduardo, Karla.

Dividámonos, yo iré hacia el fondo cerca de los sanitarios, ustedes dos divídanse”.

“De acuerdo”.

Camino hasta el punto de que mencioné.

Las personas abarrotadas me impiden avanzar con facilidad, pero logro hacerlo después de un momento.

Me encuentro de pie a un costado de la entrada a los sanitarios de pie mientras un mesero pasa una bandeja ofreciendo algunas bebidas.

Una bastará para entrar en el papel.

Tomo una y me pide el dinero de primera instancia al no estar sentado en alguna mesa.

Le pago y me quedo con mi bebida, sin embargo, en cuanto la pruebo me doy cuenta de que sabe asquerosamente amarga.

Esta cosa no creo que sea alcohol, o al menos no uno que debe digerirse.

Miro a mi alrededor mientras escupo la bebida de vuelta al vaso entre gestos de asco.

De pronto, una chica con un cuerpo monumental, con un vestido negro escotado y ajustado reafirmando su belleza se acerca a mí.

“Hola, guapo.

Veo que estás solo, ¿quieres bailar un poco?”, pregunta, con una voz seductora.

Huele demasiado a perfume caro.

Sus labios llevan labial que no es gloss, por lo que sabe perfectamente a que viene aquí.

Sus ojos son seductores, su cabello lacio a la perfección de un color negro me muestra que ella no es de escasos recursos, o al menos eso aparenta.

“Lo siento, hermosa.

No estoy disponible, gracias”, respondo, dándole una sonrisa amable.

Ella levanta una ceja y se acerca completamente a mí.

Ella enrolla sus brazos alrededor de mi cuello y me deja oler su aliento alcohólico.

“Vamos, no seas amargado.

Tu chica no se dará cuenta, ¿no quieres divertirte?”.

Sin pensarlo toco su cuello con mi dedo índice izquierdo y libero una cantidad mínima de electricidad.

Ella se retuerce por un momento y me suelta sin previo aviso.

“Lo siento, creo que hay una mala instalación eléctrica aquí.

Con tu permiso, tengo que ir al baño”, digo.

Dejo mi vaso en el suelo y entro a los sanitarios.

Todos están llenos, el suelo y las paredes brillan de limpias, el olor de productos de limpieza es intenso.

Me sirve para escapar de esa chica.

Me coloco sobre el lavabo y tomo una gran bocanada de aire.

Ah… no estoy preparado para estos lugares.

El ambiente es extraño, o tal vez solo es que he estado tanto tiempo en el instituto que ya no sé cómo divertirme.

Me pregunto si jamás hubiera sido un mutante… ¿yo me la pasaría en lugares así?

Un hombre sale de uno de los módulos del baño y se acerca al lavabo para lavar sus manos.

“¿Forastero?”, pregunta al verme.

“¿Perdón?”.

El hombre sonríe y cruza sus brazos, girándose hacia mí.

Él es de piel clara, cabello corto y negro.

Lleva una chaqueta de cuero café y un pantalón de mezclilla.

Su acento es uno típico de chico adinerado.

“Reconozco a un forastero cuando lo veo, conozco a los capitalinos a la perfección.

Por eso sé que no eres de aquí”, dice.

Mierda, y yo que intenté parecer lo más local posible.

Carraspeo y cierro mis ojos intentando disimular mi evidencia.

“Bueno, sí.

Estamos de viaje”, digo entre tartamudeos.

“Excelente.

Disfruten su viaje, pero aquí no es lugar para ustedes.

Es muy intenso el ambiente, al menos que quieras sexo gratis y rápido”, dice el hombre.

“¿Dónde me recomendarías tú?”, pregunto.

“Hay muchos lugares sobre la misma avenida.

A un kilómetro hacia el centro, pero es peligroso.

El ambiente es bueno en esos lugares, más cómodo, pero corres riesgo de ser asaltado”, dice.

“Ya veo, pues muchas gracias”, digo con una sonrisa.

Salgo rápidamente del baño y camino hacia la salida tomando el cuello de mi camisa, “Lalo, Karla.

Debemos irnos, aquí no hallaremos nada.

Debimos verlo desde el inicio.

Los veo afuera”.

Salgo nuevamente del lugar entre cuerpos que me impiden avanzar a gran velocidad, pero tras unos empujones consigo salir del lugar.

Unos segundos después, Eduardo y Karla llegan conmigo.

“Debemos ir hacia allá, este lugar no nos dará a ningún rebelde.

Piénsenlo, no es ambiente para ellos.

Es un lugar ‘fresa’, jamás vendrían aquí”, les digo.

Karla se queda pensativa por un momento y luego chasquea los dedos, “tienes razón.

No es un ambiente que seguramente ellos toleren.

¡Vamos!”.

A gran velocidad nos dirigimos hacia la zona mencionada por ese hombre del baño.

Cerca de 5 minutos después, llegamos a ese punto de la ciudad lleno de bares por todos lados.

Puedes ver a personas allí afuera de los bares fumando hierba o tabaco, en otros lados simplemente bebiendo afuera.

El aroma tan particular de la marihuana inunda mi nariz y me hace cubrirla.

“De acuerdo, chicos.

Entremos a un bar y luego vayamos a otro”, digo.

“Sí”.

Entramos a un bar que su interior tiene luces neón, mesas de madera viejas y suelo rustico.

Las personas dentro lucen como criminales, pero aún así, debemos seguir con la misión.

Yo me siento en la barra mientras Eduardo y Karla se sientan en una mesa mixta.

Miro a mi alrededor y puedo ver a mucha gente jugando billar o fumando.

Todos se ven sospechosos.

¿Cómo mierda voy a identificar a un rebelde?

Debería haber algo que los identifique.

El mesero de la barra se me acerca y me saluda, “¿Qué onda, hermanito?

¿Qué te sirvo?”.

“Un mojito por favor”, respondo.

El mesero asiente y se marcha a preparar mi bebida.

En ese instante, un chico a mi lado me observa fijamente.

“¿Quieres que yo pague eso?”, dice, con una voz afeminada.

“No, gracias.

Pero, te agradecería algo de información”.

“Claro, puedo decirte lo que quieras, chico malo”.

Ay, no.

“Escuché que por aquí suelen aparecer personas extraordinarias, personas que no parecen humanas.

¿Has escuchado algo de ello?”.

El chico juega con sus manos y luego me lanza una mirada atrevida, “sí, pero eso te costará algo”.

Carajo, no soy de esos gustos.

El mesero regresa con mi bebida y me la entrega, “oye, Camilo.

Aléjate de él, maldito depravado”.

El chico me guiña el ojo y se marcha de la barra.

En este instante puedo suspirar de alivio mientras el mesero me mira con seriedad.

“¿Qué requieres saber?”.

“Bueno, he escuchado que en este punto de la ciudad hay personas con cualidades diferentes”.

El barman se ríe y toma un vaso mientras lo limpia con un paño limpio.

“Bueno, hay ciertas personas extrañas, a veces se reúnen aquí, a veces en los demás bares.

Pero se mezclan muy bien.

Sin embargo, casi siempre todos piden lo mismo”.

“¿Qué?”.

El barman me muestra su mano derecha mientras frota su índice con el pulgar indicando que requiere dinero.

Corrupto de porquería… pero así funciona el sistema.

Meto mi mano en mi billetera y saco un billete de 500 pesos para dárselo.

En cuanto él lo toma lo guarda en su bolsillo y mira a todos lados.

“Siempre suelen pedir mojitos, incluso pensé que eras uno de ellos, pero vi tu ropa y supe que no era así”.

“¿Cómo suelen vestir?”, pregunto.

“Ellos suelen usar ropa extravagante como gabardinas o cosas así, son extraños, pero como dije, suelen pedir mojitos, o en otras ocasiones botellas de tequila”.

Bueno, al menos con eso ya tengo información.

“Gracias, buen amigo”.

El barman asiente y atiende a otro cliente.

En mi alrededor no hay nadie así… siento que es hora de irnos.

Hora de marcharnos a otro lugar.

Le indico a los chicos nuevamente que es hora de cambiar de lugar y nos retiramos.

Pasamos así en todos los bares, cerca de las 12 AM entramos al último.

Este fue el peor de todos, pero por algún motivo lucía diferente.

EL lugar está rayado, luces neón por todos lados.

Mesas de madera, así como las sillas.

Los baños son una porquería donde cualquiera puede verte orinar si eres hombre y junto a esos baños hay una mesa de futbolito.

La música en el ambiente es rock o derivados del mismo.

Las personas aquí son demasiado jóvenes, no les pongo más de 25 años.

Parece un ambiente más universitario.

Me siento en la barra y Eduardo con Karla buscan información hablando con otras personas.

Me pido un mojito nuevamente y espero a que me lo entreguen.

Sin embargo, mientras espero mi bebida, puedo ver como un hombre sentado cerca de Karla se va al baño y ella lo sigue.

Cuando llega a un punto donde sus acompañantes lo pierden de vista ella cambia de forma y regresa a la mesa rápidamente para suplantar su identidad.

Escucho con atención en el intercomunicador, parece que Karla dio con un pez gordo.

Eduardo se mantiene alerta por cualquier situación y por ello, me giro en mi asiento hacia ellos para atacar en caso de que algo salga mal.

“¿Qué dices, Pedro?

¿No te parece interesante este lugar?”, escucho que una mujer está hablando.

“Ah, eh, sí.

Es genial, buen lugar, pero parece muy sucio” Karla responde.

Se llama Pedro… lo recordaré.

“Ese es el ambiente de aquí, es más, como iniciación debes rayar la pared.

Toma tu puto plumón, güey.

Y raya algo, lo que gustes”.

Karla toma el plumón y se acerca lentamente a la pared mientras observo que el sujeto al que le robó el cuerpo sigue esperando en la fila para ir al baño.

Karla raya la pared y regresa a su lugar.

“¿Esa mamada qué, güey?

Mejor no hagas nada jaja”.

Sigo observando con precaución y noto que el hombre finalmente entra al baño.

“Karla, el sujeto entró al sanitario, ten cuidado”.

Ella se levanta y se dirige hacia afuera del bar, luego regresa a su lugar y se sienta con Eduardo de nuevo.

El hombre sale del sanitario y mientras lo observo, noto que una chica me mira fijamente a la distancia.

“¿Eh?”.

Ella es realmente hermosa, su piel es blanca como la nieve, su cabello castaño y lacio, logra llegar hasta sus hombros.

Sus cejas son pobladas y delineadas, y sus labios son ligeramente gruesos, aunque su boca sea pequeña.

Sus mejillas son algo tiernas, parece una muñequita.

Ella me sonríe a la distancia y entonces se para de su lugar y camina hacia mí.

¿Qué demonios?

Sin más, la chica se logra sentar conmigo.

Y me mira de una forma específica, una en la que solo una persona me ha visto.

Me mira justo como Emily lo hace.

“Hola”, ella me saluda, su voz es dulces.

“Hola”.

“¿Por qué estás solo aquí?

¿No tienes compañía?”, pregunta.

“Sí, he venido con unos amigos”.

La chica sonríe y bebe de su vaso.

Ella lleva una blusa blanca de tirantes y un pantalón de mezclilla ajustado roto de los muslos.

Su cuerpo es bello; delgada y con una cintura fina y busto mediano.

Sin duda alguna es demasiado bella.

“Ya veo, pero no los veo por ningún lado”.

¿Eh?

Siento que su voz… siento que la conozco, ¿de dónde?

“Están por allá, yo únicamente me quedé aquí… cazando… ¿alguna chica?”.

Ella se ríe a carcajadas, pero no con esa clase de risa molesta, sino una tierna que te hace congelarte.

Algo recorre en mi espalda, como un escalofrío.

De verdad, siento que la conozco.

Ella continúa riéndose y entonces no puedo evitar preguntar, “disculpa, ¿nos conocemos?”.

La joven deja de reír y su rostro se torna serio.

Cerrando sus ojos mientras menea su cabeza indicando que no, me hace pensar que realmente la conozco, aunque ella lo niegue.

“¿Realmente?

Es que yo… siento que te he escuchado en algún lado”.

Ella se levanta de su asiento y toca mi hombro.

En ese momento, siento como mis poderes eléctricos fluyen por todo mi cuerpo, vibrando a alta intensidad.

No lo comprendo, es justo como aquella noche fuera de ese bar donde maté a ese sujeto.

“¿Eh?”.

La chica sonríe y me da la espalda, “nos volveremos a ver.

Cuídate”.

Mientras se marcha, me quedo congelando, intentando procesar su voz.

“¿Eric?

Tenemos información, debemos irnos, siento que nos están cazando”, dice Eduardo.

Justo en ese momento, recuerdo aquella noche en el hospital cuando los enmascarados me visitaron.

¡Es ella!

¡Es ella!

¡Lo sabía!

¡Sabía que la conocía!

“¡Espera!”, exclamo, mirando hacia afuera.

Sin embargo, ella ya no está.

¡Mierda, no escaparás!

Uno mis manos y retrocedo el tiempo.

Cuando la vuelvo a tener frente a mí, ella abre sus ojos de par en par observando que ha regresado al bar.

¿Eh?

¿Es consciente del retroceso?

Pero solo un timekeeper puede ser consciente de mi retroceso temporal.

“¡Eres una mutante!”, exclamo.

Entre muchos rayos eléctricos de color púrpura, ella desaparece de la nada del bar.

“¿Eric?

Tenemos información, debemos irnos, siento que nos están cazando”, dice Eduardo.

Sí, es verdad, se repitió esa misma frase al retroceder el tiempo.

“Vámonos, yo también tengo importante información”, digo por el intercom.

Así, salimos del bar y regresamos al hotel.

Sin embargo, ahora sé que ella es uno de esos enmascarados, y no solo eso, es una timekeeper y una elemental como yo.

Eso es muy importante ahora.

Debemos regresar al instituto para hacerles saber esto, seguro que será de mucha ayuda.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

¡Tarde pero seguro!

Una disculpa, pero mis finales fueron demasiado intensos esta semana.

Ya he aprobado todo, solo falta una materia más.

Denme sus fuerzas.

¡Nos vemos el próximo viernes con: Los Insurrectos!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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