Timekeepers - Capítulo 42
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42: El Demonio.
42: El Demonio.
El canto de las aves a mi alrededor, el calor abrasador, un ambiente sin viento, los árboles se quedan sin hojas por la sequía y el suelo emana una gran radiación calorífica.
Es primavera y casi verano, mi graduación del instituto está cada vez más cerca y solo puedo pensar en lo que he pasado a lo largo de este par de años.
Pareciera que fue ayer cuando desperté en el hospital, el día en que conocí a mis amigos, aquellos que se convertirían en mi segunda familia.
Me sigo preguntando qué ruta tomar, esos sujetos saben de mí, tuve contacto con uno de ellos, sé que me conocen, y me intriga saber lo que ha pasado en el futuro como para que ellos hayan tenido que regresar al pasado.
Por otro lado, sé que son peligrosos, sobre todo su líder.
Es un asesino a sangre fría, no tiene compasión por nadie.
Primero debo derrotarlos, averiguar cuál es su objetivo, después de eso podré descansar y me retiraré de mundo de los mutantes.
Creo que eso es lo mejor para mí, para mi familia, y para Emily.
Si seguimos envueltos en este mundo tarde o temprano moriremos.
Tomé una botella con agua sobre mi escritorio y bebí de ella mientras me reclino en mi asiento mirando el techo.
¿Qué debería hacer?
Esos sujetos siguen avanzando, asesinando inocentes.
Mis sueños con esos malditos son más constantes con cada día que pasa.
Liberé un suspiro de agotamiento y me recosté sobre mi escritorio.
Desearía una vida normal.
En ese momento, me levanté de mi asiento y salí de mi dormitorio.
Miré mis notificaciones y pude notar que tenía algunos mensajes de los chicos.
“¿Nos vemos para comer?
A las 2”, escribió Sandra en nuestro grupo.
Eran cerca de las 2 así que opté por ir directamente al comedor.
Los esperé por unos momentos más y ellos comenzaron a llegar uno por uno.
Emily se sentó a mi lado y en cuanto nos reunimos todos, ordenamos nuestro almuerzo.
“Estuve investigando un poco más acerca del tema.
Parece que el equipo del asesino de un ojo es tan veloz como la luz”, dice Eduardo.
¿Por qué siempre tiene que ser él quien diga cosas sobre ellos?
“¿Por qué lo dices, Lalo?”, pregunta Emily.
Él saca su teléfono y nos muestra el video de aquél entonces donde mataba a un sujeto.
El video está ralentizado, tanto como para decir que apenas y se puede captar el movimiento de algo.
“Hice mis cálculos, usando mi teléfono grabé una bombilla, la encendí y la apagué con el objetivo de determinar la velocidad de la luz.
Y bueno, sabemos que los cuadros por segundo de mi cámara son superiores a los de la cámara de seguridad del video.
Pero la diferencia entre ambas es de aproximadamente 100 km por segundo.” Miré el video y Eduardo me mostró una hoja con los cálculos realizados.
“No hay forma de que se muevan a esa velocidad, la luz se mueve a su velocidad justamente porque los fotones no tienen masa”, dije, regresando la hoja.
“Cualquier objeto que se intente mover a esa velocidad se desintegraría, es imposible para un humano conseguirlo” Emily se une a la conversación.
“Pero, chicos, ustedes lo están viendo, desaparecen de la nada entre la electricidad”, dice Sandra.
Electricidad… Mis ojos se abrieron de par en par y le arrebato la hoja a Eduardo.
Los cálculos están correctos, pero los asoció con la luz visible.
“Eduardo, tus cálculos son correctos, pero no los asociaste con la luz ideal” digo mientras una sonrisa se ilumina en mi rostro.
“¿Qué dices?
¿La luz ideal?”.
Todos me miraron como si estuviera loco y me quedo sonriendo como un tonto.
“Chicos, los fotones alcanzan esa velocidad al no tener masa, pero ¿qué más se mueve a gran velocidad?
Es la electricidad”.
“¿No es el mismo tipo de luz?”, pregunta Sandra.
“¡Claro que no!
¡Estamos hablando de electrones!
Una partícula subatómica, tiene masa, y por ende no puede acercarse a esa velocidad, sin embargo, sí puede ir muy rápido” digo, tomando la hoja y realizando los cálculos ideales.
“¡Ellos no son velocistas!
¡Usan la electricidad!”, exclamo con fuerza.
Todos miraron la hoja con cautela.
“Es verdad… ¡por eso cuando huyen vemos rayos!” Rodrigo abre sus ojos con asombro.
“Me siento aliviado, ahora me puedo liberar de esa presión por ser más veloz”.
Diana lo miró con un rostro serio, pero ligeramente sonrojado, por lo que Rodrigo carraspeó y dejó ver una presencia imponente de orgullo como siempre, “quiero decir, ya decía yo que era imposible que un velocista se moviera a esa velocidad”.
“Eso significa que puedo dominarlo, usan la electricidad, pero ¿cómo lo hacen?”, digo, poniéndome de pie.
“Eric, no importa, es suficiente información.
Seguro conseguiremos algo”, dice Emily tratando de sentarme.
“¡No lo entiendes!
¡Significa que puedo ponerme a su nivel y ser tan fuerte como ellos!”, exclamo.
Emily agachó su mirada y se mostró triste, como si pudiera ver que me obsesionaré de nuevo con ello.
Pero esta vez no sería así, no dejaría que afectase mi vida otra vez.
“En fin, con eso hemos obtenido aún más información para el director, es un descubrimiento importante”.
Esto es algo bueno.
Tengo que descubrir como lo hacen, solo así podré igualarlos, y finalmente, ser superior.
Tras nuestro almuerzo, regresé a mi dormitorio y comencé a investigar acerca de como poder moverme velozmente con la electricidad.
Suponía que eran diferentes a un velocista por el cómo desaparecían.
No había un rezago de viento tras su partida, estruendos al romper la barrera del sonido, polvo o cosas por el estilo.
Únicamente había rayos y chispas brotando por doquier.
Con eso en mente, busco información sobre como podría funcionar ese poder, sin embargo, el día avanza velozmente y puedo ver la oscuridad de la noche desde mi ventana.
Joder, parece que el tiempo se ha pasado.
Bueno, creo que tomaré una ducha.
El agua tibia por el abrasante sol del día recorre mi cuerpo mientras pienso en todo.
No encontré información alguna en la red, solo ellos podrían decírmelo, por lo que tendría que interrogar a uno de ellos.
Salgo de la ducha y una idea cruza por mi mente.
Si pudiera recorrer la ciudad en busca de mutantes insurrectos podría obtener información acerca de ese asesino.
Sin embargo, tengo un problema, salir del instituto.
Salir no es complicado, sino entrar.
Me meteré en problemas, e incluso podría ser expulsado o retenido en la prisión.
De cualquier forma, debo hacerlo, mi ansiedad no me dejará dormir si no descubro algo.
Decidido a salir del instituto, me visto con un pantalón de mezclilla roto, una playera verde casual, una chaqueta de mezclilla y un par de tenis tipo skate, tomo mi teléfono, mi billetera y salgo por la ventana de mi dormitorio.
Si el vigilante se da cuenta de que he salido del dormitorio estará pendiente de mi regreso y eso sería malo en cuanto se declare el toque de queda.
Bajo con cuidado por la cornisa caigo de golpe en el suelo, flexionando mi cuerpo hacia el frente y rodando para evitar lastimarme con la caída.
Afortunadamente no hice tanto ruido, por lo que nadie se percató de lo que acaba de pasar.
En este horario hay mucho personal moviéndose entre los pasillos y áreas verdes, todo para evitar que se quede algún estudiante en el campus en lugar de su dormitorio.
Me inmiscuyo entre los corredores, evadiendo a cada persona que podría significar un peligro para mi objetivo en este momento.
Entonces, logro llegar a la cerca de seguridad del instituto, la cual tiene un muro de 150 centímetros de altura y el resto es una malla de metal sólido.
Sin pensarlo, subo la malla a gran velocidad y salto hacia la calle.
En cuanto me pongo de pie miro a todos lados para verificar que no haya nadie, y justo en ese momento, me topo con una cámara de videovigilancia.
Por fortuna esta estaba apuntando hacia el lado opuesto de mí, por lo que pude cruzar la calle y caminar del otro lado de la acera.
Ahora me pregunto ¿a dónde debo ir?
No conozco la ciudad, debí preguntar primero qué bares hay.
Si le pregunto a Diana sospechará, creo que lo mejor es contactar a alguien de por acá como Estrella.
¡Eso es!
Estrella puede ayudarme.
Tomo mi teléfono y le llamo, tras unos segundos ella atiende el teléfono.
“¿Eric?”.
“Hola, Estrella.
Buenas noches, perdona que te moleste, pero ¿sabes de algún bar de mala muerte por la ciudad?”, pregunto mientras camino hacia el centro de la ciudad, sin embargo, me siento incómodo.
Miro a todos lados con miedo, sé que he cometido algo indebido por lo que la paranoia me ataca.
“Señorito Eric, no debería hacer esas cosas”, dice ella, con un tono de voz burlesco.
“No, no me malentiendas, por favor.
En realidad, es para una investigación”.
Ella se ríe y suspira para quedarse callada por un momento, “depende, no lo sé, hay muchas cantinas, pero son eso, cantinas, ancianos ebrios con música regional a todo volumen”.
No, la música regia no es de su tipo.
Aunque por la localización de la ciudad… es un sector ganadero, así que tiene sentido.
Podría ser… me lo tendré que pensar, ya que ellos son de cierto tipo de cosas.
“¿Dónde están los peores?”, pregunto.
“Bueno, cerca de tu escuela hay uno, un par de cuadras hacia el centro.
Hay otro bajando la calle Porvenir tomándola desde la panadería frente a la zapatería.
Se forma un cruce de estrella con cinco calles, allí hay un bar con billar y en la esquiva justo sobre ese cruce hay otra cantina”.
“De acuerdo, muchas gracias”.
“Y seguro hay más, pero no soy una borracha”, dice ella con un tono sarcástico.
“Muchas gracias, tu información me es de mucha ayuda”.
Cuelgo la llamada y continúo mi ruta.
Primero veamos el que está cerca de mí.
Llego al bar y en cuanto entro puedo ver que ha cerrado.
“¿Cerrado?”.
Me acerco a la entrada y veo una etiqueta amarilla con letras grandes informando que ha sido clausurado.
“Debe haber sido por lo que ocurrió aquella ocasión… mierda.
Ahora debo buscar los otros”.
Tomo mi teléfono y busco la ubicación que Estrella me dio, así, me guío con el mapa.
Está a diez minutos desde mi posición, debo darme prisa.
Me dirijo entre las calles del centro de la ciudad, no es tan tarde, por lo que aún puedes ver gente caminando por allí.
El parque tiene mucho flujo de personas, parece que en este horario las personas suelen visitarlo con mayor preferencia.
Mientras avanzo en mi ruta me doy cuenta de que ya conozco la ubicación de ambos lugares gracias a aquella ocasión cuando visitamos ese bar con Diana donde terminamos ebrios.
Así, guardo mi teléfono y apresuro mi paso.
Cuando llego a la panadería giro hacia la izquierda, una calle con una bajada bastante inclinada, algo angosta y que es de un solo sentido y únicamente tiene dos carriles, donde uno es para estacionarse y el otro para circulación.
El rock se puede escuchar desde la dirección del billar bar, me pregunto qué conviene más.
Me paro en la acera contraria al bar y observo que hay una gran cantidad de mesas de billar y muchas personas allí dentro.
El olor a cigarro inunda mi nariz y estoy a una distancia moderada como para que ese aroma me aborde.
Creo que lo mejor es dejarlo para lo último.
De igual forma no creo conseguir nada.
Tras tomar una gran bocanada de aire sigo con mi rumbo hacia la cantina del final de la calle.
El hedor a orina, cerveza rancia y tabaco me aborda y cubro mi nariz con mi mano derecha sin pensarlo.
“¡Qué carajos!
Esto es horrible, solo entraré de rápido y miraré”.
Sin más, empujo las puertas de madera típicas de una cantina y entro al lugar.
Las mesas son de madera, hay unos cuantos hombres con algunas canas sentados en las mesas.
Una rocola al final junto a la barra, un sujeto obeso atendiendo en la barra junto a dos mujeres de complexión rolliza.
Ninguno de aquí se ve como un mutante… parecen personas ordinarias.
El sujeto de la barra me observa fijamente por lo que salgo a gran velocidad del lugar y regreso al bar anterior.
“No me lo creo, este lugar apestaba de verdad.
Espero no tener que volver a pisarlo de nuevo”.
Llego al billar bar y empujo la puerta de cristal oscuro, en cuanto entro puedo ver a muchas personas jugando.
Sin embargo, mi electricidad comenzó a vibrar con ferocidad.
Hay un mutante de tipo eléctrico aquí… interesante… Todos me observan; unos con desagrado y otros ni se inmutan y continúan con su juego.
Avanzo hasta la barra y me siento en una banca.
“¿Qué te ofrezco niño?”, pregunta el bartender.
“Un mojito, por favor”, respondo.
Él asiente y toma un vaso mientras comienza a preparar mi bebida.
Por otro lado, un sujeto moreno, delgado y alto me mira a lo lejos.
Él sonría mientras habla con su grupo de amigos, pero su mirada no me la quita de encima.
Entonces, todos me miran.
Mierda.
Me estoy poniendo nervioso, no debí venir solo, algo puede salir mal.
Sin darme cuenta, el chico ya está abordándome y me saluda amistosamente.
“Oye, bro.
¿Qué cuentas?”.
Yo lo miro con timidez y regreso mis ojos hacia las bebidas en la estantería, “hola… eh, pues, nada”.
El chico se sienta a mi lado y me mira fijamente.
“No tienes que temer, un chico como tú no anda en las calles como si nada”, dice tomándome del cuello sin previo aviso.
Reacciono por reflejo y le arrojo un rayo, provocando que caiga al suelo, así, me levanto de mi lugar.
Justo en ese momento me percato de que todos me observan, preparados para atacarme.
Oh, demonios.
Ya la cagué.
El chico en el suelo se levanta lentamente mientras suelta una carcajada, “calma, chicos.
Fue mala mía, yo debí asustarlo”.
Él extiende sus brazos a sus extremos, “¿escapaste del instituto?”.
Su pregunta me deja pensando, pero la adrenalina que tengo en este momento hace que tarde demasiado en razonar, por lo que únicamente puedo asentir con mi cabeza.
“Pobre chico, ¿qué te hicieron?
¿También te usaron como ratón?
Tienes suerte de que no te hayan matado en una misión”, dice con un rostro algo deprimido.
¿Lástima por mí?
¿Qué demonios?
“Oye, Ritchie.
Dale a… ¿cómo te llamas?”.
“Eric”, respondo.
“Dale a Eric su bebida y por favor, no dudes en ponerla a mi cuenta y a mí dame otro mojito”.
No cabe duda, es un mutante, mi electricidad vibra con fuerza así que sé que él es el de clase electro.
En ese momento, mi mirada se posa en su cuello y puedo ver la ‘E’ que Karla y Eduardo mencionaron.
¡Son insurrectos!
¿Cómo debería abordar el tema?
Mierda… lo haré con calma.
Mi cuerpo tiembla, estoy tan asustado, mi adrenalina está a tope, cualquier movimiento en falso puede llevarme a la tumba.
“Eh… ¿son todos rebeldes?” le pregunto con una voz tímida, casi insonora.
El chico frunce el ceño y me mira con odio, “no, los rebeldes son una porquería, nosotros somos insurrectos, aunque parezcamos lo mismo, no lo somos”.
Así que los rebeldes y los insurrectos no son lo mismo… interesante.
“La basura rebelde únicamente son criminales con poderes.
Nosotros no matamos gente inocente, de hecho, tenemos vidas normales, ese sujeto de allá es un prestigioso doctor, usa sus poderes para sanar a personas que realmente lo necesitan”, dice, señalando a un hombre algo mayor, con canas, y de piel ligeramente clara.
“Entonces, ¿qué son los insurrectos?”, pregunto.
“¿Qué somos?
Querrás decir.
Porque, si tú quieres puedes unirte, créeme, estarás mejor con nosotros que con esa escoria de instituto.
Pero, nosotros somos una organización, estamos por todo el mundo, y cada día que pasa nos expandimos más y más.
Nuestro objetivo, pequeño amigo, no es matar, es liberar”.
“¿Liberar?”.
“Sí, liberar a todos los mutantes, y luchar contra las garras de los institutos, esos malditos solo nos usan.
Es el objetivo de nuestros líderes, y el motivo por el que nuestro jefe principal ha estado luchando por siglos”.
Siglos… ¿Ha dicho siglos?
“¿Por qué el instituto… nos usa?
¿Qué quieren con nosotros?”, pregunto, apretando mis puños.
“Cuando fuiste internado en ese lugar te prometieron sanarte, y lo hicieron, pero a costa de eso te usan como arma, como una pieza de ajedrez y les da igual si mueres o no”.
El bartender nos entrega nuestras bebidas y entonces el chico comienza a beber a fondo su vaso.
“Refrescante… pues sí, como decía.
Ellos nos usaron, y su única ambición es tener un ejército estable contra la humanidad, créeme, ellos están a punto de levantarse contra los humanos o contra nosotros, los insurrectos.
Y el día que eso pase, créeme, será una catástrofe mundial de la que nadie sobrevivirá”.
“Entonces… ¿el instituto no busca liberarnos?
¿No busca igualdad?”.
El sujeto sonríe y me coloca una mano sobre mi hombro izquierdo, “no, o bueno, no es lo que realmente quieren”.
Hay algo aquí que no cuadra, qué es lo que le hicieron a cada uno de los insurrectos como para que estén en contra del instituto.
“¿Y a ti qué te hicieron?”, pregunto.
El sujeto suspira y su mirada se queda sin expresión, mira al vacío como si su mente se llenara de pésimos recuerdos.
“Perdí a mi familia… Fui a una estúpida misión de ellos cuando ya había egresado del instituto.
Seguí como servicio activo, y seguí trabajando con ellos.
Cuando regresé, mi familia había sido asesinada por un grupo de rebeldes que entraron a robar la casa.
Odiaba a los rebeldes, mejor dicho, los odio, pero los confundí con los insurrectos.
Entonces ‘ÉL’ apareció y me mostró la diferencia”.
¿ÉL?
¿Se refiere al asesino de un ojo?
“Te refieres…” “Sí, a El Demonio, o como ustedes seguramente lo conocen, el asesino de un ojo”, responde, dándole un trago a lo que le quedaba de su bebida.
“Él es más que un líder, es como un verdadero padre, sin embargo, si haces algo que lo haga molestar puede que te mate.
Tenemos normas, tenemos reglas que no podemos romper, y si lo hacemos entonces lo último que vemos es su máscara agrietada mientras nos arranca el corazón”.
¡Mierda!
¡Entonces realmente El Demonio es el asesino de un ojo y es su líder!
Aprieto mis puños con fuerza y bebo de mi vaso hasta acabarlo.
Puedo sentir como lentamente mi cuerpo se relaja.
“Oye, despacio, niño.
Seguramente no toleras mucho el alcohol”, dice él con un tono burlesco y una ceja levantada.
“No te preocupes, lo hago realmente”.
Miro a mi alrededor y observo que todos parecen relajados, es como si no tuvieran miedo de ser atrapados.
“¿No creen que puedan ser atrapados algún día?”, pregunto.
“¿Dónde?
¿Aquí?” Le respondo, asintiendo con mi cabeza.
“No, dudo que nos encuentren tan fácil.
Además, siempre tenemos una base dinámica, un tiempo aquí, otro allá, otro por más allá.
Nunca estamos tanto tiempo en el mismo lado”.
Ya veo… esta información definitivamente es muy importante.
“Bueno, pues parece un buen lugar”, digo con una sonrisa gentil.
“Sí, lamentablemente dudo que sigamos aquí, además, no siempre estamos en los bares, es solo cuando tenemos una reunión o algo por el estilo”.
“¿Y El Demonio viene?”.
“No siempre, a veces solo manda a sus compañeros o a veces viene… ella…” el chico parecía detenerse al mencionarla.
“¿La Perra?”, pregunto.
Él me mira con algo de desconfianza e intriga, “¿cómo sabes eso?”.
“Antes de abandonar el instituto nos hablaron de ella… es una chica rusa, ¿no?”, respondo con firmeza.
“Sí, ella es despiadada, pero es una gran persona, podríamos decir que El Demonio y su Perra son demasiado similares”.
“Son alias demasiado interesantes”.
“No los pusimos nosotros, hace tiempo cuando se presentaron ante nosotros ellos traían esos alias desde otros países.
A él le llamaban demonio por ser un asesino, y a ella le decían perra por insulto”.
“Y entonces ustedes les llaman así”, digo entre risas.
“Sí, pero no frente a ellos, hazlo si quieres que te arranquen el corazón o te hagan polvo”, dice el chico con una sonrisa en su rostro.
“Ya veo, pues es excelente, ¿dónde puedo hacerme la marca de insurrección?”, pregunto.
“Veo que estás muy informado sobre nosotros… pero, esta marca la hace El Demonio junto a la chica que siempre está con él.
Cauterizan la herida para que no sangre, queman tu piel y ella evita que las células se mueran o se regeneren, así permaneces con esta costra en el cuello”.
Eso es perturbador, pero parece una especie de ritual de iniciación.
“Ya veo… así que tendré que esperar hasta que él regrese”, digo, mirando la hora en mi teléfono.
“Sí, puedes buscarnos o nosotros a ti, en realidad, él sabe cuándo hay un nuevo miembro.
Él te buscará en persona”.
Eso evidentemente jamás pasaría, pues, no soy un verdadero integrante.
Creo que tengo mucha información que me ayudará, el problema ahora es salir de aquí.
“Voy al baño”, digo, levantándome de mi asiento.
Cuando llego al baño, miro a todos lados y me acerco a un mingitorio para orinar.
Puedo ver que hay hombres en los escusados, por lo que debo apresurarme, no quiero estar a solas con ningún insurrecto.
En cuanto termino de orinar me dirijo al lavabo y justo en ese momento un hombre sale del cubículo del escusado.
Mientras me lavo las manos él se para a mi lado para lavar sus manos en el otro lavabo, sin embargo, su mirada se posa en mi muñeca.
¿Qué rayos me ve?
Él se detiene y el agua deja de chorrear.
El hombre no hace nada más que observar mis manos, entonces me doy cuenta de todo, él en realidad está observando mi pulsera, la pulsera que el instituto me dio para monitorearme.
“No eres un nuevo integrante, te habrías quitado esa basura…”, dice, con un tono molesto.
Únicamente puedo tragar saliva y mirarlo fijamente, sabiendo que lo que se avecina no será nada bueno.
Sin más, puedo ver como el hombre convierte su puño de carne y hueso a roca sólida y me golpea en el estómago con tal fuerza que salgo disparado contra el techo.
El daño que recibo es tanto que no puedo respirar y mi espalda quedó lesionada por el impacto contra el techo.
“¡Maldito infiltrado!”, exclama mientras me toma de la chaqueta y me levanta como una simple pluma.
Luego, me arroja fuera del baño provocando que choque con una mesa de billar y esta quede completamente destrozada.
Todos se levantan de sus lugares y nos observan, es entonces que el chico con el que estuve platicando se interpone entre ambos.
“¡Oye, Juan!
¿Qué rayos haces?”, exclama.
“¡Es un infiltrado!
¡Lleva la pulsera de monitoreo!”, responde con un grito feroz.
Todos me miran mientras me pongo de pie.
“Así que es verdad… ¿realmente eres una basura del instituto?”.
“Fueron demasiado ingenuos… me dieron información demasiado fácil… no deben confiar en alguien así sin siquiera averiguar más sobre él”, respondo mientras intento respirar apropiadamente.
El sujeto de la barra señala la puerta y un par de hombres la cierran.
“No te irás de aquí, escoria”, dice el chico.
Todos comienzan a aglomerarse a mi alrededor mientras los mutantes elementales comienzan a materializar sus poderes y otros simplemente se preparan para darme una paliza.
Puedes escuchar el agua, el fuego, el suelo crujiendo al emerger de las profundidades, el crujido de los dedos de aquellos que planean asesinarme, ante esto, les doy una sonrisa egocéntrica y los miro sabiendo que esta partida ya la gané.
“Eso lo veremos” en ese momento, junto mis manos y retrocedo el tiempo hasta antes de entrar el bar.
Me encuentro en la entrada, con mi respiración agitada y con la adrenalina a tope.
Aunque sé que el golpe no está, me parece sentir el golpe allí, aún no me acostumbro a ello, dejar de sentir un dolor o curarme de una herida gracias al retroceso es increíble.
Ahora, debo irme de aquí.
Rápidamente retrocedo y cruzo la calle.
Así, me dirijo hacia el instituto de vuelta, con una gran cantidad de información importante, sin embargo, me pregunto si lo que ellos dicen es real.
¿El instituto realmente planea usarnos?
Realmente consideré esa posibilidad durante un tiempo, pero ahora me parece más creíble, comienzo a dudar de lo que es real y lo que no.
Las únicas personas que podrían mostrarme el mundo real, la realidad de este dilema, son el director y ese sujeto, El Demonio.
Aunque me lo proponga en este momento, lo que me importará después de llegar al instituto será afrontar el castigo que el director me dará.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!
Vaya que ha sido complejo escribir esto, pero, finalmente lo traigo para ustedes.
Espero que sea de su agrado.
Ha sido emocionante plantear lo que se viene en el final del volumen.
¡Se avecina el final de este volumen y WebNovel lo sabe!
¡Lo que se viene después de este y el siguiente capítulo será algo increíble!
¡Nos vemos en un par de días con el nuevo capítulo llamado: Atando Cabos!
¡Excelente ombligo de la semana a todos!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com