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Timekeepers - Capítulo 48

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48: Graduación.

48: Graduación.

¿Vale la pena morir por personas que ni siquiera conozco?

Arriesgar mi juventud.

Mi vida y la felicidad de quienes amo por gente que no conozco.

¿Vale la pena?

El dinero nunca faltará con las misiones, pero un día para otro podría morir y todo ese esfuerzo será en vano.

Soy un joven, tengo menos de 20 años y un futuro por delante.

A mí y mis amigos nos dieron una paliza solo por una misión.

¿Valió la pena?

Podríamos decir que sí; enfrenté a mis miedos, y expulsé ese odio hacia esos sujetos.

Sin embargo, ¿por qué los odiaba?

¿Me hicieron algo a mí?

No recuerdo que haya sido así, y, sin embargo, yo deseaba matarlos a todos.

¿Acaso ellos no dijeron desde un inicio que no querían matarnos?

Entonces ¿por qué demonios nos fijamos en lo que no nos han hecho a nosotros?

¿A caso me creo un superhéroe?

¡No lo soy!

Arriesgué mi vida únicamente por mis amigos, las únicas personas allí que valía la pena proteger.

No creo que mi vida deba terminar por proteger a alguien que ni siquiera he tratado una vez.

Millones de personas mueren cada día y no por eso me dedico a protegerlos.

Es la ley de la vida.

Debo alejarme de todo esto… o terminaré muerto.

Todo a mi alrededor es oscuro, ¿cuántas veces me he encontrado ya en esta situación?

Esa maldita costumbre de salir malherido, casi muerto de una misión, se está incrementando cada vez más.

Debo alejarme de esto, o un día simplemente… moriré.

Punto de Vista de Noel.

Los parámetros de los chicos son demasiado altos, están luchando, de eso no hay duda.

Los monitores se llenan de indicadores rojos en el ritmo cardíaco de Eric, luego de Rodrigo, Diana, Emily y Sandra.

¡Mierda!

Por favor, Dios.

Trae de vuelta a mis niños.

No dejes que ninguno de ellos muera, ya no más… De pronto, todos los parámetros se detienen, sus corazones laten con lentitud, mis ojos se abren con desesperación y mi cuerpo entero tiembla.

“No… ¡Maldición!” me levanto de mi asiento y salgo de la sala a gran velocidad, trastabillando con el azulejo del suelo.

Resbalo con el suelo y me golpeo en un muro al intentar girar y salir del edificio, sin embargo, eso no me detiene.

“¡Noel, espera!”, exclama Marco al verme correr.

“Ese imbécil… Fabiola, contacta rápidamente al escuadrón de rescate en la sección norte, necesitamos recuperar a los chicos.

¡Ya!”, exclama Marco con ferocidad.

“¡A la orden!”, responde Fabiola.

Corro hacia mi auto y lo enciendo velozmente, así, conduzco y salgo a la calle principal, adentrándome en la carretera y tomando dirección rumbo al aeropuerto.

Debo ver por ellos, no puedo permitirlo.

Serían el primer escuadrón joven en morir.

¡Todo por mi culpa!

¡No lo voy a permitir!

Puedo escuchar el sonido del motor alcanzando una increíble velocidad mientras comienza a llover en el camino y el parabrisas se empapa.

¡No dejaré que ninguno muera!

¡Eric!

Punto de Vista de Eric.

Siento frío, me siento entumecido del cuerpo.

¿Acaso me tienen encerrado?

¿Cómo estarán los chicos?

Ah… todo esto es demasiado, quiero despertar, quiero regresar a casa… ¡Debo despertar!

De pronto, mis ojos lentamente se abren y una típica luz blanca cegadora me hace cerrarlos de nuevo de golpe.

Puedo escuchar el ‘bip’ de mi máquina de signos vitales.

Parece que estoy vivo… bueno, ya es un avance… Mi cuerpo no me duele, deben haberme curado con el poder de algún sanador.

El aire es típico a un hospital; alcohol y medicamentos combinado con algunos productos de limpieza.

Nuevamente abro mis ojos y puedo ver una sala blanca completamente, no luce como un hospital sino como un laboratorio o algo así.

Ni siquiera estoy en una cama, estoy en una mesa de observación.

Malditos… me tienen como una rata de laboratorio.

Así, me levanto lentamente y las sondas adheridas a mi cabeza y mis brazos me tiran hacia la cama de nuevo, al sentir el dolor libero un pequeño grito.

“¡Arrgh!” con un feroz grito me arranco una por una y quito el catéter de mi brazo donde estaba recibiendo un suero o medicamento.

Finalmente me levanto de la cama y noto que tengo una bata de hospital.

Me siento débil, a pesar de que no tengo ninguna herida mis energías aún no han regresado, maldición.

Poco a poco camino hacia la puerta y la abro, así, salgo de la habitación, entonces llego a un pasillo demasiado largo y miro hacia ambos lados preguntándome, “¿Qué dirección tomo?”.

No tengo cabeza para pensar… ¡Emily!

¡Chicos!

¡¿Dónde carajos están?!

Justo en ese momento, la voz de mi amada invade mi cabeza, “¿Eric?”.

Mi mirada se posa sobre ella, quien de igual forma lleva una bata de hospital.

“Emily… menos mal estás bien”, digo con una voz débil.

Ella corre al verme y me abraza, “me alegro de que estés bien.

Aunque ya sabía que estabas fuera de peligro no podía evitar sentirme mal” Sus lágrimas se derraman y acaricio su mejilla mientras limpio con cautela las gotas que escurren por su rostro.

“Descuida, no me matarán tan fácil.

¿Tú estás bien?”.

Ella asiente mientras solloza y se limpia las lágrimas, “todos estamos bien.

Tú fuiste quien terminó peor junto a Rodrigo, él despertó hace un par de horas… pero tú tardaste más”.

“Ya veo, menos mal.

Todos están bien… es bueno saberlo.

Deberíamos irnos ahora”.

Ella asiente y entonces, la voz del director se hace presente, “Eric.

Me alegra verte bien”, dice con un tono relajado, como si al verme un gran dolor saliera de él.

Su rostro luce ojeroso, ¿qué pasó?

“¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?”, pregunto.

“Dos días, dos largos días estuviste en cama”, responde el director.

“Vaya, así que terminé hecho mierda” me río de mi propia debilidad.

El director niega con su cabeza y toca mi hombro, “fueron demasiado fuertes.

Obtuvieron mucha información, Sandra me contó alguna.

Pero, falta tu parte”.

Asiento y así, caminamos a una sala de espera, donde puedo ver a todos mis amigos allí.

Sandra evita mirarme y guarda silencio en cuanto me ve entrar.

¿Qué pasa con ella?

El director me da una taza de té y nos sentamos en los sofás, “bien, Eric.

Necesito que me digas todo lo que escuchaste”.

Sorbo el té y lo coloco en la mesa del centro, luego miro hacia el techo y recuerdo todo lo sucedido esa noche, “vienen del futuro.

Dijeron que una guerra estalló entre mutantes.

Y ellos son los verdaderos timekeepers, son nexos, y que existen en cada línea del tiempo del universo.

Así mismo… mencionaron a un tal Épsilon, ¿sabe algo de eso?”.

El director me mira de forma analítica, y luego suspira, “No, me temo que no.

No conozco a ningún Épsilon.

Puede ser un sobrenombre, ¿qué hay con ello?”.

“Dijo que estaba jugando con el tiempo, o algo así… creo que ese tal Épsilon es quien está causando una variación en las líneas del tiempo.

Por lo que entendí… ninguno de nosotros vive en el futuro, lo que significa que moriremos…”, digo, con una voz enmudecida.

El director sonríe y toca mi hombro, “no, no pasará.

Todos ustedes vivirán.

Lo prometo”.

“Eso es correcto”, digo, levantándome del sofá.

“Porque no creo seguir siendo un mutante… no después de lo ocurrido”.

Así, camino sin rumbo fuera de la sala.

El director me mira con tristeza, pero luego se da por vencido y se deja caer sobre el sofá con sus brazos estirados en el soporte, “sí… es lo mejor, igual ustedes, chicos.

Sigan a Eric.

Aléjense de este mundo”.

Un par de horas pasaron y una enfermera me llevó una muda de ropa a mi habitación, donde rápidamente me cambié y me reuní con mis amigos.

Nadie dijo nada de la misión.

Pero Sandra luce apagada, como si arrastrara alguna pena.

Mientras estamos en el aeropuerto ella se levanta y camina al baño.

“Ahora vengo”, digo, siguiéndola.

Rápidamente la alcanzo y antes de que ella entre al baño de mujeres la coloco contra la pared, provocando que ella se sorprenda.

Su respiración se agita y su rostro se enrojece.

“¿¡Eric?!

¡Qué rayos haces!”, exclama entre tartamudeos.

“Eso mismo quiero saber yo, ¿qué mierda haces?

No has dicho una sola palabra, dímelo.

¿Qué ocurre?

Es por la misión ¿verdad?”.

Ella evita mi mirada y sus ojos se llenan de lágrimas, aún y conteniéndolas, ella solloza.

“No fui de utilidad… no pude luchar, esa chica se me acercó y… y… y solo pude orinarme encima”.

Así que quedó traumada… sé lo que se estás pasando.

Sentirte inútil es horrible… “Ella dijo que yo sería la esperanza en el futuro, pero… ¿cómo podría serlo?

¡Soy solamente una sanadora!

¡No tengo utilidad alguna!

Solo puedo quedarme en la retaguardia y curarlos… no sirvo de nada…” Sin dejarla seguir, la abrazo con fuerza y hundo mi rostro en su cuello, ella se asombra y permanece congelada como una estatua.

“No, Sandy.

Fuiste de utilidad, aunque yo no presté atención a la lucha de todos, sé que lo fuiste.

Por eso estabas tan agotada, tener miedo es algo natural.

¿Crees que yo no lo tenía?”.

“Pues tú te veías tan decidido…”, responde.

“No, estaba muerto de miedo.

Pero lo mantuve dentro, si yo mostraba miedo, el equipo caería.

No es malo temer, Sandy.

No estás sola, y no eres inútil.

Todos te apreciamos, y estoy seguro de que hiciste algunas cosas increíbles.

Lo que sí sé es que somos un equipo, una familia, y todos nos complementamos.

Así que deja de llamarte inútil.

Era una misión demasiado pesada, era obvio que algo ocurriría, yo te quiero, Sandy.

Todos lo hacemos”.

“Eh… gracias, gracias de verdad”, dice ella, abrazándome de igual forma.

Tras un momento, ella me suelta y limpia sus ojos con sus manos, “tengo que… que ir al baño, nos vemos en un momento”.

Pierdo de vista a Sandra y me quedo de pie en la entrada.

Ella es tan frágil, siempre olvido que es una chica normal y no solo una chica llena de alegría y energía.

Debo protegerla, a ella, Emily y los demás.

Tras una hora, nuestro vuelo finalmente es anunciado y lo abordamos.

El viaje de vuelta fue corto, pues cedí ante el cansancio y no percibí el tiempo de traslado hasta que sentí la vibración al aterrizar.

Cuando regresamos al instituto todo yacía como siempre, sin embargo, algo había sido arrancado de nosotros.

Nadie dijo nada, un silencio absoluto nos envolvía, como si nuestras mentes siguieran luchando contra esos sujetos.

Cuando llego a mi dormitorio me aviento a la cama y me duermo, sin embargo, entre sueños puedo sentir los golpes, el dolor, puedo sentir la sangre derramándose por mi rostro.

No cabe duda de que fui marcado.

No sé cuánto tiempo pasaré con este maldito trauma.

Los días avanzaron rápidamente, y sin darme cuenta me encuentro en mi dormitorio con toda mi familia.

Me miro frente a mi espejo mientras llevo puesta una camisa blanca, un pantalón formal color gris y una corbata negra con rayas grises.

Mientras me lazo la corbata mi mente se llena de los recuerdos de la lucha, aún puedo sentir cada golpe, mi boca se llena del sabor a hierro y siento mi sangre escurriendo por mi cara.

Nunca olvidaré eso.

Termino el nudo de mi corbata y me miro de pies a cabeza.

¿Finalmente llegó el día de graduación?

No pasó mucho tiempo después de todo, pero siento que he vivido más cosas que nunca en este lugar… me alegro de que todo haya terminado.

El único problema es que no veré tan seguido a los chicos.

Mi madre me abraza por la espalda y me besa la mejilla dejándome la marca de su labial.

“Mi pequeño hombrecito, finalmente vuelves a casa, mi amor”.

“Sí, ma’… la espera terminó”, digo, dándome la vuelta y abrazándola de igual forma.

Mi papá está sentado en la cama mientras que Ao, Amelia miran por la ventana, Kim está acostada en mi cama viendo el televisor.

“Esto no está tan mal, Eric.

Definitivamente me hubiera gustado quedarme aquí contigo”.

Mi madre mira a Kim con una sonrisa en su rostro, “¿no extrañarías a tu padre?”.

“Sí, pero no está tan mal”.

El cielo se oscurece y mi familia sale del dormitorio conmigo, así, me pongo el saco y caminamos rumbo a la entrada principal para salir e irnos al salón donde sería la fiesta de graduación.

Todo marcha genial, nos subimos a los autos y tras unos cinco minutos llegamos a un salón de eventos.

Entramos y todo luce elegante, la cristalería, el suelo pulido, las mesas y los arreglos.

“Es genial”, dice Ao.

Sí… genial… ¿Por qué me siento así?

¿Debo estar feliz o triste?

Ya no lo sé.

El salón poco a poco comienza a llenarse de invitados.

Puedo ver muchas caras conocidas de aquellos que se gradúan con mi generación.

Entonces veo llegar a Karla y Eduardo, quienes vienen con sus familiares.

Por otro lado, veo a Diana, portando un hermoso vestido largo de color verde y un peinado refinado.

Poco tiempo después Sandra entra con un vestido ajustado de color rojo con escote y su cabello rizado.

Finalmente entra Emily con sus padres, ella lleva un vestido ajustado y largo de color violeta.

Su cabello está recogido, pero tiene algunos mechones de cabello sueltos en las mejillas.

Se ve tan hermosa que no puedo evitar sonreír.

Ellos caminan hacia nuestra mesa, y justo en ese momento, Emily cruza miradas conmigo.

Su rostro luce perfecto, como una diosa mientras todos se arrodillan ante ella.

Sus mejillas se ruborizan y así llegan a la mesa de al lado.

El padre de Emily en seguida nos nota y sonríe.

“¡Vaya!

Pero si es la familia Jaeger”, dice extendiendo sus brazos.

Mi padre se levanta, abrochando su saco y saluda con un estrecho de manos seguido de un abrazo al padre de Emily.

“Max, que bueno verte, amigo”.

“Sabía que los vería, pero no esperaba que nos tocase estar tan juntos”, dice el padre de Emily.

“Bueno, las coincidencias existen”.

De inmediato me pongo de pie y saludo a los padres de Emily, “señor, señora.

Un placer verlos”.

“Eric, el placer es nuestro.

Qué elegante te ves, todo un hombre”, dice el señor Maximiliano.

“Muchas gracias, ustedes también se ven bastante bien… especialmente tú”, digo, mirando a Emily.

Ella aparta la mirada y sonríe tímidamente.

“Bueno, vamos a tomar asiento, esto parece que se pondrá interesante”, dice Max.

Todos tomamos asiento y tras un rato el evento comienza.

No he visto a Rodrigo por ningún lado, me pregunto si ya habrá llegado.

La entrega de diplomas llega, y toda mi generación pasa por sus documentos, menos Rodrigo.

Algo anda mal… él no llegó.

Tras la entrega de documentos llega el baile familiar el cual fue algo extenso considerando que los alumnos debíamos bailar con todos nuestros familiares.

Sin embargo, durante este puedo ver a Diana quien se muestra preocupada, mira a todos lados buscando a alguien.

Así que ella también lo notó, bueno, es normal… ella está enamorada de él.

Cuando el baile termina llega la hora de la cena, sin embargo, me acerco a la mesa de Diana y la tomo por los hombros, “Diana.

¿Has visto a Rodrigo?”.

“¡No!”, responde angustiada, “no lo he visto… pensé que tal vez tú sabrías”.

Karla, Eduardo, Emily y Sandra se acercan a nosotros, “¿Ocurre algo?

Rodrigo no apareció nunca”, pregunta Emily.

“No, ya me preocupé…” Diana responde con su voz temblorosa.

“Tranquila, llamémosle, seguro algo pasó”, dice Emily.

Ella le llama y, sin embargo, nadie contesta.

Insistimos cinco veces y nadie atiende la llamada.

“Esto es preocupante… nadie contestó, ¿vamos a buscarlo?”, pregunta Emily.

Diana asiente mientras todo su cuerpo tiembla.

“Iré por las llaves del auto”, digo.

“Vayan saliendo”.

Regreso a mi mesa con Emily y ella habla con sus padres mientras que yo con los míos.

“Pa’, necesito las llaves del auto, por favor.

Un amigo no ha llegado y necesitamos ver si algo ha ocurrido”.

Mi padre me mira preocupado y se levanta de la mesa, “yo los llevaré.

Amor, ustedes quédense, los mantendré informados”, le dice a mi madre.

Así, salimos del salón y mi papá enciende el auto mientras todos subimos a este.

Diana le indica a mi padre la ubicación de la casa de Rodrigo y conducimos hacia allá.

Ella se ve demasiado preocupada, de igual forma yo comienzo a sentir algo en el pecho, como un presentimiento.

Siento que algo malo pasó.

El silencio nos absorbe, puedo escuchar mi corazón agitado latir con fuerza.

Diana entonces me mira con miedo.

Mierda, perdóname, Diana.

Sé que lees mentes, pero siempre se me olvida, intentaré no pensar en nada que te preocupe más.

Ella asiente y regresa su mirada al frente.

En cada vuelta lo único que se puede escuchar es el típico tic-tac de las direccionales del auto.

Nadie dice nada, Sandra mira hacia el suelo mientras que Diana permanece estresada mirando al frente y en todas direcciones intentando hallar a Rodrigo.

Los chicos se ven demasiado preocupados de igual forma.

Entonces, llegamos a la calle de Rodrigo, pero vemos mucha gente alrededor de su casa y luces azules y rojas parpadeando en el lugar.

“¿Qué pasó aquí?”, pregunta mi padre.

¡Mierda!

¡Por favor, que no sea nada grave!

Todos bajamos del auto velozmente y corremos entre la gente, empujándolos, hasta que finalmente llegamos al frente donde hay al menos cinco ambulancias y tres vehículos policiales.

Puedo ver que están llevando varias camillas con bolsas azules en estas, sin embargo, las bolsas toman la forma de un ser humano en cada camilla.

¡No!

¡Qué mierda pasó!

Diana comienza a temblar y sus lágrimas se derraman de golpe, así, corre hacia una camilla donde puedo ver a mi amigo de rodillas abrazando aquel pequeño bulto envuelto en una bolsa azul.

“¡Alto!

¡No puede pasar!”, exclaman los policías al ver a Diana correr hacia Rodrigo.

“¡Suéltenme!

¡Es mi amigo!

¡Suéltenme, imbéciles!” grita con rabia.

Sin más, todos corremos de igual forma y los oficiales sueltan a Diana.

Cuando llegamos con Rodrigo, él no reacciona, únicamente abraza con fuerza el bulto en la camilla.

“¡Rodrigo!

¡No puede ser!”, exclama Diana mientras lo abraza.

Diana tiembla con intensidad por el asombro.

Esos bultos… son un poco más de la cantidad de personas que vivían en esta casa… y ese es muy pequeño… por favor, Dios.

Dime que no es lo que pienso.

Dime que no es así.

Un paramédico intenta levantar a Rodrigo, pero este lo empuja, “¡Déjame, maldito idiota!

¡Ella es mi hermanita!

No voy a dejarla… no pienso hacerlo… no, mi Alice… ¡Mi Alicia!

¡No!

¡No, maldición!”.

¿Ella es Alicia?

¿Aquella niña tan tierna?

No puede ser… alguien dígame que no es cierto… por favor.

Alicia no puede haber muerto.

¡Es una pesadilla!

Él grita desconsoladamente mientras que las chicas yacen inertes, Emily cubre su boca con sus manos por el asombro.

Entonces, puedo ver a una gran cantidad de forenses saliendo de la casa con cámaras en sus manos.

Así, hecho un vistazo desde donde me encuentro y puedo ver un mar de sangre en el suelo.

¡No me jodas!

¡¿Qué mierda pasó?!

Entre forcejeos los paramédicos logran arrancar a Rodrigo del cuerpo de Alicia y suben los cadáveres a las ambulancias.

Así, se marchan mientras que él abraza con fuerza a Diana sin dejar de llorar.

Todos nos acercamos y abrazamos a nuestro amigo, puedo sentir su dolor, no puedo evitarlo, en ese momento mis lágrimas brotan de igual forma.

No sé qué diablos ocurrió aquí, pero sin duda alguna fue una masacre, alguien está detrás de esto, de eso estoy seguro.

Diana no suelta por un segundo a Rodrigo y comienza a acariciar su nuca, ella es quien más llora con él.

Solo ella sabe realmente qué rayos pasó aquí, al leer su mente puede saberlo.

Pero yo no sé si quiera si me gustaría saber el contexto.

No planeo dejar solo a mi amigo, nadie de nosotros.

Estaba planeando retirarme de este mundo, pero ¿qué debería hacer?

Si me retiro sería como darle la espalda a Rodrigo.

No puedo dejarlo solo, sin embargo, estar en este mundo me deja en un riesgo inmenso.

No sé qué mierda hacer… pero algo sí sé, y es que cuando mis seres queridos se encuentren en peligro yo los protegeré.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

¡Caray!

No ha pasado mucho, ¿verdad?

¡Iniciamos con el pie derecho este volumen!

¡Arrancamos con todo el potencial!

Espero que sea de su agrado, pues este volumen tomará un rumbo ligeramente diferente, encaminado a una masiva cantidad de acción y sangre en el volumen 5.

¡Sean todos bienvenidos al volumen 4: Lazos!

Y este ha sido el primer capítulo: Graduación.

¡Nos vemos la próxima semana!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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