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Timekeepers - Capítulo 49

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  4. Capítulo 49 - 49 Renuncia
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49: Renuncia.

49: Renuncia.

El día comienza de forma fría y extraña.

El aroma a lirios, incienso y todo tipo de flores inunda mi nariz.

El instituto se encargó de los gastos del funeral de toda la familia de Rodrigo.

Miro a mi alrededor y puedo ver una sala de cremación y velación demasiado lujosa; hay azulejos de mármol por todos lados y acabados de cuarzo.

No hay tantas figuras católicas, pero sí puedes ver una cruz al fondo de la sala justo encima de los ataúdes.

El sacerdote está recitando oraciones ante las cajas abiertas.

Percibo en el ambiente algo de café y atole, pero puede que sea por el tipo de evento, pues no siento nada de apetito.

Mis ojos están pesados, puede ser porque anoche no dormí nada al igual que mis amigos.

Todos nos mantuvimos despiertos ayudando a nuestro amigo en lo que se pudiera.

A mi lado veo a mis amigos y mi novia, así como mi familia.

Lo que debía ser un día hermoso con mis familiares y amigos, terminó siendo un infierno lleno de sufrimiento.

Así como la mayoría aquí, yo también siento el pesar.

A mi alrededor hay un mar de personas con vestimenta negra, y los familiares de Rodrigo lloran desconsolados.

Mientras que él mira el ataúd más pequeño adornado con una inmensa cantidad de lirios blancos y la foto de aquella niña angelical que conocí en esas vacaciones inolvidables.

Él la mira con una expresión en el rostro completamente apagada, es como si a mi amigo le hubieran robado su luz.

Sujeto la mano de Emily con fuerza y ella recarga su cabeza en mi hombro, puedo oler su champú con aromas frutales y mi piel es acariciada con su cabello sedoso y brillante.

Me mantengo aquí de pie, pensando en qué demonios pasó.

¿Quién pudo hacer esto?

¿Fue planeado?

¿Quiénes fueron?

¿Por qué lo hicieron?

Todos ellos eran personas inocentes.

No merecían lo que les hicieron.

La vida se los hará pagar, malditos.

La ceremonia termina y el sacerdote rocía los cuerpos con agua bendita.

Luego, se acerca a Rodrigo y sus familiares y les otorga el pésame.

Todos tomamos asiento por un momento y el encargado de la sala de velación enciende la música en un volumen moderado; música para este tipo de eventos.

Rodrigo se acerca al ataúd de su madre y mete su mano por la ventanilla.

Pareciera como si la estuviera acariciando.

Luego, comienza a temblar de todo el cuerpo y se curvea hasta colocar su rostro en la caja.

Apretando sus puños y dientes, puedo ver como un par de lágrimas se escurren por la fina madera.

“Vamos con él”, dice Emily, liberando un suspiro deprimente.

“Sí, vamos”.

Así, nos levantamos de nuestros asientos y nos acercamos a Rodrigo.

Él nos mira con una expresión que mezcla rabia, tristeza y dolor a punto de estallar.

No sé qué hacer, mi cuerpo se ha congelado al ver sus lágrimas escurrir de manera incesante combinada con sus ojos enrojecidos.

Sin más, Diana lo abraza con fuerza y él se quiebra en sus brazos.

Ella lo acaricia mientras que Rodrigo hunde su rostro en el cabello de Diana.

Su llanto se enmudece, pero aún podemos escucharlo sollozar.

Mi cuerpo se mueve por instinto; abrazo a ambos, y uno a uno, Emily, Sandra, Karla y Eduardo hacen lo mismo.

Damos un abrazo grupal.

Y tras unos minutos, Rodrigo cede y se separa del grupo.

Él limpia sus lágrimas y asiente en repetidas ocasiones.

“Gracias, chicos.

De verdad, ustedes son demasiado gentiles… no merezco su apoyo”, dice, limpiando las lágrimas en su rostro.

“No digas eso, Rodri.

Tú eres nuestro amigo, eres un excelente chico… siempre nos has apoyado, comprendemos tu dolor”, dice Sandra, acariciando su hombro.

Él sonríe ligeramente y nos mira avergonzado, “lo siento, no quiero ser descortés.

Pero dudo que alguno comprenda mi dolor”.

“Yo sí, Rodrigo… lo hago” Diana lo sujeta de la mano con cautela y lo mira de forma amorosa.

“Es cierto, olvido que sabes leer mentes.

De verdad, gracias… ¿quieren tomar o comer algo?

Hay café, atole, incluso agua de sabor.

Pidan lo que gusten, el instituto está pagando todo”.

“Gracias, Rodrigo.

Pero no tengo hambre”, respondo.

“Ni yo”, dicen los demás.

Él asiente y su mirada se posa en la entrada principal, donde podemos ver al director.

Él no entró a la sala de velación, pero trae documentos en sus brazos.

“Es el director”, digo.

Rodrigo camina hacia él y sale de la sala, luego comienzan a platicar.

Nosotros hacemos lo mismo y nos unimos a ellos.

“¿Qué averiguaron?”, pregunta Rodrigo.

“Los forenses hicieron un excelente trabajo”, dice Noel, dándole a Rodrigo un folder con al menos diez hojas repletas de fotos e información.

“Sé que sonará duro, Rodrigo.

Pero fue una masacre.

Cuando realizaron la autopsia descubrieron contusiones monstruosas en todos los cadáveres.

Los huesos de la mayoría estaban pulverizados, órganos destrozados…” Noel se limpia el rostro mientras Rodrigo lee el informe.

En cuanto miro las imágenes puedo ver el escenario infernal que Rodrigo presenció antes de que nosotros llegáramos, me replanteo si observar o no las fotos, pero mi curiosidad es superior.

Mis ojos se abren de par en par al ver que su familia era irreconocible.

Sus cráneos estaban destrozados con el cerebro expuesto.

Sus intestinos se habían salido del abdomen e incluso los huesos salían de la carne y piel.

Sandra cubre su boca con sus manos y hace un sonido asqueroso como si estuviera por vomitar, así que corre al baño mientras nosotros resistimos las náuseas.

“Los forenses dicen que el daño que recibieron fue hecho con armas demasiado pesadas, como si los hubieran golpeado con mazos de demolición… sabes lo que eso significa, ¿no?”.

Rodrigo aprieta con fuerza las hojas y las venas sobresalen de sus manos y su rostro, “fueron mutantes los que le hicieron eso a mi familia”.

“En efecto.

Iniciamos la movilización de nuestros investigadores.

Esto no se quedará impune, Rodrigo.

Lamento mucho esto, ahora nos toca a nosotros hacer justicia”, dice el director, tocando el hombro de Rodrigo y dándole una sonrisa gentil.

“Con tu permiso, iré a darle mi pésame a tu familia”.

Rodrigo se queda en silencio mientras el director entra a la sala de velación.

El cielo se nubla progresivamente y comienza a tronar, en todos lados.

El viento se hace violento y levanta nubes enormes de polvo, era evidente que una tormenta se avecinaba.

“No voy a dejar que nadie sobreviva” con una rabia inmensa contenida, Rodrigo escupe esas palabras.

“¿Qué?”, digo.

“Si los juzgan irán a la cárcel, pero vivirán como reyes.

Un criminal en este maldito país tiene más derecho que cualquier ciudadano, no puedo permitirlo”, dice Rodrigo girando hacia nosotros.

Sus ojos se habían enrojecido y emanaba un aura de violencia e ira.

“Amigo, piensa en lo que dices.

Sé que tienes una ira y odio hacia los que causaron esto” le digo.

Rodrigo me mira con ira y arroja al suelo los documentos, “¡Los malditos rebeldes están allí afuera y nos dañan sin recibir castigo alguno!

¿Qué les hizo mi familia para recibir ese castigo?

¡Nada!

¡Dime qué daño podría haber hecho una niña pequeña para ser asesinada de esa puta manera!

Y a pesar de eso… los dejaron vivos… ¡No han pagado y vagan por allí!” Las lágrimas de Rodrigo se escurren por su rostro, así, me acerco a él y pongo mis manos en sus hombros, “viejo… de verdad entiendo tu dolor, si a mí me hubiera pasado incluso estaría peor”.

“Entonces únete conmigo, todos, unamos fuerzas.

Derrotemos a esos malditos parásitos de la sociedad, no sabrán que los golpeó.

¡Acabemos con ellos de una vez por todas!”, exclama.

“Rodrigo, lo que dices es demasiado salvaje”, dice Emily.

“¿Salvaje?

¡¿Salvaje?!

¡¿Yo?!

¡Ellos son las malditas bestias!

¡Por favor, chicos!

No me hagan esto… Son mis amigos… Solo ustedes podrían ayudarme…” “Lo sabemos, Rodrigo.

Pero lo que estás planeando es una locura, ¿acabar con todos?

Serías tratado como un criminal, todos en realidad.

No solo los estarías cazando, sino que, los matarías.

Eso te convierte en un asesino”, digo, mostrando un rostro serio.

“Rodri…” Diana se enmudece y agacha su rostro.

“Bien, no necesito que me ayuden, yo mismo lo haré.

Ustedes solo me estorbarían, a final de cuentas yo soy el velocista aquí”, dice, con una mirada orgullosa.

“Rodrigo, basta.

Lo que estás diciendo es una puta locura” Sandra regresa y confronta a nuestro amigo.

“Es verdad, solo te pondrás en riesgo, podrías morir”, dice Emily.

“¿Morir?

No suena tan malo… después de todo, ya no tengo a nadie conmigo”.

“Nos tienes a nosotros… me tienes a mí” Diana se acerca a él y sujeta su mano con cautela, sin embargo, él se arrebata y retrocede.

“Ustedes no son mis amigos, son solo unos farsantes… se niegan a apoyarme, ¿por qué?

Creí que eran familia, pero, son solo compañeros más” Rodrigo nos mira a todos con odio.

“Fíjate en lo que dices, Rodrigo” lo señalo y me exalto un poco.

“Tú, Eric.

¡Solo piensas en ti y en tu mujer!

¡No piensas en nadie más!

¡Eres un maldito desleal!

¡Hijo de perra!” en ese momento, Rodrigo se lanza contra mí y caemos al suelo.

“¡Hijo de puta!

¡No eres mi amigo!

¡No lo eres!”, exclama mientras me lanza golpes directo al rostro, pero por fortuna puedo cubrirme con mis brazos.

Rápidamente, los adultos ven la situación y salen de la sala de velación.

Los chicos intentan quitarme a Rodrigo de encima mientras que mis papás me ayudan a levantarme.

“¡Más vale que te calmes, Rodrigo!”, exclamo mientras me libero del agarre de mis padres.

“¡No tienes una puta idea de lo que estoy pasando!

¡Te pedí ayuda y te negaste!” Rodrigo grita con ferocidad.

Amigo… ese no es el Rodrigo que conozco… ese Rodrigo ha muerto con su familia… que pena, mi mejor amigo se ha ido.

¡No perdonaré lo que le han hecho a mi amigo!

Aprieto mis puños con rabia y cierro mis ojos mientras mis lágrimas comienzan a escurrirse.

“¡Eres un fraude, Eric Jaeger!

¡No quiero verte jamás!”, exclama.

Detrás de Rodrigo un rayo cae a la distancia y con el retumbar del suelo y el destello de la luz, él corre hasta mí y me golpea en la cara usando su velocidad.

¡Maldito!

¡No vi venir su golpe!

Él me golpea en una ráfaga incesante, pero de alguna forma se contiene, no está usando sus poderes para dañarme.

Sin embargo, no se detiene, no me deja otra opción.

Como única forma de liberarme de su ferocidad, toco a Rodrigo del cuello y libero una mínima cantidad de electricidad, provocando que caiga al suelo aturdido de golpe.

Mi nariz escurre sangre a chorros “¡Ay, Dios mío!”, exclama mi madre acercándose a mí.

Mi padre le entrega velozmente un pañuelo y me limpian la sangre.

El director aparece y me toma de los hombros observándome algo agitado, luego corre hacia Rodrigo y lo revisa en el suelo mientras ayuda a levantarlo.

“No son formas de solucionar las cosas, esto va para ambos”, dice el director mirándonos a ambos con un rostro con evidente decepción.

“¡No son las cosas que se les ha inculcado en el instituto!”.

“¡Al diablo el instituto!”, exclamo con ferocidad.

Mi mente me hace recordar todo lo que he vivido en este par de años, las cosas buenas y las malas.

Mis manos y mi quijada tiemblan mientras mis ojos se cargan de lágrimas.

¿Es correcto alejarme?

¿Será lo mejor?

No quiero vivir lo que Rodrigo, o que mis seres queridos sufran por mi culpa… ¿Qué debería hacer?

¡Qué rayos debería hacer!

Rodrigo reacciona luego del choque eléctrico y me mira con odio.

“¡Maldito!

¡Traidor!

¡¿Por qué si decías ser mi hermano?!”.

Mi alma entera se llena de rabia y tiro mis brazos hacia los lados.

“Esto se acabó, me seguía preguntando si debía seguir en este maldito mundo, pero veo que lo mejor es alejarme.

¡Renuncio!

¡¿Contento?!

¡Me largo!”, exclamo.

El director, por otro lado, me mira con asombro, pues no esperaba que renunciara.

Camino hacia los autos de mi familia y ellos me siguen, Emily se me une y me toma del brazo mientras caminamos.

En ese preciso momento, la lluvia nos azota.

Cada gota se sentía como una cuchilla penetrando mi alma, y justo antes de subir al auto, me giro hacia mis amigos.

“¡Eras mi hermano, Rodrigo!

¡Pero lo que pedías era una locura!”, exclamo, para luego subir al auto de mi padre.

En cuanto subimos al vehículo, mi llanto brota y hundo mi rostro en el asiento de mi padre.

Un llanto incesante y desgarrador.

Rodrigo es como un hermano para mí, mi mejor amigo.

Haber peleado con él me ha roto el corazón.

Emily me abraza y acaricia mis mejillas, ella también llora, pero lo hace en silencio.

Al final de cuentas, todos éramos una familia.

Mis padres se mantienen en silencio en el vehículo hasta que tras unos minutos logro tranquilizarme.

Entre sollozos beso la mejilla de Emily y la abrazo con fuerza.

“Se acabó, Emily.

Vámonos y alejémonos de este mundo.

Nunca más volvamos” le digo.

Ella asiente y me besa suavemente en los labios.

“Seamos solos tú y yo, mi vida”, responde ella.

El director gira a Rodrigo y lo abraza, y este se rompe en llanto en sus brazos.

“¿Por qué, director Noel?

¿Por qué mi familia sufrió eso?

¡No le hicieron daño a nadie!

¡Ninguno!”.

“Lo sé… de verdad lo lamento, Rodrigo.

Juro que no nos quedaremos con los brazos cruzados”, el director consuela a Rodrigo y mira hacia nuestro vehículo.

Tras un rato, él camina hacia nosotros y se nos aproxima a mi ventanilla.

“Eric… entiendo tu decisión, y haces bien.

Pero no deberías alejarte de tus amigos, especialmente a Rodrigo”.

“Lo lamento, pero no puedo.

Él no es mi amigo, no es ese chico amable e idiota; es solo un cuerpo lleno de odio y sentimientos negativos.

Me temo que debo alejarme de él y de este mundo, director.

Con todo respeto, es lo mejor para mí y mi familia”.

El director me mira con un rostro deprimente.

“Sí, es lo mejor”.

“Cuídate mucho, Eric.

Te extrañaré”.

Emily se da la vuelta hacia el director y le estira la mano, “me temo que yo también me retiro, señor”.

Noel la mira con sorpresa, pero luego deja salir una pequeña sonrisa.

“Era obvio, a donde vaya uno, el otro también irá.

De acuerdo, les deseo suerte.

Sean felices”.

Asiento y le entrego una sonrisa al director, “muchas gracias por todo, señor.

Espero que algún día nos volvamos a ver”.

Mi padre enciende el auto y sube mi ventanilla, y finalmente nos marchamos.

El director se queda con sus manos dentro de los bolsillos de su traje y nos observa a la distancia.

“Espero que nunca nos veamos de nuevo, vete para no volver, Eric Jaeger”.

Esto era definitivo, dejaríamos el mundo que tanto trabajo nos costó formar, donde desarrollamos habilidades inhumanas, pero si el precio era este tipo de situaciones entonces prefiero alejarme.

Me había mantenido pensando mucho tiempo en qué hacer.

Pero lo mejor es alejarme por el bien de mi familia, por el de mis seres queridos, por el de Emily, y, sobre todo, por mi propio bien.

Nunca más volveré.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

Espero que se encuentren genial.

Aquí tenemos al capítulo 2: Renuncia.

Espero que sea de su agrado.

Lo publico en lunes y mañana martes tengo examen, uno muy importante así que denme su fuerza.

¡Nos vemos la próxima semana con el capítulo: Una Vida Ordinaria y Un Sufrimiento Incesante!

¡Adios!

¡Gracias por leerme!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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