Timekeepers - Capítulo 51
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51: Paciencia Agotada.
51: Paciencia Agotada.
Un día más a mi cuenta personal.
El sonido de las manecillas del reloj en el pasillo de mi casa hace eco y entra a mi habitación.
La mañana es fresca, el cielo está nublado y las aves no cantan como de costumbre.
Me levanto de mi cama y camino rumbo a la cocina, conforme bajo las escaleras un delicioso aroma abraza mi nariz.
¿Ese aroma?
Es familiar… No lo creo… es imposible… Uso mi velocidad y corro hasta la cocina donde me topo a Diana cocinando; ella está de espaldas.
En cuanto percibe el residuo del viento por mi llegada, ella se da la vuelta de golpe.
“¡Rodrigo!
¡Mierda!
Sí que me asusté”, dice ella tocando su pecho con una expresión de miedo en su rostro.
Ella viste una blusa blanca con un pantalón de mezclilla y lleva puesto un mandil negro.
“¿Qué haces aquí?”, pregunto con curiosidad.
“Bueno, regresé de la misión.
No respondiste a la puerta y usé la llave que me diste la última vez.
Así que entré, te vi dormido y opté por hacerte de desayunar.
¿Tienes hambre?”.
Ella me muestra el sartén con un omelette con cierto aroma familiar; justo como mi madre lo solía preparar.
“Sí… tengo algo de hambre”, respondo.
Ella sonríe y toma un plato del estante, “bien, pues ve a lavarte la cara y regresa para que comamos juntos”.
Asiento y entro al baño para lavarme la cara.
Justo en ese momento veo que mi barba ha crecido y mis ojeras se notan demasiado considerando que mi piel es morena.
“Vaya desastre…” me seco el rostro con una toalla y regreso al comedor donde Diana ya está sentada y en la mesa hay dos platos con omelettes.
Ella sonríe y me señala el asiento frente a ella y camino hasta este.
En cuanto me siento tomo un tenedor y pruebo el desayuno.
Ella abre sus ojos de manera expectante.
El sabor inunda mis papilas gustativas; es delicioso, no puedo entender cómo es que pudo conseguir hacerlos exactamente como mi madre.
En ese momento la miro con un rostro asombrado y ella me deja ver una cara aliviada y contenta, “fue difícil, pero tuve que leer tu mente para ver como lo preparaba tu madre.
Espero que te guste”.
Mi voz no sale y me invade un vacío inmenso en mi corazón.
¿Cuándo fue la última vez que probé esto con mi familia?
Puedo sentir a mi madre aquí conmigo, pero la verdad es que ella no está.
Esto es delicioso, pero ¿por qué me siento tan mal?
Sin darme cuenta, mis lágrimas comienzan a derramarse por mis mejillas y Diana me mira con tristeza.
“¡Lo siento!
No fue mi intención lastimarte, yo solo quería hacerte un lindo detalle”.
“¡No!
¡No te preocupes, Diana!
De verdad lo agradezco.
¡Está delicioso!
Es solo que tuve algunos recuerdos… pero en verdad me gustó”.
Rápidamente limpio mis lágrimas y como el omelette como un animal hambriento.
¿Desde cuándo no sentía apetito?
Ella me observa, sonríe al verme disfrutando su comida y, tras unos momentos comienza a comer conmigo.
Cuando terminamos el desayuno salimos de la casa y puedo observar el cielo nublado y unos cuantos carros pasando por la calle.
Sobre mi puerta hay un listón negro enorme y una corona de flores marchita.
“¿Cómo has estado, Rodrigo?”, pregunta Diana.
“Bien, creo”.
Ella me mira incrédula y se acerca lo suficiente a mí como para recargar su cabeza en mi brazo ya que no alcanza a llegar a mi hombro.
“Sé que no es así.
Puedo escuchar tu dolor, y aunque piensas que te hemos dejado solo, no es así.
Estoy aquí contigo, nunca te abandonaré”.
Una pequeña sonrisa sale por un segundo de mi rostro y luego libero un suspiro, “lo sé, y gracias por eso”.
Diana me mira fijamente y sus ojos liberan un brillo hermoso.
¿Debería decirle lo que siento?
Ella sabe perfectamente que la amo.
Sin embargo, si ella no siente lo mismo se verá presionada a aceptar mis sentimientos con mi situación actual, no quiero forzarla a nada, ¿debería decirle que la amo?
Siendo sincero tengo miedo.
Ella se pone sobre la punta de sus pies y su rostro se enrojece ligeramente mientras cierra sus ojos.
Espera, ¿ella realmente quiere besarme?
¡¿Busca darme un beso?!
Mi corazón se acelera demasiado.
No quiero desaprovechar esta oportunidad… pero ¿es correcto?
Humecto mis labios con mi lengua y trago un poco de saliva, así, me acerco a ella lentamente.
La sujeto de la cintura y ella tiembla un poco.
Mi corazón se acelera a mil por hora y mi cuerpo se calienta demasiado.
¡Es ahora o nunca!
Justo cuando nuestros labios parecen tocarse, su pulsera suena y ella la mira rápidamente.
¡Me cago en todo!
¡Mierda!
Ella suspira y me mira con una sonrisa nerviosa, “lo lamento.
Tengo que irme.
Hay una emergencia cerca de la ciudad, nuestro equipo fue desplegado.
¡Volveré pronto!”.
Diana entra a la casa por su bolso y me da un beso en la mejilla para luego irse corriendo.
Supongo que es lo ideal… creo que la forzaría a algo, o, mejor dicho, ella se está forzando a hacer algo que seguramente no quiere… Tras eso, regreso a mi casa y observo nuevamente la soledad del diario, sin embargo, aún puedo escuchar a Diana y percibo el aroma de su perfume; ojalá no se hubiera ido.
En un pequeño altar en la sala tengo las cenizas de mi madre y hermana junto a veladoras y sus fotografías.
¿Eh?
Ya no hay… Puedo observar que las veladoras se han agotado, por lo que tomo algo de dinero y voy a la tienda a comprar nuevas.
En cuanto regreso, las enciendo rápidamente y las coloco para ellas.
Han pasado más de dos meses de su partida.
El instituto no me ha dicho nada acerca de los criminales que asesinaron a mi familia, parece que son tan inútiles como el poder judicial del país; solo velan por sus propios intereses.
Tomo los platos del desayuno y los lavo mientras pienso en todo lo que ha pasado este tiempo.
Diana ha venido un par de veces a verme junto a los chicos, mientras que mi familia ni siquiera se ha preocupado por mí.
¿Realmente podría llamarles familiares?
Me han dejado solo… mostraron interés solo en el funeral y desde entonces ni siquiera me han llamado.
Al principio pensé que era debido a que viven en otro estado, pero el ni siquiera llamarme me deja mucho por pensar… La mañana siguiente me encuentro un poco mejor.
Sé que Diana vendrá, por lo que espero poder estar con ella y con los chicos.
Me levanto temprano y voy a comprar al mercado de la ciudad carne de res, verduras y pasta; todo para un delicioso platillo.
Sin embargo, en cuanto regreso y comienzo a preparar la comida, mi teléfono vibra y observo que tengo un mensaje de ella.
“Rodri, lo siento mucho.
Nos están desplegando como refuerzos a una misión en la capital del país.
No sé cuándo volvamos, pero por favor, avísame cualquier cosa.
No usaré mucho el teléfono, pero espero que podamos hablar de vez en cuando”.
Ah… así que no vendrán.
Bueno, no importa.
Supongo que era demasiado bueno para ser verdad.
Desde ese día no volví a recibir un mensaje de Diana ni de ninguno de los chicos.
Les escribí esperando que contestaran, pero jamás lo hicieron.
Han pasado dos semanas desde entonces y no sé lo qué hacer.
He adquirido un gusto por fumar, me ayuda a mantenerme cuerdo y relajado sin malos pensamientos.
Me encuentro en mi sala viendo televisión mientras fumo un cigarrillo.
Mi casa está inundada en humo de tabaco y el aroma entra por mi nariz.
Cuando acabo mi cigarrillo apago la colilla en un cenicero en mi mesa de centro, sin embargo, busco uno más en la caja y noto que ya no hay.
“Carajo… tengo que comprar más”.
Miro que las veladoras de mi madre y hermana se han agotado nuevamente, así que tomo dinero y salgo de mi casa rumbo a una tienda cercana.
El cielo está despejado, la luna está llena; es hermosa.
Es casi media noche y la tienda está cerrada, por lo que me veo en la obligación de ir hasta un comercio de conveniencia cercano a mi casa.
La noche es fresca, por fortuna traigo un abrigo de color negro y buen grosor como para cubrirme del sereno de la noche.
Las calles son solitarias, y en algunos puntos ni siquiera hay luz; eso es peligroso para alguien en la noche.
Cuando llego a la tienda de conveniencia entro y la cajera me saluda, “buenas noches, bienvenido”.
“Buenas noches”, respondo.
Camino hasta el pasillo donde hay veladoras y tomo seis para no tener que comprar de nuevo en al menos una semana.
Así, camino a la caja y coloco las velas allí junto a una barra de chocolate.
“¿Sería todo?”, pregunta la cajera.
“No, agregue una cajetilla de cigarros de clavo, por favor”.
Ella asiente y pasa la cajetilla en el escáner.
“Serían 220 pesos, por favor”, me dice.
Saco el dinero de mi bolsillo y le pago exacto.
Me doy la vuelta y salgo de la tienda mientras meto la barra de chocolate en mi bolsillo de mi abrigo y las velas las dejo en la bolsa.
Sin más, enciendo un cigarrillo con mi encendedor y comienzo a fumarlo mientras observo el cielo nocturno tan bello.
“¿Quién admiraba las estrellas de mis amigos?
No logro recordarlo… era alguien importante… ¿Eric?
Ja.
Ese maldito, hijo de perra.
Se largó y me dejó aquí.
Me vengaré un día.
Sin embargo, ¿no estoy siendo un poco cruel con él?
Al final, él busca lo mejor para él y su familia… mañana le escribiré”.
En ese momento, un hombre con un suéter negro encapuchado entra a la tienda velozmente y se aproxima a la caja.
Parece que algunos simplemente quieren comprar con rapidez.
Sigo dándole la espalda a la tienda, cuando de pronto escucho el grito aterrado de una mujer.
En cuanto miro hacia atrás puedo ver a la cajera aterrada mientras el sujeto le apunta con un arma.
“¡Dame toda la puta plata, perra!”, exclama el sujeto.
La cajera se congela de miedo y sus movimientos se vuelven torpes.
Ella intenta abrir la caja registradora, pero por algún motivo no puede.
“¿¡Qué esperas, puta?!
¡Dámela ya!”.
Ella comienza a llorar desesperadamente y lleva sus manos a su cabeza, “¡por favor, no!
¡No me hagas daño!”.
“¡Lo haré si no me das el pinche dinero, maldita perra!”.
Miro el terrible escenario con mi cigarrillo en mi boca.
Así, lo tomo con dos dedos y lo lanzo al suelo para luego expulsar el humo.
Maldito imbécil, me hiciste desperdiciar un buen cigarro.
Todo a mi alrededor se ralentiza y sin pensarlo dos veces corro hacia el criminal, en cuanto aparezco detrás de él le quito la pistola y lo golpeo con la suficiente fuerza en la cabeza como para noquearlo.
Él inmediatamente cae al suelo y no se levanta de nuevo.
La cajera yace congelada con un rostro aterrado y lleno de lágrimas.
“Escucha, puedes llamar a la policía, este sujeto ya está inconsciente.
De cualquier forma, me llevo el arma, así no te hará daño si reacciona.
Llama ya, antes de que despierte”, digo, con un rostro inexpresivo y ojeroso.
Finalmente puedo regresar a mi casa.
Llego de nuevo a mi hogar y enciendo la TV otra vez para seguir fumando y viendo mis programas estúpidos.
Tomo mi chocolate y lo muerdo mientras sigo sentado en el sofá.
La mañana siguiente me encuentro acostado en mi cama viendo mis redes sociales, cuando justo puedo ver un video transmitido en vivo durante la media noche con el título ‘Asalto termina mal en la colonia Revolución’.
¿No fue allí donde yo estuve?
¿Qué carajos ocurrió después de que me fui?
En cuanto comienzo a ver el video, puedo escuchar al reportero hablando.
“Este fue un intento de asalto fallido.
La víctima dice que un sujeto armado llegó y la asaltó.
Solicitaba el dinero de la caja registradora de manera exigente, sin embargo, un joven que había comprado cigarrillos y veladoras la salvó, pues él había estado afuera y en cuanto notó lo que pasaba él entró de inmediato a la tienda y desarmó al sujeto.
Luego lo golpeó en la cabeza y le indicó que llamara a la policía para después irse”.
“Pero en cuanto la policía arribó se dio a conocer que el criminal había muerto por una fuerte contusión en el cerebro, por lo que se argumenta que el golpe que recibió el criminal pudo ser demasiado fuerte o en un punto demasiado sensible.
Actualmente la ambulancia acaba de arribar y se está levantando el testimonio de la joven trabajadora que tuvo la mala suerte de cubrir el turno nocturno”.
Espera… ¿lo maté?
Pero si ni siquiera lo golpeé tan fuerte… fue solo un pequeño golpe en su nuca… Me levanto de mi cama y mi estómago se llena de un vacío enorme.
Estoy acostumbrado o preparado para matar a criminales, pero ¿por qué me siento así?
¿Es porque yo no quería matarlo sino solo noquearlo?
Mierda… En ese momento, siento unas ganas inmensas de vomitar, pero, por otro lado, mi mente me decía que era lo correcto.
Matar criminales es lo mejor; terminar con esa plaga llamada crimen.
Sí… es lo mejor, tal vez debería hacer lo que me propuse desde hace tiempo; acabar con todo el crimen del mundo.
Yo seré la luz, yo traeré la paz y terminaré con esta maldita guerra mutante y de paso me haré cargo de los malditos criminales.
Son seres flojos, sin ganas de trabajar que buscan la vida fácil.
Alguien debe enseñarles lo que pasa cuando rompes la ley, y ese seré yo.
¿La cárcel?
Ese no es un castigo para un criminal, es una bendición.
Hoy comenzaré con esta purga…Me pregunto si es lo correcto.
No habrá marcha atrás…
sí, es lo correcto.
Tomo mi abrigo y salgo de mi casa cerrándola con llave, no sin antes apagar las velas de mi madre y hermana.
Juro que las vengaré, ya me cansé de esta puta basura.
Esto se acabó.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!
¡Espero que se encuentren bien!
¡No me queda nada más que agradecer por leer mi obra!
Aquí tenemos al capítulo de la semana, y nos vemos la próxima con el siguiente capítulo llamado: Desesperación.
¡Nos vemos y muchas gracias!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com