Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Timekeepers - Capítulo 53

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Timekeepers
  4. Capítulo 53 - 53 Búsqueda
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

53: Búsqueda.

53: Búsqueda.

El calor que mi cuerpo emana es increíble, puedo sentir como todo mi sudor escurre por cada centímetro de mi piel.

Tengo una feroz ira contenida en mi interior que no puedo sacarla con nada.

Me encuentro entrenando en la sala de entrenamiento con los demás mutantes.

Mis golpes son brutales, puedo escuchar el eco de cada golpe rebotando en todos los rincones de la sala.

Solo de recordar que Rodrigo se ha ido por mi culpa me llena de ira, de frustración.

Mi respiración es áspera, y tengo demasiada energía.

Me niego a perderlo.

Con un feroz golpe logro atravesar el saco de arena, provocando que mi puño se atore dentro.

“¡Ugh!

¡Alguien!

¡Uff!” forcejeo intentando liberarme del saco.

Sandra me ve y rápidamente corre hacia mí a liberarme del saco.

“¡Deja te ayudo!”, exclama, tomándome de la cintura y tirando de mí.

Ambas tiramos con fuerza hasta que finalmente puedo liberar mi puño del saco.

Es entonces que caigo al suelo sobre Sandra y la arena comienza a salirse del saco de entrenamiento poco a poco.

“¿Cómo es posible que hayas roto un saco de arena?” me cuestiona Sandra, mientras me ayuda a levantarme.

Mi respiración está agitada, tomo una gran cantidad de aire y recuero el aliento, “no tengo idea… solo sé que tengo demasiada ira, demasiado enojo contenido”.

“¿Es por Rodrigo?”, pregunta.

Únicamente puedo asentir.

Ella sonríe y me entrega un pañuelo.

Lentamente paso el pañuelo por mi cuerpo limpiando mi sudor.

Ella se sienta en una banca y toma una botella de agua bebiendo de ella.

“¿Cuándo podremos ir a buscar a Rodrigo?

Ya están tardando demasiado en darnos la indicación” Sandra tapa su botella y mira hacia el techo del salón.

“Sí, opino lo mismo.

Es frustrante… si el consejo 1no hace algo, entonces nosotros tendremos que hacerlo”.

Ambas tomamos nuestras cosas y salimos del gimnasio.

Tras esto, podemos ver un pasillo largo con al menos cinco puertas antes de llegar al final.

El suelo con azulejos finos y los muros pálidos me reflejan cierto sentimiento deprimente, no sé si solo es por la situación con Rodrigo.

“¿Deberíamos reportar nuestra queja con el consejo?”, pregunta Sandra.

Miro por las ventanas y observo el cielo azul con grandes nubes moviéndose en el horizonte, “creo que sí, es lo ideal”.

Sin embargo, antes de salir del edificio la alarma del edificio se activa y ambas brincamos por el susto.

“¿Emergencia?”.

“Solo eso explicaría la alarma”, responde Sandra, observando su pulsera.

“Sin embargo, no nos llamaron.

Solo debe ser una misión emergente”.

Así, dos chicos salen corriendo a gran velocidad del gimnasio y otros entran por la puerta principal.

“¿Qué ocurre?” les pregunto.

Uno de ellos se frena en seco y me mira con preocupación, “insurrectos.

Nos han solicitado de emergencia, hay una alarma de ataque terrorista mutante en la ciudad vecina del sur”.

Sin más, ese chico entra en una de las puertas del edificio y tras eso, las alarmas se apagan.

“A veces olvido que no solo nosotros tenemos este problema con Rodrigo.

Hay temas todavía más peligrosos que atender” Sandra me toma de un hombro y seguimos nuestro rumbo.

Ella tiene razón, aunque el consejo haya dicho que Rodrigo es una amenaza, creo que no es así.

El grupo de timekeepers asesinos es todavía más peligroso, ellos son verdaderos criminales.

En cambio, Rodrigo solo busca frenar ese peligro; busca detener la maldad.

Tras caminar un rato más juntas, ella toma un rumbo diferente al mío.

Miro al cielo y puedo ver el rostro de Rodrigo iluminándose en las nubes.

Un rostro juvenil y sonriente.

Sin embargo, tomo una gran bocanada de aire y continúo con mi ruta.

Yo voy a mi casa y Sandra a la suya.

Subo a mi habitación, dejo mis cosas en mi escritorio y salto a mi cama para acostarme.

Miro el techo mientras recuerdo todos los momentos que he pasado con él y los chicos.

Rodrigo… Me doy la vuelta y hundo mi rostro en mi almohada.

“¿Por qué las cosas tuvieron que ser así?”.

Mi mente trae a mí los recuerdos con él; su risa, su voz, sus bromas pervertidas.

Cada pelea que tuve con él solo era un escalón más hacia la cima del amor que desarrollé por él.

Lo extraño tanto que siento que moriré sin él.

Necesito traerlo a casa, verlo y saber que está bien.

Mis lágrimas se derraman lentamente, y de pronto mi pulsera comienza a sonar.

“¿Eh?”.

Cuando veo mi pulsera noto que requieren que me presente en el CIDFM regional1, aquel mismo lugar donde me encontraba entrenando.

Sin más, me levanto rápidamente de mi cama y corro a gran velocidad.

Así, tomo un taxi y en cuanto llego al CIDFM entro a gran velocidad y me encuentro con Sandra, David y Eduardo.

Entramos a la sala y llego a un pequeño cubículo de limpieza corporal donde me desnudo y una válvula de agua me da un baño exprés.

Luego, unas ventilas arrojan una gran cantidad de viento que me secan por completo.

Así, un cajón se apertura de un muro y recibo un uniforme táctico junto a armamento.

Sin más, salgo del cubículo y me presento con mi equipo en la sala de comando donde está Noel.

Me presento firme frente a Noel, quien nos observa con un semblante grave.

La luz blanca del salón de comando ilumina su rostro cansado.

“Diana, Sandra, Eduardo, David…

gracias por venir tan rápido”, dice, su voz retumba en el silencio del recinto.

Miro los monitores a mi alrededor; cada uno muestra distintos puntos del mapa regional, líneas rojas conectan una serie de asesinatos recientes.

Siento un nudo en el estómago al reconocer el patrón.

Noel apunta con el dedo a una de las zonas.

“Confirmamos que Rodrigo es el responsable de más de quinientas muertes en menos de una semana.

Todas las víctimas son insurrectos o rebeldes identificados.

Pero eso no lo exime.

Lo que sea que esté haciendo…

lo está destruyendo.” Mis manos tiemblan.

Siento como si el aire se volviera más denso.

Sandra me mira, sus labios se mueven sin emitir sonido alguno.

Eduardo cruza los brazos, frunciendo el ceño.

“No lo comprendo…

¿Rodrigo matando a tantos?

No puede ser”, murmuro.

“Sí puede,” interviene Noel con voz firme, “y tenemos que detenerlo antes de que el consejo envíe a los cazadores élite.

Si ellos lo atrapan primero, no quedará nada de él.” El que antes era nuestro director escolar, ahora es nuestro líder.

Un hombre firme, pero sentimental.

Hoy nos está liderando para una misión contra uno de los nuestros.

Un silencio abismal domina la sala.

David es el primero en romperlo: “¿Cuál es el plan?” “Rastreamos sus movimientos.

Hay una alta probabilidad de que se dirija a la zona industrial del puerto Sur.

El sistema de rastreo mutantes detectó su energía en todos estos escenarios, no hay duda.

Es él.

Prepárense: esta es una misión de aprehensión, no de ejecución.

Deben ir allí y dialogar, no disparen a menos que sea necesario, usen fuerza mutante intensa si es necesario.

Lo quiero vivo.” “Entendido.” Noel suspira y se deja caer en su silla, “tengan cuidado.

Y por favor, no lo hagan enfurecer… no quiero que nos vea como enemigos”.

Noel en ese momento afloja su corbata y pasa sus manos por su rostro mientras nos marchamos, “ay, Rodrigo… ¿Por qué las cosas tuvieron que ser así?”.

Nos desplazamos rápidamente hacia el hangar, donde una aeronave táctica espera con el rugido de sus motores encendidos.

La nave es impresionante, parece un helicóptero con al menos cuatro hélices y dos motores de turbinas para altas velocidades.

Su sonido ensordecedor provoca que me cubra los oídos.

Así, subo de primero, revisando mi armamento y asegurando mi casco.

En el asiento contiguo, Sandra activa su comunicador; Eduardo calibra su rifle y David sube, cerrando la compuerta de la nave.

“Aquí escuadrón Delta-Gris.

Todo listo, piloto.

Puedes despegar”, dice David.

“A la orden, señor”.

Mientras el vehículo despega, miro por la ventana el paisaje nocturno pasar a toda velocidad.

Las luces de la ciudad se vuelven líneas, y por un momento, me pierdo en la sensación del vacío.

Rodrigo…

¿qué te pasó?

¿En qué momento perdiste la sonrisa?

Sandra me da un leve toque en el hombro.

“Sé lo que estás pensando.

Pero tenemos que mantener la cabeza fría.

Si entras con emociones, podríamos echarlo a perder”.

Asiento lentamente.

“Lo sé…

pero no puedo prometerte que lo lograré.” El viaje es breve.

Aterrizamos en un terreno baldío, donde las luces del complejo industrial apenas parpadean.

Las estructuras oxidadas crujen con el viento y el olor a metal viejo domina el aire.

Tras nuestro aterrizaje, la nave se marcha.

“Suerte, equipo Delta-Gris.

Estaré esperando para su evacuación”, dice el piloto.

Así, se marcha y el sonido de sus turbinas se aleja velozmente.

De pronto, el ambiente se llena de un silencio lleno de canto de ranas, cláxones de vehículos de la ciudad a la distancia y el viento golpeando ciertas estructuras.

“Equipo Delta-Gris en posición,” reporta David, mientras escaneamos el área.

Camino lentamente, con el corazón acelerado.

Un rastro de sangre se extiende por el suelo de cemento, marcando un sendero macabro.

Las huellas son frescas.

“No puede ser…” Por favor, que no sea Rodrigo, que no haya nada malo aquí.

De pronto, una sombra cruza la distancia, y escuchamos un grito ahogado.

Corremos hacia la fuente del sonido.

Cuando llegamos, la escena me deja sin aire.

Rodrigo está allí.

Cubierto de sangre, con la mirada perdida y un chico de apenas diecisiete años colgando de su mano derecha.

El joven intenta respirar, pero Rodrigo aprieta con más fuerza.

Cuando intento hablar, puedo ver más cuerpos en el lugar.

La sangre era fresca, y de la mano de Rodrigo algunas gotas caen al suelo.

Mi cuerpo entera tiembla con fuerza y me lleno de valor para detenerlo.

“¡Rodrigo!” grito, mi voz retumbando por todo el lugar.

Él gira lentamente.

Sus ojos…

ya no son los mismos.

Vacíos, apagados.

“Diana…

¿Qué hacen aquí?” dice, apenas un murmullo.

La voz que antes era cálida ahora suena hueca y rota.

Suelto el arma y doy un paso hacia él.

“Suéltalo, por favor.

No tienes que seguir haciendo esto, venimos por ti.” Rodrigo mira al chico, luego a mí, y por un instante dudo si todavía queda algo de humanidad en su interior.

Pero cuando sonríe…

esa sonrisa no es suya.

“¿No lo entiendes?

Ellos merecen esto.

Cada uno de ellos mató a inocentes.

Yo solo…

estoy limpiando el mundo.” Rodrigo dice esto con una voz deprimente, pero una sonrisa falsa en su rostro.

“¡No!

¡Estás perdiéndote!” grita Sandra, apuntándole con su arma.

“Baja eso, Sandra,” ordeno con un tono bajo pero firme.

Doy otro paso hacia él, extendiendo ligeramente mis brazos hacia los lados.

“Rodrigo…

tú no eres un asesino.

Tú protegías.

Tú eras el que nos hacía reír cuando todo era oscuro.” Rodrigo baja la mirada.

Una lágrima se mezcla con la sangre de su mejilla.

“Y lo sigo siendo.

Por eso hago esto, para acabar con el sufrimiento de la gente.

Primero serán los criminales mutantes y luego los ladrones, los narcos y todos los que hagan algo mal”.

Y de un solo movimiento, lanza al chico al suelo.

El joven tose, tratando de respirar.

Así, Eduardo corre a auxiliarlo.

Leo la mente de Rodrigo, y un torrente de imágenes me invade: fuego, gritos, cuerpos…

la familia que perdió.

Su hermanita llamándolo entre las llamas, su impotencia.

Todo su dolor, multiplicado por mil.

Caigo de rodillas, sollozando mientras las lágrimas se derraman en mi rostro “No…

no puedo soportarlo…” Rodrigo me observa, confundido, y retrocede un paso.

“Diana, no te metas en mi cabeza.” “¡Solo quiero ayudarte!” exclamo entre sollozos.

“¿Ayudarme?

Pero si han venido con armas… El instituto no me ve como un mutante ordinario, sino como una amenaza”, dice.

Ninguno de nosotros puede decir nada.

“¿Lo ves?

No necesito leer mentes para saber la verdad.

La verdad siempre se encontrará en las miradas de las personas, no hay que ser un telépata para poder leer mentes”.

Únicamente puedo verlo con tristeza.

Él, por otro lado, nos da la espalda.

“Será mejor que se alejen de mí.

Es obvio que no estarán de mi lado jamás, y yo no puedo confiar en ustedes”.

“¡No!

¡No digas eso!”, exclamo.

Él aprieta sus puños con rabia.

“¡Rodrigo!

¡Por favor!

Vuelve a casa con nosotros” mi voz se quiebra por completo y rompo en llanto.

“Lo siento, chicos.

Pero mi campaña debe seguir, no quiero envolverlos a ustedes, y, sobre todo, porque sé que en cuanto regrese me enviarán a prisión”.

Rodrigo nos muestra una mano, arrojando un par de esposas supresoras de poderes mutantes.

“Pero ¿cómo fue posible?

¡Nunca vi que se moviera!”, exclama David con asombro, al ver que Rodrigo le quitó las esposas de su cinturón.

“Adiós, chicos” él se marcha.

Me levanto lentamente, con el corazón hecho trizas.

“Se fue” dice Sandra, con la voz quebrada.

Asiento, limpiándome las lágrimas.

“Lo encontraremos…

y entonces lo traeremos de vuelta.” Eduardo mira el horizonte, todavía sosteniendo al joven que Rodrigo casi mata.

“Si es que queda algo de él…

solo espero que tengas razón.” Miro el cielo oscuro y las estrellas parecen mirarnos con tristeza.

“Rodrigo…

dondequiera que estés, no me rendiré.

No voy a dejarte solo, te traeré de vuelta a donde perteneces.” El consejo son el grupo de personas que se reunieron en el capítulo anterior.

Son los que deciden regionalmente las acciones diplomáticas.A diferencia del CIDFM que se mencionaba en los volúmenes anteriores, este es el regional.

Existen por regiones e instituciones.

Los institucionales son los que hay dentro de cada escuela(instituto mutante), mientras que el regional es el que hay dentro de cada plantel regional de despliegue mutante.

Basicamente es donde todos trabajan y se reportan una vez se vuelven personal activo en lugar de simples cadetes.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

¡Caramba!

Vaya que este volumen está siendo muy interesante de escribir.

Es divertido y fascinante ver el desarrollo que toca darle a cada uno de los personajes.

¡Espero que haya sido de su agrado!

Nos vemos en el siguiente capítulo: Persecución.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo