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Timekeepers - Capítulo 54

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  4. Capítulo 54 - 54 Persecución
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54: Persecución.

54: Persecución.

Siento algo de frío.

Paso mis manos por mis brazos acariciándolos mientras una brisa fresca me envuelve por completo.

Hay voces en todos lados, como si estuviera en una plaza; risas, gritos, conversaciones que apenas y puedo distinguir.

El cielo está hermoso, grandes nubes viajan hacia el norte mientras lo observo desde un cristal encima de nosotros.

“¿Tú qué opinas, Di?” una voz masculina me habla.

Una voz que no he escuchado en meses.

Bajo mi mirada y noto que estoy en el instituto con mis amigos.

Todos sentados en una mesa del comedor, Eric está sentado frente a mí, con Emily a su mano derecha.

Eduardo a su izquierda.

A mi derecha tengo a Sandra, y a mi izquierda a Rodrigo, mientras que Karla está entre Emily y Rodrigo.

“¿Opinar de qué?” respondo, confundida.

“Cielos, es el cumpleaños de Rodrigo en dos días.

¿No crees que sería adecuado llevarlo a un lugar especial?” Eric me pregunta.

“Bueno, depende del lugar”, respondo.

¿Qué es esto?

¿Es un sueño?

Todo se siente tan real.

Si es un sueño, por favor, nunca me despierten… quiero seguir aquí por siempre.

“Vamos, el único lugar que quisiera conocer es Suiza” Rodrigo responde por mí, bebiendo de su café.

Sandra suspira y luego mira a Rodrigo fijamente, “¿Suiza?

¿No es un cliché?” Él me observa y luego desvía su mirada, “he escuchado que es lindo para pasar una noche fría con tu pareja; el clima hará todo, tú solo tienes que ir a la cama y acobijarte con ella”, dice entre tartamudeos.

Todos nos miran pícaramente y comienzan a reír desmesuradamente, “no sé si se hacen, o son así de pendejos”, dice Sandra.

Esto es genial… me siento en paz, me siento feliz.

¿Hace cuánto no me sentía así?

Dios, como extrañaba esto.

“Lo único malo es que tienes que despertar”, dice Eric.

“¿Qué?”.

“¡Despierta!”, exclama, con una voz distorsionada.

Una voz tan aguda como si estuviera escuchando una turbina.

Sin más, mi cuerpo reacciona en cuanto escucho un sonido agudo e intenso como el soplido del viento.

Abro los ojos solo para ver a Sandra frente a mí.

El sonido de la aeronave ensordece mis oídos mientras observo que estamos dentro de la misma.

“¿Qué soñabas?” me pregunta Sandra, dándome un arma.

“Nada, ¿por qué?”.

Ella pasa su mano por mi mejilla derecha, “esas lágrimas no creo que hayan salido por no soñar nada”.

Rápidamente limpio mis lágrimas mientras recuerdo ese sueño tan hermoso.

No podré olvidarlo tan fácilmente, será mi escape de esta asquerosa realidad.

Aprieto con fuerza mis puños mientras escucho aún la voz de Rodrigo y los demás.

“Atención, equipo Delta-Gris, estaremos sobre el objetivo en menos de 2 minutos.

Prepárense” nos dice el piloto desde el intercomunicador.

David toma un enorme maletín y coloca el broche de seguridad a su cinturón y la cinta de soporte la atraviesa en su torso.

Luego, toma un arma y la asegura a su espalda.

“Todos, recuerden el plan.

Debemos detener a Rodrigo, ya no es nuestro compañero, sino un criminal.

Asesinó a más de 300 personas en solo 3 noches en la capital del país.

Debemos detenerlo, pues entre esas víctimas podemos contar a un escuadrón de élite que fue enviado a detenerlo.

Se ha vuelto muy veloz” David se acerca a la compuerta de la nave mientras nos da indicaciones.

Reviso mi equipamiento y luego tomo una mochila paracaídas.

“Este maletín trae un cañón EMP1 que aturdirá a Rodrigo por unos segundos.

No puede escapar de él, sus cargas se mueven a la velocidad de la luz.

El objetivo no es matarlo, sino arrestarlo”.

“¿Y si se pone agresivo?”, pregunta Eduardo.

“Tenemos permitido disparar y usar nuestros poderes, pero no tiren a matar.

Lo necesitamos vivo, y una vez sea neutralizado colocaremos las esposas inhibidoras de poderes.

¿Quedó claro?”.

“Sí” todos respondemos, poniéndonos de pie.

David se coloca las gafas de protección y nos da la espalda.

“¡Atención, equipo Delta-Gris!

¡Estamos sobre el objetivo!” nos indica el piloto.

En ese instante, David golpea el botón de la compuerta y esta se abre lentamente.

Conforme su apertura es mayor el viento nos ensordece junto a las turbinas de la nave.

“¡Vámonos ya!

¡YA!

¡YA!

¡YA!”, exclama con ferocidad mientras nos señala con la mano hacia el exterior.

Así, nos arrojamos al vacío uno por uno.

El viento me impide escuchar algo más que el intercomunicador.

Hace demasiado frío, por fortuna nuestros uniformes nos protegen de temperaturas extremas.

“¡Suerte, equipo Delta-Gris!

Estaré esperando indicaciones” nos habla el piloto.

No puedo abrir mis ojos, así que me coloco las gafas de protección para poder ver en la caída.

Mi estómago se revuelve con cada segundo que pasa y siento que no avanzo, pareciera que floto en el aire.

“Prepárense para abrir paracaídas en t-10” David nos indica.

Él es nuestro líder de escuadrón.

Las luces nocturnas de la ciudad son increíbles, nunca había visto algo así tan cerca.

La capital del país es enorme de verdad.

Pareciera que nunca duermen.

Incluso sobre el horizonte y en las montañas hay muchas luces de los hogares de las personas.

Una metrópolis así y un velocista puede recorrerla en segundos, es realmente increíble qué tan poderoso puede ser un mutante.

“¡Paracaídas!

¡Ya!”, exclama David.

Con su indicación todos abrimos nuestros paracaídas y estos salen de las mochilas extendiéndose de golpe.

Siento como la fuerza del paracaídas tira de mi torso e incluso me deja sin aliento por un momento.

Lentamente nos dirigimos al objetivo.

Usamos la noche para mezclarnos en la oscuridad sin llamar la atención, además de que así podemos atrapar fácilmente a Rodrigo en alguna situación que lo comprometa.

Tras unos minutos descendiendo lentamente en la oscuridad, caemos en un campo abierto de fútbol.

Todos corremos velozmente hacia la ciudad, donde sé que encontraremos a Rodrigo.

“La última vez que estuve en la capital aprendí que lugares visitar para hallar rebeldes o insurrectos”, dice Eduardo mientras corremos hacia los árboles que rodean el campo.

“Guíanos” David responde.

Miro hacia atrás y lo veo, corriendo tras nosotros.

Su fuerza es increíble, a pesar de tener demasiados músculos puede seguirnos el paso.

Incluso cargando esa enorme arma.

Me resulta increíble lo resistente que puede llegar a ser un mutante con superfuerza.

Llegamos a la ciudad y finalmente nos encontramos con los callejones solitarios y fríos con charcos por doquier y música de bares cercanos.

Eduardo mira su handheld y observa el mapa por un momento.

Así, la guarda y nos señala con su mano hacia el noreste.

“Es para allá.

Estamos a cinco minutos, usemos rutas alternas y solitarias.” Continuamos con la ruta, sin embargo, me pregunto si realmente podremos atrapar a Rodrigo en algún punto.

Es una metrópolis, dudo que podamos hallar algo.

Uso mis poderes para averiguar si hay alguna persona en nuestro trayecto.

“Me parece ridículo que tengamos que ocultarnos de la sociedad” digo.

David me mira a reojo y escupe una gran cantidad de saliva en respuesta, “no están listos para saber la verdad.

Habría quienes estarían a nuestro favor, y quienes estarían en contra.

Los humanos son estúpidos”.

“Es normal, le temen a lo que no pueden comprender tan fácilmente” les digo.

Todos me miran por un momento en silencio.

“De todos aquí, tú eres quien mejor conoce la mente humana.

La telépata del escuadrón” Sandra nos interrumpe.

Suspiro por un momento, “pero me resulta molesto.

Podríamos ir simplemente al lugar sin tener que hacer este tipo de cosas.” Sin más, llegamos a un callejón en el cual podíamos ver la calle principal.

Justo frente a nosotros al otro lado de la calle puedo ver un gran centro nocturno.

“¿Qué prosigue?”, pregunto.

Eduardo se asoma por unos instantes y reconoce la calle.

“Estos de aquí son los chidos.

Subamos a un edificio, tener altura para vigilar nos servirá”.

Eduardo estira sus manos hacia el suelo y justo por debajo de nuestros pies hace que el pavimento se rompa y se levante una enorme torre de roca que nos eleva hasta la cima de un edificio.

Cuando llegamos a la cima, Eduardo regresa todo a la normalidad y nos preparamos con los binoculares para observar en la noche.

Activamos la visión nocturna y ahora tenemos una zona cubierta a la perfección.

“¿Qué deberíamos hacer?”, pregunto.

“¿A qué te refieres?” Sandra me mira con curiosidad.

Miro al cielo que está cubierto por una masa de nubosidad, “Rodrigo no aparecerá tan fácil.

Requerimos algo que lo haga venir”.

“Él seguramente ya sabe de estos lugares, si están intactos significa que no tardará en venir” Eduardo toca mi hombro y regresa a su posición.

“Lleva un tiempo en la capital, ya debe haber averiguado suficiente sobre los lugares donde hay más mutantes rebeldes y criminales”.

Eso me hace sentirme un poco ansiosa.

¿Realmente podremos atrapar a Rodrigo?

Noel dijo que no quiere matarlo, solo quieren detenerlo.

¿Lo juzgarán como a un criminal?

No es malo, solo ha pasado cosas malas y sin compañía… yo lo abandoné.

Continuamos por un par de horas nuestra vigilancia, nada parecía mostrar algún indicio.

La noche se volvió helada, la temperatura me calaba los huesos.

Sandra comenzó a temblar de frío, por lo que David encendió una lámpara de calor para emergencias.

Esto nos dio calor por unos instantes.

Las calles comenzaron a vaciarse y el sueño nos azotaba los cuerpos.

Pero en un momento inesperado, un par de camionetas arribaron a uno de los centros nocturnos.

De ellas bajaron diez hombres armados y entraron velozmente.

“¡Son narcos!”, exclama Eduardo.

“Debemos ayudarles” rápidamente me levanto de mi lugar, pero David me sienta de golpe.

“No debemos interferir.

Él vendrá, lo puedo sentir”.

Tras unos segundos, el estruendo de una inmensa ráfaga de disparos nos impactó en los oídos.

Estamos a cinco pisos de altura y las detonaciones aún así llegaron hasta nosotros.

Algunas personas lograron huir.

Salían como hormigas asustadas, algunas bañadas en sangre y otros con la ropa desgarrada.

Mi cuerpo se llena de rabia.

Aprieto mis puños y mi corazón se acelera.

No puedo tolerar esto.

Los sujetos armados salieron y se preparaban para huir del lugar, sin embargo, como un destello, algo los noqueó.

Todos cayeron al suelo de golpe y solo puedo ver una silueta en medio de los cuerpos tirados.

Un hombre con un abrigo rojo que destaca en la media iluminación de la calle.

Mi corazón se acelera y siento como un vacío se forma en mi pecho.

Es él, no cabe duda.

Los criminales se levantan del suelo y le disparan con todo, pero él ni siquiera se mueve; permanece allí parado.

Las detonaciones cesan y Rodrigo arroja las balas al suelo.

“Debemos bajar”, digo.

Eduardo vuelve a construir una torre de roca y con ella bajamos.

Mientras tanto, David prepara el cañón EMP.

Nosotros nos acercamos lo suficiente para escuchar lo que hablan.

“Son solo narcos pendejos.

Déjenme adivinar… la escuela no les gustó, les da hueva trabajar de verdad.

Son unos nacos y unos pendejos.

No había chamba fácil y no les quedó de otra.

Pueden darme los pretextos que quieran, pero nada los salvará”, dice Rodrigo, con una voz vacía pero imponente.

“¡¿Qué carajos eres?!”, exclama uno de los sujetos con un inmenso miedo inminente.

Su cuerpo tiembla sin parar y su voz se ha vuelto tartamuda.

“¿Yo?

Soy tu peor pesadilla, soy la venganza.

Yo soy la salvación del mundo” él dice esto con una voz pretenciosa y retadora.

Sin previo aviso, Rodrigo se desvanece en un parpadeo y reaparece con las manos empapadas en sangre.

Los cuerpos inertes de los criminales caen al suelo mientras un mar rojo se extiende por la calle.

Él se prepara para marcharse mientras limpia la sangre de su cuerpo, sin embargo, mi voz sale por sí sola.

“¡Rodrigo!”.

Él se gira lentamente hacia mí y mi corazón se paraliza.

Siento como si una espada atravesara mi pecho.

Su mirada, antes vacía, ahora estaba llena de odio.

Una mirada paralizante y agobiante.

“¿Qué mierda hacen aquí?” me pregunta con una voz irritada.

“Rodrigo… basta, vuelve con nosotros”, le digo, mientras mis lágrimas brotan lentamente.

Rodrigo camina hacia nosotros.

Cada paso suyo provoca que mi cuerpo se estremezca, lo peor es que no sé si es por miedo o por amor.

Su abrigo rojo ondea con el viento de la noche, y su sombra, bajo las luces parpadeantes del callejón, parece la de un demonio.

“¿Volver con ustedes?” repite, burlón.

“¿Para que seamos títeres de una organización estúpida que no le importa hacer un cambio verdadero?

¿Después de abandonarme cuando más los necesitaba?” Él da un paso más.

“¿Dónde estabas, Diana?

¿Dónde estaban todos ustedes?

Necesitaba su ayuda… pero ahora me doy cuenta de que no los necesito.

Yo solo puedo con todos los mutantes.” Intento responder, pero mis labios tiemblan.

No hay palabras que calmen un alma destruida.

David levanta el cañón electromagnético con cautela, buscando su momento.

“Rodrigo, te ordeno que te detengas”, dice Eduardo, con una voz serena.

Extiende sus brazos intentando mostrar a Rodrigo que no queremos lastimarlo, “no queremos pelear contigo”.

“¿Ordenas?” Rodrigo ríe cautelosamente y de pronto se suelta a carcajadas.

“Lalito, tú y yo sabemos que ninguno aquí tiene mi nivel.

Como aliados solo me estorbarían, serían una asquerosidad.

Jamás podría confiar en ustedes, y como enemigos… jamás podrían hacerme frente”.

Él se da la vuelta y levanta su brazo extendiendo su dedo medio, “déjenme en paz, ¿quieren?

No necesito luchar con ustedes”.

“Estoy listo para disparar”, dice David desde el intercom.

“Rodrigo… verte así me hace desconocerte… me das asco” le digo, mientras mis lágrimas no dejan de brotar.

Mi rostro refleja una evidente repulsión hacia el chico que amo.

Él ya no es el mismo.

Rodrigo se detiene repentinamente y se gira de nuevo hacia nosotros.

Su rostro refleja una rabia desmesurada.

Y de pronto, él desaparece.

Lo único que puedo ver es a David apareciendo frente a mí, cubriéndonos a ambos con el cañón EMP.

El estruendo de un intenso golpe aturde mis oídos.

Allí puedo ver que Rodrigo intentó atacarme, pero David me salvó.

“¡Cuidado!” grita Sandra.

“¡Basta, Rodrigo!” exclama David con ferocidad.

Él, por otro lado, da dos pasos hacia atrás y se desvanece en un instante.

Es tan veloz que nos es imposible verlo, solo podemos sentir el viento brutal que deja tras su paso.

Se mueve de un lado a otro, levantando una enorme cortina de polvo y agua.

Así, puedo ver la silueta de Sandra ser arrojada por los vientos.

“¡Gagh!” ella libera un grito enmudecido, como si hubiera sido golpeada en el abdomen.

Así, David me empuja y Eduardo construye un muro de roca sólida a mi alrededor.

“¡No!

¡Eduardo!

¡Déjame luchar!”, exclamo mientras golpeo el muro con todas mis fuerzas.

“Lo siento” me responde, mientras toma su arma y corta cartucho.

“Pero no podemos arriesgarnos a perderte, solo tú podrás ayudarlo realmente”.

Los disparos resuenan con ferocidad.

El sonido de los casquillos cayendo al suelo uno tras otro.

Aquel que una vez fue nuestro amigo y aliado, detiene las balas con sus manos y las deja caer al suelo de golpe.

“Espero que tengan más que eso”, dice él con una sonrisa egocéntrica en su rostro.

Al ver que ninguno podría hacerle frente con palabras, David corre hacia él reuniendo toda su fuerza en su brazo derecho.

“¡Ya basta!”.

Él lanza un feroz golpe contra Rodrigo, pero este desaparece de la nada y su puño se impacta contra un muro.

El daño es tan brutal, que un muro se cae por completo haciendo vibrar el suelo.

David se da la vuelta y en ese mismo instante recibe una ráfaga de golpes de Rodrigo.

Tengo que hacer algo.

¡Mierda!

El muro de Eduardo tiene muchas rocas, por lo que las uso como soportes para escalarlo lentamente.

Así, logro salir de la muralla que él construyó para protegerme.

Lo primero que veo es a Rodrigo golpeando velozmente a David.

Con cada puñetazo hay un chorro de sangre y saliva que caen al suelo.

Sin más, Eduardo toca el suelo y el concreto bajo los pies de Rodrigo se vuelve fango.

“¡¿Qué mierda?!” Rodrigo se percata de esto e intenta salir, pero Eduardo solidifica el fango convirtiéndolo en concreto nuevamente.

“¡Mierda!”.

“¡Es ahora o nunca!”, exclamo, mirando a Sandra levantar el cañón y apuntando a Rodrigo.

“Se acabó, amigo” con eso, ella presiona el gatillo y un feroz pulso electromagnético es disparado.

La fuerza es tanta que Sandra es arrojada al suelo por la intensidad.

El pulso logra impactar con Rodrigo y este es arrojado contra el muro, logrando destrozar el concreto en sus pies.

El impacto y el efecto del EMP lo deja aturdido, casi inconsciente.

Eduardo toma velozmente las esposas inhibidoras y corre hacia Rodrigo.

Justo en ese momento, entro en su mente, sin embargo, hay demasiado ruido.

No puedo percibir nada, hay demasiado sufrimiento, demasiados gritos, dolor, lamentos, hay mucho llanto.

Hay demasiado y no puedo concentrarme en nada.

Mi cabeza comienza a dolerme con demasiada intensidad y caigo al suelo mientras todo mi alrededor se ensordece.

Eduardo se percata de que he caído al suelo, por lo que se detiene de golpe.

Sandra corre hacia mí exaltada, “¡Diana!

¿Qué pasó?”.

No puedo ni hablar, me he quedado sin fuerzas al intentar entrar en la mente de Rodrigo.

Me siento agotada, con demasiado sueño y por algún motivo tengo sangre escurriendo de mis fosas nasales.

“¡Eduardo!

¡Espósalo!”, exclama David con rabia.

“¡Sí!” él espabila y regresa rumbo a Rodrigo.

Sus pasos, aunque no los escucho del todo, se sienten en cámara lenta.

Como una maquinaria de reloj avanzando lentamente.

En cuanto él logra llegar a Rodrigo, se agacha y toma los brazos de él para ponerle las esposas.

Todo parecía ir bien, pero en ese momento, él reacciona y golpea velozmente a Eduardo en la sien.

Él cae inconsciente al suelo y Rodrigo se levanta en un parpadeo.

“¿Estabas tratando de leerme, Diana?” murmura a mi oído antes de empujarme al suelo.

Caigo sobre mi abdomen al suelo, con el corazón latiéndome en los oídos.

“No debieron hacerme enojar.

No debieron provocarme, no necesito matarlos.” Sandra toma la daga que lleva en su pierna derecha y trata de apuñalar a Rodrigo.

Pero él ya está frente a ella, tomándola del cuello con todas sus fuerzas.

Ella forcejea con él, intentando respirar.

“Este… no eres tú… ¡Gagh!

¡Rodrigo!” entre jadeos, Sandra intenta hablar con él.

“No, no lo soy”, él sonríe de manera desquiciada.

Con un fuerte golpe en el abdomen, hace que Sandra caiga al suelo sin aliento.

Por otro lado, David aparece detrás de Rodrigo y lo abraza con todo lo que tiene.

“¡Se acabó, Rodrigo!”, exclama, apretando el cuerpo de nuestro viejo amigo.

Lentamente cruje un hueso, uno tras otro, al ser presionados con tanta fuerza.

Sin embargo, Rodrigo se retuerce usando su velocidad y se lograr liberar del agarre de David.

Es en ese momento que sus puños se unen en el estómago de David.

Una y otra vez en milésimas de segundo.

Rodrigo retrocede y David cae al suelo sin aliento.

Apenas logro moverme, necesito recuperarme.

Mis piernas no responden.

Sandra intenta arrastrarse hacia el cañón para disparar de nuevo, pero Rodrigo la ve.

“Ni lo intentes”, gruñe, y como si fuera un parpadeo, el arma sale volando por los aires a varios metros de nosotros.

“¿Por qué, Rodrigo?”, logro decir entre jadeos.

“¿Por qué estás haciendo esto?” Él me mira, y por un instante veo en sus ojos algo que me parte el alma: tristeza.

Pero se apaga al instante.

“Porque el mundo no merece redención.

Porque ellos me arrebataron todo.

Y ustedes… ustedes no me apoyaron, pudimos ser un buen equipo repartiendo justicia, pero prefirieron apartarse”.

Entonces desaparece.

Solo escuchamos un estruendo justo tras su partida al romper la barrera del sonido.

Él deja una racha de viento rezagado que nos tambalea.

Todos estamos hechos trizas.

No pudimos completar la misión, fue un fracaso.

¿Él se contuvo?

Asesinó a un escuadrón de élite, eso solo me hace pensar que con nosotros luchó sin intentar matarnos.

Rodrigo… Miro que alrededor está repleto de polvo, hay sangre y casquillos de balas en el suelo, así como escombros del muro destrozado.

No sé qué haré, pero tengo que traerte de vuelta.

Aunque tenga que sacrificar el mundo entero, tú volverás con nosotros; a tu hogar.

Es un cañón electromagnético, habilitado para aturdir a los humanos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!

¡Fue dura esta semana!

Pero al fin parece que está por terminar lo dificil.

Les agradezco su paciencia.

¡Aquí tenemos el nuevo capítulo!

¡Nos vemos en un par de días con el siguiente!

¡Disfrútenlo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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