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Timekeepers - Capítulo 55

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55: Ayuda.

55: Ayuda.

Mi respiración no cede.

Mi corazón late con intensidad, siento insectos caminando por todo mi cuerpo.

¿Es mi imaginación o hace calor?

No, solo tengo un ataque de ansiedad.

Esto solo tiene una causa, y es lo que estoy viendo en el monitor del CIDFM.

“¿Qué significan todos esos puntos rojos en el mapa?”, pregunta Sandra, mientras bebe de una taza con café.

Noel pasa su mano por sus ojos y suspira.

“Las víctimas halladas… todos son asesinatos por parte de Rodrigo.” El mapa tiene una enorme cantidad de puntos rojos por todos lados, es un mapa del país.

Los puntos rojos indican que ha asesinado a criminales en más del 50% del territorio nacional.

“Es imposible… ¿en tan poco tiempo?

No puede ser eso real”.

Mi voz sale entre tartamudeos.

Mi piel se llena de un sudor frío y mi cuerpo tiembla con intensidad.

“La Coordinación Nacional de Entidades Mutantes y la Secretaría de Defensa Nacional han declarado a Rodrigo como… principal enemigo”, dice Noel, con una voz seria como si supiera que algo malo está por pasar.

“Debemos detenerlo pronto, o terminará muerto” cuando él dice esto, mi corazón se detiene por un momento.

Como si me hubieran atravesado con una lanza.

Los demás permanecen helados de igual forma, ninguno puede creer lo que escuchamos.

“Tomen un descanso, mientras tanto enviaremos un par de escuadrones a vigilar sus movimientos.

Tendrán cinco días de vacaciones, aprovéchenlos.

Necesitan tener una mentalidad fuerte, porque lo que se viene requerirá mucha fuerza emocional de todos ustedes…” Noel se levanta de su asiento y se marcha del CIDFM, mientras nosotros seguimos de pie allí observando el monitor.

Nadie ha dicho una sola palabra.

Permanezco congelada, sin esperanzas, sé que la única salida es matarlo.

Pero no quiero.

No puedo moverme, solo de pensar en la idea de matarlo me destroza el corazón.

Sandra se me acerca y me toca el hombro, solo así reacciono.

Mi cuerpo cae al suelo de rodillas mientras rompo en un llanto desgarrador.

Eduardo, Karla y Sandra se me acercan y me abrazan en el suelo.

Todos juntos allí me dan soporte emocional.

No puedo dejar de llorar, me niego a matarlo.

“Diana… no hay otra forma”, dice Sandra.

Su rostro se muestra afligido, sin embargo, incluso así me muestra una sonrisa sincera.

“No quiero, Sandy… no puedo aceptarlo”.

Me levantan del suelo y me observan mientras solo puedo limitarme a limpiar mis lágrimas y sollozar.

“Si tan solo pudiéramos detenerlo… pero no existe algún velocista igual o mejor que él, solo algún insurrecto.

Tal vez si contactamos con el Asesino de un Ojo y sus secuaces podamos-” “¡No!” la interrumpo.

“No vamos a caer en eso.

Pero… sé de alguien que puede ayudar”.

Todos me miran confundidos, ¿quién podría ayudarnos en este momento crítico?

“Eric”.

En cuanto menciono su nombre Sandra se estremece.

Ella da un pequeño salto con sorpresa y luego carraspea, “no, Di.

No podemos… él se retiró de este mundo, hace más de un año que él simplemente… se fue”.

“Lo sé, pero solo él puede detenerlo.

¿Vienes conmigo o voy sola?”.

Ella niega con su cabeza y su rostro se torna de un rojo intenso, “no podría.

No sabría cómo reaccionar al verlo.

Además, dudo que acepte”.

“Entonces iré sola, sé que nos apoyará”, le digo, con una mirada radiando determinación.

Voy a buscar a Eric, lo encontraré y le pediré ayuda.

Sé que no nos abandonará, sé que nos apoyará, a mí, a nosotros, y, sobre todo, a Rodrigo.

Punto de Vista de Eric.

La vida no pinta mal.

Cuando aprendes a vivir con lo que tienes te das cuenta de que tienes mucha suerte.

Han pasado varios meses desde que empecé a trabajar en la empresa de mi familia.

Hoy soy capaz de analizar varios proyectos por mí mismo.

Mi rutina diaria es genial y relajante.

Despierto muy temprano y salgo a correr para seguir en condición.

Regreso a casa y desayuno luego de tomar un buen baño.

Me voy al trabajo y paso todo el día allí con mi primo realizando algunos proyectos importantes.

En la hora de comida siempre veo a Emily, quien, por cierto, está a punto de abrir su propia panadería.

Cuando salgo del trabajo suelo regresar a casa, pero en algunos días salgo con Emily a pasear, o a jugar con mis amigos algo de fútbol o billar.

Hoy es mi día de descanso.

Acompañé a mi madre muy temprano al centro de la ciudad a comprar en el mercado.

Yo la espero en el auto mientras ella hace las compras.

“¿Qué debería desayunar con Emily?”.

Hoy la veré, irá a verme a mi casa.

Tomo mi teléfono y le escribo un mensaje, preguntándole qué se le apetece comer.

Sin embargo, cuando bajo mi teléfono, a la distancia en la calle puedo ver a un sujeto con una chaqueta roja mirando fijamente hacia mí.

“¿Eh?”.

Su piel es morena, y su cabello negro y corto ligeramente erizado.

Su mirada refleja odio hacia mí, un deseo inmenso de venganza.

“¿Rodrigo?”.

No cabe duda, es él.

¡Es él!

¿Qué hace aquí?

Mi corazón se acelera, y por algún motivo me lleno de un miedo latente.

El sonido a mi alrededor desaparece y solo puedo escuchar un zumbido agudo en mis oídos.

Rápidamente desabrocho mi cinturón de seguridad para bajar del auto, pero en cuanto levanto mi mirada de nuevo, él ya no está.

Solo hay un maniquí en una tienda de ropa con una chaqueta roja del mismo estilo.

Miro a todos con desesperación, sin embargo, no hay nadie.

¿Eh?

¿Fue una ilusión?

La verdad es que ya no lo sé… Ha pasado un año desde que me alejé de todos.

Perdí el contacto con los chicos después de un tiempo, todos los días me pregunto si Rodrigo está bien.

Hace un par de meses traté de hablar con él, pero su teléfono jamás recibió mis mensajes.

No tengo cara para buscar a los chicos.

Aunque creo que fue lo mejor, no podía seguir en ese mundo.

Solo en esta semana han asesinado a una enorme cantidad de personas en el centro del país, ya ni siquiera hay seguridad.

Hay protestas en todos lados, incendios provocados en los palacios municipales, asesinatos a sangre fría, desaparecidos, nada de esto es agradable.

No solo tenía que lidiar con el narco, sino con otros mutantes que seguramente algún día me matarían.

Ahora mi única preocupación es entregar los proyectos a tiempo y ver a mi novia.

Aunque ya no siga en ese mundo, he entrenado mucho mis poderes.

Emily y yo decidimos que lo mejor era alejarnos, pero no dejar de entrenar.

El mundo es un caos, y no sabemos si el día de mañana requiramos usarlos de nuevo.

“Listo, hijo.

Vamos a casa”, dice mi madre, subiendo las cosas en el asiento trasero.

“De acuerdo, ma’.

Vámonos”.

Enciendo el auto y arrancamos para ir de vuelta a casa.

Al llegar, ayudo a mi madre a bajar las cosas y luego las colocamos en su respectivo lugar en la nevera o alacena.

Después, subo a mi habitación y tomo un baño para recibir a Emily.

Un poco de perfume, prendas cómodas pero adecuadas para salir a pasear por si se da el caso y limpio mis dientes con un buen enjuague bucal y pasta dentífrica.

Tras unos minutos, ella llega a casa y toca el timbre.

Rápidamente le abro la puerta y ella sonríe al verme.

“Mi amor, buenos días”, me dice, dándome un beso en los labios.

“Buenos días, pasa.

Vamos a la sala”, le digo.

Ambos caminamos hasta la estancia en mi casa y enciendo el televisor.

Ambos tomamos asiento en el sofá y ella se acurruca en mí.

“¿Qué debemos desayunar?”, le pregunto.

Ella me mira algo pícara y me da un beso en la mejilla.

“Quiero unas enchiladas verdes”.

“Me parece bien, ¿las preparamos juntos?”.

Ella asiente con euforia y caminamos a la cocina.

Emily toma un mandil y se lo coloca mientras yo preparo las verduras.

Enciendo la bocina y ponemos algo de música para guisar.

Entre risas, abrazos y besos, nuestro desayuno queda delicioso.

Tomamos nuestros platillos y regresamos a la sala para ver televisión.

“Buenos días, querida”, dice mi madre saludando a Emily.

“Ay, hola, suegrita.

Buenos días”.

Emily se para del sofá y saluda de beso en la mejilla a mi madre.

“Disfruten su desayuno.

Qué bueno verte por acá, hija”.

“Gracias, de verdad” Emily sonríe y se sonroja ligeramente.

Mi madre toma su bolso y luego mi padre baja de las escaleras y saluda de igual forma a Emily, “buenos días, hija.

¿Van a pasar el rato?”.

“Sí, vamos a estar un ratito aquí.

Yo creo que sobre mediodía saldremos”, responde ella.

“Bueno, con cuidado.

Nosotros vamos a ver a unos primos, estás en tu casa, Emily.

Nos vemos”.

Mis padres se marchan y Emily y yo nos quedamos solos.

Vemos algo de televisión mientras comemos y al acabar, ella nuevamente se acurruca en mí.

No puedo evitar acariciar su sedoso cabello y oler su delicioso perfume.

Estos momentos me llenan de paz.

Ella y yo pasamos un rato más así, hasta que el sol se posa justo en el punto máximo del cielo.

“¿Y si vamos al parque de Coate?”, me pregunta ella.

“Me parece bien.

¿Quieres ir ya?”.

Ella asiente y se levanta del sofá, “solo iré al baño y de allí podremos irnos”.

Rápidamente subo a mi habitación por una chaqueta y bajo nuevamente.

Tras tomar las llaves del auto, escucho que alguien toca el timbre de la entrada principal.

“¿Eh?

¿Correo en domingo?”.

En cuanto abro la puerta, puedo ver en el portón principal la silueta de una mujer delgada con un suéter negro.

¿Quién será?

Camino hasta el portón y a unos cuantos metros de ella, mis ojos se abren de par en par.

Su piel morena y su cabello negro, largo y sedoso.

¿Qué?

¿Diana?

Solo ver su silueta trae a mi mente aquellos momentos en el instituto.

Los momentos en lo que disfrutábamos juntos nuestros alimentos y dialogábamos.

Y de pronto, todo se torna de un rojo intenso en cuanto recuerdo el desastre en casa de Rodrigo, el día de nuestra graduación.

Por algún motivo me siento avergonzado, creo que en el fondo me arrepiento de haber abandonado el mundo mutante.

Llego al portón y ella yace de espaldas.

¿Realmente es ella?

¿Qué hace aquí?

Sin que yo diga algo, ella se da la vuelta hacia mí y me sonríe, sin embargo, su rostro refleja una evidente aflicción con un desgaste físico y ojeras pronunciadas.

“Sí, soy yo.

Hola, Eric.

¿Cuánto tiempo?”, me saluda.

No puedo decir nada más.

¿Debería saludarla con euforia?

¿Cómo debería reaccionar?

Estoy de pie, congelado, sin poder hacer nada.

“¿Te comió la lengua el ratón?”, pregunta, con un tono modesto.

“Lo siento, es que… vaya, me tomó por sorpresa verte.

Pasa, por favor”.

Abro el portón, y en cuanto ella queda frente a mí me abraza con fuerza.

Un abrazo con tanta fuerza que me deja aún más paralizado.

¿Qué demonios?

¿Qué significa esto?

“¿Eric?” Emily sale de la casa y me ve con Diana.

Ella abre su boca y sus ojos con asombro, y después corre a toda velocidad hacia nosotros.

“¡Diana!” Emily llega y Diana la abraza de igual forma que a mí.

Una fuerza brutal que nos deja atónitos.

Sin más, ella rompe en llanto.

Un llanto silencioso y desesperanzador.

“¿Diana?” Emily se muestra confundida y me mira preocupada.

“¿Qué pasa?

¿Qué haces aquí?

¿Por qué lloras?”.

Diana hunde su rostro en el hombro de Emily y se aferra a ella.

“No puedo más… ¡No puedo!”.

Ese llanto y su expresión.

Algo no anda bien.

“Diana, tranquila.

Todo está bien, ven, vayamos adentro”.

Llevamos a Diana dentro de mi casa y nos sentamos en el sofá.

Emily va a la cocina y prepara un té exprés y luego regresa con nosotros.

“Tu casa es muy linda, superó mis expectativas”, dice Diana, observando a todos lados con un rostro reflejando curiosidad.

“Muchas gracias, Di.

Me da gusto verte, hacía ya un tiempo que nos alejamos”, digo.

Emily le da el té y ella lo toma con cuidado.

Da un pequeño sorbo y luego lo coloca sobre la mesa de centro.

“Está delicioso, muchas gracias, Emi”.

Emily se sienta en el sofá a un lado de Diana mientras yo me recorro hacia el brazo del sillón.

“¿Qué ocurre, Diana?

¿Por qué rompiste en llanto?”, pregunto.

Ella toma el té de nuevo y lo sorbe para luego dejarlo entre sus manos y jugar lentamente con la taza.

“Es Rodrigo… enloqueció”.

Emily me mira con asombro, mientras yo únicamente cruzo mis brazos.

En ese momento viene a mi mente esa visión de él en el centro de la ciudad.

¿Puede que haya sido él realmente?

“¿Qué quieres decir con eso?” Emily le pregunta con un tono deprimente.

“Abandonó su casa, y desde entonces no ha dejado de matar criminales.

Para este punto lo han declarado como un mutante de alto peligro… ya no es visto como un mutante errante, sino como un mutante rebelde”.

“¡Eso es estúpido!

¡No está matando gente inocente!”, exclamo.

“Eso… no es verdad.

En su ira ha matado gente inocente, lo catalogó como daño colateral.

Sin embargo, la coordinación de mutantes dijo que no es así, y fue fichado como enemigo de alta prioridad, casi al mismo nivel que los insurrectos” Diana lleva sus manos a su rostro.

“Todo es mi culpa, yo me fui a una misión y tardé demasiado tiempo.

Él se quedó solo, y cuando regresé él simplemente ya no estaba”.

Emily abraza a Diana con fuerza y la consuela.

Mi cuerpo entero se tensa, siento como la sangre en mi interior hierve.

Siento tanta ira, no puedo creer que Rodrigo se haya vuelto un rebelde.

¡Carajo!

¡No es justo, Rodrigo!

Aprieto mis puños con firmeza y Diana me mira.

“Vine hasta aquí, porque ya no hay mutantes que igualen la velocidad de Rodrigo.

Eric, tú puedes superarlo.

Contigo y Emily podremos vencerlo, son Timekeepers.

Si usan sus poderes podremos detenerlo” sus lágrimas se escurren por sus mejillas.

“Por favor, se los pido.

Regresen a ayudarnos.

No vuelvan a ser mutantes activos, solo ayúdennos a traer de vuelta a Rodrigo”.

Emily me mira con evidente frustración.

Su rostro tiene lágrimas a punto de brotar.

Ella realmente parece querer ir, “Eric.

Sé que dijimos que nunca regresaríamos… pero…” ¿Qué debería hacer?

¿Debería aceptar?

Ya estoy bien, Emily y yo tenemos una vida ideal.

Salud, dinero, amor y seguridad.

¿Por qué deberíamos regresar?

Sé que Rodrigo y ellos son mis amigos, pero siempre pensé en los demás.

Por al menos una vez en mi vida me gustaría pensar en mí mismo.

“¿Eric?”.

Me frustra demasiado esta situación, aprieto mi teléfono con fuerza y comienzo a golpear el suelo con mi pie izquierdo rápidamente.

No quiero, y no lo haré.

Sé que si voy, seguramente no volveré.

“Lo siento mucho, Diana.

Pero no podré hacerlo.

Esta vez no cuenten conmigo…” Emily se muestra furiosa y se levanta de golpe, “¿Estás loco?

¡Nos necesitan!

¡Debemos regresar!

¡Solo ayudémosles y luego regresemos a casa como hasta ahora!”.

“Emily, tranquila.

Pero no puedo regresar.

Piénsalo, todo el tiempo sufrí por preocuparme en exceso por los demás.

Creo que llegó el momento en el que me preocupe por mí, por nosotros”.

“¡No!

¡No podemos darles la espalda!

¿No lo entiendes?

Rodrigo está mal”.

Emily extiende sus brazos con rabia y se me acerca lentamente, “¡No podemos abandonarlos de nuevo!

¡Si nunca nos hubiéramos ido esto no habría pasado!” Mientras ella y yo discutimos, Diana lentamente se agacha al suelo y se arrodilla, toma mis tobillos y luego hunde su rostro en el piso.

“Por favor, Eric”.

Emily y yo nos detenemos al escucharla y nos toma por sorpresa.

“Te lo suplico, te lo ruego.

No podremos sin ustedes, se los pido”, ella llora de nuevo entre sus súplicas.

Mierda… Emily se acerca a ella y la levanta, “no te preocupes, Diana.

Cuentan conmigo”.

Ambas me miran, una con rabia y la otra con un rostro lleno de tristeza.

“Lo siento… no puedo, tengo que pensarlo”.

Diana sonríe y niega con su cabeza, “no te preocupes, entiendo.

Sé que tienes muchas cosas que puedes perder si vas.

No pasa nada, gracias de cualquier forma, Eric.

Y si gustas ayudarnos, serás bien recibido”.

Emily limpia las lágrimas de ella y la abraza, “creo que tengo que irme.

Solo tengo cuatro días más para prepararme para la última misión contra él, si fracasamos lo matarán”.

Diana toma su abrigo y sale de la sala, por otro lado, Emily toma sus cosas y me mira con decepción.

“No creí que fueras ese tipo de persona, Eric.

Te desconozco… yo sí voy, cuando terminemos con esto, volveré”.

“¡Emily, espera!”.

Ella me ignoró por completo y se fue con Diana.

Solo puedo ver desde la ventana como se alejan y de pronto desaparecen en la calle.

Mi cuerpo se llena de impotencia y azoto mi teléfono contra el suelo.

“¡Mierda!

¡Puta madre!” Paso mis manos por mi cabello y tomo aire profundamente.

“No sé qué mierda hacer…” Recuerdo los momentos con Rodrigo, aquel que era mi mejor amigo.

¿Se convirtió en un criminal?

Aquel chico con risas y comentarios ridículos ahora es un rebelde.

No puedo verlo de esa forma, pero sabía que algo no andaba bien desde que peleamos en el funeral.

Puedo ver su rostro sonriéndome en las nubes, me niego a aceptar que él es un monstruo.

Golpeo la pared con tanta fuerza que el impacto resuena en toda la casa.

¿Debería ayudarles?

Emily se ha ido con ellos, ahora ella estará en peligro.

Si no voy algo podría pasarle.

Carajo, tengo que pensarlo con mucha seriedad.

No solo ella, todos corren peligro con Rodrigo, si es verdad que enloqueció entonces es una verdadera amenaza.

De cualquier forma, debo pensarlo un par de días más.

Solo entonces podré tomar una decisión.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva Hola a todos.

Excelente semana.

¡Espero que el capítulo haya sido de su agrado!

Estamos llegando al clímax del volúmen y solo me queda decir: GRACIAS A TODOS.

Escribir será un poco más complejo ahora ya que estoy llegando al final de mi semestre, así que si simplemente tardo en publicar les pido una disculpa.

¡Nos vemos con el próximo capítulo llamado: Conversación Paterna!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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