Timekeepers - Capítulo 56
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56: Conversación Paterna.
56: Conversación Paterna.
Emily se ha marchado de la ciudad junto a Diana.
Ella dejó de responder en cuanto llegaron a una especie de consejo, o algo así entendí.
Han pasado dos días desde que recibí su último mensaje.
¿Estará molesta?
O quizás solamente sea que no puede usar el teléfono en las misiones.
Mi alarma suena y me despierta de golpe, sin embargo, me cuesta demasiado trabajo poder abrir mis ojos.
Abro uno y puedo observar un ambiente meramente borroso.
Mis párpados están demasiado pesados, y por algún motivo mi cuerpo entero tiembla.
Siento demasiado frío, y aunque realmente hay algo de fresco, no es suficiente para hacerme temblar así.
Tras varios intentos logro apagar la alarma y me levanto de mi cama.
Un mareo intenso tambalea el mundo y me hace sostenerme de mi escritorio.
Respiro unos segundos y abro mis ojos por completo, solo para notar que me siento demasiado agotado.
No he podido dormir bien desde que Emily se ausentó.
Entro a mi baño y observo dos manchas oscuras bajo mis ojos, ahora parezco un mapache.
Mi cabello está completamente erizado, y mis párpados hinchados.
Mi cuerpo no para de temblar, ¿qué diablos me pasa?
Me desnudo y entro a la regadera para darme un baño con agua tibia.
Cada gota se siente como una aguja perforando mi piel, es realmente incómodo y doloroso.
No soporto esto y me apresuro a ducharme para luego salir a mi habitación y vestirme.
Con el paso del tiempo mi cuerpo se relaja, ¿será posible que esto se deba a que no he dormido bien en estos días?
Por algún motivo creo que puede ir relacionado.
Bajo al comedor y desayuno con mi familia, tomo mis cosas y me marcho con mi papá a la empresa.
Cuando llego me reporto con Ao en nuestra área de trabajo.
Él se me queda viendo fijamente y me da una palmada en el hombro.
“¿No has dormido bien?” me pregunta.
“¿Cómo lo sabes?”.
Él señala sus párpados, “tienes un enorme par de ojeras allí.
Peor que un mapache”.
Simplemente suspiro y me siento en mi lugar, “lo siento, no ha sido fácil.
Emily se fue y no he sabido nada de ella en unos días”.
“¿Cuál fue el motivo por el que se marchó?
¿Terminaron?”.
Abro mis ojos por completo, “¡No!
Para nada.
Fue una situación con unos amigos… se salió de control y nos pidieron ayuda, pero solo pudo ir Emily…”.
Ao me mira con preocupación y suspira, “escucha, primo.
No soy nadie para decírtelo, pero si quieres a tus amigos deberías apoyarlos.
No todos tienen la vida que nosotros.
Tú pudiste ir sin problema”.
“No es tan fácil… tengo miedo de que, si voy posiblemente muera”.
Él cambia su rostro a uno serio y se sienta frente a mí.
“¿De qué se trata?”.
Mierda, es demasiado difícil decirles lo que ocurre.
No es fácil, no puedo decirles la verdad sobre mí y sobre Emily.
No pueden saber que tenemos poderes.
Me mantengo en silencio por un momento, sin embargo, Ao me mira fijamente.
Está esperando una respuesta y comienzo a ponerme demasiado nervioso; mi cuerpo entero está sudando y no puedo mirarlo a los ojos.
¡Mierda!
¡Esto no debía pasar nunca!
Mi cuerpo tiembla y Ao cambia su rostro por uno ligeramente sorprendido, “¿estás bien?
De la nada te pusiste pálido”.
“Sí, es solo que no me siento muy bien”.
Ao se levanta y toma su teléfono rápidamente, “hola, Rita.
Por favor, tráeme los primeros auxilios, Eric se siente mal, está pálido y sudando demasiado.
Gracias”.
Ao me toca de la frente y se muestra serio, “estás helado, parece ser tu presión.
Cuando venga Rita te atenderemos.
Ahora, dime.
¿Qué ocurre con ese amigo?”.
Tras tomar una gran bocanada de aire, lo miro fijamente a los ojos, “es Rodrigo… ¿recuerdas lo que ocurrió?”.
“Sí, fue terrible.
¿Cómo olvidarlo?” “Resulta que huyó de casa hace meses, y cuando lo encontraron se ha convertido en un criminal.
Entonces, están buscando la forma de regresarlo a casa sin que cause más daño”.
Ao abre sus ojos con sorpresa y truena la boca, “no puede ser… que terrible.
¿Emily fue allá para ayudar?”.
“Sí… piensan que solo yo puedo hacerlo entrar en razón” digo, con un tono de voz apagado.
Rita, una enfermera ligeramente joven, aparece con el botiquín y comienza a tomarme signos mientras me da una torunda con alcohol.
“Me temo que no creo que sea posible, aun así deberías intentar hablar con él, ¿no lo crees?”.
“Tal vez tienes razón…” Tras unos minutos, mi cuerpo se recupera y la enfermera guarda el botiquín.
“Solo fue su presión, todo parece haberse estabilizado, de cualquier forma, toma esto, te ayudará”, dice, dándome una especie de caramelo.
Ella se marcha y me deja solo con Ao.
“Bueno, hora de trabajar”.
Ao me mira algo molesto y mueve su cabeza de un lado a otro, “no, Eric.
Ve a casa, tómate el día, incluso la semana.
No me sirves en este estado, debes relajarte, además, puedes desmayarte la próxima vez”.
“No, me siento bien.
Si empeoro te prometo que me iré a casa”, le digo, con una mirada llena de determinación.
Él sonríe y se levanta del asiento, “está bien.
Pero si no me lo haces saber te correré a patadas, no quiero que generes un caos aquí”.
Ao se marcha y enciendo mi laptop para comenzar a trabajar.
Cuando abro el correo encuentro allí los enlaces de descarga para los planos que hay que analizar y corregir el día de hoy.
Los descargo y comienzo mi trabajo según los diagramas originales del sistema.
Continúo la mañana trabajando, sin embargo, mi mente sigue centrada en Emily y los chicos.
Pude haber evitado esta situación si no hubiera renunciado.
La culpa comienza a apoderarse de mí, si no hubiera sido egoísta Rodrigo no habría huido.
Siento como si algo me ahorcara, por lo que desabotono el botón del cuello de mi camisa e intento tomar aire.
Siento que todo a mi alrededor está demasiado pegado, la sala es muy chica, necesito aire.
Me levanto de mi asiento y camino hasta el balcón más cercano y tomo aire fresco mientras observo el paisaje exterior.
Emily… Miro mi teléfono, y, sin embargo, no hay respuesta.
Eso solo hace que me atemorice más.
No puedo dejar de pensar que algo malo podría haber pasado.
¿Y si ella está muerta?
¡No!
¡Ya se habría sabido!
¡Deja de hacerte ideas estúpidas!
Golpeo mis mejillas y logro eliminar los malos pensamientos.
Tomo aire profundamente y regreso a mi departamento de trabajo.
Sigo con los planos hasta que finalmente termino.
Una vez hecho esto, se los mano a Ao, quien los recibe por correo y responde confirmando que los está viendo.
Salgo a tomar algo de café con mis compañeros del área, y tras unos quince minutos, Ao aparece algo molesto con una tableta en mano.
“Eric, ¿puedes venir?” me dice.
“Ah, sí.
¿Ocurre algo?” me le acerco.
Él me enseña ciertas partes del plano encerradas en un contorno rojo.
“Son errores, colocaste resistores en lugar de condensadores.
¿Sabes lo que pudiste causar si tu jefe, o sea yo, no los hubiera revisado?”.
Únicamente puede negar con mi cabeza, ¿por qué me equivoqué?
Creí haber visto bien.
¿Es por lo que está ocurriendo?
Me la he pasado concentrado en otros temas en lugar de mi trabajo.
Mierda… “Si tu jefe hubiera sido otro habría aprobado los planos y se hubieran mandado a imprimir en PCB, lo que provocaría pérdidas.
Eric, no estás bien.
Fueron demasiados errores”, dice.
Él coloca su mano en mi hombro izquierdo y me mira con una expresión gentil y deprimente, “ve a casa, descansa y libera tu mente.
Vuelve cuando te sientas mejor, no te preocupes”.
“Pero, Ao, yo sé que-“ “No, ningún pero.
Ve a casa, Eric.
Por favor”.
No puedo defenderme y asiento en silencio.
Camino a mi escritorio, apago el ordenador y me marcho a casa.
Cuando llego mi madre me pregunta qué ha pasado, le comento la situación y ella me abraza.
“Entiendo, mi amor.
No te preocupes, ponte cómodo, ya casi está listo el almuerzo”.
Subo a mi habitación y puedo ver una foto de Emily y yo en mi escritorio.
La tomo con cariño y acaricio su rostro sobre el cristal del marco mostrando una sonrisa.
Y justo detrás de ese marco, veo una foto grupal que había ignorado todo este tiempo.
¿Cuándo la tomamos?
No la recordaba… ¿Realmente siempre estuvo aquí?
Incluso se ve algo vieja.
En la foto estamos todos reunidos; yo, Diana, Emily, Rodrigo, Sandra, Eduardo y Karla.
Mis lágrimas se escurren y me doy cuenta de que en el fondo había estado ignorando mi culpa, fui un egoísta y ahora lo entiendo a la perfección.
Realmente todo es mi culpa, y de nadie más.
Suelto la foto en su lugar y me cambio de ropa.
Así, bajo a mi sala y miro el televisor por unas horas hasta que mi padre llega a casa.
En cuanto él me ve, se quita el saco y camina hasta mi ubicación.
“Vamos a dar una vuelta”, dice.
Camino junto a mi papá por la calle, dejando atrás el edificio.
El cielo nublado y el aire frío me corta las mejillas.
Mis piernas pesan… no solo por las horas sin dormir, sino por todo lo que he estado conteniendo desde que Emily se fue.
Mi papá lleva las manos en los bolsillos y avanza sin prisa.
Es de esas veces en las que no hace falta preguntar nada; él ya sabe que algo está mal.
“¿Hablaste con Ao?” murmuro, sin energía.
“Sí,” responde con voz grave.
“Me dijo que estabas inquieto.
Más de lo normal.” Asiento.
No tengo fuerza para justificarme.
Puedo escuchar el canto de las aves mientras avanzamos sobre la calle.
Caminamos unos pasos más.
Las llantas de un coche pasando sobre un charco hacen un sonido hueco.
El viento arrastra polvo.
Y yo siento un hueco en el pecho.
“Papá,” respiro hondo, “no sé qué hacer.” Él me mira de reojo, solo un segundo, y luego vuelve la vista al frente.
“¿Qué ocurrió con Emily?” Me humedezco los labios.
Mi garganta arde.
Puede que sea por el fresco o porque no puedo con las ganas de llorar.
“Emily… se fue para apoyar a un amigo… ¿recuerdas a Rodrigo?” Mi padre asiente.
Siento cómo mi voz se quiebra al final, antes de continuar con la charla.
Maldición.
“Él ha abandonado su casa, ha escapado… y está cometiendo actos atroces, están buscando regresarlo a casa, y Diana nos vino a pedir ayuda… Emily se fue, se fue molesta conmigo” “¿Ella te pidió que fueras?” “N-no directamente.” Me froto la nuca.
“Fueron unos amigos… necesitaban apoyo.
Al principio creí que podía arruinar todo si iba.
Creí que… que podría morir.
Que podría ponerla en riesgo.” Mi papá guarda silencio, pero noto cómo frunce el ceño.
Él también entiende el peso de los riesgos, incluso si no sabe la naturaleza real del peligro.
“Eric,” dice finalmente, deteniéndose.
Me toma del hombro con firmeza.
“Hijo, no eres invencible.
No eres perfecto.
Pero sí eres responsable de la gente que amas.
Especialmente si esa mujer… te importa de verdad.” Trago saliva.
Mi pecho se estrecha.
“Me importa más de lo que puedo explicar,” admito con la voz rota.
“No he dormido desde que se fue.
Tengo miedo, papá.
Miedo de perderla… miedo de llegar tarde otra vez.
No quiero arrepentirme de no apoyar a alguien querido de nuevo… siento que es mi culpa por abandonar a Rodrigo y mis amigos en aquel entonces” Mi papá suspira y acerca su frente a la mía, un gesto que no hacía desde que era niño.
Sus ojos brillan un poco.
Eso me rompe más.
“Eric.
No puedes vivir escapando del miedo,” murmura.
“Si ella está corriendo un riesgo, y tú la amas, entonces debes estar ahí.
No porque seas un héroe.
Porque eres su pareja.
Porque cuando uno ama… se queda.
Pasa lo que pase.
Y tus amigos están necesitando de tu ayuda” Las lágrimas, las muy traicioneras, por fin caen.
Una, dos, tres.
No puedo contenerlas.
Él no dice nada; solo aprieta un poco mi hombro hasta que logro recuperar el aire.
“No quiero fallarles otra vez,” digo con voz temblorosa.
“No lo harás si dejas de quedarte quieto,” responde con suavidad.
“Ve.
Búscala.
Y apóyalos.
Ese es tu deber… no puedes quedarte de brazos cruzados, yo haré todo por apoyar también, hijo.
Por dinero, sabes que no te preocuparás” Cierro los ojos.
Respiro hondo.
Noto cómo mi pecho deja de estar tan apretado.
Una chispa… sí, ahí está.
Esa chispa que necesitaba.
Abro los ojos con determinación.
“Tengo que ir por ella,” murmuro.
“Y también por los demás.
No puedo seguir aquí, fingiendo que todo está bien.” Mi papá sonríe apenas.
“Entonces muévete antes de que sea tarde.” Asiento firme.
Me limpio el rostro con la manga.
Algo en mi interior se acomoda, como si al fin hubiera tomado la decisión correcta después de días de duda.
Miro hacia la avenida principal, la avenida que debo tomar para salir de mi fraccionamiento.
Y lo digo, casi en un susurro… pero con la fuerza de alguien que ya no piensa retroceder.
“Voy a buscarlos, chicos.
Voy por ti, Emily.
Y también por ti, Rodrigo”.
“Espérenme”.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Manu_Alva ¡Hola a todos!
¡Caramba!
Esta semana fue un desastre, estoy publicando este capítulo unos minutos después de terminarlo.
¡Espero sea de su agrado!
Poco a poco nos acercamos al final de la obra, nos vemos en el siguiente episodio con el capítulo: Reencuentro.
¡Saludos!
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