Trabajos - Capítulo 30
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30: Cute dangereus 30: Cute dangereus Estaba poniendo la mesa cuando Hércules había entrado a la casa.
Por lo que ví por el rabillo del ojo, parecía cansado.
Se había sacado la corbata y desabrochado los tres primeros botones de su camisa blanca.
Se pasó una mano por la cabeza, volviendo a desarmar el peinado que se había hecho.
Lo miré y le sonreí, me había olvidado quitarme el delantal de cocina, que estaba dándome un aspecto muy hogareño.
Él al verme con un aspecto muy encantador, se le había iluminado los ojos y todo el cansancio había desaparecido.
— Todo bien?– pregunté, pero sabía que nunca le había gustado traer el trabajo a casa.
Maldición.
Como sabía de estás cosas.
Fui a la cocina y traje la fuente con la carne asada con verduras que le había hecho.
Me agarró la mano y me la estrecha, tenía una mirada medio burlona y una sonrisa soñadora.
Ahí es cuando descubrí su peculiar sentido del humor.
Resople y puse una cara de pocos amigos, pero estaba sonriendo muy a mi pesar.
— Ve a lavarte las manos y ven a comer, antes que se enfríe– lo mandé como una hermana menor tendría que con su hermano mayor.
— Ya voy, mamá– y no pudo contenerse en hacerme esa broma.
No pude evitar sentir que esto ya lo había vivido, pero con Hércules todo era diferente, él nunca iba a pedirme nada a cambio.
Era de trato fácil y lo más importante, es el único que me queda para confiar en alguien.
Durante la cena estaba silencioso y tenso.
Estaba acostumbrada a eso, la señora era igual pero un par de veces cuando no estaba papá, ella me daba un par de golpes en los brazos y luego se cercioraba de que me pusiera una remera de manga larga para cubrir los moretones.
— Extraño a papá– murmuré para mí misma.
— Papá?– recalcó la palabra ya que no se la esperaba.
— Lo mataron junto a su esposa y sus hijos– y me quebré–.
No entiendo por qué Ivanhoe lo hizo.
Hércules me vió a los ojos y sintió el dolor que estaba pasando en mis ojos.
Pero se asombró que el nombre de Ivanhoe saliera de mis labios, probablemente me refería a otro que conocí.
Pero era demasiada coincidencia.
Estaba por decirle que debíamos terminar de comer y a lavar los platos.
Cuando ví que un aura oscura estaba rodeándolo, me quedé mirando como eso me estaba llamando y sentí que quería comer.
Tenía hambre y eso me produjo terror.
Vi que Hércules estaba sacando una foto de unos papeles que había dejado a un lado y me la pasó.
Abrí los ojos como platos y no podía creerlo.
Miré a Hércules buscando alguna explicación:
— Él es el asesino de mi padre– y tenía la ligera impresión que no me iba a gustar nada de esto–.
Lo degolló.
— Lamento mucho que hayas sufrido sola– y cuando me miró a los ojos, él estaba llorando por mí.
— Qué está pasando?– pregunté algo temerosa de estar nuevamente en peligro–.
Por qué él querría matar a mi padre?– no podía creerlo.
— Cómo se llamaba tu padre?– iba a ayudarme a buscar justicia.
— Se llamaba Macbeth– respondí.
Él lo supo y me abrazó para evitar ver la oscuridad que estaba entrando en su interior.
Así que Macbeth me había secuestrado y había experimentado conmigo hasta tal punto de hacerme perder la memoria.
Todos los involucrados iban a pagar con creces.
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