Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 113
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Capítulo 113: Capítulo 113: Sin clase
POV de Ray
A Miles se le fue visiblemente la sangre del rostro, lo cual me pareció gracioso, ya que se había mostrado muy valiente al insultar a Claudia y a Anok hace un momento.
Pero en cuanto se enfrentó a la idea de que una mujer pudiera ser más fuerte que él, se convirtió en un gallina que quería esconderse en alguna parte porque no podía defenderse.
—¿C-cómo es posible? T-tú eres el dueño de Gatlin Gold. ¡Por supuesto que nadie es más fuerte que tú, hermano! —volvió a adularme Miles, lo que me pareció detestable. Sería mejor que Claudia fuera la que me adulara a mí, pero ella distaba mucho de ser ese tipo de persona.
—Además, papá siempre me ha dicho que me acerque a ti porque eres un pez gordo que puede protegerme, ¡así que esta vez también deberías ayudarme! —añadió Miles.
No pude ocultar mi ceño fruncido. Este cabrón era un desvergonzado más allá de mi comprensión.
—Eres mayor que yo, Miles Hoffman. ¿No te da vergüenza aferrarte a tu hermanastro pequeño?
—¡No es por la edad, hermano! ¡Es por quién tiene más poder! —insistió Miles—. T-tienes que protegerme si esa mujer intenta arruinar mi empresa, hermano. ¡Mamá y papá se pondrían tristes si me pasara algo!
«No podrían importarme menos el capullo número uno y el número dos».
Esa era la frase que quería decir, pero terminé tragándomela antes de que se me escapara.
—Está bien, te ayudaré si Anok Eisa quiere meterte en problemas. Pero esta es mi última advertencia, Miles. Claudia ahora está bajo la protección de Anok, no puedes volver a ofenderla —dije, asegurándome de que este cabrón no se atreviera a dañar a Claudia en público—. Si vuelves a ver a Claudia en público, date la vuelta e infórmame. Ya tengo suficientes problemas con los que lidiar, y no quiero tener que lidiar con otro pez gordo como Anok.
—¡C-claro! ¡Gracias, hermano! ¡Lo tendré en cuenta!
Lo miré fijamente un rato, observando el miedo en sus ojos.
Cuando volví a contactar con él después de tanto tiempo sin hablarnos, no era más que un empresario en apuros, dejándose el culo trabajando solo para cubrir gastos y mantener su negocio, y aun así tenía que depender del mísero sueldo de Claudia, que trabajaba en tres clínicas a la vez como Médico General.
Era un blandengue de los pies a la cabeza, esforzándose al máximo por complacerme porque sabía que Gatlin Gold aplastaría su mísero negocio en segundos.
Odiaba que Claudia pudiera haberse enamorado de un hombre tan patético, y era obvio que su «humilde» comportamiento no era más que una máscara porque se había sentido castrado como hombre y como marido que tenía que ser mantenido por su mujer.
Así que todo lo que tuve que hacer fue darle una enorme suma de dinero como inversión para que su negocio despegara, usar mi influencia para hacer que su empresa se elevara a nuevas cotas en muy poco tiempo y, además, asegurarme de que conociera a esos viejos verdes que usaban su riqueza e influencia para follarse a las mujeres que les diera la gana, incluso a actrices y modelos de talla mundial.
Y tal como esperaba, este cabrón se despojó de su piel de humildad inmediatamente, y demostró lo codicioso, egoísta y oportunista que era en realidad.
—Eres igual que tu madre, Miles.
Esa frase se deslizó de mi boca con suavidad. Mi intención era burlarme de él, porque ambos eran unos gilipollas codiciosos y oportunistas que no se detendrían ante nada para hacerse ricos, incluso pisoteando a los demás.
—Jaja, ¿por qué dices eso, hermano? Pero es verdad, ¿no? ¡Soy el que más se parece a mamá!
¿Ves? Tal como esperaba, no lo pilla.
Para empezar, no era listo, pero sí que era un buen lamebotas que dominaba el arte de adular al más fuerte, igual que su madre.
—Por cierto, ¿te ha dicho Clarissa que la hirió un atacante la noche después de que volviéramos a casa? —preguntó Miles.
—Sí, me lo dijo —respondí con indiferencia—. Pero en la llamada parecía tan enérgica como siempre, así que supongo que no es grave.
—¡Oh, sí que es grave! Pero no tienes que preocuparte por eso, hermano. El médico dijo que solo necesita descansar en casa, ya que se negó a ser tratada en el hospital —dijo Miles—. Aunque también me preocupa el atacante desconocido que la hirió. Dijo que fue Claudia quien lo envió como venganza, y al principio no la creí.
—¿Pero como viste a Anok con ella, sospechas que Claudia le pidió a Anok que lo hiciera? —completé su frase, y él asintió.
—No es imposible —dije, asegurándome de infundir miedo en su corazón, para que Miles y Clarissa desconfiaran aún más de Anok—. Anok es peligrosa, y no puedo hacer mucho contra ella. Por eso te digo que no te metas más con ella, Miles. O si no, ¿quién sabe qué hará la próxima vez?
Miles se estremeció al darse cuenta de que su vida también corría peligro. Me miró fijamente y abrió la boca, pero rechacé su súplica al instante.
—No, no voy a enviar a gente para que vigile tu casa. Puedes pagarlo con tu propio dinero.
—Tsk, está bien… —suspiró Miles—. Pero no entiendo cómo Claudia ha podido hacerse amiga de una mujer tan poderosa como ella. Claudia no es más que una tipa de baja estofa que ni siquiera puede mantener una conversación con alguien rico. ¡No tiene nada de clase!
—¿Y tú crees que tienes clase?
Mi pregunta debió de pillarlo desprevenido, porque me miraba como si hubiera dicho algo que lo avergonzara.
—Yo… yo soy tu hermanastro, mi padrastro es Peter Gatlin. ¡P-por supuesto que tengo clase! —afirmó Miles. Me pareció patético, porque mi padre no era más que un putero que tenía varias enfermedades de transmisión sexual de sus absurdas aventuras sexuales.
Sin embargo, no intenté corregirlo y me volví hacia mi escritorio. —Ya puedes irte, Miles. Todavía tengo cosas que hacer. Y no te preocupes por tu proyecto, seguiré financiándolo mientras seas obediente.
—¡G-gracias, hermano! ¡Ah, ya sabía yo que eras de fiar, jaja!
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