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Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 34

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  3. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 Lluvia de besos
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34: Capítulo 34: Lluvia de besos 34: Capítulo 34: Lluvia de besos POV de Claudia
Un sonoro jadeo escapó de mi boca al abrir los ojos de golpe.

Mi respiración se agitó mientras me limpiaba el sudor frío de la sien.

—¿Por qué he vuelto a soñar con eso?

—mascullé con la vista clavada en el techo de color crema.

La última vez que soñé con eso fue hace unos diez años, cuando rompí con Ray.

Fue una pesadilla que desapareció después de casarme con Miles, quizá porque durante diez años estuve satisfecha con mi vida a pesar de todas las dificultades, pensando que mi familia era perfecta y capaz de soportar cualquier tormenta.

Pero ahora que mi familia ha sido destruida por una tormenta llamada Clarissa, ¿significa eso que la pesadilla volverá con regularidad?

Apreté los dientes, pensando en tener que soportar noches en las que mi propia madre me decía que mi existencia era un error.

Por desgracia, esa pesadilla no era algo inventado.

Mi madre de verdad dijo esas palabras en su lecho de muerte, y aquello me atormentó hasta la edad adulta.

Debió de odiar mi existencia tanto como odiaba a mi padre.

Pero yo no quería seguir sus pasos.

Sí, a pesar de que Miles me engañó con Clarissa, para mí Aurora nunca fue un error.

Fue el fruto del amor entre dos tortolitos, aunque uno de ellos ya hubiera abandonado el nido para siempre.

Entonces, ¿por qué había vuelto esa pesadilla?

¿Era porque mi madre quería que me desquitara con mi hija, igual que hizo ella conmigo?

…
De acuerdo, eso era ridículo.

Solo era una pesadilla provocada por el estrés de mi situación.

Quizá una vez que todo se aclarara y pudiera marcharme con Aurora, la pesadilla terminaría.

Me recogí el pelo en un moño y fui al baño a lavarme la cara.

El chupetón del cuello todavía era muy evidente, pero como no tenía que salir del ático, tampoco era un problema.

A pesar de nuestra confrontación de anoche, seguía necesitando su ayuda.

Quería saber los avances de la investigación y necesitaba que protegiera a Aurora.

Así que fui a prepararle a Ray un desayuno sencillo de beicon y huevos mientras él se alistaba para otro día.

Un silencio asfixiante flotaba en el aire mientras él caminaba hacia la mesa del comedor.

Cruzamos una breve mirada, pero se limitó a ignorarme y se sentó a desayunar.

Igual que el día anterior, mantuvo la vista fija en la comida hasta que me lanzó una mirada y dijo: —Siéntate.

No quiero comer solo como si estuviera en un restaurante.

—Ah…

No había olvidado que quería que comiéramos juntos, como la noche anterior.

Pero pensé que no me esperaría, ya que el ambiente entre nosotros era muy tenso en ese momento.

Así que me senté justo enfrente de él y piqué un poco de mi desayuno.

El sonido de los cubiertos contra los platos se hizo extrañamente fuerte, ya que las dos únicas personas en la mesa ni siquiera tenían ganas de hablar.

Yo no dejaba de lanzarle miradas furtivas, mientras que él no dijo nada hasta que terminó de desayunar.

Mientras se limpiaba la boca con una servilleta, me miró y luego clavó la vista en mi cuello.

—Ese chupetón te durará días, o quizá una semana, teniendo en cuenta lo fina que es tu piel.

No intentes taparlo.

Quiero que Jane lo vea.

Casi me atraganto con el beicon que tenía en la boca.

—¿P-por qué iba a hacer eso?

Es muy vergonzoso.

—Para que sepa que no debe subestimarte —dijo mientras se levantaba y cogía la chaqueta del traje.

Luego me tendió la corbata, pidiéndome en silencio que se la arreglara.

A regañadientes, me acerqué a él y tomé la corbata.

Solía arreglarle la corbata a Miles todos los días, así que todo me resultó natural cuando apoyé los brazos en los anchos hombros de Ray y le pasé primero la corbata por el cuello de la camisa.

Al principio, Ray no dijo nada.

En vez de eso, se inclinó lentamente hacia mí y dijo con voz magnética: —¿Cuántas veces has hecho esto por Miles?

—… Durante todo nuestro matrimonio —respondí.

—Entonces tendrás que arreglarme la corbata durante los próximos diez años —dijo—.

He leído que arreglarle la corbata a un hombre era una costumbre de las amas de casa de antaño.

Parece que mantienes la tradición, ¿eh?

—… Mi madre me dijo una vez que la apariencia de un esposo demuestra lo bien que su esposa lo cuida en casa.

Además, es un gesto romántico que se completa con una lluvia de besos fugaces —expliqué—.

No es malo cuidar de la persona que quieres, ¿verdad?

Al principio, Ray esbozó una leve sonrisa de superioridad mientras me veía arreglarle la corbata.

Pero en cuanto le expliqué mis razones y mencioné la lluvia de besos, esa sonrisa se desvaneció al instante.

—Bueno, ya está —dije, dándole una palmadita en el pecho, igual que solía hacer con Miles.

Estaba a punto de dar un paso atrás porque estábamos demasiado cerca para mi gusto.

Sin embargo, al igual que el día anterior, Ray me rodeó la cintura con su brazo y me acercó más a él.

Todo fue tan repentino que casi solté un grito ahogado.

Pero ese grito ahogado nunca salió, porque de repente me plantó un beso en los labios.

Fue suave y rápido, casi como una pluma rozándome los labios.

No tuve tiempo de reaccionar, pues continuó besándome la mejilla, el lóbulo de la oreja y, por último, el chupetón que me había hecho la noche anterior.

Cuando terminó, me soltó y se dio la vuelta.

—Tendremos que hacer esa lluvia de besos todos los días durante los próximos diez años para completar el ritual que solías hacer.

¿Entendido?

—¿P-por qué?

—pregunté, aturdida.

—Por ninguna razón en particular —respondió secamente antes de caminar hacia la puerta principal.

Sentí que el cuerpo me ardía y cada punto que había besado me hormigueaba.

Porque fue diferente del beso lleno de pasión y odio que me dio hace dos días, y desde luego no fue lo mismo que el mordisqueo con el que me hizo el chupetón de ayer.

De verdad que no entendía en qué estaba pensando este hombre.

Era indescifrable, así que lo único que podía hacer era seguirle el juego, esperando que no se enfadara conmigo por cualquier motivo.

Antes de que saliera del ático, lo seguí hasta la puerta y le pregunté:
—Ray, ¿c-cómo va la investigación?

¿Hay alguna forma de demostrar mi inocencia?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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