Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 52
- Inicio
- Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo
- Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 Una muchacha con el corazón roto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
52: Capítulo 52: Una muchacha con el corazón roto 52: Capítulo 52: Una muchacha con el corazón roto POV de Claudia
—Mmm, a diferencia de ti, que estuviste tan ciega como para casarte con un hombre patético como Miles.
Soy muy objetivo con mi evaluación.
Soy psiquiatra, después de todo —dijo Ray—.
Y es en serio cada palabra que he dicho sobre ti, Claudia.
—Jajajá… —Intenté arreglar el ambiente incómodo entre nosotros con otra risa forzada.
Ray parecía tan serio con su afirmación, como si de verdad se fuera a ofender si le dijera que no era tan hermosa como esas modelos y celebridades.
Quizá era solo una de esas raras ocasiones en las que Ray Gatlin era amable, así que no sería prudente fiarme de sus palabras.
Si una mujer rota como yo era realmente tan hermosa como él decía, ¿entonces por qué Miles me engañó con mi propia hermanastra?
Me llamó fácil muchas veces en el pasado, y también mencionó que tenía que cuidar mi cuerpo o de lo contrario parecería una bruja.
Miles disfrazaba esas palabras con una pizca de bromas y se hacía el avergonzado si me molestaba por esos comentarios hirientes.
Si de verdad era hermosa, ¿entonces por qué no tuve mi final feliz?
Pensar en mi situación actual me entristeció, así que fingí una sonrisa y dije: —Bueno, deberías esperar un momento.
Volveré a mi habitación a cambiarme de vestido.
—¿Por qué?
—preguntó de nuevo—.
¿No te acabo de decir que ya te ves perfecta?
—Tonto, ¿no te das cuenta de que el color de mi vestido y tu camisa son idénticos?
¡La gente pensará que estamos saliendo!
—lo corregí—.
Seguro que no quieres encontrarte por accidente con tus colegas y que malinterpreten nuestra situación, ¿verdad?
—Menuda sarta de tonterías tienes en la cabeza —se burló antes de agarrarme la mano con firmeza.
Me puse nerviosa e intenté retirar mi mano de un tirón de inmediato, pero él la sujetó con fuerza; tan fuerte que el calor de su palma se transfirió a mi mano fría.
—Me importa un bledo lo que los demás piensen de mí, Claudia.
Algunos me ven como un sociópata desalmado, otros piensan que soy un tirano y un loco.
Que me acusen de salir contigo es la menor de mis preocupaciones.
—Ahora, vámonos.
El tiempo está perfecto para salir ahora mismo —dijo antes de caminar hacia la puerta principal, arrastrándome con él.
—E-espera, ¿e-estás seguro?
Siempre puedo cambiarme y…
Ray me ignoró por completo y abrió la puerta.
Contuve la respiración cuando nos topamos con Jane Jiang, quien parecía llevar un rato esperando fuera.
Me callé de golpe mientras Jane nos miraba estupefacta.
Luego, un atisbo de tristeza apareció en sus ojos antes de que bajara la cabeza.
Jane me había dicho que no le gustaba el señor Gatlin, pero yo sabía que una mujer joven como ella sin duda estaría colada por alguien como Ray, un hombre poderoso con dinero y atractivo, igual que yo me convertí en una payasa en su día solo para llamar su atención.
No quería que Jane pensara que había algo entre Ray y yo.
Aún nos odiábamos mutuamente, pero quería tantear el terreno hasta poder pedirle que salvara a mi hija.
Después de todo, una chica celosa es el enemigo más peligroso del mundo.
No quería convertirla en mi enemiga.
—Ah, J-Jane, nosotros solo…
—Apártate, Jane.
Claudia y yo vamos a salir —me interrumpió Ray.
Jane obedeció su orden.
No tuve ni voz ni voto en el asunto mientras salíamos por la puerta y nos dirigíamos al ascensor.
Miré por encima del hombro y vi que Jane permanecía quieta, mirándonos fijamente.
No parecía feliz, lo cual era comprensible.
Cuando entramos en el ascensor, Ray por fin le dio otra instrucción.
—Tendrás que quedarte en el ático hasta que volvamos, Jane.
No toques ni hagas nada innecesario, ¿entendido?
—Sí, Señor —asintió Jane con debilidad.
Parecía estar al borde del llanto, lo que me hizo sentir aún peor.
Cuando la puerta del ascensor se cerró, rápidamente giré la cabeza hacia él y le dije: —¿Eres muy cruel, lo sabes, verdad?
—¿Cruel?
—frunció el ceño Ray—.
No he hecho nada malo.
—Esa chica, ella… Es obvio que le gustas.
—¿Y?
—Ray enarcó una ceja mientras me miraba de reojo—.
¿Por qué debería importarme lo que ella piense de mí?
Le dije que puede renunciar si no es capaz de ser profesional trabajando conmigo, y ella insistió en conservar su puesto como mi secretaria.
Lo que Ray decía no estaba mal.
Pero aun así se sentía… mal.
Al menos para mí.
—Entonces, si se niega a renunciar, ¿por qué no la despides o la pones en otra división?
¿No sabes lo doloroso que es ver que al hombre que amas no le importas en absoluto?
—señalé.
Igual que lo que yo sentí por ti en su día, Ray.
Esa fue la frase que me tragué en silencio.
Jane me recordaba mucho a mi yo más joven.
Cuando estaba loca por Ray, hice todo lo que pude para que se enamorara de mí.
Pero con el tiempo, me di cuenta de que solo me estaba engañando a mí misma.
Fui como una tonta incapaz de dejarlo ir, mientras que él me veía como un mero entretenimiento para pasar sus ratos libres.
Sabía lo doloroso y humillante que era ese sentimiento, y deseaba que ninguna mujer sintiera lo mismo.
—Es la secretaria más competente y leal que tengo.
Es difícil confiar en alguien en mi sector, Claudia —respondió Ray con calma—.
Además, ¿por qué te preocupas tanto por ella?
No es una pobrecita indefensa.
Es la heredera de una empresa de alimentación en su país.
Sus padres están forrados.
¡Ding!
El ascensor llegó al sótano, pero no nos movimos de nuestra posición mientras nos mirábamos fijamente.
Estaba realmente sorprendida por la revelación, porque pensar que una heredera se rebajaría voluntariamente a convertirse en la secretaria de Ray…
Ray me dedicó una sonrisa burlona.
—¿Qué?
¿Te sorprende que no sea un pobre idiota patético que engaña a su esposa solo porque por fin tiene algo de dinero en el banco?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com