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Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 66

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  3. Capítulo 66 - 66 Capítulo 66 Una mujer que toma riesgos V
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66: Capítulo 66: Una mujer que toma riesgos (V) 66: Capítulo 66: Una mujer que toma riesgos (V) POV de Claudia
El Centro Médico Oak-Sinar estaba bastante lejos del centro de Los Ángeles, y el trayecto fue muy lento por el tráfico.

Con cada segundo que pasaba, mi corazón se volvía más receloso y mi mente se inquietaba.

Apreté el muñeco de elefante que tenía en la mano, pero lo solté rápidamente al recordar que era para Aurora.

Aurora cuidaba sus muñecos de elefante con mucho esmero y se enfadó mucho cuando, a los cuatro años, a uno se le rompió una oreja.

Intenté aparentar la mayor calma posible, pero quizá el nerviosismo se me notaba tanto en la cara que el taxista empezó a sacarme conversación con su voz áspera.

—¿Trabaja ahí, señorita?

—¿P-perdón?

—ladeé la cabeza y miré al taxista—.

¿Trabajar?

¿En… ese apartamento?

—Ajá —asintió el conductor—.

Debo decir que la paga debe de ser buena, ¿eh?

He oído que ese edificio es de un niño rico.

Así que mi sospecha de que Ray era el dueño del edificio era cierta.

Con razón el administrador del edificio se refería a él como «Joven Maestro».

—Oh, mm… S-sí, trabajaba allí… —respondí con vacilación, sin querer dar detalles de mis tratos con Ray Gatlin.

Aunque, ¿quién en su sano juicio me creería si dijera que firmé un contrato de mascota con un loco que usó un vacío legal para que el contrato fuera vinculante por ley?

Incluso a mí me costaría aceptar la idea si alguien me lo contara.

—Entonces, ¿ha conocido a la señora?

—continuó preguntando él.

—¿La señora?

—fruncí el ceño, pues solo había oído hablar de algo así—.

O-oh, ¿quizá se refiere a otra inquilina de ese edificio?

Si el edificio era de Ray, supuse que o lo alquilaba como espacio de oficinas, ya que estaba en el centro de Los Ángeles, o lo usaba como apartamentos.

Aunque nunca antes había conocido a ningún otro inquilino, porque estaba encerrada en ese ático.

Ahora fue el conductor quien pareció confundido.

—¿Eh?

¿De qué habla, señorita?

Oí decir a la señora que el edificio es un espacio de oficinas propiedad de su marido, Ray… Ray-no-sé-qué.

Es un niño rico de una familia influyente.

—Ese tal Ray y la señora son los únicos que viven en el ático de lo alto del edificio.

Eso es lo que me dijo ella cuando cogió mi taxi una vez para ir a un restaurante —añadió el conductor.

Ahora estaba aún más confundida, porque no había oído hablar de esa señora en mi vida, y no parecía que Ray llevara a ninguna mujer a casa.

¿Podría ser una de las antiguas amantes de Ray?

¿O quizá era Jane, que se hacía pasar por la esposa de Ray?

Después de todo, el encaprichamiento de Jane podría hacer que hiciera una tontería así.

—¿Puede decirme qué aspecto tiene la señora?

—pregunté.

—Uhm… —musitó el conductor durante un rato—.

Tiene el pelo largo, ondulado y castaño, la piel bronceada, y uhm… llevaba un vestido muy sexi.

No pude evitar mirarle las peras un par de veces, je, je.

El conductor pareció darse cuenta de su comentario inapropiado y se disculpó de inmediato.

—Ah, p-perdón, señorita.

No quería decir eso.

Es que… ¡es difícil apartar la vista, porque esa mujer era una exhibicionista!

Pero creo que esas peras son falsas, ¡parecían dos globos metidos a presión, ja, ja, ja!

Y eso seguía siendo inapropiado.

Pensé mientras observaba al taxista.

Sin embargo, nunca antes había visto a una mujer con esa descripción física cerca de Ray.

Definitivamente, no era Jane, porque Jane Jiang era una mujer asiática con el pelo corto y liso, y no tenía un par de pechos falsos.

Extrañamente, tuve la corazonada de que podría conocer a esa mujer, porque esas características encajaban bien con…
Clarissa.

Pelo largo, ondulado y castaño; piel bronceada por sus frecuentes visitas al salón de bronceado, y un par de pechos falsos.

Porque cuando la volví a ver por primera vez después de quince años, Clarissa no dudó en mostrar sus pechos operados, todo porque no quería perder contra mí.

Para mí era muy extraño, porque desde joven había deseado que los míos fueran más pequeños.

Odiaba cómo me pesaban a menudo en la espalda y lo difícil que era disimularlos incluso con un sujetador.

Pero esa mujer no era Clarissa, ¿verdad?

Clarissa siempre había sido avariciosa.

Si hubiera conseguido acostarse con Ray una sola vez, se le habría pegado como un parásito, sabiendo que Ray era mucho más rico de lo que Miles podría llegar a ser jamás.

Pero ¿y si fuera verdad?

¿Y si hubiera algo entre Ray y Clarissa?

Por ridículo que sonara, la idea me pesó incluso después de llegar a mi destino y subir a la quinta planta para visitar a mi hija.

No, no puede ser.

Si Ray y Clarissa se estuvieran liando, Clarissa me habría arruinado mucho más de lo que ya lo estoy.

Con el dinero y la influencia de Ray, podría darme por muerta.

Entonces…, ¿por qué esa «señora» de la que hablaba el conductor se parece tanto a Clarissa?

¿Podría ser solo una coincidencia?

Salí de mis cavilaciones al llegar a la puerta.

Era extraño, porque la quinta planta estaba muy vacía en ese momento.

Además, Ray también prometió poner a un agente de policía para que vigilara la habitación de Aurora, pero no vi a nadie.

Miré la hora: todavía eran las diez y media de la mañana, así que la pausa para el almuerzo debería empezar más tarde.

—¿Se estará escaqueando?

Entonces tengo que decírselo a Ray.

La seguridad de Aurora es importante, ya que Clarissa podría estar lo bastante loca como para hacerle daño… —murmuré mientras abría la puerta.

La puerta se abrió y reveló una escena escalofriante: Aurora yacía inmóvil en la cama, aún en coma, rodeada de tubos.

A su lado estaba Clarissa, con un cuchillo de fruta en la mano.

Tenía los ojos fijos en el cuello de Aurora, hasta que se dio cuenta de que la puerta se abría.

Entonces, se giró hacia mí y sonrió con malicia.

—¿Oh?

Hermanita, por fin has salido reptando del puto burdel en el que te escondías.

Qué bien, porque ya empezaba a aburrirme de jugar con tu niñita.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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