Traicionada por mi marido basura: Me entrego al diablo - Capítulo 89
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Capítulo 89: Capítulo 89: Un hombre inocente (II)
POV de Claudia
Y no lo culpaba por ello. Después de todo, Ray había sido testigo de lo loca que podía llegar a ser Clarissa y de lo complicado que era el lío en el que estaba metida con ellos.
Además, los agentes de policía parecían estar siempre de su parte. Ni siquiera con el puesto de Ray en el departamento de policía, él sería capaz de enfrentarse al escrutinio de la gente.
Por mucho que deseara su protección y cuidado para Aurora, todavía me quedaba suficiente conciencia como para no arrastrarlo aún más a fondo.
Sin embargo, Ray permaneció en silencio incluso después de que salimos del ascensor y cruzamos el enorme aparcamiento subterráneo hasta su coche. Me ayudó a sentarme en el asiento del copiloto, luego plegó la silla de ruedas y la metió en el maletero antes de subirse al asiento del conductor.
Arrancó el motor, pero por alguna razón parecía estar absorto.
No pude contener más mi curiosidad. Rara vez lo veía tan callado, en lugar de insultarme o gritarme.
—¿Eso es un no? —rompí el silencio con una pregunta—. Quiero decir, entiendo que ya no quieras involucrarte más en mi problema. Miles y Clarissa son peligrosos e impredecibles. No quiero arrastrar a un hombre inocente a este infierno.
—…
De repente, Ray respiró hondo con los ojos cerrados y, cuando los volvió a abrir, se burló de mí con su habitual sonrisa socarrona. —Y ¿qué te hace pensar que tengo miedo de un par de mindundis como ellos? Firmamos ese contrato de mascota, Claudia, y tal como dije, mantendré mi parte del contrato hasta que me aburra de ti y lo anule por completo.
—No me importa protegeros a ti y a Aurora siempre y cuando no intentes rebelarte como ayer.
Su declaración me alivió, pero al mismo tiempo, sentí curiosidad por su silencio de hacía un momento.
¿Será que estaba dudando antes de aceptar? O quizá simplemente pensó que mi pregunta era innecesaria porque, de todos modos, iba a cumplir su promesa.
Aunque prefería creer en la segunda posibilidad.
Ray nunca había sido de los que dudan, ni siquiera en los tiempos de la universidad. Era popular no solo por su físico y sus antecedentes familiares, sino también por su porte, que lo hacía parecer un líder nato.
Yo solo era una de las chicas que se enamoraron de la idea de hombre perfecto que Ray irradiaba, y tuve la suerte (o la desgracia) de salir con él durante un tiempo.
—Bueno, ehm…, gracias por ayudarme, Ray. Sé que empezamos ese contrato con mal pie, pero podemos hacer que funcione, ¿verdad? —dije, esperando que asintiera y pudiéramos volver a ser como en los viejos tiempos.
Por supuesto, no la parte de salir juntos, porque salir con él era simplemente imposible. Pero esperaba que al menos pudiéramos ser amigos.
Sin embargo, en lugar de responderme, Ray simplemente bufó y me ayudó a ponerme el cinturón de seguridad antes de sacar el coche del hospital.
No lo entendía.
A veces era tan amable conmigo, como si me viera como alguien valioso… ¿quizá una buena amiga?
Pero la mayor parte del tiempo, se mofaba, se burlaba, me ridiculizaba o me ignoraba por completo, como si yo fuera su archienemiga a la que necesitaba torturar.
Seguí lanzándole miradas furtivas hasta que rompió el silencio. —¿Qué quieres?
—Ah… ehm… n-n-nada…
—Entonces, ¿por qué no dejas de mirarme?
Sí.
¿Por qué lo miraba?
¿Era para asegurarme de que no estaba enfadado por alguna razón, o… era porque lo encontraba atractivo?
Tragué saliva y negué con la cabeza. —N-nada en absoluto. Quizá todavía tengo la cabeza hecha un lío…
Percibí que Ray también estaba nervioso por algún motivo, pero decidí no insistir más en el tema por miedo a enfadarlo.
—Por cierto… —Ray se detuvo en el semáforo en rojo. Pulsó un botón y la guantera se abrió automáticamente. Sacó una foto de ella y la puso en mi regazo—. Esta es una sorpresa que quiero darte, Claudia.
Fruncí el ceño, ya que nunca esperaría una sorpresa de su parte y, conociendo a Ray, probablemente no era una buena señal.
Aun así, cogí la foto y le di la vuelta para ver cuál era la sorpresa…
Y me quedé sin aliento.
Porque era la foto de Clarissa tirada en el suelo, con dos graves puñaladas a ambos lados de los hombros.
En la foto parecía desgraciada y dolorida, lo que hacía evidente que quienquiera que la hubiera atacado quería asegurarse de que sufriera lo suficiente.
Giré la cabeza hacia Ray de inmediato. Me temblaban las manos, sin saber qué emoción debía sentir después de ver esa foto.
Pero lo primero que pregunté fue:
—¿T-tú hiciste esto?
—Sí —confirmó sin disculparse—. Envié a mi subordinado a colarse en tu casa, ya que Clarissa vive allí ahora, y luego la ataqué mientras estaba sola anoche. Esa foto es la prueba de que ha sido herida el doble que tú. Supongo que a eso se le puede llamar dos ojos por ojo, ¿eh? Ja, ja…
No mostró miedo ni remordimiento, e incluso soltó un chiste sin gracia para que supiera que lo había hecho con plena consciencia.
—¿Por qué?
—Porque estoy cumpliendo mi parte de la promesa, Claudia —respondió—. Además, el ataque de Clarissa me obligó a abandonar gran parte de mi trabajo solo para encargarme de esto. No te creas tan importante, no lo hice para vengarte. Solo quiero que sepa que no debe hacerme perder el tiempo.
Por supuesto, sabía que Ray no lo había hecho por mí. Yo no era lo suficientemente importante para él como para que hiciera algo tan extremo.
Pero aun así estaba preocupada por él.
—¡V-van a arrestarte si se entera de esto!
—¿Arrestado? —Ray enarcó una ceja—. ¿Crees que sería tan estúpido como para no prepararme de antemano? No te preocupes, aunque Clarissa intente rastrearme, no descubrirá mi identidad, a menos que sea yo mismo quien se lo diga directamente.
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