Translator Device - Capítulo 25
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Capítulo 25: CAPÍTULO 24: Cumpleaños
El sol de la tarde filtraba sus rayos entre las hojas del parque Yeouido, dibujando un patrón danzante sobre los adoquines. El estanque, de aguas verdes y serenas, reflejaba los sauces llorones. En uno de los bancos de madera, bajo la sombra protectora de un árbol, Miguel disfrutaba del dosirak que le había preparado Yang Mi.
—¿Lo pasaste bien con Kimy? —preguntó ella con un malestar que no lograba ocultar.
—¡Uy! ¿Y ese tono? ¿Estás celosa? —rio Miguel.
—Idiota —le soltó ella, dándole un golpe en la guata que solo lo hizo reír más—. Además, si sintiera algo, no me pondría celosa; dudo que una de las idols más bellas de Corea se fije en ti. ¡Ja!
—Ninguna persona es difícil de conquistar, lo difícil es entrar en su círculo—. respondió Miguel con una serenidad, y luego riendo remató: —Y yo no solo entré… ella me besó.
La cara que puso Yang Mi fue un poema de confusión y rabia contenida.
—Sabes —continuó Miguel—, te pedí que nos juntáramos porque quería pedirte dos favores.
—¿Y por qué no se los pides a tu Kimy?
—Ya, pues… no seas así. Tú eres y siempre serás mi mejor amiga.
Si la cara de antes fue difícil de describir, esta fue peor. El “mejor amiga” dolió más que el beso de la idol.
—¿Recuerdas al fan loco de tu prima? —siguió él, ignorando el clima—. Le dejó una amenaza a Matías en su casillero. Como trabajas en la universidad, ¿podrías revisar las cámaras? Queremos atrapar a ese imbécil.
—¡Qué demente! —exclamó ella, recobrando el foco—. Haré lo que pueda. ¿Y lo otro?
—Este sábado doy otro giro al sol. Lo celebraré en casa con amigos y quiero que vayas.
—¿Un giro al sol? —preguntó ella extrañada.
—Mi cumpleaños. ¿Irás?
—Sí, claro. Iré —respondió ella, pensando de inmediato: “De seguro también irá Kimy”.
Miguel no solía celebrar sus cumpleaños; le parecía narcisista. Pero un día Matías le dijo: “Imbécil, no celebres que naciste; celebra con tus amigos que sobreviviste un año más”. Desde entonces celebraba sin falta sus giros al sol.
Horas más tarde, en la sala de vigilancia de la Korean Business School, Yang Mi hablaba con una de las operadoras.
—Muchas gracias, Da Bin —dijo con una leve reverencia.
—Me vas a deber una, ¿oíste?
—Por supuesto.
—Revisé lo que me pediste —dijo la operadora señalando la pantalla—. No hay nada identificable. El tipo siempre estuvo con la cabeza gacha y no parece ser de la universidad. Entró, dejó el papel y se marchó. Esta es la única imagen cercana, pero no sirve de mucho.
En el video se veía a un individuo vestido de negro, con capucha y mascarilla. A duras penas se le notaban los ojos a través del grano de la cámara de seguridad.
—Es poco, pero servirá —susurró Yang Mi.
—¡Ah! —exclamó la operadora cambiando de archivo—. Como me gusta B6, le tengo un regalo a tu prima.
El nuevo video mostraba el altercado entre Matías y Mina en el jardín.
—¡Sssi-bal! —soltó Yang Mi entre dientes—. Esto lo tiene que saber Ye In.
A esa misma hora, en casa de Miguel, Matías hablaba por videollamada con Ye In.
—¡Mati! —gritó ella apenas apareció su rostro.
—Hola, Ye In. ¿Todo bien?
—¡Muy bien! Pasé el casting. Voy a protagonizar el drama del que te hablé —dijo desbordando alegría.
—¡Guaaa! ¡Es una noticia increíble! Estoy muy feliz por ti.
—Y me avisaron de dos castings más. ¡Tú me traes suerte!
—No es suerte, es tu talento.
—No hagas planes para este sábado —le advirtió ella—, quiero celebrar contigo.
—A propósito, este sábado es el cumpleaños de Miguel y nos invitó a todos. Irán amigos de él… no sé si sea prudente, pero tú decides.
—¡Por supuesto que iremos! Miguel también es nuestro amigo.
La semana pasó volando y, al llegar el sábado, Ye In y Kimy se encontraban en casa de Yang Mi preparando el “arma secreta”.
—¡Prima! Tienes el cabello hermoso, no se lucía con ese moño de siempre.
—Aquí están tus lentes de contacto —agregó Kimy.
—Ay, no sé… no parece que sea yo —decía Yang Mi mirándose al espejo, nerviosa.
—De eso se trata el cambio de look, prima.
—Miguel es muy apuesto —lanzó Kimy para picarla—. Si no te la juegas tú por él, lo haré yo.
Ye In miró a Kimy con las cejas levantadas, extrañada porque Kimy hablara así de un chico.
—Así que ponte ese vestido tan atrevido que te compraste y vámonos de una vez —sentenció Kimy.
—Te verás hermosa —la animó Ye In—. Miguel no lo va a poder creer.
—Hablando de ver para creer… —dijo Yang Mi tomando su teléfono—. Ye In, tienes que ver esto.
Ye In y Kimy observaron el video de Matías y Mina en la universidad.
—¡¿Quién es esa…?! —lo que siguió fue una palabra en coreano de tan alto calibre que haría sonrojar a un marinero.
—Ye In, tienes que hablar con él —dijo Kimy sin despegar la vista de la pantalla.
—¡No! —sentenció Ye In, tajante—. Él solo la ayudó a pararse, no hizo nada malo. Pero debe aprender a no confiar en cualquiera.
—¡Uf! Se va a armar una grande —dijo Kimy
—Y tú, prima, mantén vigilada a esa… (otra palabra de grueso calibre).
◇ ◇ ◇
La noche estaba fresca, ideal para una fiesta al aire libre. Las guirnaldas de luces daban una calidez especial al patio de Miguel. Matías vestía jeans, polerón gris y zapatillas blancas; estaba junto al cumpleañero, que lucía elegante con pantalones de tela, camisa blanca y un gilet café.
—Tus amigos son la raja —comentó Matías con una cerveza en la mano.
—¿Cierto? Y como ves, no todos los coreanos viven pegados al K-pop. Aquí podrás estar tranquilo con Ye In.
—¿Y Yang Mi? —preguntó Matías buscando entre los invitados—. Pensé que llegaría primera.
—Ni idea, quizás aún está comprando mi regalo —bromeó Miguel.
En ese momento, vio tres figuras entrar por el costado del patio.
—Mira, ahí vienen Ye In, Kimy y una chica que no conozco… ¡¿Eh?!
Yang Mi caminaba despacio, con los tacones marcando un ritmo firme que tensaba sus pantorrillas. Iba directo hacia él. Llevaba el cabello suelto y liso, cayendo sobre sus hombros. Sin los anteojos, sus rasgos se veían definidos y claros. El vestido negro, ceñido y sin mangas, revelaba una figura casi perfecta que solía ocultar bajo ropa holgada.
—Feliz cumpleaños, Miguel —dijo con una coquetería que lo dejó mudo.
—Yang… Yang Mi —balbuceó él—. ¡No te reconocí!
—Hoy es un día especial, quería verme guapa.
—Siempre has sido guapa —respondió Miguel, recuperando el aliento—, pero hoy estás fuera de serie.
—¿Y por qué nunca me lo dices? —le reclamó ella, dándole su clásico golpe en la barriga.
—Por si acaso, yo también vine —interrumpió Kimy señalándose a sí misma.
—No seas envidiosa, tú ya saliste con él —le soltó Yang Mi.
La mirada entre ambas sacaba chispas.
—¡Ya! No se peleen, que hay Miguel para todas —bromeó él para mediar—. Vengan, les presentaré a los demás.
—¿Celosa yo? ¡JA! —soltó Kimy.
En la soledad del patio quedaron Matías y Ye In. Él la miró confundido.
—¿Qué demonios acaba de pasar?
—Kimy está mosqueada por no ser el centro de atención —rio Ye In.
—No, me refiero a Yang Mi.
—¡Ah! Eso… mi prima se decidió a conquistar a Miguel.
—Ya era hora.
Matías notó entonces que Ye In vestía exactamente igual que él: jeans, chaleco gris y zapatillas blancas.
—¿Me pediste que me vistiera así para que anduviéramos iguales?
—Sí —rio ella—, siempre quise hacer esto. Cosas de chicas coreanas.
De pronto, Miguel se asomó por una ventana y gritó:
—¡Mati, ven a darme una mano! ¡Estos coreanos tienen menos ritmo que una gotera para los cumbiones!
—Viniste a celebrar tu papel en el drama, ¿no? —le dijo Matías sonriendo mientras le tomaba la mano—. Pues vamos a celebrarlo a lo latino.
El interior de la casa era un carnaval: cumbia villera, salsa y reguetón a todo volumen. En medio de “La Gozadera”, Ye In abrazó a Matías con fuerza, y dijo:
—¡Soy la chica más feliz del mundo!
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