Transmigración Rápida: Diosa de mi Imaginación - Capítulo 203
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Capítulo 203: Solicitud de privilegios de la biblioteca
A pesar de sentirse triste, Ella continuó compartiendo algunos detalles que sabía sobre la guerra que acababa de terminar en la ciudad fronteriza exterior del Reino de Nachezan. La batalla estalló porque un pequeño ejército de diablos intentó atacar desde la frontera más débil del Continente Humano.
La región que lindaba con el océano fue un blanco fácil para el ejército de diablos que había logrado infiltrarse hasta allí.
Todo ocurrió cerca de la Ciudad de Iqreles, pero el resultado no fue el mismo que el del trágico incidente que azotó la Ciudad Falsegarde. La Ciudad de Iqreles no sufrió daños significativos. La Raza Humana resultó victoriosa como la fuerza de defensa que logró destruir al ejército invasor.
El Regimiento de Caballeros Sagrados de la Ciudad Aeddoterra fue solo una de las pocas fuerzas que pudo enviar refuerzos. De hecho, la mayor parte del apoyo provino de la Región Central Sagrada. Todo gracias al Reino de Aeddoterra, que se encontraba en la Región Central y fue el que menos sufrió la guerra.
En cuanto a las otras regiones, estaban ocupadas con sus propias fronteras continentales, guerras y demás, por lo que no ayudaban mucho si ocurrían incidentes en otras zonas.
Ella solo sabía hasta ese punto, y Elysia cambió de inmediato de tema para no ahondar en un asunto bastante pesado para unas chicas tan jóvenes. Aun así, grandes interrogantes surgieron en las mentes de Elysia y Elena.
«¿El ataque del ejército de diablos en la Región Oriental fue por orden de Dylan?». Elysia inició la conversación con Elena tan pronto como Evelyn empezó a hablar de otras cosas más ligeras y divertidas.
«Puede que sí o puede que no, Ely. ¿Recuerdas? Hay otros cuatro Emperadores Demoníacos bajo el mandato de Dylan». Elena no se atrevió a deducir nada a partir de esa información incompleta.
«Bueno, las guerras ocurren por alguna razón, pero ¿cuál? Estoy segura de que no es tan simple como parece. Hay algo más en todo esto». Elysia sentía que algo andaba mal, pero no sabía el qué.
«Por tu propio bien, por favor, sácate este asunto de la cabeza, Ely. Solo nos encargamos de lo que tenemos delante y a nuestro alrededor, ¿recuerdas? Por favor, no te preocupes, porque ya ha pasado y tampoco debemos interferir a la ligera. Por ahora, con saber lo justo nos basta». Elena habló con delicadeza. Le sugirió lo que era mejor para ellas en ese momento.
«Bueno, es solo que sospecho. Tampoco es que me importe demasiado la gente que no conozco. Después de todo, solo tengo dos manos y un par de ojos. No soy todopoderosa». Elysia exhaló suavemente y desechó la idea de la guerra.
«Je, je, me alegro de oír eso». Elena soltó una risita porque comprendió el significado implícito de su dulce hermanita.
Estaba en sintonía con los pensamientos y las creencias que sabía que estaban arraigados en Elysia. Esta chica de buen corazón solo ayudaría en algo que considerara apropiado y únicamente si estaba a su alcance.
El héroe que salvaba a todo el mundo era un mito y una mentira. Rescatar a todos los que necesitaban ayuda estaba mucho más allá de los límites de la capacidad de cualquier ser vivo.
«Oh, mira quién viene por ahí. Es el Abuelo Papa, je, je… ¿Irán Ella y Ely a suplicar por el derecho de acceso al quinto piso de la Biblioteca Sagrada? Veamos qué pasa a continuación, pero no se muevan, por favor, quédense en el Canal de Elena». Elena habló con una entonación peculiar, como la de una presentadora de televisión.
«¿Y eso? Suenas como si estuvieras presentando un programa…». Elysia también quiso soltar una risita porque sonaba ridículo, pero se contuvo un poco. Sería extraño que se riera sola sin motivo alguno.
—Ya estoy en casa. ¿Oh? Qué estampa más bonita, con la cena lista en la mesa y tres nietas esperándome —dijo Alexander al entrar en la casa con una expresión radiante.
—Bienvenido —saludaron Ella, Elysia y Evelyn al Papa, que se acercaba caminando.
—Mmm, qué aroma tan apetitoso. —Alexander echó un vistazo a la comida mientras inhalaba una fragancia que pareció darle aún más hambre. Los platos lo tentaban para que se los comiera de inmediato.
—Abuelo, por favor, lávate las manos primero. Se te ve muy feliz. ¿Pasó algo bueno hoy? —le recordó Ella a su abuelo con una sonrisa amable.
—¿Tan claro se me ve en la cara? —inquirió Alexander mirando a las tres chicas, y ellas se limitaron a asentir porque era verdad.
—Jo, jo, jo, hoy ha sido un día bueno y significativo para mí —respondió Alexander de forma escueta mientras se dirigía al fregadero para lavarse las manos.
A continuación, regresó a la mesa del comedor y se sentó en la silla del cabeza de familia. —¿Qué tal vuestro día, mis adorables nietas?
Las tres chicas se miraron y soltaron una risita. No pegaba que el Papa preguntara en tono de broma vestido como un mercader.
—Hemos tenido un día genial, Abuelo. Incluso fuimos a visitar la Asociación de Magos —informó Ella brevemente sobre su visita.
—Oh, es fabuloso oír eso. Es una organización que pertenece a la Familia Mitchell y que con el tiempo ha crecido hasta convertirse en una asociación de clase continental. ¿Ha ocurrido algo, Evelyn? —Alexander asintió mientras se acariciaba la barba y, a continuación, miró a la chica que había mencionado.
—Ehm, no es nada. Es solo que les pedí fondos a mi madre y a mi padre —respondió Evelyn con un toque de vergüenza por algún motivo.
—¿Es por la misma razón que Ella? Mmm, ¿para abrir una pizzería o como se llame eso? —Alexander evaluó a las chicas una por una, y ellas se limitaron a asentir.
—Ya veo… Parece que ibais muy en serio. Ojalá se cumplan vuestras expectativas en eso. Muy bien, ahora a cenar. La conversación puede posponerse para más tarde —anunció Alexander con entusiasmo.
Ella, Elysia y Evelyn se mostraron de acuerdo. Para alegría de la gata, era hora de comer. A continuación, cenaron juntas en un ambiente lleno de calidez.
Los platos de la mesa se acabaron rápidamente, a pesar de que lo que había no era poco. Como de costumbre, el Papa necesitaba una buena cantidad de comida, y Vanessa tampoco quería perder la batalla por el festín. Ambos probaron todos los platos, pero a la gata la ayudó su dueña a coger la comida.
—Gracias por la comida. Es agradable tener a tres nietas cerca. ¿Oh? Elysia, Evelyn, ¿por qué no os quedáis aquí? No tenéis por qué vivir en esa residencia normal y corriente de la academia —propuso Alexander tras limpiarse la boca con una servilleta.
—¡Ah, es una buena idea, Abuelo! Ely, Eve, quedaos aquí conmigo, ¿qué os parece? —Ella juntó las manos con expresión jubilosa. Luego, miró a sus amigas con cara de súplica.
Ante eso, Evelyn se limitó a mirar de reojo a Elysia. No quería responder de inmediato por si su mejor amiga rechazaba la oferta, que parecía buena.
Como si supiera en qué pensaba Evelyn, Elysia respondió por ella educadamente: —Con el debido respeto, por favor, discúlpenme. Es una oferta fantástica, dejen que Eve y yo la consideremos.
—Oh, no hay problema. ¿Vais a quedaros a dormir otra vez esta noche? —Alexander no se sintió ofendido ni nada parecido. Dejó el tema a un lado porque sabía que esas dos chicas de buen corazón se quedarían a menudo por Ella.
—¡Sí, sí! Las tres dormiremos en mi cuarto —respondió Ella con regocijo. Parecía estar esperando algo con impaciencia.
—Oh, mira qué alegre estás, Ella. —Alexander sonrió con ternura a su jovial nieta.
—Je, je… Ah, es verdad, Abuelo, a Ely le está costando encontrar cierto conocimiento. Pretende ampliar sus horizontes en la Biblioteca Sagrada. Sin embargo, todavía no ha encontrado parte de lo que busca. Así que, ¿puedes concederle a Ely acceso al quinto piso? —Ella soltó una risita, pero fue directa a lo que le había prometido a su amiga esa misma tarde.
Elysia pareció sorprendida y miró a Ella, que solo le sonrió con inocencia. Así que, ¿era tan fácil como que Ella se lo pidiera a su abuelo?
Por algún motivo, Elysia se sintió estúpida por haberse preparado para las dificultades que creía que tendría que afrontar para conseguir ese privilegio.
—¿El quinto piso de la Biblioteca Sagrada? ¿Qué clase de conocimiento buscas, joven Elysia? —Alexander ni siquiera cambió la expresión al preguntar. Sonreía con amabilidad, como un abuelo bondadoso que le pregunta a su adorable nieta.
Para deleite de Elysia, el Papa no pareció pensar que fuera una presunción. —Busco un conocimiento más profundo de la magia, de sus conceptos o algo por el estilo. Además, busco la verdad del mundo, por si hay libros sobre la historia perdida.
Ella y Evelyn miraron a Elysia con una ligera sorpresa. ¡No era algo que una chica de Nivel de Aprendiz buscaría! Normalmente, solo la gente con el poder del nivel Espíritu o superior empezaba a buscar conocimiento de tal calibre.
¿Qué llevaba a esta chica a buscar cosas que estaban muy por encima de su nivel? Ella y Evelyn se miraron, como si compartieran el mismo pensamiento.
—Ejem, hum… Así que eso es lo que intentabas encontrar, lo que te hizo quedarte tres días en el cuarto piso de la Biblioteca Sagrada… —Alexander se acarició la barba mientras evaluaba a Elysia más a fondo. Buscaba la verdad en sus ojos.
La chica se sintió un poco nerviosa, pero no vaciló en lo más mínimo ante su mirada. Elysia se limitó a devolverle la mirada a los ojos azules del Papa, sin apartar la vista, simplemente esperando.
—¿Sabes lo que hay en el quinto piso de la Biblioteca Sagrada? —habló Alexander de repente, rompiendo su duelo de miradas.
—Eh, sobre eso… Por favor, discúlpeme, pero no lo sé. Todo lo que sé es que en ese piso está toda la información, especialmente la que es desconocida para la gente corriente y el público —Elysia se sintió un poco incómoda al responder.