Transmigrada a un mundo de bestias como la esposa perezosa del Señor Zorro - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Búsqueda de casa
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13: Búsqueda de casa.
13: Búsqueda de casa.
Tan pronto como aparecieron el famoso ceño fruncido y los iracundos ojos rojos de Elias, ella retrocedió.
—Ali, ven a jugar con tu papá.
Mami tiene una cita.
Los ojos rojos desaparecieron al instante.
Elias la agarró del brazo.
—¿Sienna, de verdad te vas a mudar?
Ella asintió.
—Necesito paz, Elias.
Quiero la libertad de hacer lo que me plazca en mi propia casa.
Cuando encuentre la casa, podremos hablar.
—Se soltó de su agarre—.
Voy a cambiarme, deberías irte.
Elias no se fue.
Tenía mucho que decir, lo primero era ordenarle que no pusiera un pie fuera de esta casa.
Pero en este momento no tenía la autoridad moral.
Por ahora, era mejor dejarla pensar que tenía el control sobre el asunto.
Cargó a Ali y el juguete de cuerda al que ella se aferraba con fuerza y salieron de la habitación.
Veinticinco minutos después, Sienna salió al balcón.
El barco volador que pertenecía a la inmobiliaria la recogió.
Nunca antes había volado en un barco.
Un avión, sí, ¡pero un barco era inaudito!
Se agarró a la barandilla mientras el agente inmobiliario —un imponente hombre bestia con astas y una sonrisa demasiado amplia para ser tranquilizadora— la guiaba a bordo.
—No se preocupe —dijo él, con una voz que retumbaba como un gong alegre—.
Los barcos voladores son más seguros que cruzar la calle.
—Eso no me da mucha confianza —masculló Sienna.
—Desde luego, son más seguros que mi esposa —añadió—.
No lanzan cosas ni responden.
Sienna le lanzó una mirada.
—Eso es…
tranquilizador.
El barco despegó, con las velas brillando como estrellas.
Elias y su familia vieron partir el barco, cada uno de ellos reflexionando en silencio sobre las implicaciones de la mudanza de Sienna.
Pronto, Sienna se sintió cómoda y empezó a disfrutar.
La vista era maravillosa, sobre todo cuando llegaron al mar en solo quince minutos.
Se extendía sin fin, con olas que brillaban como joyas esparcidas.
—Precioso, ¿verdad?
—preguntó el agente inmobiliario.
Sienna asintió.
El barco descendió cerca de una extensa granja en lo alto de un acantilado.
Tal y como decía el anuncio, tenía seis dormitorios, amplios porches y campos que se extendían hasta el mar.
A Sienna se le abrieron los ojos como platos.
Cuánto espacio.
Cuánta paz.
El agente inmobiliario abrió los brazos de forma teatral.
—Lady Veythar, hay suficientes dormitorios para usted y Lord Veythar, para cada cambio de humor.
Uno para la felicidad, uno para el enfado, uno para estar de morros, uno para planear la venganza…
—¿Eso es lo que hace su esposa?
—lo interrumpió ella.
El agente inmobiliario guiñó un ojo.
—Guarda algunos para los suegros.
Sienna se rio entre dientes, a su pesar.
La granja olía a sal y heno, una mezcla extraña pero reconfortante.
Se imaginó criando caballos aquí, cultivando su propia comida, montando su gimnasio y adoptando muchas mascotas.
Mascotas de verdad, no del tipo hombre bestia.
Pero entonces el agente inmobiliario bajó la voz.
—Un pequeño detalle.
Esta zona está…
controlada por una pandilla de hombres bestia marinos.
Sienna se quedó helada.
—¿Tritones?
—Sí.
—Hizo una mueca de desdén—.
No son tan guapos y amables como los pintan en las películas.
No todos, al menos.
Estos en particular son muy territoriales.
No les gustan los forasteros cerca de la costa.
Así que no puede bajar allí ni acercarse a sus parcelas de algas marinas o la atacarán.
Sienna se quedó boquiabierta.
—Y por esa razón, me retiro.
El agente inmobiliario suspiró.
Se lo esperaba.
La casa llevaba seis años en el mercado por esa misma razón.
Regresaron al barco y este se elevó de nuevo, llevándolos a una cabaña más pequeña y acogedora enclavada junto a las olas.
Tenía una granja anexa, con gallinas cacareando y cabras balando.
Un huerto frondoso que a todas luces estaba bien cuidado.
Sienna entró y de inmediato percibió un olor a pan y hierbas.
El agente inmobiliario dio una palmada.
—Y aquí no hay hombres bestia marinos hostiles, se lo prometo.
Pero viene con un hombre bestia lobo que vive aquí.
Él cuida de la propiedad porque perteneció a su familia durante doscientos años antes de que su padre decidiera venderla.
Por motivos personales, se niega a mudarse.
Está dispuesto a trabajar para usted.
Es leal, trabajador y solo aúlla durante las lunas llenas.
—«O cuando está en celo», añadió para sus adentros.
Sienna enarcó una ceja.
—Un compañero de piso.
No es eso lo que tenía en mente.
Se encontraba ante un dilema.
De todas las propiedades que había visto, solo le interesaban las que estaban cerca del mar.
La granja ofrecía grandeza, espacio y malos vecinos.
La cabaña ofrecía una gran vista, un ambiente acogedor y un mayordomo lobo.
Caminaba de un lado a otro por el porche de la cabaña.
El agente inmobiliario inclinó la cabeza y dijo: —Casa grande, problemas grandes.
Casa pequeña, problemas pequeños.
Pero de cualquier manera, seguirá teniendo problemas.
Así es el negocio inmobiliario.
Sienna se rio.
—Es usted un mal vendedor.
—Al contrario —dijo él con orgullo—, soy honesto.
Por eso la gente confía en mí.
Si el problema es el tamaño, la cabaña se puede ampliar.
Todas las cabañas de por aquí están en venta.
A su izquierda, a su derecha y detrás.
—¿Esto es un dos por uno?
—bromeó Sienna.
El agente inmobiliario se rio.
—Ya quisiera.
Es más bien un «compre una, compre dos más y por fin podré permitirme enviar a mi hijo a la Academia Gloria Clawspire».
Sienna volvió a reír.
—Ya veo por qué le aprecian sus clientes.
¿Puedo pensármelo un día?
El agente inmobiliario la guio de vuelta al barco.
Mientras ella reflexionaba sobre dónde quería vivir, el barco se mecía suavemente.
La granja era demasiado grande, probablemente se sentiría sola viviendo allí.
Los tritones también eran peligrosos y ella no tenía las garras y colmillos adecuados para defenderse.
La cabaña solo tenía tres dormitorios, lo cual estaba bien, pero no le entusiasmaba la idea de vivir con un extraño.
¿Y si se la comía mientras dormía?
Se imaginó unos dientes de lobo clavándose en su cuello y se estremeció.
Sienna también pensó en su hermano y su madre, en este mundo.
A su hermano le habían ofrecido una plaza en la Academia Gloria Clawspire.
Su madre estaba emocionada con la idea de mudarse, pero solo si a Sienna le parecía bien que se trasladaran a esta ciudad.
Suspiró.
Parecía que la dueña original se avergonzaba de su familia.
«Qué lástima».
Tener familia aquí sería bueno.
No tendría que navegar sola por este complicado mundo de las bestias.
Además, no habían vivido con la dueña original durante siete años, así que cualquier cambio en su personalidad no levantaría sospechas.
Y lo que es más importante, podría vivir cerca del hombre bestia lobo sin preocuparse.
En ese mismo instante, decidió comprar dos cabañas.
Una, donde viviría con su familia, y la otra con el hombre bestia lobo que la ayudaría a administrar las propiedades.
Si los niños o los invitados venían alguna vez, también habría espacio para ellos.
Entonces se le ocurrió que quizá necesitaría más espacio en el futuro con todas las mascotas que quería.
¡Tampoco estaría de más cultivar su propia comida, tener un gimnasio en casa y construir una cocina grande!
Se aclaró la garganta.
—Me quedaré con las tres cabañas que estén más juntas.
El agente inmobiliario gritó de emoción.
Sus astas casi derriban un farol.
¡La levantó en vilo y la hizo girar, casi dejándola caer al mar!
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