Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Cap 4 Enbha
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4: Cap 4: Enbha 4: Cap 4: Enbha Alexis miró a la chica que estaba no muy lejos; había escuchado lo que estaba pasando afuera de la cabaña y, de hecho, en este punto, era más que probable que los miembros de la tribu ya se hubieran largado de aquí y estuvieran demasiado lejos como para poder alcanzarlos, considerando el estado físico de ambos, que estaban demasiado heridos.
Alexis, o ahora Enkha, no pudo evitar suspirar.
Movió su cuerpo un par de veces; el dolor punzante que venía de su pierna rota y de otras partes, como el pecho, le hizo apretar los dientes.
De hecho, aún seguía demasiado malherido, y desde su respiración hasta mover las extremidades se volvía incómodo.
Aunque solo el esternón fue lo que se dañó, con la punzada en el estómago y la pierna rota, parecía que por dentro el cuerpo se había dañado aún más.
En ese momento, la niña que aún estaba en la esquina llorando notó el movimiento que Enkha había comenzado a hacer, e inconscientemente quiso dar un paso atrás, pero el dolor en su pierna finalmente la hizo gemir y mostrar los dientes.
Lo que Alexis veía en la apariencia de esta chica era como ver a una fiera herida; no podía ver ningún rastro de la mirada de un humano normal.
Estaba llena de salvajismo, impaciencia y una mirada cautelosa que parecía querer arrancarte la carne de la yugular si hacías un movimiento inesperado.
Alexis solo pudo suspirar; sabía que una persona que vivía en esta época, sin saber correctamente si viviría al siguiente día, solo podía mantener su vida con esfuerzo.
Las personas que habían vivido en la metrópoli, con al menos un techo estable sobre sus cabezas, podían pensar más racionalmente como él lo hacía en ese momento.
De hecho, Alexis estaba seguro de que lo que más pensaba esa chica en el momento era qué iba a comer ese día y si podría recuperar su herida lo suficiente para escapar de algún ataque nocturno.
Mientras que él estaba pensando en un futuro más lejano y desde un punto de vista más amplio sobre lo que tenía que hacer.
No es como si las personas de esta época fueran estúpidas y las del futuro fueran listas; ambos lados tienen un intelecto similar.
Solo que las personas del futuro están acostumbradas a pensar a largo plazo, no solo en qué comerán ese día o en qué trabajarán, sino que planean trabajar durante una semana, pensar en la siguiente, trabajar un mes, planear vacaciones, trabajar toda la vida y pensar en qué hacer al jubilarse.
Pero las personas de esta época ni siquiera saben si podrán sobrevivir a la siguiente caza, por lo que su pensamiento está hecho más para reaccionar a lo que los rodea en el presente, y las opciones no son tantas.
No como alguien que es bombardeado por información en internet día y noche y puede pensar en una variedad de cosas que hacer a continuación; mientras que ella solo puede pensar si debe escapar con la comida que dejaron o quedarse en el lugar donde al menos tiene la compañía de otra persona.
Aunque, por lo que veía en los ojos de Enbha, parecía que la idea de escapar con la comida era mayor que quedarse con alguien que ni siquiera podía moverse.
Alexis suspiró.
De hecho, este mundo era así de cruel: si no servías, entonces podían abandonarte sin dudar.
Alexis pensó que era irónico haber muerto defendiendo a la mujer perra que obviamente no tenía nada que ver con él, y ahora terminar en un mundo donde hacer ese tipo de cosas se considera lo más estúpido de lo estúpido.
Pensando que no podría cazar comida por sí mismo durante algunos días, Alexis solo pudo mostrar que podía moverse, para que Enbha, quien estaba pensando en escapar con la comida, reflexionara más si valía la pena huir herida o quedarse con una posible ayuda para sobrevivir.
Alexis usó su codo en el suelo mientras comenzaba a sentarse.
Por suerte, durante los últimos días había concentrado aún más el poder de la Mano de Midas en su esternón roto y el estómago perforado, haciendo que se recuperaran más rápido.
Aunque no pudo curar mucho su pierna rota, sentarse ya no era algo que casi lo hiciera llorar del dolor.
Cuando Enbha miró cómo Enkha se levantaba incluso con una herida terrible en el pecho y el estómago, no pudo evitar sorprenderse.
Aún quería dar un paso atrás y largarse, pero pensando que pronto sería de noche y que muy probablemente las fieras nocturnas comenzarían a cazar, finalmente se rindió a esa idea y pensó en quedarse en las ruinas del campamento.
Alexis aún no sabía si Enbha se había rendido de escapar, por lo que para asegurarse encendió la Vista de Águila, dejando ver que Enbha tenía un color rojo que estaba tornándose azul a gran velocidad, hasta que finalmente quedó en un azul de transeúnte, aunque todavía había un pequeño rojo que podría volverse peligroso en cualquier momento.
La acción de encender la Vista de Águila hizo que la fuerza física de Alexis disminuyera rápidamente, pero por suerte solo la activó por un segundo para verificar el estado, así que no fue un gran problema.
Alexis levantó la mano con la palma extendida, como para dar un “chócala”, y dijo: —Seamos compañeros.
Cuando Alexis dijo esto en un idioma que era realmente tosco y que no parecía traducir correctamente lo que quería decir, se sintió molesto.
Pero Enbha lo entendió fácilmente.
Abrió los labios, que eran finos y tenían una textura bastante atractiva, aunque la cicatriz en su labio no la favorecía mucho.
De su boca salió una voz con un tono un poco infantil, agudo y sonoro, pero con un salvajismo profundo, como el ronroneo de una tigresa.
—Compañeros temporales.
Ella también puso su pequeña mano sobre la palma de Alexis, que era más grande.
Con esto, se confirmó la alianza temporal de ambos, así que los dos se relajaron un poco, aunque no por mucho tiempo.
Desde las rendijas de la cabaña podía verse cómo el sol del mediodía ya comenzaba a inclinarse hacia el horizonte, y en unas pocas horas seguramente anochecería, llenando de oscuridad la tierra, momento en que muchas bestias nocturnas comenzaban su caza.
Alexis pensó que, en una situación así, era mejor hacer un fuego adecuado para ahuyentar a las fieras, así como tener armas a la mano para protección.
También era necesario revisar los suministros que quedaban y para cuántos días alcanzarían.
Mirando a la chica, que se había alejado una vez más y parecía cautelosa por todo lo que pasaba a su alrededor, Alexis solo pudo pensar que temporalmente ella era en quien más podía confiar.
—Oye —dijo Alexis.
Le hizo una señal a la chica, que volteó a verlo con precaución.
Alexis apuntó a la bolsa de comida que estaba a su lado y dijo: —Muéstramelo.
La chica no se movió; su expresión era la de alguien que veía a un posible ladrón, como si Alexis tomara la bolsa y se comiera toda la carne de un bocado.
Alexis suspiró.
—Solo quiero verlo, muéstramelo.
Estas palabras parecieron molestar a la pequeña tigresa, que mostró los dientes y gruñó como si intentara amenazarlo con una postura feroz.
Pero para Alexis era casi como ver a un pequeño gato salvaje que no quería ser tocado.
Aunque claro, los gatos pueden morder y arañar, así que era mejor no molestarla demasiado.
Alexis se rascó la cabeza, molesto, pensando que sus palabras obviamente no eran suficientes para el vocabulario de esta época.
Finalmente pensó en algo y comenzó a hablar mientras hacía señas.
Apuntó al sol y dijo: —Pronto se hará tarde y luego noche.
Las bestias saldrán a cazar.
Enbha no dijo nada, pero ya no gruñía, así que parecía estar escuchando.
Alexis apuntó a la comida: —Tenemos que movernos de aquí en algún momento, y la comida es importante para durar algunos días.
Así que hay que comer poco a poco para que nos dure suficiente.
Después de esto, Enbha asintió, como si comprendiera.
Alexis finalmente suspiró y dijo: —Ahora, muéstramelo.
Alexis pensó que ya había convencido a la niña ingenua y sonrió un poco, pero lo que lo sorprendió fue que Enbha negó con la cabeza y acercó la bolsa de comida más cerca de ella.
Luego dijo, con un destello de astucia en sus ojos ámbar: —Yo reparto la comida.
Alexis se quedó sin palabras.
¿Fue engañado por una niña que ni siquiera podría saber cuánto es 2×2?
Sintió que este día sería sin duda el más vergonzoso de su vida.
Por suerte no había nadie viendo su vergüenza.
Aunque aceptó esto, tener más conocimiento no lo convertía en el tipo más listo, y la chica había demostrado astucia, lo cual era realmente bueno: al menos no era una cabeza hueca que solo pensaría en beneficios a corto plazo, y podía entender lo que él intentaba decirle.
Alexis se encogió de hombros y asintió a la chica que abrazaba la bolsa de comida.
—Bien, entonces desde ahí muéstrame lo que hay.
Esta vez Enbha no se negó, y desde una distancia de al menos un metro, comenzó a mostrar el contenido de la bolsa, que era solo un pedazo de piel que ocultaba el interior.
Enbha abrió la bolsa, mostrando tres cosas.
En primer lugar, carne: un pedazo como de media cabeza, que parecía durar solo dos días si se repartía adecuadamente.
Alexis solo pudo resignarse; tampoco podía esperar mucha bondad de la tribu, pero esto era demasiado poco.
Al menos les dieron comida y no se fueron sin dejarles nada.
Lo siguiente eran algunas bayas y frutas, así como un pequeño montón de sal terrosa que era más tierra que sal.
Las bayas eran bayas azules comunes, suficientes para una comida y ya.
O sea, tenían comida para al menos dos días y medio, suficiente para no tener que moverse por un tiempo.
Pero después de dos días tendrían que conseguir su propia comida.
Enbha cerró la bolsa rápidamente después de mostrar el contenido, como si tuviera miedo de que alguien se lo quitara, y luego escondió la carne en sus brazos.
Alexis ignoró eso y comenzó a pensar cuál sería su siguiente movimiento óptimo.
Tomó un palo de un lado y comenzó a levantarse, usando la vara como bastón para apoyarse.
Primero tenía que ver lo que pasaba alrededor; de hecho, había pasado todos los días dentro del lugar y casi no había podido ver lo que pasaba afuera.
Ahora era un buen momento para ver.
—¿Qué haces?
—escuchó Alexis la voz de Enbha, que parecía preguntarse por qué Enkha se movía cuando era más que obvio que moverse menos gastaba menos energía.
—Veré afuera —respondió Alexis.
De este modo, ante la mirada sorprendida de Enbha, vio cómo Enkha salía de la tienda.
Finalmente, Enbha se dio cuenta: si Enkha hubiera querido, pudo haber soltado un grito de guerra y seguir a la tribu, pero no estaba interesado en hacerlo.
La cabecita de Enbha se llenó de preguntas sobre por qué Enkha decidió quedarse.
Enbha decidió copiar a Enkha y, aunque cada movimiento era doloroso, usó un palo grueso del mismo modo, manteniendo una pierna levantada y siguiendo a Enkha de forma torpe.
Cuando Alexis salió de la tienda, finalmente pudo ver lo que había a su alrededor, y lo que vio realmente lo sorprendió.
Aunque ya lo había visto en la memoria del Enkha original, verlo con sus propios ojos era increíble.
Una gran planicie de tierra.
A lo lejos se veían montañas cubiertas de nieve blanca; hacia el oeste, un bosque verde y frondoso, donde parecía haber una gran montaña lejana.
Este era el gran valle, que abarcaba varios kilómetros de norte a sur, y de oeste a este, donde se encontraba la salida del valle y hacia donde la tribu se dirigía mientras seguía a la manada.
En la zona del gran valle había de todo: flora y fauna propia de una tundra helada.
El suelo era en su mayoría piedras con zonas de musgo, pero aún había áreas con tierra que tal vez podría ser cultivada.
En ese momento, Alexis escuchó cómo alguien se movía detrás de él.
Cuando volteó, se encontró con Enbha, que tenía una expresión dolorosa pero que seguía moviéndose sin querer quedarse atrás.
De hecho, ella podía moverse mucho más que Alexis; era solo que el dolor del esguince era más intenso.
Alexis miró la pierna de Enbha, un evidente esguince que podría recuperarse más o menos si se recolocaba el hueso en el lugar adecuado.
Solo que él necesitaba más fuerza en los brazos para hacerlo, y en este momento no podía.
Lo único que podía hacer era esperar a que Enbha aguantara un tiempo más.
Alexis asintió a Enbha, quien lo ignoró por completo y miró el campamento abandonado, donde no quedaba casi nada de la tribu.
Su mirada estaba un poco perdida por haber sido abandonada; parecía decepcionada y con sentimientos en conflicto.
Pero Alexis no estaba interesado en consolar a la niña tigresa; comenzó a pensar mientras veía los alrededores y analizaba sus acciones futuras en este extraño mundo.
El viento sopló, haciendo que su cabello castaño y enmarañado, que le llegaba hasta la cintura, se balanceara salvajemente.
Sus pupilas, que ahora habían tomado un color más dorado y azul —no como el café ámbar gris azulado de antes—, parecían haberse vuelto doradas como la luz del sol y azules como el cielo más puro.
Parecía que eso era lo único que realmente había cambiado en todo su cuerpo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Bueno aqui si inicia la novela, despues de esto ya no habran tantas cosas como dioses y demas, la parte de transmigracion es solo un cliche que realmente queria cumplir, en cuanto a lo que pase despues, bueno no importa tanto.
Ya saben, donen sus piedras porfavor!
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