Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 43
- Inicio
- Todas las novelas
- Transmigrando en la antiguedad.
- Capítulo 43 - 43 Capitulo 43 Caza
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
43: Capitulo 43: Caza 43: Capitulo 43: Caza En un bosque denso y profundo, donde el sol se ocultaba entre las ramas y el suelo se cubría con la nieve gélida, se pudo ver una mancha veloz que atravesó entre los arbustos.
Respirando con dificultad, el vapor salía de sus fosas nasales de aspecto plano, con la boca abierta, respirando el aire frío en sus pulmones.
La figura cubierta de denso pelo marrón se tambaleó.
Tenía una herida larga y sangrante en el flanco de su pierna trasera, la cual seguía emanando gotas de sangre caliente.
Sin poder aguantar mucho más, el pequeño animal finalmente se detuvo, jadeando con la lengua afuera, intentando recuperar el aliento; sin embargo, justo en ese momento, sus orejas cortas se crisparon, apuntando hacia atrás.
El miedo y pánico se pudieron ver en los ojos del jabalí.
Rebusnó con desagrado; podía oír ese sonido.
Tap, tap, tap Un sonido de caminata sin duda extraño.
Nada comparable al sonido de caminata de otros depredadores, por eso no le tomó mucha importancia cuando lo escuchó por primera vez y fue herido de gravedad.
Ahora, en su pequeña mente, entendía que ese sonido representaba peligro, pero con su cuerpo exhausto y las piernas cada vez más débiles, era evidente que sería su final.
El jabalí se dio la vuelta; quería escapar.
Sin embargo, en ese momento se escuchó ese sonido.
Shosh Un rayo negro atravesó el aire a gran velocidad, justo a tiempo para que el jabalí sintiera un dolor terrible en su espalda.
Un chillido asustado sonó; había algo aferrado a su cuero.
Corrió de izquierda a derecha, intentando quitarse esa cosa.
Finalmente, tras un tiempo de agitarse, se lo sacó con un golpe.
Al suelo cayó una rama larga con punta afilada que emanaba sangre continua.
El jabalí entendía que era una rama, pero no sabía qué clase de rama podía volar.
Shosh!
Entonces cayó la segunda.
El animal volvió a chillar, pero sin duda ahora no era tan enérgico como antes.
Tras un tiempo de correr, su destino estaba sellado.
Tumbado en la nieve blanca, su sangre goteó fuera de su cuerpo, soltando un extraño chirrido cuando la esencia vital cálida tocaba la nieve congelada.
Sus patas pataleaban y sus ojos pequeños se abrían con terror.
Respiraba con dificultad y de sus fauces solo salía un aliento vaporoso que rodeó el lugar.
Sin darse cuenta, esos pasos se acercaban cada vez más, hasta que, en un punto, parecieron quedarse a su lado.
—Finalmente…
lo cansamos…
—Hambre.
—Oye, todavía no muere…
déjame…
ah, bueno…
si quieres tú hazlo.
El jabalí escuchó ese sonido tan extraño de un animal que nunca se había topado.
De pronto, una sombra se topó junto a él.
Ojos ámbar, como un felino hambriento…
pero ¿de dos patas?
Confundido, sintió un pinchazo en el cuello, cuando la respiración se le atascó.
Una cuchilla afilada se introdujo en su tráquea; el jabalí tembló, se retorció por un tiempo, con sus pezuñas raspando la tierra debajo de él, pero con el empuje de dos personas finalmente se calmó, cayendo en un silencio eterno cuando su cuerpo exhausto cedió.
Mirando esta escena desde un lado, Alexis, posteriormente llamado Enkha y ahora con el nombre Monarca, se tumbó al suelo, sentado sobre la nieve, sintiéndose exhausto.
Sudaba por todas partes, sus piernas temblaban y se contraían.
Miró al cielo, con la luz reflejándose en sus pupilas heterocromáticas de color dorado y azul.
Comparando la posición del sol, calculó un poco.
Parecía que habían estado persiguiendo este jabalí pequeño durante unas 3 horas…
Tres horas de seguir rastros, correr sin parar, con los pulmones ardiendo…
Monarca tiró a un lado el palo que usó como polea para lanzar esas lanzas cortas y golpearlo en la espalda, recostándose sobre la tierra mezclada con nieve, sintiendo que no podía más.
—Moriré…
si no muero de hambre, muero de cansancio…
Desde un lado, una figura delgada lo miró con desdén.
Enbha, ahora llamada Leona, fijó sus pupilas ámbar sobre Monarca.
Resoplando, tomó la cuchilla de cuerno de jabalí en su mano y la extrajo del cuello de su presa actual.
La sangre manchó el suelo a borbotones, pero ella no se inmutó.
—Monarca…
ayudar…
Dijo con un español torpe.
Monarca, tumbado en el suelo, la miró de reojo, queriendo levantarse, pero sus extremidades no lo dejaban moverse.
En serio estaba cansado al punto donde sentía que la nieve se derretía solo con su tacto.
—Leona, lo siento, yo no puedo…
La joven, con cabello largo y trenzado, entrecerró sus ojos.
Ignoró al jabalí y dio grandes zancadas hasta pararse ante Monarca.
Ella lo apuntó con su daga y dijo con voz firme: —¡Ayudar!
Entonces, el cansancio de Monarca se desvaneció.
Su cuerpo rígido, que no podía moverse, se movió; su cuerpo ardiente como un horno a punto de estallar se calmó, y sus piernas temblorosas reanimaron su actividad.
Con un artículo puntiagudo apuntándole, ¿quién no es cooperativo?
De esta forma, Monarca sacó una daga de cuerno de jabalí de su bolsillo y comenzó a ayudar con el desangrado del animal.
El sudor seguía corriendo por su frente, y ahora solo sentía más frío cuando su cuerpo empapado era tocado por el viento gélido, que lo hacía temblar hasta traquetear los dientes.
Incluso Leona se sintió cansada, pero con su común poca expresividad simplemente no se notaba.
El jabalí no era grande; tenía un tamaño pequeño, pareciendo ser uno joven de apenas un par de años.
Incluso así, era un animal pesado, superior a los 60 kilos.
Para disminuir su peso, le abrieron el estómago, extrayendo las vísceras y enterrándolas en un pozo excavado de improviso.
Solo se quedaron con el corazón y la vejiga.
Después de limpiar el interior sangriento del jabalí con nieve blanca y asegurarse de que ya no sangrara, Monarca sacó una cuerda.
Usando los palos que se usaron como lanzas y palanca, el jabalí se colgó de estos y entonces, con ambos poniéndose el palo sobre el hombro, estaban listos para moverse.
Leona miró al jabalí ante ella con hambre.
Pasar dos días sin comer carne real, aparte de pequeños frutos y plantas, fue una tortura para ella.
Ahora realmente podría comer en verdad.
Con emoción, miró hacia adelante, esperando el momento en que Monarca se moviera, pero…
Monarca miró a su izquierda, luego a la derecha.
Su rostro se puso rígido, encontrando árboles y arbustos, nieve y barro, rocas y hojas caídas…
Lentamente, un signo de interrogación imaginario se formó sobre su cabeza.
—¿Eh?
¿Por dónde llegamos?
Se había perdido.
Tres minutos más tarde.
Leona cambió de lugar con Monarca; ella miró alrededor con frialdad, encontró un rastro de sangre en el suelo y, tras encontrar las huellas, comenzó a seguir el lugar por donde habían llegado al perseguir al jabalí.
Por detrás, Monarca suspiró.
“Oye, si tuviera energía, usaría vista de águila…” Dijo esto apenas defendiendo el hecho de que, en las clases de acecho y lectura de huellas, Leona era la experta…
En cuanto a él, bueno, era el de la buena puntería.
Caminando entre ramas, arbustos y la constante sensación de precaución ante posibles peligros, el dúo regresó por donde llegó hasta una cueva pequeña y de muy nuevo uso.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Voten!
si es que alguien lee esto!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com