Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Capitulo 45 Noche y pensamientos
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45: Capitulo 45: Noche y pensamientos 45: Capitulo 45: Noche y pensamientos Un ruido extraño despertó a Monarca de su estado adormitado.
Cuando abrió los ojos, el lugar se veía oscuro por todas partes.
No había rastro de luz, exceptuando un ruido de traqueteo que venía desde el exterior de la cueva.
Sintiendo su cuerpo en un estado rígido, se levantó del lugar, notando apenas que Leona había desaparecido de su lado en algún momento.
Parecía que se había dormido más profundo de lo esperado.
Mirando en el suelo, aún encontró el carbón que habían metido, pero este estaba casi apagado, con solo un par de chispas brillantes debajo de las cenizas.
Tomándolo, se asomó al exterior, encontrándose con Leona, quien estaba trabajando duro con el cerdo y la piel.
Desde que Monarca le enseñó el proceso para hacer artículos con la piel, pareció gustarle bastante.
Al menos ahora suele limpiar muchas veces la chaqueta tosca de piel que tenía y la tallaba a menudo con una bola de paja seca y arenisca para evitar pulgas o malos olores.
Uno pensaría que los antiguos no sabían lo que era la limpieza, pero las pieles tenían un proceso de limpieza, tosco pero útil.
Se tomaba un montón de hierba con buen aroma y el interior se tallaba constantemente, arrancando tierra y mugre.
Como era de notar, cuando lavaron sus pieles y parecieron cambiar de color a algo más claro, no era una forma útil de limpieza, pero servía.
Monarca saludó.
—[Buenas noches.] Habló Monarca, a lo que Leona levantó la mirada y lo miró.
—[Bue-nas noches.] Dijo ella con un tono de voz algo tosco.
Monarca asintió con satisfacción, sintiendo que ahora su pronunciación era mejor.
Salió de la cueva con el plato de carbón vegetal y lo puso sobre la nueva zona donde se estaba quemando una nueva hoguera.
Monarca miró a su alrededor, encontrando que parecía acabar de anochecer.
En el horizonte aún se veía un rastro del tono azul claro del día, y el cielo oscuro se estaba cubriendo de nubes.
Eso era lo malo de las temporadas en este mundo: el tiempo seco era realmente corto y pronto comenzarían las lluvias.
Monarca se frotó la barbilla, pensando si sería buena idea intentar ir hacia el ecuador.
Si es que este mundo tenía ecuador.
Si resultaba que este mundo al que terminó viajando de la nada era una tierra plana, entonces sería un desastre.
Dejando el pensamiento de lado, miró que Leona apenas había comenzado con una pierna, o sea, no llevaba mucho tiempo despierta.
Parecía bastante bueno.
Él tampoco se sentía cansado como al mediodía, por lo que comenzó a ayudar en el trabajo, aunque su propósito era diferente.
Le tocaba ahumar la carne.
El jabalí, aunque pequeño, podía durar alrededor de diez días sin problema; claro, si se repartía con cuidado cada día.
Aparte, tenían que racionar por si acaso y se quedaban sin carne una vez más.
Entonces, el almacenamiento y racionamiento medido era necesario.
Con ambos con el fuego al lado y la pared de la montaña a su espalda, comenzaron a trabajar.
Mientras lo hacía, Monarca se sintió realmente aburrido, por lo que comenzó a hablar con Leona.
—[Leona.] Habló.
Ante sus palabras, la niña con ojos de tigresa levantó la vista y lo miró.
Monarca le sonrió y dijo: —[Vamos a cantar.] Ante sus palabras, la joven entrecerró los ojos y una evidente molestia apareció en ellos.
Era obvio que tenía un conocimiento básico de estas palabras.
El “vamos” era “juntos hacer algo”, mientras que “cantar”… Monarca ignoró la mirada molesta de la chica y comenzó a decir: —[Cantaba Katiushka, sobre las llanuras, los ríos, los altos y los valles, esperando que su amado en batalla esté bien.
Con el corazón, siempre lo recordará.
Le cantaba con fiel amor, que en su fiel corazón está, que el viento le lleve a donde está su canción inmortal.
Oh, Katiushka.] Monarca cantó con claridad y una voz suave, pero ante esto, Leona solo lo miró con ojos apagados.
Monarca lo recordó: ¿parecía que no le había enseñado tal canción?
Con una tos torpe, volvió a algo más simple.
—[Bueno… ¿Qué tal…?
Ay, ay, ayay, canta y no llores.] Miró a Leona con una sonrisa, a lo que la chica tigresa solo pudo encogerse de hombros y continuar su canción.
—[Por —que can-tan-do se aleg-raaa] —[Alegra el cielito lindo y los corazones.] Monarca sonrió, apreciando la velocidad con la que Leona aprendía melodías.
El tiempo pasó lentamente, con ambos trabajando con cuidado y alerta de los alrededores.
Tras un tiempo largo, dos piernas de jabalí estaban desnudas, a lo que Monarca tomó dos palos, algo de pasto fresco que podía crear mucho humo y algunos troncos medio húmedos, y comenzó el proceso de ahumado.
Monarca había decidido que no volvería a cometer el mismo error de ponerse a crear columnas de humo visible a kilómetros de nuevo.
Lo había pensado.
Si antes estaba tan escondido, ¿cómo supieron esos salvajes que estaban en tal lugar?
No tenía que ser un genio para saber que fue el humo visible en el día lo que se dejó notar a todo ser inteligente a kilómetros.
Entonces, ahora había decidido que cada vez que haría algo como eso sería de noche.
La oscuridad sería su fiel amiga.
Tras haber comenzado el proceso de ahumado con dos piernas grandes, quedó la zona de panza y costillas.
Eso sería algo más complicado de tratar y el salamiento sería excelente, pero maldita sea, no tenían nada de sal.
Suspirando, Monarca se acurrucó cerca de la entrada de la cueva, pensativo.
Su memoria giró, buscando formas adecuadas para tratar con la carne de este tipo.
Recordó que había varios métodos, pero uno tras otro era más complicado que el anterior.
El secamiento con viento, el secado al sol, fermentación… pero todos ocupaban una cosa: Quedarse en un lugar durante bastante tiempo.
Sin embargo, mirando la temperatura que comenzaba a bajar y las posibles lluvias que comenzarían pronto, no podrían quedarse en una cueva fácil de derrumbar por encharcamientos.
Lo había pensado: su próximo objetivo era esa reunión de los clanes al norte.
Esa reunión era donde la tribu de los alas grises, ese grupo nómada que los había abandonado a ellos dos, se dirigía.
Seguían el gran río al que llamaban Madre Agua hasta el norte, siguiendo el recorrido de los caribús, encontrándose con grandes grupos de otros humanos nómadas.
Solo en estos periodos de tiempo se hacía algo como el trueque, intercambiando artículos varios.
Monarca no recordaba mucho de la memoria de Enkha; solo recordaba algunas cosas como que había muchas personas y que eran bastante comunes las peleas.
Sin embargo, para este momento, la reunión de los clanes ya se habría concretado.
Ambos llevaban más de un mes de retraso; si llegaban sería realmente tarde.
Aun así, un grupo grande era mejor que mantenerse entre ellos dos solos.
Esto lo había discutido con Leona anteriormente y estuvo de acuerdo; sin embargo, el camino era peligroso.
No por nada solo se juntaban tribus.
Al menos, el río que tenían que seguir estaba en una encrucijada con un gran bosque denso lleno de fieras.
Normalmente, seguir la manada de caribús hacía que estos animales atrajeran la mirada de otros depredadores que comían más, y solo tendrían que pelear contra algunos animales pequeños o débiles y viejos.
Pero ahora solo eran dos jóvenes.
En este mundo ya serían mayores de edad, pero Monarca se tocó la barbilla suave, sin rastro de vello, y se dijo que aún era un niño.
Por lo que sus físicos no estaban completamente desarrollados para pelear contra algunos animales más fuertes.
¿Qué pasó con aquel grupo de lobos?
Lo siento… Monarca sentía que en ese momento, el último rayo de suerte que el dios asesinado ante él le había dejado se había desvanecido por completo.
Había pasado el tiempo de cuidar al novato y ahora tenía que mantenerse atento a cualquier posible cambio.
Entonces, por esta razón, no habían avanzado de una vez hacia la gran reunión, sino que se habían quedado una semana en esta cueva, recuperándose y fortaleciéndose.
Al menos, Monarca lo había decidido.
No importaba si llegaban al final, tenían que llegar.
¿Su propósito?
Simple.
Era conseguir un nuevo clan y si podía crear su propio clan, sería excelente.
Aunque claro, eso sería para cuando sus preparativos estuvieran totalmente listos.
Al menos, las provisiones deberían estar ahí y no podrían ser golpeados por un montón de salvajes.
Entonces, tenían que entrenar la pelea.
En ese instante, Leona saltó de su asiento.
Sacó su cuchillo de colmillo de jabalí y apuñaló el suelo.
Monarca parpadeó, mirando ese lugar.
Ahí, una especie de lagarto marrón con cuerpo grueso se arrastraba silenciosamente.
El lagarto chilló con fuerza, pero Leona simplemente removió su daga, matándolo.
Después, con un tirón, lanzó al animal hacia el fuego y volvió a hacer su trabajo como si no pasara nada.
Monarca agachó la cabeza y reformuló sus palabras.
Él tenía que aprender a pelear, al menos defenderse, ya que Leona ya sabía hacerlo bastante bien.
Con cuidado, activó su vista de águila, maldiciendo cuando encontró un rastro rojo justo en su espalda.
—[Mierda.] Maldijo cuando rodó por el suelo.
Leona notó esto, mirando a Monarca con extrañeza y luego la pared.
Ahí había un lagarto similar al que Leona había matado hace poco, pegado a la pared terrosa como un gecko.
Monarca maldijo mientras se tocaba el corazón.
Eso fue realmente aterrador.
¿Por qué los animales pequeños dan más miedo que un lobo?
¿Y por qué no lo notó tan cerca?
Finalmente: ¿no se suponía que estos animales eran tipos amantes del calor?
Sin nadie que respondiera sus preguntas, Leona se levantó de su lugar y miró a Monarca con mirada desdeñosa.
Dio un paso adelante y con un palo de fuego asesinó al lagarto de un golpe fuerte.
El segundo trozo de carne se unió a la fogata.
Leona volvió a su lugar con tranquilidad, diciendo: —[Monarca–tonto.] La comisura de la boca de Monarca se contrajo.
Se levantó de su lugar y caminó hacia su asiento, apagando la vista de águila que había dejado encendida accidentalmente.
Esto lo cansó un poco, pero ahora dormido se sentía mejor sin duda.
Por suerte no miró nada más raro en los alrededores, si no… ¿qué habría pasado con su poco orgullo que le quedaba en este grupo?
Por suerte no era una cucaracha que vuela… sino… Maldiciendo en su corazón, Monarca volvió a trabajar.
Un tiempo después, cuando ambos volvieron a sentirse cansados, solo pudieron volver a dormir, aunque una vez más, entre sueño y vigilancia, con uno despierto en un momento y el otro vigilando en otro turno.
Así, hasta que salió el sol matutino.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Voten y comenten!!
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