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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 46

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46: Capitulo 46: mañana tranquila 46: Capitulo 46: mañana tranquila El día llegó pronto.

En el momento que la luz del exterior de la cueva pareció iluminarse un poco más, Monarca y Leona despertaron.

Monarca se estiró, sintiéndose bastante relajado por todas partes.

Tenía que estar feliz al menos por algo.

Aunque a menudo se cansaba demasiado debido a que utilizaba varias de sus habilidades, en realidad siempre podía descansar bastante bien por las noches, y al día siguiente solía sentirse bastante descansado.

¿Tal vez era que ahora era bastante joven?

No lo sabía bien, pero entendía que tenía una buena capacidad de recuperación.

Aunque había veces que realmente se excedía y terminaba sintiendo cansancio hasta el día posterior, pero eso era en ocasiones donde se pasaba del límite y no medía.

Entonces, como en los últimos días, hoy pudo despertar una vez más con buen humor.

Lo primero a hacer durante el día no era salir.

En absoluto era el objetivo.

En su lugar, las dos personas que acababan de despertar no hicieron ningún ruido y se estiraron con cuidado.

Desde la parte posterior de la cueva miraron hacia la entrada y revisaron que no hubiera nada extraño, como huellas, olores o algún animal.

De hecho, Monarca se había dado cuenta de que ahora todavía podía oler algunos aromas peculiares y sutiles que normalmente no podría olfatear en su vida anterior.

Tal vez era un rasgo que los humanos tendrían en la antigüedad, pero así como el oído y la vista, habían mejorado de cierta forma que Monarca solo podía entender con el tiempo.

Después de haber confirmado que no hubiese nada extraño afuera, Monarca fue el primero en asomarse al exterior.

Tomando una lanza y su daga de cuerno de jabalí, caminó cerca de la entrada con alerta máxima.

Se asomó afuera y activó la vista de águila.

Su vista se volvió azul y una variedad de pistas pudieron notarse rápidamente en su campo de visión.

El suelo se cubrió con algunas pequeñas huellas de ratones y, en una esquina, parecía haber algo como una serpiente pequeña, pero nada más.

Monarca suspiró y finalmente salió de la cueva tras desactivar su visión de águila.

Leona notó esto desde dentro, por lo que también salió de la cueva, con cautela pero aún así bastante tranquila.

Esta operación había sido su acto diario desde que habían escapado de la cueva anterior.

Al principio Leona no entendía cómo Monarca podía detectar algunos peligros que ni ella notaría, pero luego no podría seguir una simple pista en el suelo; sin embargo, lentamente se fue acostumbrando a este tipo de anormalidades.

Después de todo, para ella, Monarca era todavía un hijo del fuego…

Claro, uno que aún no parecía del todo calificado.

Tras haber salido de la cueva, Monarca se estiró en el lugar.

—Uf… qué frío.

Se quejó mientras calentaba en el lugar.

Leona pasó a su lado, mirándolo extraña con el rabillo del ojo.

—Vamos, inténtalo.

Dijo Monarca, aunque evidentemente Leona lo ignoró y caminó hacia donde estaban las brasas ardientes de la noche anterior, preparándose para encender un fuego pequeño.

Monarca ignoró esto, sabiendo que la joven tomaba este acto como simple desperdicio de energía.

Aunque, en cierta forma, realmente era gastar energía.

Por lo tanto, Monarca no hizo mucho trabajo, solo algo de calentamiento simple.

50 sentadillas, 50 lagartijas, 50 abdominales y, después de esto, ir al baño.

¿Por qué no hacerlo primero?

Bueno, su visión podía detectar varios animales neutrales, amigables o peligrosos.

Sin embargo, si de casualidad algún animal se acerca a él y luego Monarca le mea encima, su reacción evidentemente no será amigable.

Por eso, hay que estar preparado para correr.

De esta forma, con lanza en mano y su daga, fue a una esquina donde había algunos arbustos pequeños…

Después de que Leona y él hubieran desayunado, Monarca le pidió ayuda a la chica tigresa.

La solicitud era simple: aprender a pelear.

Este objetivo simple, pero inesperadamente difícil, fue aceptado de inmediato por Leona, así que tras digerir la comida y sentir que no los afectaría, se prepararon frente a la cueva, sobre una zona de tierra suave.

Monarca se acomodó en el lugar, mirando a Leona con cuidado.

Tras haberse estirado, levantó los puños e hizo una guardia de boxeo tosca.

Leona se mantuvo parada en el lugar, con brazos relajados y lo que parecía un signo de interrogación imaginario en su frente, mirando la pose extraña de Monarca.

Sin embargo, Monarca se lo había tomado en serio.

Con los pies en movimiento sobre el suelo, asintió a Leona y dijo: —Vamos, yo aún… — Entonces, de pronto vio que Leona pisaba el suelo, su cuerpo se volvía un borrón en el espacio y Monarca apenas tuvo la oportunidad de levantar el brazo derecho para recibir un fuerte manotazo.

*¡Pac!* Leona evidentemente no parecía planear hacer daño; sin embargo, el golpe todavía hizo sentir dolor a Monarca.

Aun así, no se asustó.

(No se asustó del todo).

Dando un paso atrás, intentó esquivar los feroces golpes de la joven tigresa; sin embargo, Leona no sabía del espíritu deportivo.

Levantó la pierna y pateó la rodilla de Monarca.

Con el peso apoyado en una pierna, Leona logró tumbarlo al suelo con facilidad.

Pero Monarca estaba preparado.

Más bien, tenía cierta experiencia en ser derribado, por lo que giró en el suelo sin miedo al dolor de las pequeñas rocas pinchando su cuerpo, o al desagrado de ensuciarse.

En su lugar, se empujó con los brazos y se levantó, justo a tiempo para ser atacado de nuevo por Leona.

El proceso del entrenamiento de pelea… no fue tan excelente.

Sin embargo, era obvio que Monarca ahora podía resistir los derribos uno tras otro.

Monarca recordó información que había escuchado en un video de internet en su vida pasada.

El cuerpo humano podía acostumbrarse a pelear.

En la primera pelea, el cuerpo reacciona con alerta a cualquier estímulo: el dolor, el nerviosismo, el pánico, las pulsaciones del corazón y demás se disparan en un estado de miedo ante cualquier daño que podría recibir el cuerpo.

Sin embargo, si uno continúa peleando, para la sexta vez podría comenzar a notar un ligero cambio.

El nerviosismo disminuye, la observación aumenta, el cuerpo instintivamente busca formas de defenderse o escapar y los procesos químicos se vuelven distintos.

Uno podría entrenar de esta forma, ya sea entrenando un deporte de combate, como el box.

Sin embargo, para comenzar a notar cambios reales, uno tendría que estar peleando posteriormente por meses, tal vez años.

El cuerpo reacciona menos al dolor; la mente se mantiene en calma; el cuerpo, con memoria muscular, busca formas de lograr pelear y ganar.

La producción química del cuerpo se vuelve distinta; de cierta forma te acostumbras a sobrellevarlo y lo usas a tu favor.

Claro, aumenta la agresividad, algunas emociones se vuelven monótonas y podrías no sentir emoción real si no estás en un combate de vida o muerte.

Una enfermedad psicológica llamada síndrome del luchador.

Aunque claro, solo se da en peleadores ancianos profesionales que lucharon todas sus vidas sin parar.

El punto principal era que el cuerpo se acostumbra.

Por lo tanto, Monarca podía sentir que, de alguna forma, cada vez que caía, podía entender mejor cómo hacerlo.

Era una basura, ya que no aprendía cómo defenderse correctamente sin recibir una patada en las costillas, pero sin duda era una mejora.

Sobre todo, Monarca había tenido al menos tres peleas de vida o muerte.

Un escape de un jabalí, una pelea contra un humano salvaje y, finalmente, una lucha contra lobos.

No sabía si había diferencia entre peleas de boxeo con medidas de seguridad y reglamentos, o la sensación de lucha de vida o muerte.

Sin embargo, una cosa era clara: Para cuando la hora de lucha había terminado, aunque se sentía exhausto, había logrado mantenerse en pie sin ser derribado durante 5 minutos enteros.

No ganó; sin embargo, tampoco perdió de forma tan dolorosa como cuando peleó contra cierto pollo gordo que no podía volar.

Por lo tanto, Monarca definió esta experiencia como un gran avance.

En cuanto a Leona, ella estaba molesta y satisfecha.

Molesta porque se volvía lentamente más difícil derribar a Monarca, y feliz porque ahora este parecía estar dejando de ser débil.

De esta forma, con uno sintiendo dolor por todo el cuerpo debido a varias caídas y la otra sintiéndose cansada por perseguir al tipo escurridizo durante un largo tiempo, ambos continuaron con su día.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Voten y comenten porfavor!

¿algien lee esto?!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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