Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Transmigrando en la antiguedad.
  4. Capítulo 49 - 49 Capitulo 49 Caminar es facil
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

49: Capitulo 49: Caminar es facil 49: Capitulo 49: Caminar es facil El cielo se cubrió con una capa de nubes grises.

El viento frío llegó con fuerza, creando una neblina espesa que cubrió la visión de todos.

Monarca caminó entre los grandes árboles centenarios mientras suspiraba.

No esperaba que, nada más salir, le tocara tener que caminar bajo un repentino chaparrón.

En un momento el cielo estaba despejado y, al siguiente, agua sin fin.

Suspiró, cubriéndose la cabeza con una de las pieles y pisando el suelo embarrado.

Las sandalias hechas a duras penas ya se habían cubierto de fango; la tierra se metía entre los dedos y el agua hacía resbalosa la piel.

Leona también estaba disgustada por esto, así que se quitó las sandalias y se las colgó a un lado, pisando el suelo con sus pies.

Monarca miró esto y suspiró.

Al final, por un lado está evitar pisar posibles piedras afiladas y, por el otro, resbalarte porque la sandalia está demasiado resbalosa… No tuvo que pensar mucho para terminar agachándose y tomar las sandalias para colgarlas en su mochila.

*[Tengo que crear botas…]* Suspiró, intentando recordar el método antiguo de creación de zapatos.

¿Parecía que se usaba madera y clavos?

Pero… ni siquiera tenía algo de latón, ni cobre o bronce.

¿Cómo hablar de hierro?

Suspirando, se ató firmemente las sandalias en la mochila y continuó avanzando.

Alrededor de dos horas de lluvia más tarde, el cielo fue soplado por los dioses y las nubes grises se movieron, alejándose hacia otro lugar.

Leona y Monarca corrieron hasta pararse sobre una plataforma hecha de roca pura.

Ambos se sentaron y se dejaron secar por el sol.

Aunque la piel era impermeable, todavía los hacía sentir el frío de estar bajo el agua.

Monarca se quitó la piel gruesa de encima y la sacudió con fuerza, intentando escurrir el agua que se aferraba al pelaje.

Bajo la luz del sol de la mañana, era realmente reconfortante sentir esa calidez del sol sobre el cuerpo… aunque las ráfagas frías repentinas no eran tan agradables.

Ambos se secaron por un rato y, después de al menos confirmar que estaban algo secos, volvieron a ponerse las sandalias y continuaron adelante.

Lo que tenían por delante no era un camino llano.

Eran grandes árboles de grosores de varios metros, un suelo cubierto de tierra y rocas de todos los tamaños, y riachuelos que se movían entre la tierra, creando pequeños surcos que se entrelazaban como venas de un cuerpo complejo.

Si uno ponía atención, podía escuchar el sonido del agua fluir.

Para cuando había llegado el mediodía, ambos estaban algo cansados y solo pudieron detenerse en el lugar.

Monarca se subió a una roca grande, mirando entre los árboles.

A lo lejos, se podía ver una corriente de agua.

Un río.

Habían estado siguiendo este río durante todo el camino, esperando toparse con el bosque que tenían como objetivo.

La razón por la que no se acercaron fue simple.

Con estas lluvias, podrían haber inundaciones y deslaves repentinos.

Aquí no había nada como el control de bosques y afluentes de agua.

Aquí solo podían ver que el camino era firme y justo, pero en el siguiente momento podían verse envueltos en el agua densa que se lleva todo.

Como no quería terminar así, caminaron a una distancia segura del río, siguiendo solamente el rumbo por la vista desde lejos.

Después de confirmar que el río parecía no tener alguna rama o desvío, suspiró de alivio y se sentó cerca de un pequeño claro donde el sol podía pegarles encima.

Normalmente, a uno le gustaría acomodarse entre las sombras de los árboles, pero para ellos, viviendo en un lugar donde todo el tiempo hace frío, el calor del sol era lo más cómodo.

Monarca abrió su visión de águila en el lugar, mirando alrededor.

Solo tenía unas pocas oportunidades de usarlo al día, por lo que aprovechó este momento para revisar si podía encontrar aquel cambio que habían tenido sus ojos.

Lamentablemente, después de confirmar en los alrededores que no parecían haber criaturas peligrosas y pasar de tres segundos seguros, solo pudo apagarlo con tristeza al no encontrar nada.

Haciéndole una señal a Leona, ambos comenzaron a descansar.

Sentados en una roca seca, sacaron algunas tiras de carne ahumada y comenzaron a comer.

La carne ahumada era seca, dura y con un sabor algo amargo.

Las papilas gustativas se llenaban con el aroma del humo, pero después de masticar por un tiempo, el sabor era bastante bueno, sobre todo la grasa, con una textura suave y algo jugosa.

Ambos se mantuvieron comiendo, recuperando energía.

Tras comer un trozo del tamaño de un puño cada uno, dejaron de comer.

Al final, aunque no quisieran, tenían que ahorrar algo de comida para evitar momentos de hambruna.

Aunque, evidentemente, un punto importante era la recolección.

Después de haber comido el trozo de carne, ambos comenzaron a moverse en los alrededores, buscando comida.

Monarca se agachó debajo de un gran árbol, desenterrando un trozo de raíz pegada a este.

Era una de las papas zanahorias.

Claro, esta no estaba mutada, pero parecía bastante grande y apetecible.

Tomando el tallo de la planta, arrancó la raíz, que era algo delgada y larga.

Encontró solo un par, pero era suficiente.

Del otro lado, Leona caminó alrededor de los árboles, entre arbustos y ramas bajas de algunos árboles jóvenes.

Finalmente, encontró un conjunto de moras en un árbol lejano y, con una roca tirada con su onda, tiró la rama.

El trabajo fue sencillo y rápido.

Sin embargo, cuando ambos se juntaron, notaron que la comida recolectada apenas parecía suficiente para que un niño pequeño comiera.

Las papas zanahorias eran delgadas como chiles y las frambuesas, aunque algo regordetas, eran más pequeñas que canicas.

Intentaron buscar más comida alrededor, pero al final solo había esto.

Tuvieron que aguantarse las ganas de comer más y repartieron esto entre los dos.

Monarca tenía una papa zanahoria y unas ocho frambuesas en la mano.

La papa zanahoria era fibrosa y dura, difícil de masticar y con un sabor difícil de tragar crudo.

Mientras que las frambuesas eran ácidas, con un ligero toque de dulzor.

Monarca suspiró, tocando la papa zanahoria en su mochila.

Parecía que sería mejor darle un impulso para tener mejor sabor… Mientras hacía esto, su mano también tocó las semillas de aquel árbol frutal.

Solo tenía semillas, pero sintió que también podría intentar mejorarlas.

Después de un tiempo de descanso, ambos se levantaron de nuevo.

Siguiendo una vez más la ruta del río, continuaron avanzando hacia adelante por un gran tramo.

Tuvieron que cruzar parte de un afluente del río, ya que este se dividía, pero por suerte no tuvieron que elegir un camino, ya que el camino principal era solamente uno que llevaba hacia el norte.

Fue una fortuna caminar y no encontrarse con ningún depredador.

¿Tal vez aquí también habían atacado esas arpías?

Esto lo confirmaron más adelante.

Mientras pasaban cerca de una zona con el cielo abierto, encontraron una zona en el suelo cubierta de barro con manchas marrones rojizas.

El olor a hierro impregnaba el aire, mientras que huesos de varios tamaños estaban dispersos por el lugar.

Leona y Monarca se detuvieron a ver el lugar por un momento, sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo.

Era mejor evitar encontrarse con esas aves en el futuro… Para cuando el sol había llegado al horizonte, finalmente encontraron una zona abierta.

El bosque se abrió de pronto ante una colina empedrada.

Leona y Monarca subieron por el lugar, encontrándose cerca del río y en un campo abierto, cubierto de piedras y hierbas por todas partes.

Monarca sacó su mapa improvisado de su ropa.

Expandiendo la piel, trazó una línea por el lugar donde habían cruzado.

La primera zona era un trozo de bosque y el río, alejándose del gran valle.

Le seguía una planicie cubierta de rocas densas que parecían evitar que árboles crecieran y, finalmente, el río madre que atravesaba ese gran bosque peligroso.

Monarca miró el mapa, sintiendo que el próximo camino sería peligroso.

Notando también el cielo, que comenzaba a volverse oscuro, de forma decidida decidió descansar en este lugar y continuar el viaje al día siguiente.

Después de discutirlo con Leona, ella no tuvo problemas.

De hecho, parecía bastante satisfecha con estarse moviendo, y descansar un poco no parecía tan malo.

Entonces, ambos volvieron a buscar un lugar donde quedarse.

Monarca recogió madera mientras que Leona recuperaba algo de comida.

Justo antes de que el sol se metiera en el horizonte, una pequeña fogata que los calentaba ya se había formado.

Eso no fue porque repentinamente se hubieran vuelto expertos encendiendo fuego.

Monarca recordó un método simple y útil en su vida pasada para mantener las llamas.

Esto consistía en mantener un poco de brasas frescas en una botella.

La botella se hacía con madera: se picaba un tronco algo grueso, luego se iba quemando por dentro, formando una especie de zona hueca en el palo; usando una rama se escarbaba la zona carbonizada y se exponía el fondo de madera para volverlo a quemar.

Cuando finalmente se hacía este cuenco y el fondo estaba carbonizado, se agregaba algo de ceniza ahora inflamable y se ponían las brasas en el interior.

Estas brasas se tapaban y se les agregaba algo para que mantuvieran el calor.

No duraban mucho, tal vez solo un día, pero era suficiente para que ambos pudieran crear un fuego fácil al llegar a una zona segura y no tardar horas en encenderlo.

Solo se le agregaba yesca o corteza de árbol rallada y esto prendía fácilmente.

Así crearon un fuego continuo y estable.

Entonces, ambos se acomodaron uno frente al otro, mirando lo que cada uno tenía a la espalda y comenzaron a comer.

Primero un caldo caliente de verduras con carne troceada.

Leona estuvo vigilando los alrededores mientras que Monarca trabajaba.

Se pelaron las pocas verduras silvestres encontradas y una raíz gruesa, añadida a la pequeña olla de barro.

Ya ahí, se agregó la carne troceada y algo de la grasa del jabalí, esperando darle mejor sabor a la comida.

Dejarlo hervir por un tiempo y luego comer.

No era muy rico… pero al menos cumplía el propósito de mantenerlos calientes.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Votos y comentarios, porfavor!!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo