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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51 - 51 Capitulo 51 Rio Madre
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51: Capitulo 51: Rio Madre 51: Capitulo 51: Rio Madre Apoyados sobre montones de rocas frías, viento silvante y sonidos de animales extraños corriendo entre grietas, ambos dormitaron hasta que el día siguiente llegó.

Monarca despertó en esta ocasión con más energía de lo normal.

Esto incluso lo hizo sentir algo extrañado, ya que no había podido dormir mucho la noche anterior.

Sin embargo, cuando el sol matutino lo golpeó, sintió como esas caricias en las mañanas de verano, cuando una ráfaga de aire fresco te acaricia las mejillas.

Fue inesperadamente reconfortante.

Por otro lado, Leona no parecía haberla pasado tan bien.

Se levantó con ojeras debajo de los párpados y una sensación algo apática.

Parecía que ella sí había sufrido las consecuencias de una noche sin calor entre tantas rocas.

Monarca miró esto, pensando.

¿Tal vez era la voluntad humana la que lo hizo sentir tan bien de repente?

Pero, si era así, ¿por qué no funcionó antes?

Como fuese, este era un momento bastante agradable, por lo que finalmente dejó el asunto de lado y, tras un desayuno rápido, ambos siguieron caminando hacia adelante.

Esta vez, Monarca cuidó de que Leona no se cayera, caminando por delante y dejándola seguir por detrás.

Se notaba realmente exhausta, pero por suerte, el siguiente camino que tenían que pasar no fue tan largo.

Para cuando el sol había cruzado un cuarto de su camino en el cielo, vieron cómo el suelo pasó de ser un montón de rocas grandes difíciles de cruzar a rocas pequeñas y densas, fáciles de pisar.

En este camino, ambos se sintieron mucho mejor, mucho más cerca del río.

En ese momento, Monarca miró una parte del río cercano, el cual de pronto se ramificaba en dos puntos.

Uno era apenas un río de algunos metros y el otro era el río que habían estado siguiendo durante un largo tiempo.

Mirando este río ramificado, ambos sintieron que era perfecto para descansar.

Caminando cerca, revisaron la zona y encontraron que la profundidad era apenas de 30 cm, dispersándose en algún lugar entre las rocas.

Monarca se tumbó en la orilla, disfrutando el lugar cómodo.

Leona también lo hizo, aunque lo suyo era cansancio.

Monarca la miró y, tras pensarlo un poco, dejó que ella primero descansara.

Miró a su alrededor, encontrando rápidamente algunos arbustos de ramas gruesas que crecían en este lugar más fácilmente.

Arrancó algunos secos y luego regresó, comenzando a hacer una fogata rápida.

Para este momento, si no fuera porque estuvieron alimentando las brasas del recipiente con ramitas y pedazos pequeños de madera, se habrían tenido que esforzar en crear de nuevo fuego.

Por suerte no tuvieron que hacer esto.

En la esquina del río, se hizo una fogata y comenzaron a comer algo más ligero.

El fuego estaba creado y la olla con agua calentándose ya se había puesto.

Monarca llamó a Leona, que estaba vigilando los alrededores, y la instó a acercarse a él.

—[Duerme, yo te vigilo]— Dijo de forma simple, pero ante su oferta, Leona se negó.

Frunció el ceño, manteniéndose con los ojos entrecerrados y mirando el fuego de forma aturdida.

Monarca la instó a acostarse a su lado; ella no parecía de acuerdo, pero tras un tira y afloja, finalmente aceptó esto de mala gana.

Con algunos pedazos de cuero en el lugar, ella se recostó, se cubrió la cara con un pedazo de piel y antes de darse cuenta, había quedado completamente dormida.

Monarca miró esto, satisfecho.

Aunque un momento después, tuvo que volverse más vigilante.

Normalmente, cuando ambos trabajan, siempre uno está vigilando los alrededores; a veces lo hace Leona y en otras ocasiones él.

En este caso, cuando está cocinando, Leona es quien vigila los alrededores.

Entonces, mientras picaba la carne y la lanzaba a la pequeña olla, tenía que estar mirando los alrededores.

Por suerte, no sucedió nada, y tras una hora de sueño profundo, Leona despertó, totalmente descansada.

Ella se levantó, tallándose los ojos y mirando a su alrededor, confundida y sin saber dónde estaba.

Fue solo cuando el olor de la carne en la olla le llegó a la nariz que abrió mucho sus ojos y miró a su alrededor con alerta.

Miró a Monarca a su lado, cuando finalmente se relajó un poco.

Monarca apuntó a un lado donde había agua recién hervida.

Leona se acercó y bebió el agua con disfrute.

Después de recuperarse, parecía bastante relajada, sentándose a su lado y recibiendo un plato con comida.

Ella comenzó a comer, haciendo que Monarca se sintiera como alguna especie de ama de casa que cuida de su hija salvaje.

Después de un largo rato y con ambos descansados, finalmente pudieron seguir adelante.

El gran Río Madre era un conjunto de agua inmenso.

Era un río que iba de norte a sur desde un lugar desconocido hasta un lugar que terminaba en el fin del mundo.

Se decía que nadie había alcanzado su final, pero el agua era infinita y daba vida a todo.

El ancho era bastante grande; normalmente, no era posible siquiera ver la otra orilla desde su lugar, pero Monarca recordaba que había una colina cercana que permitía vislumbrar el otro lado y encontrarse con una gran zona verde.

A veces, debido al frío, islotes de hielo hacían caminos que podrían ser atravesados.

Aunque no estaban en estos lugares en las temporadas más frías, Monarca también suponía que la superficie podría congelarse y dejar pasar a las personas.

Sin embargo, ¿quién querría estar en este lugar en pleno invierno?

Sin comida ni agua, sería simplemente suicidio.

En este lugar era donde, tras un trabajo arduo, finalmente habían llegado.

Monarca se paró en un tronco alto, mirando el río que se adentraba en el gran bosque y acababa en algún lugar lejano del sur.

Simplemente no se veía inicio y fin.

Uno entendía por qué el lugar era adorado.

Simplemente era impresionante.

Monarca entrecerró los ojos, pensando.

¿Qué sería si pudiera tener un barco?

Ya sea un velero o algún bote de fondo plano.

Se podría convertir en el amo de este lugar.

Claro, si no fuese si alguna especie de animal salvaje prehistórico gigante se come su barco a la mitad.

Si existían esas aves gigantes, ¿qué no permitiría que hubiera animales acuáticos más grandes?

Era bien sabido que los animales acuáticos siempre fueron más grandes que los terrestres.

Entonces, algún cocodrilo de 12 metros era posible.

Tras pensar que su posible bote era arrastrado al fondo por algún kraken, las ideas de tener un bote se alejaron de su mente.

Suspirando, Monarca miró a Leona a su lado, quien también veía el gran río con una especie de mirada nostálgica.

De hecho, ambos habían caminado por este lugar durante sus largos viajes, año tras año.

Era simplemente un punto de referencia que muchos nómadas reconocían.

Leona debería poder recordar su familia.

Los Alas Grises eran un grupo guerrero particularmente despiadado.

Sabían de grupos con más miembros, a menudo compuestos por grandes familias, con débiles y discapacitados que podrían cuidarse entre sí, pero a menudo, estos grupos eran considerados débiles entre las tribus.

Tribus de hasta 100 personas eran familias grandes y grupos unidos que podrían considerarse estables y grupos recolectores estables.

Mientras que grupos menores de 50 personas, como la tribu de Alas Grises, eran cazadores de grandes animales, constantemente cazando y arriesgándose.

Eran fuertes, pero ninguno parecía vivir mucho, y eran despiadados.

Monarca suspiró, preguntándose si había tenido suerte en nacer en una tribu tan despiadada.

Al menos, como fue sometido a constante presión desde pequeño, su cuerpo era bastante fuerte y no tenía problemas de salud.

Leona era lo mismo, pareciendo tener excelentes genes.

Monarca entrecerró los ojos.

Frotándose la barbilla, pensó.

¿Cómo podrían ser sus hijos si nacieran de ambos?

Sobre todo, con sus cuerpos siendo mejorados constantemente con Mano de Midas, ¿no tendrían pequeños superhumanos?

¿Debería comenzar a llamar a su raza como altos humanos?

Después de pensar en ideas peligrosas durante un rato, finalmente volvió a la normalidad, bajando del gran tronco.

Ahora su próximo objetivo era el gran bosque.

Eso significaba que el próximo viaje tendría que ser más cauteloso.

Ahora no solamente se toparía con animales salvajes; un encuentro con otros humanos era muy posible.

Lo malo era que la mayoría de humanos no eran tan agradables… Suspirando, Monarca miró a Leona, sintiéndose cada vez más ansioso.

En este mundo, el estatus y las parejas en tribus dependía de la fuerza.

Para una chica fuerte y capaz como lo era Leona, sin duda era una pareja prometedora.

El problema sería que la idea de un macho fuerte era la mejor pareja; sin embargo, tampoco fue que Monarca se sintió totalmente seguro de su alfaismo.

Tenían unos 14 años, ya se consideraban adultos y capaces de procrear descendientes.

Por lo tanto, Leona tenía toda la capacidad de decidir si tenía en un futuro una pareja o varias para tener descendencia fuerte.

Entonces, sinceramente sentía que si esto pasaba, sería realmente un desastre.

No era por nada, pero con tanto tiempo, era imposible no apegarse a esta chica salvaje y testaruda.

Si de pronto conseguía una pareja por ahí porque era fuerte, sobre todo uno de esos tipos gigantes con barbas peludas, lo hacía sentir incómodo por todos lados.

¿Qué es su cuerpo y la deje decidir lo que quiere hacer con él?

¡Bah!

Eso déjalo para un mundo futurista donde una ETS puede tratarse con pastillas, donde existe algo como un lindo plástico que te protege de todo y donde al menos tener varias parejas está mal.

Aquí, todo es salvaje y como los animales.

No quería tener que compartir su pareja con quién sabe qué mastodonte peludo.

Claro, era un miedo infundado, un miedo que llegaba desde lo profundo de su inseguridad y, extrañamente, todavía se sentía culpable, ya que supuestamente debería considerarse delito todo lo que pensaba.

Pero ¿qué podía hacer?

Leona volteó su cabeza, de pronto mirando a Monarca.

Ella lo miró confundida.

Este tipo, de pronto parecía ansioso por intentarlo, luego se volvió algo silencioso, cambió a preocupado, luego arrepentido y luego preocupado y estupefacto.

No sabía que una persona podría tener tantas expresiones a la vez.

[¿?] Ella hizo una expresión de pregunta, a lo que Monarca pareció volver de su caos mental.

Mirando a la chica salvaje que lo había acompañado durante este periodo de tiempo, finalmente suspiró.

Bueno, como fuese, lo que sucedería, pasaría incluso si no quería.

Sin embargo, tenía que esforzarse.

Tampoco era un pusilánime que no se arriesgaría.

Aquí el asesinato no era ilegal.

Si algún bastardo se le acercara, ¿por qué no clavar su lanza en la cara del bastardo?

¿Y si perdía?

Bueno, era una lástima.

Pero lucharía.

—[Leona]— Monarca puso una mirada seria, a lo que Leona lo miró con sus grandes ojos felinos.

Monarca respiró profundo y dijo: —[¡Protegeré nuestro amor!

¡Datebayo!]— *pac* Leona levantó su mano y le dio un sape a Monarca.

Ella no entendía lo que decía este tipo, pero de pronto se sintió insultada, así que lo golpeó con fuerza.

Monarca sintió su cabeza retumbar, volviendo a la realidad de su imaginación demasiado acelerada.

Frotándose la cabeza, sintiendo aún el dolor del sape, suspiró.

Oye… incluso en la antigüedad, las chicas se alejan de él cuando quiere ser romántico… Suspiró, ajustando su estado.

Miró el gran Río Madre, culpándolo por hacerlo entrar en este estado delirante típico de los hombres.

Es como sentarte al lado de una chica linda y de pronto imaginarte en su boda, con hijos, muerte trágica y un final de película.

En este caso, es el sentimiento paranoico de cualquier hombre con novia bonita que de pronto comienza una espiral de malos pensamientos sobre lo que pasaría si tu novia te engaña o algo por el estilo… La mente del humano es realmente compleja.

¿Por qué torturarse de esta forma uno solo?

Monarca suspiró, pero de pronto se sintió mucho más enérgico.

Sea como fuere, era obvio que tendría que pelear contra algunos bastardos a continuación… entonces, era mejor usar más Mano de Midas.

Leona miró desde un lado a Monarca, entrecerrando sus ojos.

Por alguna razón, se seguía sintiendo insultada.

Levantó la mano, preparada para golpear la cara tonta del tipo frente a ella, pero antes de hacerlo, un ruido sonoro llegó desde el sur.

Leona y Monarca voltearon hacia ese lugar, encontrándose con una escena espectacular.

Una manada de gigantes cuadrúpedos corrió a través de la orilla del Río Madre.

Con alturas de hasta 3 metros, con cuernos largos y fuertes que parecían poder destrozar rocas y sin duda eran más grandes que Leona o Monarca unidos.

Una manada de alrededor de 40 grandes bisontes corría cerca del Río Madre, bebiendo agua y pareciendo pasar el rato, viajando hacia el norte.

Monarca miró este grupo de monstruosas bestias que solo podrían pertenecer a la megafauna del periodo Pleistoceno.

Intercambió miradas con Leona y ambos llegaron a una decisión unánime.

—[¡Corre!]— Monarca gritó, yendo hacia el bosque, lejos de la orilla por donde sin duda pasarían esos gigantes cuadrúpedos que parecían elefantes.

Leona corrió a su lado, ambos sintiendo el sentimiento ominoso de la tierra temblar cuando esos tipos corrían felizmente y chapoteaban en el agua.

Pronto, ambos entraron en el bosque, corriendo detrás de los grandes árboles y alejándose de aquellos tipos, perdiéndose en las sombras.

Lo último que vio Monarca, fue como estos mastodontes golpeaban el gran tronco donde había estado parado no hace mucho y lo convertían en acerrín.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Votos y comentarios!!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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