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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 52

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52: Capitulo 52: Bosque peligroso.

52: Capitulo 52: Bosque peligroso.

Después de un largo rato, Leona y Monarca regresaron al espacio anterior.

Cuando ambos se pararon en la misma zona donde habían visto el río, el paisaje había cambiado en su totalidad.

El único paisaje era el del río inmutable, que no cambiaría incluso con los años, o el bosque a la derecha, río arriba de donde acababan de salir.

Pero por otro lado, todo lo demás había cambiado.

El tronco anterior se había convertido en astillas, el suelo cubierto de tierra y gravilla parecía haberse levantado, mientras que pozos tan profundos como cuencos aparecían en el suelo.

Más adelante, dos árboles jóvenes se derrumbaron, pareciendo haberse encontrado con hachas gigantes.

A esto, se dice “joven”, pero en comparación con los árboles centenarios a lo lejos, estos tenían un grosor del torso de un hombre adulto y deberían tener al menos varias décadas.

Aun así, fueron levantados de sus raíces o simplemente destrozados.

Monarca se acercó, mirando el suelo.

Con curiosidad, activó su vista de águila, observando las densas huellas que se dirigían hacia el norte.

Las huellas estaban marcadas claramente en el suelo, con tonos amarillentos que se dispersaban lentamente con el tiempo.

A su lado, Leona también miró las huellas, con una mirada alerta.

Esas cosas lanudas eran bisontes.

Monarca creía que eran alguna especie de antepasado del bisonte, con cuernos estúpidamente grandes, perfectos para hacer ese tipo de cuernos de guerra que aparecían en las historias de batallas antiguas.

Pero casi todo en esta época era grande, ¿no?

En todas esas historias de fantasía medieval con magia o lo que sea, siempre aparecen varios tipos de animales gigantes e increíbles.

En el futuro, tras el derretimiento de los glaciares y el aumento de temperatura global, muchos animales que vivieron en el periodo Pleistoceno solo podrían convertirse en alimento del suelo al no encontrar lugares para vivir y alimentarse.

La megafauna iría convirtiéndose en animales más pequeños, adaptados al calor, dejando solo algunos animales de los polos como descendientes de sus antepasados, usando el efecto de gigantismo polar para mantener sus tamaños asombrosos.

Pero en las zonas cálidas, estas especies que solo deberían aparecer en historias de viajes fantásticos se extinguirían.

Monarca sintió que, si algún animal pudiera lanzar alguna bola de fuego con la boca, entonces el mundo se convertiría en uno de fantasía medieval.

Como fuese, estas solo eran ideas vagas en su mente.

Por ahora, tenía que comenzar un nuevo viaje.

Monarca apuntó al suelo y luego al bosque.

Mirando a Leona, dijo: [Vamos.] Leona lo miró, luego miró el bosque denso.

Ella respiró profundo, finalmente asintiendo.

Ambos no entraron por primera vez detrás de la zona donde aquellos bisontes habían entrado.

Ellos podían tomar esta decisión imprudente al ser tipos grandes y fuertes.

Sin embargo, detrás de los monstruos gigantes y pesados con mucha carne, siempre existen algunas bestias grandes con colmillos y garras capaces de cazar a uno o dos, por lo que no los seguirían.

En su lugar, Monarca caminó a lo largo del bosque, finalmente encontrando la zona por donde deberían haber sobrevolado las arpías gigantes.

¿Cómo saberlo?

Fue bastante simple.

Solo había que seguir los rastros de destrucción y sangre en el suelo.

Aunque las aves volaban muy rápido y sus zonas de caza parecían ser muy lejanas una de la otra, la verdad era que sus rastros eran fáciles de distinguir.

El suelo a menudo estaba cubierto con las huellas de las bestias que escapaban en estampidas, tenía marcas de sangre dispersa y de vez en cuando aparecían huesos roídos.

Encontrarlos no era tan fácil, pero una vez que los encontraban y se usaba la vista de águila, entonces el rastro era bastante claro.

De esta forma, se hundieron en el bosque, intentando acelerar el paso, sin querer arriesgarse más de lo que ya hacían.

Claro, no caminaron sobre las zonas sangrientas.

Esos lugares deberían estar llenos de animales carroñeros, pero caminaron muy cerca.

Lo suficientemente cerca como para poder escapar de estos depredadores, manteniéndose en la zona donde los grandes animales no querían acercarse por un buen tiempo.

En el camino dentro del bosque, había dos cosas para seguir el rumbo sin desviarse.

El primero, era ese sonido del río madre que incluso desde una zona algo profunda del bosque podían oír.

En segundo lugar, era el rastro rojo amarillento que Monarca interpretaba cada vez que seguía el rastro de las águilas.

Aunque también Leona trabajaba duro.

Ella podía seguir rastros, ver huellas en las cortezas, olfatear olores raros.

Monarca incluso creía que podía oler el miedo… Ambos se adentraron en lo profundo del terreno.

Mientras lo hacían, miraron el bosque denso.

Cada árbol tenía un grosor de varias personas; incluso Monarca y Leona intentando abrazarlos no podían rodearlos por completo.

El suelo se había vuelto oscuro ante los doseles densos, con solo algunos rastros del brillo del sol atravesando entre las grietas.

Era una suerte que el bosque fuese mayormente de coníferas, pero aun así todavía había zonas tan cubiertas por árboles de hojas anchas y espinosas que convertían el suelo en una zona totalmente oscura, como una noche eterna.

Monarca siempre intentaba esquivar estos lugares, yendo siempre por donde pudieran estar bajo la luz del sol.

Aunque esto siempre se volvía complicado.

Así como ellos estaban interesados en navegar por estos lugares, otros animales también tomarían estas decisiones.

Por lo que fue bastante aterrador cuando Leona se detuvo en una esquina, acuclillándose y mirando el suelo.

En este lugar, una huella de pata felina, más grande que la palma abierta de Monarca, apareció medio enterrada en una zona fangosa.

Sin duda debía ser un tigre, y uno que era del mismo tamaño o mayor que el tigre siberiano.

Entonces, ambos volvieron a intentar acercarse más a la zona donde aquellas arpías volaron, pero aquí también se encontraron con otros animales que llegaron para comer las sobras.

No fue inesperado encontrarse de vez en cuando con algunos animales como ratas lanudas o los roedores que encontraron en las rocas tiempo atrás.

Estos parecían ser los que más comían sobras de este tipo.

Eran tímidos y se dispersaban cuando eran solo uno o dos, pero cuando eran grupos de varios, entonces podían verlos con avidez.

Leona parecía acostumbrada a esto, cuando se acercó a un árbol algo viejo.

Ella tomó una roca pesada y partió dos ramas con varias puntas afiladas, luego hizo que Monarca hiciera lo mismo.

Posteriormente, cuando se encontraban con estos pequeños grupos insolentes, levantaba sus ramas como si fuesen astas de venado y gritaba con amenaza.

Estas cosas se dispersaban aterradas.

Monarca se sintió muy interesado, siguiendo su ejemplo.

Era algo así como cuando decían que si te encontrabas con un oso, deberías intentar hacer mucho ruido o algo de eso.

También estaba el ejemplo de cuando te encontrabas alguna hiena y tenías que ponerte un pedazo de tronco en la cabeza para aparentar ser más grande.

Después de hacer esto, fue realmente fácil avanzar entre estos pequeños grupos de carroñeros.

Sin embargo, caminar mientras cargabas dos pedazos de ramas rotas era realmente cansado, por lo que tuvieron al menos que bajar el peso de ambas ramas.

Quitar algunos trozos quebradizos y dejar solo los más imponentes.

Monarca caminó mientras arrastraba las dos ramas detrás de él.

Mirando de izquierda a derecha, solo veía árboles y más árboles.

Aunque el sonido del río madre se escuchaba a lo lejos, siempre le gustaba tener cuidado para no perderse.

Leona a su lado también parecía bastante cuidadosa, aunque más con el medio ambiente circundante que otra cosa.

Este bosque era realmente peligroso.

Ambos solo lo atravesaban cuando estaban en el clan de alas grises.

Incluso así, en ese tiempo eran menores según el estándar del clan y se mantenían protegidos.

Pero ahora, solo podían guiarse por sus recuerdos vagos.

Como fuese, incluso siendo parte del clan, nunca se enteró de tal forma para asustar roedores.

Leona parecía saberlo como sentido común, pero Monarca no tenía ni idea.

Esto decía mucho de su existencia en el clan anterior.

Bueno, entre todo el grupo, normalmente él se mantenía bastante relegado y estaba en los niveles medio-bajos de la jerarquía.

Monarca suspiró mientras fingía ser un cervido y rugía a los pequeños roedores similares a hurones cabezones.

A su lado, Leona también estaba rugiendo, alejando a las pequeñas cosas.

Mientras hacían esto, Monarca notó que el número de estos pequeños animales parecía aumentar con el tiempo.

Aunque escapaban cuando ambos se acercaban, de alguna forma sentía que cada vez que se adentraban en el bosque, su número aumentaba.

Monarca se detuvo en su lugar, haciendo que Leona también lo hiciera.

Ambos se detuvieron en un pequeño espacio donde la luz iluminaba la zona.

Monarca entrecerró los ojos, mirando el cielo.

Apenas habían entrado al bosque después del mediodía.

Aunque llevaban caminando solo unas horas, ya se estaba haciendo tarde.

Sintiéndose algo preocupado y cauteloso, decidió asentarse en una zona más cerca del río madre que la zona rodeada de estos animales.

Entonces, le dio su idea a Leona, quien simplemente inclinó la cabeza, confundida.

Monarca suspiró, simplemente ordenándole alejarse de la zona sangrienta y acercarse más al río para descansar durante la noche.

Leona lo siguió en silencio.

Mientras lo hacían, Monarca sintió todas esas pequeñas miradas animalescas.

Por casualidad, activó su vista de águila, intentando ver si había algo raro.

Ya desde un momento se sentía raro, pero cuando realmente su vista cambió, todos los pelos se le pusieron de punta.

Docenas, cientos de pequeños puntos rojos, subidos en las copas de los árboles, ocultos en arbustos, subidos en los pinos y ocultos detrás de las rocas.

Todos tan rojos como la sangre, similares a pequeñas tachuelas que los rodeaban lenta pero constantemente.

Monarca desactivó su vista, no encontrando muchos animales, solo algunos a lo lejos que se suponía eran los que estaban asustando.

Leona lo miró confundida.

Se preguntaba: ¿Por qué este tipo de pronto parece tan cauteloso?

Monarca quiso limpiarse una gota de sudor de la frente, pero esta ya se había enfriado y secado ante el frío.

Activando su vista de águila otra vez, buscó el lugar con menos roedores, caminando hacia ese sitio.

Leona lo siguió en silencio, aún confundida pero obediente.

Solo sabía una cosa: Monarca casi nunca se equivocaba cuando se trataba de protegerse, entonces silenciosamente caminó detrás de él.

Solamente cuando llegaron a un nuevo claro, donde aquellos animales ya no estaban, finalmente suspiró.

Con las rodillas algo suaves, se arrodilló en el suelo.

[e-Eso fue… realmente aterrador.] [¿Aterrador?] Preguntó Leona.

[Mucho miedo.] Expresó Monarca.

Leona sabía del miedo, pero “mucho”… ¿eso era más?

Ella frunció el ceño, mirando hacia atrás.

No parecía haber nada raro.

Monarca negó con la cabeza.

Levantándose del suelo, dijo: [Te lo explico más tarde.

Por ahora, descansemos.] Monarca miró hacia el cielo, el cual se volvía lentamente sombrío.

Mirando el bosque a su alrededor, sintió que si no quería terminar convertido en algún bocadillo nocturno, entonces tendría que comenzar a hacer los preparativos de un refugio.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Antonio_Martines Voten con esas piedras y comenten!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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