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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 54

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54: Capitulo 54: Soy un genio!

54: Capitulo 54: Soy un genio!

El día siguiente llegó rápido y Monarca abrió los ojos tras haber dormido solo un corto periodo de tiempo.

Al despertar, lo primero que hizo fue revisar el estado de sus supuestas pieles.

Pensó que tal vez podría hacerse un par de bolsos peludos con esas cosas; sin embargo, lo que apareció ante él fueron simplemente dos pedazos de tablas hechas de piel dura.

La comisura de su boca se torció.

Tomó el pedazo de piel que había mejorado con Mano de Midas, esperando algún milagro, pero como resultado solo obtuvo un trozo rígido y casi acartonado.

Bueno, era ligeramente flexible y no parecía tan cocido, pero en absoluto era lo que esperaba.

Leona tomó el otro pedazo, quitando el barro embarrado en la piel.

Pero mientras lo limpiaba, los mechones de pelaje adheridos a este iban cayendo más y más, convirtiendo la pieza en una piel calva, con solo algunos trozos de vello fino.

Sin duda había sido un desastre.

Monarca sacudió su tabla, dispersando el barro y el polvo, dejando atrás solo una piel rígida con un aroma ahumado.

Leona también la observó, confundida.

¿Por qué esa cosa parecía un pedazo de corteza?

Sus ojos lo decían todo.

Monarca también se hacía la misma pregunta.

Era obvio que su método de intentar acelerar el proceso de curtido había fallado, pero… Golpeó un poco el pedazo de piel endurecida en su mano y sintió que tal vez no era un resultado tan malo.

La golpeó un par de veces contra un tronco, dispersando el barro y el pelaje restante.

Tras medio limpiarla, la puso contra su pecho.

No era un pedazo grande, pero ¿podría servir como una especie de protector?

Se acomodó la piel de forma que quedara horizontal sobre su torso, cubriendo parte del pecho, el estómago y parte de los hombros.

¿Podría funcionar como un peto de cuero?

Sintiendo que podía aprovecharlo, decidió detenerse un momento en ese lugar.

Con ayuda de Leona, se sentó para cortar los bordes de la piel que se habían cocido demasiado o no habían quedado protegidos por el barro.

Luego tomaron unas piedras planas y rugosas para quitar la carne y grasa restante, puliendo la pieza.

El trabajo fue duro, pero Monarca sentía que valdría la pena si eso podía protegerlos.

Para cuando el sol subió un cuarto en el cielo, ambos tenían ante sí dos pedazos de piel toscos pero bastante más refinados.

Aun así, Monarca no terminó ahí.

Caminó hacia el pino que había golpeado el día anterior.

Con su daga abrió el agujero previo y comenzó a desangrar el árbol.

Una cantidad abundante de savia salió al instante.

Monarca utilizó un palo largo para esparcir la savia a lo largo de las pieles, por un solo lado.

Recordaba que podía ser irritante, así que no quiso exagerar.

Tras eso, era obvio que tendrían que dejar secar los petos durante mucho tiempo… Pero Monarca tenía un truco.

Tomó su peto, lo aplastó contra su pecho y lo aseguró con cuatro cuerdas para moldearlo a su cuerpo.

Luego colocó la mano encima y usó Mano de Midas.

El objetivo era simple: **“Secado rápido.”** Podía hacer cosas increíbles con esa habilidad, desde mejorar frutas hasta afilar dagas o fortalecer cuerpos, pero rara vez aplicaba algo tan sencillo.

El efecto se mostró de inmediato.

La savia se volvió un pegamento sólido en segundos; su brillo húmedo se volvió opaco.

Monarca lo golpeó ligeramente y comprobó que la pieza se había endurecido como tabla.

Se quitó el peto y observó su forma: había quedado moldeado a su torso.

No era particularmente musculoso, pero la línea del pecho y los hombros estaba ahí.

Era bastante impresionante.

Se acomodó la chaqueta, luego se ató el peto improvisado y finalmente se colocó su capa de pieles.

Moviéndose un poco, sintió que realmente estaba más protegido.

Aunque aún faltaba algo para cubrir la espalda… pero había muchos de esos pequeños animalillos carroñeros por la zona.

Tal vez podían conseguir más.

Leona observó su pecho endurecido con interés.

Lo pinchó con un dedo, luego dio una palmada y un pequeño puñetazo.

Monarca sintió el empuje, pero no el dolor, mientras ella retiró el puño con molestia.

—¿Qué tal?

¿Increíble, no?

—presumió Monarca.

Desde el principio no quería ningún bolso con forma de animalito.

Su verdadero objetivo era una armadura dura.

Monarca se rio en su cabeza, orgulloso.

Leona, viendo cómo sonreía como un idiota, se preguntó si el hijo del dios habría sufrido algún ataque divino.

Pero luego vio el otro pedazo de piel y sus ojos se iluminaron.

Empujó a Monarca para hacerlo reaccionar.

Notando lo que ella quería, él se apresuró a crear un peto para ella también.

Sin embargo, se toparon con un problema imprevisto.

Monarca podía usar su armadura sin preocuparse por crecer… pero Leona estaba en pleno crecimiento adolescente.

En otras palabras: su pecho estaba empezando a desarrollarse.

Normalmente usaba un sujetador de piel que él mismo le había hecho, pero estos meses ya le quedaba ajustado.

Y cuando apretaron el peto en su pecho, Leona casi no podía moverse bien.

No la ahogaba, pero había pasado de tener agilidad a quedar rígida, y eso podía impedirle correr, cazar o trabajar.

Así que Monarca tuvo que ajustar primero el sujetador.

No era solo aflojar los hilos traseros; lo importante era aumentar la separación frontal, modificar la forma y cómo se ajustaba al contorno.

No es que hubiera crecido mucho, pero igual requirió un trabajo delicado… y varias miradas de advertencia de Leona.

Finalmente, ella se fue detrás de un pino para probárselo.

Tras mover los brazos, parecía satisfecha.

Luego volvieron al peto.

Esta vez lo ajustaron, pero pensando en su futuro crecimiento, Monarca decidió no moldearlo exactamente a su pecho.

En su lugar colocó una almohadilla para dejar un espacio mayor.

Claro, no hizo algo ridículo como ponerle dos bolas sobresalientes como armaduras femeninas exageradas de fantasía.

Siempre pensó: si una armadura femenina tuviera dos abultamientos separados, ¿no serían más fáciles de cortar con una espada?

¿O abollar con un arma contundente?

En los animes se ve sexy, pero en la vida real era completamente inútil.

Lo mejor era sobresalir un poco la parte superior, como una cabina, y dejarlo sencillo.

Usó Mano de Midas y endureció la pieza.

Quitaron la almohadilla, y Leona se lo probó.

Realmente le quedaba bien y parecía cómodo.

Siendo más pequeña, la armadura la envolvía mejor y tenía más protección.

Monarca se revisó y luego a Leona.

Ambos estaban satisfechos con sus nuevos petos, así que recogieron sus cosas y continuaron su camino.

Monarca guardó las brasas en su botella y tomó algo de savia en un plato pequeño, preguntándose si podría tener más usos.

Tras no querer dejar el árbol enfermo o vulnerable, selló el agujero con un poco de savia endurecida.

Agradeció al árbol y se marchó.

Ahora ambos tenían petos nuevos.

Mientras se alejaban, se dirigieron hacia la zona donde estaban los pequeños carroñeros.

Todavía necesitaban protección para la espalda… ¿y qué había de una pieza para estómago y espalda baja?

Monarca comenzó a imaginar su **armadura de urón antiguo Mark 1**: espinilleras, guantes, hombreras… tal vez un casco con cara de roedor.

Aunque, ¿cuántos animalillos necesitaría?

Sería demasiado trabajo.

Mejor centrarse en el peto por ahora.

Mientras caminaban, notó que Leona estaba callada.

Al girar, la encontró mirando con curiosidad un pequeño objeto de madera con palillos blanquecinos.

¿Eh?

¿No era ese su peine?

Apenas lo recordaba.

La emoción del peto le había hecho olvidarlo.

—Uh, eso es… No alcanzó a terminar cuando Leona entrecerró los ojos y escondió el peine detrás de su espalda.

—Es mío —dijo.

Monarca suspiró.

—Oye, eso es un peine.

—Sé lo que es.

Leona adoptó una expresión presumida mientras movía el peine y luego lo pasaba por su cabello.

Obviamente sabía para qué servía.

¿Cómo?

Monarca la miró sorprendido, así que ella sonrió satisfecha.

—Anbha, Ala Gris tener.

Parpadeó.

“Anbha”… ¿no era un nombre de su antigua tribu?

Y “Ala Gris”… ¿no era la mujer más fuerte de su grupo?

Como la segunda al mando del clan, después del líder.

Recordó que ella tenía algo similar.

No tan bueno como el suyo, pero definitivamente ya existía algo así en su mundo.

Por eso Leona estaba tan ansiosa por quedárselo.

Si la líder del clan tenía uno, ¿por qué ella no?

Monarca la vio tan apegada al peine que finalmente cedió.

—Como sea, quédatelo.

Podía hacer otro después.

Leona sonrió de inmediato.

Ambos continuaron su camino adelante.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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