Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 57
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Capítulo 57: Capitulo 57 ¡Pero yo no soy un grande!
En ese instante, Monarca maldijo.
Bueno, era obvio que en este tipo de bosques, tras varios días de que aquellos pájaros enormes hubiesen cazado un gran número de presas, tarde o temprano se verían nuevos depredadores encontrando estos campos de caza abundantes en presas.
Supuso que esto llevaría al menos un par de meses; sin embargo, siempre existen aquellos animales más listos o afortunados que encuentran un buen camino en la salvaje naturaleza y tienen la fortuna de llegar primero.
En ese momento, Monarca y Leona saltaron a través de un gran arbusto.
La mancha marrón naranja que los seguía por detrás soltó un rugido abrumador.
Monarca maldijo su suerte.
Y la maldijo más cuando miró hacia adelante, preguntándose por qué su salto había durado tanto.
Ah, había caído por una pendiente.
—Maldita suerte.
Maldijo cuando finalmente ambos, Leona y él, golpearon el suelo y, con esa inercia, comenzaron a rodar cuesta abajo.
El golpe sordo en la espalda le hizo expulsar todo el aire de sus pulmones; los choques contra las rocas lo hicieron gemir, pero aun así intentó hacerse una bola lo mejor posible, cubrir su cabeza y evitar la mayor cantidad de rocas posibles.
La pendiente no fue tan alargada; tras una docena de segundos habían llegado al final, pero su mente daba vueltas como si acabara de pasar a través de una licuadora.
El rugido volvió.
Sus pupilas se dilataron y se apretaron en un par de segundos.
Aquel sentido cálido en su corazón bombeó y lo calmó por la fuerza.
Se levantó del suelo con su lanza aún en la mano.
Cuando miró hacia atrás, se encontró con aquel felino maldito.
Con una expresión mitad aterrada y mitad salvaje, tomó el arma en sus manos y gritó con la garganta ronca y los pulmones retumbantes:
—¡Ven aquí! ¡Perro!
—
Después de haber dejado de lado las manchas de sangre del bisonte asesinado, Leona y Monarca continuaron el camino cerca del gran río madre hacia el norte.
Los primeros dos días estuvo como de costumbre, algo peligroso pero pacífico.
Se encontraron con un ataque de un castor salvaje del tamaño de un perro, pero Leona lo asesinó con un golpe potente de su nuevo garrote.
Monarca no lo había modificado en absoluto; solamente le había quitado la parte blanda de queratina a su alrededor, lo que hizo que de pronto pudiera caber mucho mejor en la mano de Leona.
De hecho, el hueso ya parecía casi una base tosca de bate de béisbol, por lo que Monarca estuvo pensando en darle esa forma lentamente.
Solamente le agregó una simple agarradera de liana en la base para mejor sujeción; esto fue suficiente para que una violenta Leona lo tomara como el mejor arma.
Aquel castor dientón del tamaño de un perro solo pudo morir con una abolladura en la cabeza.
Entonces, claro, lo despellejaron y convirtieron en comida.
Fue algo afortunado y desafortunado a la vez.
Pareciese que el olor sangriento en un bosque lleno de animales podría ser algo que atraiga algunas bestias hambrientas. ¿No es increíble?
Bueno… así pasa.
Para el tercer día, ambos sintieron que algo parecía estarlos siguiendo.
No fue difícil encontrarlo: ese sonido de ronroneo, pisadas en el suelo y, claro, su vista de águila le dijeron lo suficiente.
Ambos intentaron ahuyentar al animal con fuego y ruido; sin embargo, ese bastardo parecía demasiado hambriento.
Al final, de forma amable, ambos dejaron colgada toda la comida que no podrían cargar en un árbol y esperaron que aquel tipo se distrajera para evitar que los persiguiera.
Mala idea: eso pareció darle más energía para perseguirlos.
Entonces llegó el momento, hace unas horas.
El maldito tigre, con una dentadura bastante familiar, bajó por la ladera a gran velocidad.
Parecía ser un pariente del tigre dientes de sable, puesto que su dentadura era muy similar, con esos colmillos familiares.
Sin embargo, su tamaño era mucho menor.
Tal vez un tigre dientes de sable pigmeo, pero, como fuese, aunque tuviera el tamaño de un jaguar, seguía siendo un maldito animal aterrador.
El cuerpo era café algo anaranjado, su cola era pequeña y sus patas anchas y cortas; era de apariencia maciza y corría a gran velocidad.
Antes de que pudiera terminar de maldecir, el felino había llegado.
¡Rugido!
Con un movimiento violento, se lanzó hacia su primera presa, que era él.
Monarca había visto a Leona acabar mucho más lejos que él, por lo que al menos esto era una verdadera suerte para ella.
Con un golpe, la lanza apuñaló hacia adelante.
Las manos de Monarca estaban firmemente apretadas sobre la madera, su corazón bombeaba sangre a todo su cuerpo y solo deseaba que aquel efecto de tiempo bala que le había ocurrido a sus ojos en ese escape de las arpías se activara de nuevo.
No sucedió.
La punta afilada chocó contra el hombro del felino, dejando una raya marcada en el pelaje.
Su cuerpo pequeño le dio una gran agilidad que la usó contra él.
Entonces abrió su boca, cubierta de dientes afilados, e intentó morderlo.
Monarca interpuso la lanza entre ambos.
El felino mordió la lanza, con sus patas gruesas como guantes apretándose contra su hombro y pecho.
—¡Aah!
Las garras atravesaron la piel de una zona en su hombro; por otro lado, la otra pata arañó su peto, pero, aparte de clavarse en el cuero, no dañó el interior.
En ese momento, Monarca se alabó tanto a sí mismo por haberse detenido a hacer tal artículo.
La cabeza del tigre apretó la lanza y la movió de izquierda a derecha con violencia.
Monarca estaba en un punto muerto, no sabiendo bien qué hacer.
Al final, apretando los dientes, empujó hacia adelante.
El tigre pequeño corría a cuatro patas, él en dos. Rápido ganó la competencia de empujes cuando embistió al animal hacia atrás y luego al suelo.
El polvo se levantó y el tigre chocó contra una roca; sin embargo, su cuerpo ágil le dio ventaja y, antes de ser abordado por Monarca, se levantó del suelo.
Sacudiéndose, pareció que el golpe contra la roca le dolió, aunque con su pelaje no se vio si tenía un daño en la piel.
Monarca apretó la lanza de nuevo.
Se quitó la mochila y la arrojó a un lado.
En momentos normales, la mochila podría ayudarlo, pero ahora, con todo ese peso, solo sentía que lo ralentizaba.
Sin el peso detrás de él, volvió a gritarle al tigre.
—¡Vamos! ¡Ataca!
El tigre pigmeo no debía medir más de 80 cm de alto y de largo no menos de 120 cm, pero aun así era realmente fuerte.
Con un golpe, este se lanzó de nuevo, esquivando de izquierda a derecha, intentando atraparlo desde un flanco.
Monarca intentó detenerlo; tenía dos preocupaciones.
La primera era ser mordido o tumbado por tal animal.
La segunda era que se diera la vuelta e intentara atrapar a Leona, que estaba por detrás, por lo que solo pudo ponerse delante de este y seguirlo instigando.
Su respiración era pesada, su corazón latía a mil por segundo.
Intentaba recordar toda la información de combate que tenía, pero, aparte de pensar en hacerte el muerto y esperar que el oso no te coma porque está demasiado lleno, no tenía otra idea para luchar contra animales salvajes.
¿No era la norma que estos tipos cazadores solo buscarían alguna presa fácil y evitarían dañarse lo más posible?
Si ya les habían dejado comida, eso significaba que debería haberse calmado, pero terminó en que les quería dar caza.
Ese tipo de instinto sangriento solo se daría con algunos animales más inteligentes y sanguinarios.
Como los delfines, algunos chimpancés y ciertos gatos.
Espera, ¿este tipo estaba jugando con ellos?
Monarca miró a los ojos rasgados del tigre ante él.
Ciertamente no pudo ver nada, pero por alguna razón sintió que el otro lado parecía bastante entretenido con el ir y venir de ambos.
De pronto lo entendió.
Pero, al entenderlo, no lo alivió, sino que lo hizo sentir una gran sensación de ira.
—¿Quieres jugar, gato puto?
Por primera vez desde que llegó a este mundo, Monarca sintió que algo lo había hecho enojar de tal manera.
Entonces, con una expresión amarga, gritó:
—¡Ven aquí, cabrón! ¡Te mataré!
Entonces Monarca pateó el suelo y levantó una capa de tierra hacia la cara del tigre.
Este lo esquivó por poco, pero Monarca ya se había lanzado con la lanza, intentando golpearle el pecho.
La punta atravesó la carne y, con un rugido y un movimiento, el tigre intentó alejarse.
La visión de Monarca se llenó del tono azul de la visión de águila.
Las marcas de los alrededores se volvieron increíblemente claras y el rojo llameante del tigre quedó tan claro como el sol.
Cada paso, el aliento dejado atrás, las pequeñas gotas de sangre que se dejaban caer… Monarca las miró con suma claridad.
Entonces la lanza abrió una gran rajadura en el hombro del tigre y se clavó en el músculo de su lomo.
El tigre rugió con dolor y ferocidad.
Con un golpe, se desentajó de la punta afilada y se lanzó hacia Monarca.
Este interpuso la lanza de nuevo, pero el tigre parecía ya esperarlo.
Esta vez no mordió la lanza de forma estúpida, sino que levantó el cuello para morderle el rostro.
Monarca dio un paso atrás; la lanza quedó apenas apretando el cuello del tigre, golpeando su cuello musculoso hacia atrás.
Sus garras chocaron contra sus hombros y pecho, pero, aparte de dejar surcos blancos por donde estaba la savia, realmente no lo atravesaron.
Lamentablemente, no fue todo fortuna: en sus hombros desprotegidos no tenía tanta protección, por lo que esas garras realmente abrieron la carne, extrayendo su sangre y dejándole un gran dolor ardiente.
En un instante, Monarca maldijo.
Su pierna pisó una piedra que se tambaleó y su postura firme en el suelo terminó.
De pronto ambos cayeron al suelo.
Disculpen que me haya tardado tanto en publicar. sinceramente no me gusta como se corrijen los capitulos. Chat gpt me borra mucho texto que aveces si puede ser irrelevante pero en otras ocaciones quita lo que yo quiero dejar en el texto, pensamientos, exclamaciones, actos. Pasamos de una escritura que considero interesante a algo totalmente robotico, un resumen.
Estuve buscando formas de arreglar esto, pero el resultado fue nulo. oye, quien sabe, capaz y hay una opcion donde se puede correjir solo texto y puntuacion, ya que incluso si le digo al chat que solo corrija estos dos puntos, me sigue cortando cosas. como sea. siento que dejarlos sin capitulos a esos pocos que leen esto, es una pena, asi que seguire publicando, almenos tengo los borradores y si luego encontramos otro corrector, sera bueno rehacerlo.
Por cierto, buen inicio de año a todos!
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