Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 58
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Capítulo 58: Capitulo 58: Muerte, encuentro.
Monarca sintió el golpe en su espalda; de pronto, una gran boca con dientes afilados se abrió ante él e intentó morderlo.
El olor a pescado desagradable, el aliento caliente y el rugido gutural del fondo de la garganta.
Con la adrenalina a tope, levantó la lanza, haciendo que el tigre mordiera una vez más el mástil.
*¡Crrujido!*
De pronto, las astillas se formaron en los relieves de la lanza.
Las pupilas de Monarca se contrajeron y temblaron.
Se suponía que este artículo era madera pura; sin embargo, llevaba tanto tiempo mejorándolo con mano de Midas.
Se suponía que para este momento debería ser tan fuerte como un trozo de metal, pero aun así resultó dañado.
¿Cuánto poder de mordida tenía este animal?
Por suerte, parecía que el maldito felino no era invencible.
Tras morderlo, pareció sentir una sensación desagradable y abrió la boca.
Monarca miró cómo un colmillo quedaba clavado en la madera, causando un gran dolor al tigre.
En cierta forma, fue el primer daño real hecho hacia el gato; para su mala suerte, el dolor pareció despertar aún más su ferocidad.
Las garras se clavaron en su piel; Monarca apretó los dientes mientras sentía el dolor, intentando empujar al gato encima de él.
En este caso estaba en desventaja: el otro lado caminaba a cuatro patas y estaba acostumbrado a hacer esto, mientras que él estaba de espaldas.
Realmente era desafortunado.
Con la lanza crujiente, la levantó para protegerse, pero el tigre dejó de apuntar a su cuello y miró hacia sus piernas.
Monarca sintió un escalofrío.
Ya no lo dudó.
Tomó su daga de colmillo de jabalí y, sin pensarlo, se lanzó contra el tigre.
Aunque en un combate cuerpo a cuerpo él perdía, siempre era mejor eso a que le mordieran una pierna.
Podía sanar un arañazo y podía vivir con un brazo faltante, pero si lo que le sucedió a la lanza le sucede a un hueso de su pierna, será su final.
Con la daga en la mano, abrazó el cuello del tigre y detuvo los arañazos con el tosco escudo de su brazo.
El mundo dio vueltas; el dolor en piernas, espalda y brazos era desagradable, ya que chocaba contra rocas, ramas y demás.
La pelea se convirtió en un tira y afloja.
Usando la daga, apuñaló el cuello, pero este estaba lleno de músculos duros que apenas y le dejaron marcas sangrantes.
La sangre goteó por el suelo, suya y del tigre.
Podía ver su pelaje denso y esponjoso con claridad: los bigotes, sus orejas puntiagudas, sus pupilas ámbar que lo veían con intención asesina.
Sacudiéndolo de izquierda a derecha, fue arrastrado de un lado al otro sin parar.
El experto en combate no era Monarca y pronto comenzó a perder.
Dejó de lado intentar apuñalar al tigre y simplemente lo abrazó, intentando hacer una especie de llave que lo detuviera y cansara.
Segundo tras segundo, minuto tras minuto.
Sus músculos dolían y se sentía acalambrado.
Lentamente, aunque no quería, la fuerza del tigre comenzaba a ganar y era cada vez más difícil sostenerlo.
Monarca sostuvo la daga con fuerza, solo esperando que cuando cayera pudiera meter la daga en la boca del tigre, tal vez asesinándolo de una vez.
Entonces, un grito familiar se escuchó desde el costado.
Monarca exhaló con alivio, tanto que casi se soltaba; sin embargo, se contuvo y, usando el rastro de energía que aún tenía arrastrándose desde su corazón, volvió a apretar con fuerza al maldito felino.
En ese instante, la figura de Leona llegó corriendo.
Sosteniendo su daga, se lanzó sobre la espalda del tigre e imitó la postura de Monarca, enredando el cuerpo de este con sus piernas.
De pronto, el maldito felino había sido atrapado desde los dos lados.
Por primera vez, Monarca sintió haber visto algo de pánico en los ojos del gato.
Monarca también se volvió feroz.
Apretando la daga, la clavó en el lomo del tigre pigmeo.
Por otro lado, Leona fue más feroz, apuñalando la cara del tigre.
Con Monarca sosteniéndolo con firmeza y Leona apuñalándolo con furia arrasadora desde arriba, el tigre hijo de perra solo pudo continuar cayendo.
Entonces, la daga de Leona finalmente alcanzó un punto vital.
La daga alcanzó el ojo del tigre y se incrustó profundamente en su cuenca.
*¡Rugido!*
El tigre soltó un alarido doloroso y agonizante.
Agitó su cabeza, pero Leona sostuvo la daga y la continuó incrustando cada vez más profundo en su ojo.
Monarca también tuvo una oportunidad.
Usando su daga, la apuntó desde abajo y la incrustó en el esófago con todas sus fuerzas.
El corto espacio que tuvo para moverse fue suficiente para rebuscar entre el pelaje, saltarse el músculo y tendones, apuñalando el esófago con fuerza.
Realmente habría querido buscar la arteria, pero ¿quién podría encontrar algo así en solo unos segundos?
La daga se clavó en lo profundo del cuello, con casi una docena de centímetros entrando en la carne dura como caucho.
Cuando la sacó, salió un chorro de sangre que le golpeó la cara y el pecho.
Monarca no aflojó de principio a fin; fue testigo de primera mano de cómo el tigre feroz continuaba perdiendo su vida paso a paso.
Uno podría pensar que apuñalar el ojo de un animal podría asesinarlo en un instante, pero la realidad es que llegar al cerebro desde la cuenca ocular es algo complicado. Hay una gran capa de músculos densos que mantienen una protección del interior.
Normalmente, Leona, con su cuerpo pequeño, habría sido arrojada hacia un lado tras un rato, pero el tigre seguía debilitándose, por lo que pudo continuar buscando el paso.
En un punto, la daga, que no había avanzado más, se incrustó finalmente hasta la base.
—¡Grrauu!
Un gemido raro salió de la boca del tigre; su cuerpo se endureció, convulsionó y entonces su cuerpo se ablandó.
Con un sonido pesado y húmedo, las tres figuras cayeron en el lugar.
Un muerto y dos exhaustos.
Monarca sintió de pronto un cansancio tan abrumador que lo consumió como si acabara de correr un maratón.
Solo en ese momento miró a Leona.
Esta estaba increíblemente cerca de él; si no fuese por una cabeza de tigre que se interponía entre ambos, habrían chocado sus rostros.
Dos pares de ojos se miraron por un tiempo, inesperadamente cerca.
Entonces Monarca notó que había una línea de sangre corriendo por la frente de Leona.
Eso venía desde la parte superior de su cabeza.
Parecía que mientras estaban cayendo y rodando, ella se golpeó la cabeza con alguna roca.
Esto era realmente malo; podría tener una contusión, y si tenía algún coágulo o algo similar en su cabeza, entonces sería realmente problemático.
Estirando su mano débil, la subió hasta tocar la mejilla de Leona.
Sus dedos estaban manchados de sangre, dejando líneas rojas en su mejilla, que era inesperadamente suave y delicada. Solamente sentía un ligero rugor donde tenía su característica cicatriz que estaba desde sus labios hasta su mejilla, pómulo y su sien izquierda.
No pudo evitar apretar un poco más la mejilla, sintiéndose realmente reconfortado.
Era suave y delicado. ¿Por qué nunca lo había notado antes? Era realmente la delicadeza de una chic…
*¡Pac!*
Entonces lo recordó.
El dolor en su mejilla, la mano manchada de sangre y los ojos que lo miraban como el tigre ahora muerto lo había visto no hace mucho tiempo.
Sintiendo esa sensación cálida de la bofetada en su mejilla y la sangre aún caliente del tigre en su cara, lo hizo recordar por qué no había hecho eso normalmente.
Sin dudarlo, apartó la mano de la mejilla suave. Solo entonces recordó que había querido curar la herida en la cabeza.
Tal vez era el cansancio y las heridas en su cuerpo lo que lo volvió estúpido por un segundo.
Sí, era eso.
En ese momento, Monarca sintió una extraña calidez que caía desde el cuerpo del tigre.
Frunció el ceño, pero pensó que debía ser la sangre del tigre.
En ese momento había pensado en moverse, pero algo extraño ocurrió.
El lugar se silenció de pronto.
Monarca activó su vista de águila cuando su cuerpo se congeló.
Leona también se volvió alerta; casi podía notar que su cuerpo se tensaba como la cuerda de un arco.
Ambos voltearon hacia un punto en específico, encontrándose con un grupo de alrededor de doce caminantes.
El de más adelante sostenía una enorme lanza larga con un casco con apariencia de algún cuervo.
Había varios hombres detrás de este, con algunas mujeres hasta el fondo del grupo.
Entre el grupo de mujeres y hombres cargaban lo que parecían ser dos jabalíes medianos.
Cuando los dos lados se vieron, de pronto una alerta increíble se activó entre ambos.
Leona se levantó de su lugar y Monarca apartó el cuerpo del tigre con todas sus fuerzas.
Ante su alerta, esa energía siempre infinita que llegaba desde su pecho se activó de nuevo.
Bendita voluntad humana, pensó Monarca, cuando se levantó del suelo como si no hubiera sido nada.
Sosteniendo la lanza del suelo no muy lejos de él, se paró junto a Leona, ambos en total alerta ante el peligro desconocido.
Monarca maldijo.
Sabía que podrían encontrarse tarde o temprano con otros humanos; era obvio por el camino que estaban tomando. Sin embargo, no esperaban que esto pudiera ser tan pronto.
Sinceramente, esperaba encontrarse con un gran grupo y luego pasar desapercibido, no en una situación en la que estaban obviamente en desventaja.
Leona y Monarca activaron todas sus defensas ante el peligro; sin embargo, no sabían que, para el otro lado, sus apariencias también eran chocantes.
Dos jóvenes adultos se paraban con miradas agresivas, cubiertos de sangre chapoteante, una lanza medio rota y pequeños puñales en las manos, pero lo más llamativo fue el tigre que tenían debajo de ellos.
Por las marcas y la forma en que los encontraron, era obvio que estos dos jóvenes habían asesinado a un tigre comehombres que un par de cazadores fuertes no podrían vencer con facilidad.
De esta forma, el primer encuentro de los dos jóvenes abandonados y un grupo de otros humanos finalmente llegó.
Votos y comentarios porfavor!
Oigan, ¿qu´e piensan del encuentro? ya ten´ia una idea de la historia hasta esta parte, pero no tengo idea de lo que podria suceder mas adelante. Quiero decir, todos hablan un idioma raro y solo Monarca habla español, Leona va aprendiendo y hay mas texto, pero con nuevos personajes me causa una duda de como desarrollarlo.
¡ayuda!
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