Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 60
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Capítulo 60: Capitulo 60: Extraño primer encuentro (fenbul)
El lugar al que llegaron fue una zona densa con cientos de tiendas acumuladas.
Lo que Monarca notó primero fue un olor peculiar.
Bueno, olía a humano y a todos los restos que tendría un hábitat como este.
No podría decirse que apestaba, pero sin duda era peculiar.
Su grupo se adentró a través de una esquina.
Las tiendas se dividían en distintos grupos, algunos muy alejados los unos de los otros, mientras que algunos grupos estaban muy cerca.
Mientras Leona y Monarca caminaban entre algunas tiendas, los ojos de varias personas se fijaron en ellos y en el tigre colgante de la lanza.
Monarca se sintió algo incómodo ante las miradas; sin embargo, no podía simplemente encogerse de hombros. Recordando el ambiente violento de este lugar, se levantó con fuerza y la espalda recta, así como dirigió una mirada penetrante a quienes salían de curiosos a su alrededor.
Leona ya estaba haciendo eso, caminando de forma orgullosa mientras enseñaba los dientes.
Ante su reacción, algunos hombres y mujeres siguieron de largo, pero también estaban quienes parecían ansiosos por intentarlo.
Una presa como un tigre es algo bastante valioso.
La piel, el cráneo, el corazón y la carne son muy útiles.
Monarca juraría que en su tribu anterior, con los Alas Grises, el líder usaba el casco de un tigre de dientes de sable y lo usaban para algunos rituales de valentía.
Monarca solo recordaba que todos olían un humo raro y se emocionaban.
¿Tal vez eso era droga?
Negando con la cabeza, despertó de sus recuerdos.
Su grupo llegó junto a una zona de carpas densas. En este lugar, cuando el líder de los Cuervos Blancos se paró, varias tiendas se abrieron y lo recibieron con vítores y gritos.
Monarca se dio cuenta apenas. Este lugar parecía que era el punto de reunión de la tribu de cuervos.
Monarca se sintió algo aturdido al ver a tantas personas.
De pronto, casi unas cien personas con ropas de pieles de todo tipo salieron de varias tiendas y chozas, hablando y vitoreando.
Monarca y Leona se detuvieron en la entrada, mirando tal escena con precaución.
Habían visto todo el campamento; no deberían haber más de mil personas reunidas.
Eso era porque ya era el final de la gran reunión; antes deberían haberse ido muchas pequeñas tribus y, cuando las tribus grandes se alejaron, entonces otro gran número de personas se fue.
Estos solo eran los restos dispersos de muchas fuerzas.
Sin embargo, una tribu de más de cien personas seguía siendo bastante.
Es decir, la tribu de Alas Grises tenía a lo mucho treinta personas.
Monarca activó su vista de águila, revisando alrededor del lugar.
Encontró muchas figuras amarillas y con tonos rojos tenues; no representaban amistad o enemistad, por lo que estaban en un limbo extraño.
Mientras veía alrededor, Monarca notó algo raro.
Aunque Leona detrás de él era amarillo casi dorado y Bed-lana era un amarillo normal, encontró un brillo diferente en sus amarillos.
Podría decirse que era el aura.
Leona tenía un brillo bastante familiar, pero, aunque el dorado era claro, no era tan brillante como Bed-lana, la cual era simplemente amarillo normal.
Confundido, miró alrededor, notando muchas diferencias.
Lo acababa de notar solo ahora con la ayuda de ver muchos tipos de auras.
Los niños y ancianos tenían auras más débiles; jóvenes y tipos mayores eran más brillantes, mientras que personas como Bed-lana o el líder Cuervo Blanco parecían bombillas brillantes.
¿Esto representaba la fuerza o algo más?
En ese momento, cuando las figuras de muchos miembros de la tribu de Cuervos Blancos aparecieron, de pronto se abrió el grupo de personas y dejaron un solo camino.
De este camino salió caminando una mujer anciana que tenía sobre la cabeza un casco, similar al cuervo del líder.
La apariencia era más pequeña y no tan pesada, pero más ornamentada.
Sosteniendo un bastón largo y anudado que parecía una vieja pata de cuervo, de un color blanco y marchito, salió mientras susurraba algún ritual extraño.
La anciana sostuvo un plato viejo que humeaba ligeramente.
Desde el lugar de Monarca no escuchó correctamente lo que decían, pero la anciana se paró ante los guerreros y, untando su vieja mano en el interior del cuenco, sacó una ceniza blanca que untó en el pecho del líder Cuervo Blanco.
Este se golpeó el pecho y soltó un rugido.
La anciana asintió y continuó con Bed-lana, la cual también soltó un rugido poderoso.
La anciana recorrió a cada guerrero e incluso untó la ceniza en las frentes de las presas.
Leona y Monarca miraron esto, de pronto dando varios pasos hacia atrás, separándose del grupo.
Monarca no estaba enterado de mucho, pero al menos sí sabía una cosa.
Este era un ritual único de estas tribus. Pertenecía solo a los miembros y funcionaba como bendición.
Monarca no se había dado cuenta al inicio, pero recordó que en su tribu anterior, los Alas Grises tenían algo similar.
El chamán usaba un fardo de hierbas y un humario para limpiar los cuerpos de las personas. Esto alejaba la sed de sangre y la maldición de ira que se quedaba en los cuerpos después de las cazas.
Aquí todo tiene un alma y espíritu, una esencia de vida que, tras terminar, queda en la tierra y se convierte en fuerza de la madre tierra. Sin embargo, cuando alguien asesina y se mancha de sangre, ese espíritu queda en el cuerpo.
Según parece, si uno contiene demasiado de estos restos y no recibe una limpia adecuada, se vuelve loco y sediento de sangre lentamente, hasta que se convierte en una bestia salvaje.
Esta es una limpieza que Monarca siente que es bastante innecesaria, aunque la razón para alejarse, la cual también era la misma razón de Leona, era que no pertenecían a esta tribu.
Cuando la anciana llegó al final del grupo, miró a los dos últimos.
La anciana miró a Leona y Monarca, con duda en los ojos. Se preguntaba si había visto a estos dos tipos en algún lugar. Sin embargo, cuando miró el cuerpo del tigre, ella frunció el ceño y se acercó con las cenizas en la palma.
Monarca frunció el ceño, dando un paso atrás y alejando a Leona.
En ese momento, no tuvo que usar visión de águila para notar que varias personas neutrales ahora se habían vuelto rojas.
Técnicamente, lo que estaba haciendo era despreciar la bienvenida del líder.
Era como si un tipo cualquiera despreciara la comida bien preparada de tu abuela. En este caso, la chamán era más importante que una abuela.
El silencio se hizo en el lugar por un momento, cuando la tensión aumentó.
Monarca apretó su mano en la lanza, preparado para tirar al tigre en cualquier momento y salir corriendo junto a Leona.
No era tonto y pensaría en pelear. Luchar contra más de cien era imposible.
Por suerte, dos figuras salieron del grupo.
Estos eran Bed-lana y el líder de la tribu.
El líder de la tribu simplemente habló.
[Esa es su presa, no son de la tribu. Son visitantes.]
Él dijo esto, mirando a Leona y Monarca un par de veces y luego miró a Bed-lana, a su lado.
Esta asintió y miró a las personas alrededor.
[El líder recibió visitantes, estos son guerreros fuertes. No toman presas de nadie, es suyo.]
En ese momento, Monarca se dio cuenta.
La razón por la que la anciana se quiso acercar y las personas de detrás se molestaron fue porque pensaron que el tigre era una presa cazada por los demás miembros de la tribu de Cuervos Blancos.
Es decir, mirándolos a los dos, no pareciese que pudieran asesinar a este tipo de bestia, por lo que pensarían que solo cargaban la presa de los fuertes. Cuando se alejaron, parecía como si quisieran robar la presa de otros.
Cuando el asunto se explicó, las personas se sorprendieron; incluso algunos miembros salieron para decir que de hecho era así y confirmar el asunto.
El ambiente hostil se tranquilizó mucho, pero la anciana aún miró el tigre con una mirada extraña.
El líder y Bed-lana también notaron eso y se acercaron para hablar.
Monarca no escuchó mucho.
“Tonayi… mextli…”
La conversación fue corta y algo extraña; solamente cuando Bed-lana salió del grupo y se acercó, ella explicó lo que había pasado.
[La vieja Nat-lana quiere purificar el espíritu del tigre.]
Monarca frunció el ceño.
No por molestia, sino porque la vieja usó una palabra para el nombre que era algo extraño.
Usaría tonayi para un espíritu. Era difícil explicarlo, ya que un espíritu se expresaría como un viento arremolinante que contiene la mente del ser, pero con tonayi significaría un fantasma que viene del corazón y la energía.
Normalmente no pondría mucha atención a este tipo de traducciones; para él, el español era suficiente. Pero si se trataba de estos pequeños detalles, tenía que recordar con fuerza el idioma antiguo y reformarlo para entenderlo.
Era complicado, pero la mujer no quería limpiar el aura que regresaba a la tierra, sino que parecía ver un aura del tigre que parecía aún estar sobre el cadáver.
Solo en ese momento, Monarca se sintió molesto con el idioma.
Con duda en el rostro, preguntó.
[¿Limpieza? ¿Cómo es eso?]
Bed-lana también estaba dudosa, frunciendo el ceño y mirando el cuerpo del tigre con duda.
–Con ritual viejo y ceniza.
Ante esto, Leona y Monarca se miraron el uno al otro.
Cuando voltearon a ver al grupo grande, era obvio que, para ese momento, todas las miradas ya estaban sobre ellos.
La comisura de la boca de Monarca se contrajo.
–Bueno, ¿ahora cómo decir que no?
Leona lo miró con duda; aunque pareció entender algo, también suspiró.
Bed-lana solo lo miró con duda. Por suerte, ella no tuvo que esperar mucho cuando Monarca asintió.
[Aceptamos la limpieza del tigre.]
Ante la respuesta, Bed-lana asintió con alivio y miró hacia la anciana, asintiendo.
La chamán vieja levantó la ceniza en su mano y gritó en voz alta.
[¡Fembul!]
Seguido de ella, todos le siguieron.
[¡Fembul! ¡Fembul!]
Monarca miró esto, sintiéndose molesto.
¿Por qué esto terminó así?
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