Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 61
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Capítulo 61: Capitulo 61: Adentro
De forma totalmente imprevista, Monarca y Leona fueron guiados dentro del círculo de chozas densas de la tribu de cuervos blancos.
Mientras se adentraban, Monarca logró ver más detalles y características de estas personas.
Así como en la tribu de alas grises, las mujeres cargaban con ropaje hecho de pieles gruesas y no se diferenciaban mucho de los hombres; aquí pudo notar que las diferencias de sexo eran más notorias.
Las mujeres tenían el cabello atado en coletas, mientras que los hombres tenían el cabello suelto y un hueso blanco de algún pequeño ave, posiblemente cuervos, sobre sus cabezas, ya sea colgando al lado de sus sienes o como collares.
Las aves parecían ser muy simbólicas aquí.
Ante esto, Monarca volvió a ver el casco con forma de hueso del líder.
Apenas lo había notado: aunque el pico blanco de hueso era un artículo hecho de algún otro material, el cráneo realmente parecía ser de un ave.
Un ave muy grande.
Ver el tamaño de tal cráneo lo hizo pensar en aquellas arpías que una vez los habían envuelto y casi cazado.
Aunque este parecía más grande; después de todo, podría caber una cabeza humana dentro y usarlo como casco.
Dejando el asunto de lado, Monarca miró a Bed-Lana a su lado y preguntó:
[¿Qué se trata esto?]
Ante su interrogatorio, Bed-Lana le resolvió las dudas, o lo intentó hacer.
Ella miró a Leona y Monarca y dijo:
[La anciana ve cosas, espíritu, tonayi es vital bueno y malo…]
Mientras hablaba, Monarca se hizo una idea de lo sucedido.
El asunto era que, de una forma extraña, la anciana chamán, Nat-Lana, podía ver espíritus. Estos espíritus que deberían volver a la madre tierra y la madre de las bestias, a veces se contenían en la carne animal y contaminaban la carne y los huesos.
Monarca pensó que no importaba tanto; de hecho, ni siquiera planeaba comer la carne, queriendo usar tal vez los colmillos, el cráneo y demás para hacer algunas decoraciones, como el casco del antiguo jefe de los alas grises. Pero, todavía así, Bed-Lana negó con la cabeza.
Ella explicó que este espíritu es bueno y malo.
Aparte del hecho de que te puedes convertir en una bestia si no te purificas, también la carne contiene una maldición feroz.
El alma del tigre se mantiene entre la carne, tendones y huesos, por lo que usar cada fragmento puede conllevarte una maldición específica.
Comerlo te pudre las entrañas y te vuelve loco; usar los huesos para armas te hace sanguinario y propenso a morir de forma terrible; usarlo como decoración te confunde y trae mala suerte.
En pocas palabras, el tigre podría obtener un hermoso triángulo amarillo con negro y un símbolo de “advertencia, contenido biológico peligroso”.
Claro, Monarca pensó que la mayoría eran supersticiones, pero, al ser solo él y Leona rodeados de tantas personas, ¿qué podía hacer?
Al final, fueron guiados a una gran carpa cubierta de pieles y paja densa.
Mientras entraban, un aroma denso de humo y hierbas llegó a su nariz.
En el lugar solo entraron unas pocas personas: la chamán y Bed-Lana junto al líder, así como Leona y él.
La mujer miró al líder y a Monarca, apuntando al suelo frente a lo que parecía ser una estera de paja. Frente a esta había un humario que soltaba una humareda constante con un aroma amaderado.
[Deja al tigre aquí por una noche, que el tonayi se calme y sus cuerpos descansen.]
Monarca asintió.
Caminó junto a Leona y ambos pusieron al tigre en el suelo.
Para este momento, Monarca ya había pensado que incluso si al final le robaban al tigre, ya no importaba. Si podían cazar a uno, podría cazar a uno nuevo.
Con ayuda de Leona, desataron las cuerdas que enredaban al tigre y luego lo dejaron en el lugar.
La anciana pidió que el tigre fuese recostado como si estuviera durmiendo, y Monarca tuvo que voltearlo. Luego, recordando la forma en que dormía un gato, lo acostó con las patas debajo del hocico.
Solo en ese momento, Monarca notó que el ojo del tigre que no había sido apuñalado estaba abierto.
Monarca miró la pupila ámbar del tigre, la cual se mantuvo estática.
No supo si fue alguna clase de ilusión o si el humo que se quemaba tenía alguna hierba mágica, pero al ver el reflejo en la pupila se miró a sí mismo en el mismo momento cuando acababa de asesinarlo.
Él estaba tirado en el suelo, cubierto de sangre, sudando y clavándole la daga en el cuello.
La vista fue solo un instante, pero lo hizo sentir algo extraño.
Cuando se retiró, notó que Leona también tenía el ceño fruncido.
Ambos intercambiaron miradas, pareciendo haber visto algo similar.
[El espíritu se quedará por la noche. Cuando salga la gran llama del cielo, ahí será purificado. Deben estar presentes los dos.]
La anciana dijo esto y le entregó a Leona y Monarca un pequeño pedazo de madera.
Monarca lo miró y sintió que era muy similar a un atrapasueños.
Ella los miró un par de veces y luego de eso miró al líder cuervo blanco y a Bed-Lana.
Ella susurró algo, a lo que las otras dos personas asintieron.
Bed-Lana se encogió de hombros y caminó hacia ellos dos.
Poniendo los brazos alrededor de ellos dos, dijo:
[Estamos cansados todos. Volvimos, descansar. En la noche habrá gran comida. Amigos están invitados.]
Ante estas palabras, los ojos de Leona brillaron.
Monarca también se sintió algo esperanzado.
Aún podía notar que las personas no eran hostiles, por lo que sintió que descansar no era tan malo.
Tras intercambiar miradas con Leona, ambos finalmente asintieron.
[Bien.]
[Yo quiero comer.]
Bed-Lana sonrió, aunque, oliendo a los dos tipos cubiertos de sangre apestosa, todavía dijo:
[Primero quitar la sangre. Mal augurio.]
Ella también se miró a sí misma. En realidad, todos acababan de regresar de un largo viaje y una caza. Estaban cubiertos de suciedad, sangre y demás.
Era temporada cálida aún, por lo que en este periodo de tiempo era posible tomar un baño simple.
Leona asintió, emocionada de que finalmente, tras quién sabe cuánto tiempo, podría volver a usar aquella barra de jabón que la dejaba muy limpia.
Monarca también estuvo de acuerdo.
Aunque su olfato se había acostumbrado a su olor, apestar a perro mojado no era tan cómodo.
De esta forma, Bed-Lana los guio hacia una pequeña choza apartada.
Ella apuntó a esta y dijo:
[Ustedes pareja, dormir aquí. Pronto será ducha, mujeres y hombres se bañan separados.]
Monarca asintió, aunque notó el ceño fruncido de Leona y la mirada ligeramente peligrosa cuando Bed-Lana dijo “pareja”. Al final ella también asintió.
Monarca se sintió satisfecho; realmente no quería separarse demasiado de Leona, sobre todo en un lugar como este. Aunque era algo sorprendente y sentía alivio cuando notaba que las diferencias de hombres y mujeres eran tan obvias en esta tribu, se seguía manteniendo precavido.
Bed-Lana dejó que Leona y Monarca se asentaran cuando miró hacia el cielo.
Tras calcular el tiempo, dijo:
[Pronto vuelvo, la gran comida será cuando la oscuridad llegue y el gran fuego se oculte. Prepárense.]
Ella dijo esto y finalmente se separó.
En realidad, no fue muy lejos, caminando hacia una gran choza donde finalmente bajó a su hija Zen-Lana, que mantuvo siempre en su espalda, y ambas entraron, desapareciendo de la vista de Leona y Monarca.
En ese momento, ambos se sentaron dentro de la pequeña choza.
Esta no era tan grande, ni siquiera cabían totalmente parados, pero era suficiente para ellos dos.
Monarca se sentó, de pronto sintiéndose extrañamente relajado.
Leona simplemente se tiró en el suelo cubierto de paja densa, exhausta.
La relajación que ambos sentían era diferente de cuando ambos estaban en la cueva anterior.
Era una sensación realmente segura de que incluso si apareciera un gran oso, lobos, tigres u otros salvajes, ellos estarían seguros al estar tan rodeados por otras personas.
En ese momento, Monarca realmente lo había decidido.
Incluso si lo corrían, no querría separarse de un grupo grande de personas.
El humano era un animal social; mantenerse en grupo era su naturaleza innata.
Ambos no dijeron nada, acostados, sintiendo que la relajación empapaba sus huesos cansados tras mucho tiempo.
Monarca miró el techo, aturdido. Entonces, un hormigueo, dolor y punzadas llegaron de todas las heridas en su cuerpo.
Con el ceño fruncido, lo recordó.
Estaba realmente herido y necesitaba curarse, al menos desinfectar todas las heridas.
Con una mirada de sufrimiento, se levantó de estar acostado y se sentó.
Leona lo miró, confundida, pero de pronto también pareció incómoda.
Monarca suspiró. Con cansancio comenzó a quitarse la túnica, el peto, la chaqueta.
Con una expresión desagradable, arrancó las partes que se habían pegado en la piel.
La sangre coagulada parecía haber actuado como pegamento, fusionando la chaqueta y sus heridas, causando gran dolor.
Quitarlo fue realmente una mierda dolorosa.
Leona también parecía incómoda, pero, siguiendo el ejemplo de Monarca, se sentó y también se despegó la ropa que tenía pegada. Ella fue más afortunada; no terminó bañándose en sangre de tigre como él, por lo que tuvo suerte, aunque todavía fue doloroso.
De esta forma, en el interior de la pequeña choza, algunos quejidos, sonido de ropa agitándose y jadeos resonaron por un tiempo.
Cuando Bed-Lana llegó para llevarse a Leona y Monarca al baño, se congeló cuando se paró frente a la entrada.
Ella se frotó la barbilla, asintiendo en comprensión.
Como se esperaba de los jóvenes. Son tan enérgicos incluso después de haber viajado mucho.
Para cuando Leona y Monarca notaron que ella los esperaba afuera de la choza, se disculparon y salieron rápido. Sin embargo, Bed-Lana puso su mirada en las ropas arrugadas y mal puestas de ambos, pensando que, de hecho, habían hecho eso.
Negando con la cabeza, guio a la pareja amorosa hacia el río cercano, donde las personas se ducharían.
Mientras caminaban, Monarca y Leona sintieron las miradas extrañas de Bed-Lana, pero Monarca no notó hostilidad, por lo que finalmente lo dejó de lado.
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