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Transmigrando en la antiguedad. - Capítulo 63

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Capítulo 63: Capitulo 63: Familiarizarse en la tribu.

Monarca suspiró mientras se ataba el cabello en una coleta.

Debido a que estaba atado con trenzas, se había encrespado como si fuese uno de esos perros lanudos.

Suspirando, se frotó la mejilla, que se había inflamado debido a un golpe.

Este no era el único dolor, teniendo también moretones en los brazos o el pecho.

Mientras se frotaba, miró al tipo que estaba a su lado con molestia.

En ese lugar, el sujeto que lo había golpeado estaba en cuclillas, frotándose y limpiándose la cabeza del barro que tenía manchado.

Ese tipo también tenía moretones y el cabello lo cubría como un trapeador sucio, aunque sin duda más revuelto que el de Monarca.

Sobre todo, tenía un enorme golpe en la mandíbula que estaba ligeramente oscuro.

La pelea había acabado hace un rato y había terminado en una especie de empate.

La realidad es que las peleas nunca duran mucho. Como Monarca no era en absoluto bueno peleando, decidió ir por lo seguro y apuntar a las zonas débiles del cuerpo.

Aunque no golpeó la entrepierna, apuntó a los ojos, garganta y mandíbula. Intentaba noquearlo, pero el resultado fue que, aparte de desorientarlo, no logró hacerlo caer.

En esta ocasión, entendió que noquear a alguien es bastante complicado.

Como fuese, después de haber peleado, todo se calmó.

Monarca se tumbó y continuó el baño, mientras que el otro tipo, Zitla-na, también se había calmado y se quedaba a su lado, duchándose como si no hubiera pasado nada.

De hecho, tras la pelea, todos se habían calmado bastante. Incluso la ligera cantidad de color rojo que rodeaba a este tipo había desaparecido, quedando un simple tono amarillo amistoso.

De hecho, lo notó alrededor de todos los tipos que tenían un tono rojo; ahora tenían un tono amarillo claro.

Eso fue realmente un gran alivio.

Como fuese, tras la pelea, de alguna forma Monarca sintió que estaba de pronto más relajado en este lugar.

A su lado, Zetla-na se frotó la barbilla, moviendo la mandíbula con disgusto.

—Monar-kha, tu golpe es fuerte.

Zetla-na sonrió, golpeando el hombro de Monarca con la mano y asintiendo.

Monarca también se frotó la mejilla, diciendo:

—Tu golpe también es fuerte.

Ante eso, Zetla-na se echó a reír. Monarca se sintió extraño por un momento, pero al final también se puso a reír.

Después del baño y la limpieza general de la ropa manchada con sangre, Monarca salió de la zona mientras seguía de cerca la figura del líder cuervo blanco.

Mientras caminaba entre los guerreros y charlaba, se dio cuenta de que todos terminaban de llamarse con Na, aunque al final de sus primeros nombres usaban La.

O sea, Bed-Lana y Zetla-na se llamaban así porque eran mujeres, pero los hombres, aunque también tenían Lana, cambiaban la separación entre la y na: “La-na”, por lo que los hombres tenían nombres más largos.

Estaba curioso por tal cosa, pero tras preguntar simplemente dijeron que así era.

Suspirando, Monarca caminó fuera de la zona del río, encontrando que alrededor de ellos había otras personas en pequeños grupos que parecían estar esperando.

Al verlos, se dio cuenta de una cosa.

Aunque cuando las tribus grandes llegan se adueñan del “Pozo caliente” y no dejan que nadie pase, haciendo que las tribus más pequeñas solo puedan ducharse en aguas frías, cuando se van no es tan diferente.

En este caso, la tribu del Cuervo Blanco, una de las pocas tribus medianas, toma su lugar y se adueña del punto.

No lo monopolizan, pero Monarca pensó que habían durado un largo tiempo en ese lugar y nadie se atrevió a entrar con ellos, mostrando que cuando los grandes se van, el más grande de los pequeños es el nuevo jefe.

No era difícil de entender, pero al menos lo hizo comprender mejor la forma de tratarse en el grupo.

—El camino que tomamos es la gran planicie. Ahí las bestias de cuerno abundan y pueden ser comida.

Zetla-na le explicó a Monarca mientras caminaban de regreso.

A su lado, un guerrero mayor de aspecto robusto asintió mientras chasqueaba la boca, recordando algún sabor.

—Las bestias de cuernos son salvajes y fuertes, pero la carne roja es la mejor.

Monarca asintió.

Conocía a esas supuestas bestias de cuerno.

Aunque estaban los caribús y los bisontes, estos animales eran muy difíciles de cazar. A menudo terminaba en bajas de algunos tipos débiles o desafortunados.

Ese fue el caso de Leona y él cuando cazaban.

Sin embargo, también estaban las bestias de cuernos.

Estas eran una especie de vacas.

Monarca supuso que esos eran algunos antepasados de las vacas. Aunque grandes y ágiles, con cuernos duros y siempre actuaban en grupos, la carne era similar a la de las vacas.

Mientras platicaban, Monarca notó que desde atrás el grupo de las mujeres también parecía estarse acercando hacia ellos.

El grupo de hombres no caminó muy rápido, por lo que pronto fueron alcanzados.

Mientras que Monarca se sentía bastante bien en este grupo de tipos salvajes, un ambiente algo extraño rondaba el grupo de mujeres.

Monarca miró que este grupo se dividió en dos.

Un grupo que iba por delante, varias mujeres, guiadas por una señora delgada que tenía un arañazo rojo en la mejilla. Esta estaba rodeada por otras señoras y adolescentes que estaban algo silenciosas.

Por detrás estaba el grupo más pequeño.

Bed-Lana acompañaba a Leona, quien no parecía particularmente herida; sin embargo, el aura que la rodeaba estaba llena de hostilidad. Frente a ellas, de forma medio dispersa y unida, había otro grupo de mujeres más jóvenes que miraban hacia atrás de vez en cuando, como si se quisieran acercar pero dudaran.

Monarca miró esto, recordando apenas que del lado de las mujeres también había ocurrido una pelea.

Con curiosidad, se detuvo de hablar con Zetla-na y otros hombres y caminó hacia ese lado.

El anciano que hablaba de comida lo miró y luego al grupo de mujeres, frunciendo el ceño.

—¿Rana pequeña tiene pareja?

Monarca lo miró con extrañeza, preguntándose por qué sacaba tal tema de repente. Quería responder que no, pero antes de hacerlo, un tipo de aspecto delgado con una marca de herida en el hombro que aún no sanaba sonrió con grandes dientes amarillos y exclamó:

—¡Jaja, la rana pequeña tiene una mujer! ¿No recuerdan la joven tigre?

En ese momento, el grupo que no se había olvidado de Leona miró hacia ese lugar y sonrisas extrañas se formaron en sus rostros.

Solo algunos se dieron cuenta de la extraña atmósfera del grupo de mujeres; sin embargo, otros solo sonrieron de forma gamberra y palmearon el hombro, espalda o cabeza de Monarca.

—¡Jaja, bien hecho!

—¡Kakaka, jóvenes!

—¡Kukajaja! Yo también voy con mi hembra.

De pronto, un extraño interruptor se activó entre hombres, cuando algunos salieron del grupo y se acercaron a varias mujeres, u otros corrieron hacia la zona de la tribu.

Zetla-na palmeó el hombro de Monarca con envidia y dijo:

—Pequeña Rana, aprovecha tu mujer. No hagas mucho.

Tras decir esto, el tipo caminó hacia una esquina, donde había una mujer mayor. Monarca sintió que esta debía ser la de mayor edad en el grupo de caza; las canas casi habían rodeado sus sienes. Pero aun así, cuando Zetla-na se le acercó, la mujer lo miró con avidez y pronto se le montó al tipo.

Zetla-na tenía una expresión entre feliz y triste. Miró a Monarca detrás y luego a Leona. Tras enviarle una mirada resentida y envidiosa a Monarca, este recogió a la mujer y salió corriendo hacia la tribu, con su hembra en brazos.

Monarca miró esto, confundido por un tiempo. Solo cuando se acercó frente a Leona y recibió su mirada familiar de 30% advertencia, 30% familiaridad, 30% agresividad y 10% cariño, entendió lo que había pasado.

Esos tipos iban a reproducirse, ¿no?

Tras un periodo de caza, tras regresar a sus hogares, tras tratar sus heridas y luego ducharse, relajándose, lo normal sería que esos tipos no pensaran en querer continuar con sus líneas familiares.

Entonces, cuando llegó frente a Leona, ¿no estaba planeando algo extraño?

Leona miró fijamente a Monarca, emanando una atmósfera por todas partes que decía que no estaba de buen humor.

A su lado, Bed-Lana le sonrió mientras asentía.

—Monar-kha, ¿estuvo bien el baño?

Monarca asintió; su rostro estaba relajado y, aunque tenía moretones en el cuerpo, no podía negar que era el primer baño cómodo que tuvo en mucho tiempo.

—Sí, fue muy cómodo, ahora me siento muy limpio.

Bed-Lana asintió.

—Cuando quieras, puedes volver todos los días, hasta que nuestro grupo regrese.

Ella parecía bastante normal, aunque miraba de vez en cuando a Leona.

Para todos fue obvio que esta no estaba feliz.

Monarca tenía que enterarse tarde o temprano, por lo que preguntó:

—¿Por qué el enojo?

Ante su pregunta, Leona resopló y volteó la cabeza.

Bed-Lana se encogió de hombros y dijo:

—Su piedra blanda se rompió.

Monarca parpadeó.

¿Eh?

¿Piedra blanca? ¿A qué se refería con eso? ¿Barro?

Ante su confusión, Bed-Lana hizo algunos gestos, pero Monarca no entendió. Al final, Leona respondió la duda:

—Jabón.

Leona dijo, con una voz desagradable.

Monarca seguía dudoso, pero comenzó a tener una idea.

Bed-Lana asintió, explicando lo sucedido.

Fue algo bastante gracioso al final de todo.

Después de meterse a bañar al agua caliente, Leona se desató las trenzas con cuidado y usó el peine que había creado Monarca para peinarse.

Tras hacer esto, sacó su barra de jabón que ella atesoraba para limpiarse. Sin embargo, mientras hacía esto, Bed-Lana lo miró y quiso intentarlo.

Leona dudó, pero finalmente le prestó un poco.

Eso fue como una mecha, cuando varias mujeres lo miraron y también quisieron intentar usarlo al ver que parecía limpiar bastante bien.

Entre esas mujeres estaba una guerrera fuerte. La mujer que Monarca había visto por delante era mayor que Bed-Lana y la anterior líder de la tribu.

Sí, parecía que hace unos casi cinco años la tribu tenía otro líder, pero tras la muerte de este hubo un cambio y ella quedó sola. Solo fue gracias a que tenía varios hijos fuertes que no fue relegada a una esquina o sirviendo como asistente de la anciana chamán.

Aunque Bed-Lana ahora era la líder de la tribu, el otro lado seguía manteniendo bastante prestigio. Eso fue debido a que ella todavía podía cazar, podía tener hijos y sus hijos se habían juntado con otras mujeres guerreras.

En fin, cuando la mujer le pidió a Leona el jabón, no fue de una forma muy agradable. Esto hizo que Leona la rechazara.

Tras una discusión y tras un intercambio de miradas, ambas comenzaron a pelear.

Al final, Leona ganó. Ella era una guerrera formidable; aunque pequeña, era alguien criada en una tribu tan salvaje como los Alas Grises. No perdería ante una guerrera mayor que comenzaba a debilitarse por la edad.

La pelea fue intensa y entre la batalla.

Pero con esto, algo ocurrió.

El agua caliente ablandó la barra de jabón muy fácilmente; la fuerza de dos personas lo aplastó y, finalmente, el río se lo llevó sin dejar nada atrás.

Ahora Leona no tenía su jabón, siendo como aquel mapache que sumergió el algodón de azúcar en el agua: perdió su tesoro en la corriente.

Monarca escuchó esto y solo quiso echarse a reír; sin embargo, mirando a Leona, que casi podía emanar niebla de resentimiento, no lo hizo.

Miró a Bed-Lana en busca de ayuda; sin embargo, como su grupo ya estaba cerca de la tribu, ella solo dijo:

—Lo siento por la piedra suave. Te daré kepul como disculpa.

Ella dijo eso y luego miró a Monarca.

—Monar-kha, no presiones a Leo-nha. Mujer molesta te apuñala por la noche; mujer feliz te cubre de frío.

Ella palmeó una vez más a Monarca en el hombro y luego se alejó.

Por detrás, Monarca solo notó cómo Zen-Lana, una bebé de grandes ojos, lo veía con curiosidad.

Todo el grupo de la tribu de Cuervos Blancos entró en la zona de chozas, mientras que él se quedó junto a Leona.

Ambos se miraron un rato; al final Monarca suspiró.

Sacudiendo los hombros, sintiendo el dolor ante tantos golpecitos continuos en sus heridas no cerradas, miró a Leona y le sonrió.

—Bueno, son agradables, ¿no?

Leona lo miró con sus bonitos ojos ámbar.

Ella lo miró, luego miró al grupo de carpas grandes.

Tras quedarse en silencio por un rato, finalmente asintió.

—Agradables.

Monarca suspiró.

Aunque realmente no quería unirse a un grupo así de rápido.

Pero esta tribu del Cuervo Blanco parecía bastante agradable, incluso si era la única que habían conocido aparte de los Alas Grises.

Agitando su cabello, haciendo que su cola de caballo se moviera con agilidad, Monarca dijo:

—Por ahora, pasemos la noche aquí. Mañana sigamos mirando alrededor.

Leona entendió pocas partes del mensaje, pero tras entenderlo, asintió.

Monarca le palmeó el hombro a Leona, cuyo temperamento se había calmado bastante, y dijo:

—Ahora vamos, a dorm—

Pac

Monarca miró su mano apartada con fuerza.

Mirando a Leona con interrogaciones a su alrededor, esta solo lo miró con precaución.

—No aparearse.

Monarca se quedó sin palabras.

Leona lo miró con desagrado y se adelantó.

Monarca se frotó el dorso de la mano, poniendo los ojos en blanco.

—Oye, tampoco es como si quisiera hacerlo.

Tras refunfuñar un poco, caminó detrás de Leona hasta alcanzarla. Ambos entraron a la zona de carpas de la tribu, donde en su centro podía comenzar a verse cómo algunas ancianas o hombres fuertes comenzaban a acomodar la zona donde esta noche habría una gran cena familiar.

Vamos con esos votos!

Y recuerden, mujer infeliz te apuñala mientras duermes, mujer feliz.. bueno, siempre y cuando no te apuñale mientras duermes, est´a bien…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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